MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Piglia contra la balcanización

12.09.2009
Ricardo Piglia. Fuente: armontes

Siguiendo con la campaña porque España reconozca a América Latina como una entidad no separada sino complementaria de su literatura, que muchos escritores latinoamericanos han emprendido (y este Moleskine Literario también se unió a eso) hay que resaltar las extraordinarias y lúcidas palabras al respecto de Ricardo Piglia. Se refiere a lña "balcanización" de la literatura propiciada por los grupos editoriales españoles que tienen suscursales en América Latina (pienso en Planeta, Alfaguara, Norma, etc.) y que publican autores nacionales solo para el consumo interno. No más. Dice Piglia:

En medio de una mini-gira durante la cual participará de un congreso sobre la relación entre el castellano de América y el de España en la ciudad de Granada, Ricardo Piglia criticó el sistema de distribución de la industria editorial en Hispanoamérica. Para el autor de Respiración artificial, el sistema de distribución de libros actual genera "guetos nacionales" que afectan la discusión de temas como la lengua común o la relación entre las distintas literaturas nacionales. Piglia le apuntó a la decisión de las grandes editoriales de publicar la obra de muchos autores hispanoamericanos únicamente en su país de origen. Según él, esto es una suerte de "balcanización" del mapa literario de hispanoamérica ya que "el impedimento para la buena circulación de la literatura" produce un corte en los debates e intercambios entre las literaturas de los distintos países. "Uno imagina que las editoriales deberían enviar una parte de los libros editados, digamos, en Colombia, a lugares como México o Argentina".

Además, anunció el título de su nueva novela:
En la charla que dio en la librería del madrileño Centro de Arte Moderno, Piglia también contó que en 2010 publicará una nueva novela. Blanco nocturno, cuyo título alude a los dispositivos de visión nocturna que utilizaron los soldados británicos durante la guerra de Malvinas, es un relato que evoca en él uno de los temores de su infancia, la sensación de ni siquiera tener donde esconderse. "Cuando llega la noche -contó-, si uno se larga a caminar por las planicies de la pampa argentina, se pierden las referencias, las luces están muy espaciadas y lo único que se escuchan son perros que ladran".

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Murió Leonidas Lamborghini

11.17.2009
Leonidas Lamborghini. Fuente: azularte

Murió en Argentina, a los 82 años de edad, el poeta Leonidas Lamborghini, una voz fundamental de la poesía de los años 60. Era hermano del también escritor Oswaldo Lamborghini. "Se le extrañará pero con una limpia y sonoro carcajada" dicen. Silvina Freira le hace el homenaje en Página12:

¿Quién va a meter las patas en las fuentes de la poesía ahora que te fuiste, adorable bufón, “periférico” y “marginal”, de risa canalla? “El tono es todo, vos le cambiás el tono a un texto y chau”, dijiste a quien esto escribe, como puede, intentando que el acento no se precipite por el abismo de la tristeza alambicada. A Leónidas Lamborghini, que murió ayer a los 82 años, al poeta que revolucionó la poesía argentina con El solicitante descolocado y escandalizó a los vates elegíacos que lo acusaron de mancillar la poesía, no le gustaría una inflexión fúnebre, solemne, de efecto emotivo y lacrimógeno. Contra esa modulación, que asfixiaba a la poesía argentina de fines de la década del cincuenta, plantó sus banderas revulsivas sin concesiones. O mejor dicho, desafiante y también a la defensiva, porque intuía los rechazos que provocaría su estética socarronamente gauchesca, barajó y dio de nuevo al lanzar un experimento hasta entonces inconcebible, aunar lo nacional y popular con una propuesta vanguardista, burlona y lúdica, en una época de escasa fertilidad para comprender el “compromiso” que el poeta estaba asumiendo. Su voz será eternamente joven; el mote de octogenario le sentaba como una patada al hígado de sus versos, siempre nuevos y agitados por una respiración entrecortada, como si balbuceara. Quizá para escribir sobre Leónidas haya que entregarse a una suerte de “vagabundeo mental”, que es lo que el poeta practicaba, encerrado en su austero departamento de la calle Laprida, tratando como Prometeo de arrebatarle palabras al silencio en compañía de su perro Dodó. Un hombre joven, que había nacido el 10 de enero de 1927 en Buenos Aires, para colmo de males peronista y poeta, andaba desorientado por las calles de una Buenos Aires convulsionada por la represión de la “Revolución Libertadora” del ’55. [...] Hay que captar y ver lo que está volando para ponerlo en un poema”, sugería el poeta. “No hay originalidad, todo pasa por apropiarse de lo que cada uno crea que le sirve. Por eso hay que tener mucho cuidado con la palabra creación, como si fuera ex nihilo, es decir de la nada”, advertía Leónidas. “Hace rato que nos venimos influyendo, copiando y reciclando desde Homero, o antes que él. Hay un reciclaje continuo de temas, de expresiones, de versos, que se van presentando de otra forma. Yo adhiero a lo que dice el Eclesiastés, ese libro maravilloso: ‘No hay nada nuevo bajo el sol’. Cuando alguien habla de originalidad, o es un estúpido o es un impostor.” Leónidas confesaba que no se sentía cómodo con el actual reconocimiento y que añoraba la época en que se lo criticaba. “El sistema primero te rechaza y después te adopta, entonces uno tiene que tener mucho cuidado y desconfiar. No hay un libro mío que se parezca al otro; no para desacomodar al lector sino para desacomodarme a mí mismo y no acostumbrarme a estar en un mismo lugar, porque a mí entre otras cosas se me acusó de no tener estilo. Si hay una unidad en mi obra, está en el cruce entre lo ‘alto’ y lo ‘bajo’.” Cuando Ricardo Piglia presentó el poemario Odiseo Confinado en 1992 (reeditado por Adriana Hidalgo), escribió un recordado texto en el que confesaba que “todos admiramos a Leónidas Lamborghini y todos lo hemos copiado”. Se lo va a extrañar, pero con una limpia y sonora carcajada, de ser posible, al evocar sus poemas, sus reescrituras, su empecinamiento poético y vital. Leónidas fue el big bang de la poesía argentina. Tal vez ahora más que nunca sea pertinente citar una de sus frases de cabecera de su amadísimo Discépolo: “Tanto dolor que hace reír”.

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El contemporáneo Arlt

5.05.2009
Ricardo Piglia presentado libro sobre Arlt. Fuente: revistañ

No es la primera vez, ni será la última, que un escritor gritará a voz en cuello que un escritor muerto y casi olvidado es "más contemporáneo que nuestros contemporáneos" o algo por el estilo. Y esa frase tampoco es, necesariamente, una boutade. Puede ocurrir. Total, Gardel cada día canta mejor. Piglia habló con entusiasmo sobre Roberto Arlt en la Feria del Libro de Buenos Aires:

"Arlt es más actual que los escritores de hoy", lanzó un provocativo Ricardo Piglia durante la presentación de El paisaje en las nubes. Crónicas en el mundo (1937-1942), donde lo acompañaron la editora Rose Corral y el periodista Vicente Muleiro. Este volumen de 750 páginas contiene 236 crónicas que Roberto Arlt publicó en el diario El Mundo entre 1937 y 1942, que fueron tomadas por el diario mexicano "El Nacional" y que el Fondo de Cultura Económica recopila ahora. Corral, autora del prólogo y la edición de El paisaje de las nubes (título de la última crónica que escribió Arlt, publicada justo el día de su muerte), lo situó en el marco de toda la literatura latinoamericana (...) El novelista y crítico Ricardo Piglia habló de la persistencia de la pasión por Arlt, "pasión que conduce a la realización de este libro". Además, destacó que aunque hay negadores también hay una red de incondicionales de su obra. "Arlt es uno de los primeros autores que nos permiten entender que no hay un sólo modo de hacer literatura. Esa idea suele ser la de los que imponen moda a la literatura". Según Piglia, Arlt abre la noción de "cómo y con qué materiales es posible hacer literatura, qué quiere decir tener un estilo. Este inolvidable cronista, nos enseña qué relaciones hay entre el estilo literario y los estilos sociales: de qué manera un escritor trabaja con ellos".

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Piglia y Saer conversan

4.13.2009
Carátula de la novela de Saer comentada por Piglia. Fuente: rbalibros

Una conversación inédita entre dos grandes escritores argentinos, realmente grandes digo, como son Juan José Saer y Ricardo Piglia, ha sido publicada por la revista "Alambre" y reproducida en parte por "Radar Libros" de Página12. La conversación se centró sobre la novela La grande y se llevó a cabo en la Universidad de Princeton en el 2002. Aquí algunos de los diálogos:

Piglia: En la novela (La Grande) hay un primer grupo de personajes en el que estarían César Rey, Marquitos Rosenberg, Escalante, y ahora Gutiérrez, grupo que sería de una generación anterior a la de Tomatis, Garay, etc...
Saer: Sí, por supuesto: primero son las edades de la vida –como diría Hölderlin–, porque en Lugar Tomatis tiene más de cincuenta años, tiene una novia –que es arquitecta, y que es su tercera o cuarta mujer–, tiene una hija que es adolescente o joven. Y la cosa más complicada de su biografía, de su vida, es entre el final de Glosa (alrededor de 1978) y Lo imborrable, ahí hay una especie de crisis o de agujero negro por el cual él pasa y sale: en Lo imborrable él cuenta un poco la salida de eso.

Piglia: Y se gana la vida en el diario.
Saer: No, dejó: en Glosa y en Lo imborrable ya se ha ido del diario; y yo justamente quería escribir algo acerca de eso: en un determinado momento él dice en Lugar que si pudo dejar el diario, fue porque un tío le dejó una herencia; pero después yo quería hablar un poco de por qué dejó el diario, y tal vez lo haga en esta novela que ahora estoy escribiendo.

Piglia: ¿Y las mujeres ? La madre, la hermana...
Saer: Buenos, las mujeres de Tomatis son muchas; la primera de todas aparece en “Algo se aproxima” y se llamaba, creo, Pocha. Después viene su primer casamiento (se casa y dura pocos meses porque el casamiento burgués mucho no le va), después se mete con una muchacha con la cual queda un cierto tiempo para poco después separarse, y después se encuentra con su mujer, Haydée, la madre de su hija, con la cual convive un cierto tiempo, aunque finalmente también se separa de ella. Entonces, después de eso no se habla más (de sus aventuras, porque como todo divorciado después empieza a andar con una y con otra), su hija crece, y ahora está con una mujer que se llama Victoria, que en Lugar aún no tiene nombre pero que en esta nueva novela va a aparecer con ese nombre; ella siempre se refiere a Tomatis como “éste”.

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Mañana fallan el Cervantes

11.26.2008
Ana María Matute podría llevarse el premio Cervantes. Fuente: en la valla

Mañana jueves se sabrá quién es el nuevo Premio Cervantes de Literatura, el Nobel del castellano, que estrena nueva dotación económica y nuevas reglas. La expectativa es tremenda. El último ganador fue el argentino Juan Gelman, es decir un latinoamericano, y según la "ley" de la alternancia, que se ha cumplido casi siempre, este año le tocaría a un escritor español. La revista Ñ da cuenta de los nombres que suenan:

Los escritores españoles Juan Marsé, Ana María Matute, José Manuel Caballero Bonald, Francisco Nieva, Javier Marías y Carlos Bousoño, así como el autor uruguayo Mario Benedetti, suenan como firmes candidatos al Premio Miguel de Cervantes 2008, que será otorgado este jueves en Madrid.Si se vuelve a cumplir la regla no escrita de que el máximo galardón de las letras en lengua hispana se concede de forma alternativa a un autor de una y otra orilla del Atlántico, en esta edición el premiado podría ser un español, ya que el año pasado el laureado fue el poeta argentino Juan Gelman.Como en ediciones anteriores, entre los candidatos españoles también se mencionan los nombres de Enrique Vila-Matas, José Luis Sampedro o incluso el de Juan Goytisolo, quien el lunes ya fue galardonado con el Premio Nacional de las Letras. Pero el premio podría quedar en familia, ya que otro de los candidatos es su hermano Luis, un novelista de gran trayectoria.En lo que a esto se refiere, muchos quisieran ver premiada a Ana María Matute (Barcelona, 1925), ya que, aparte de ser una gran escritora, la autora de Olvidado Rey Gudú o La torre vigía sería la primera mujer en obtener el galardón desde 1992, cuando lo recibió la poetisa cubana Dulce María Loynaz. De hecho, ella y la ensayista española María Zambrano han sido las únicas dos mujeres galardonadas hasta ahora. En cuanto a los escritores latinoamericanos, los que suenan en las quinielas, aparte de Benedetti, son el peruano Alfredo Bryce Echenique, el poeta chileno Nicanor Parra, los escritores mexicanos José Emilio Pacheco y Fernando del Paso, los nicaragüenses Ernesto Cardenal y Sergio Ramírez, la poetisa peruana Blanca Varela o el argentino Ricardo Piglia.

Yo quiero apostar porque le toque el premio a la Matute, y así cerramos esta semana con una trilogía de escritoras premiadas: Nettel, Peri Rossi y Matute. ¡Abajo el falocentrismo!

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Los diarios de Piglia

6.24.2008
Ricardo Piglia. Fuente: Uly Martin/ elpaís

La entrevista que el suplemento Ñ de Clarín le hace a Jorge Herralde (en Buenos Aires actualmente para recibir un premio) tiene, además de un comentario de primera mano sobre la edición de Los detectives salvajes, un anticipo importante: parece que finalmente se publicarán los diarios de Ricardo Piglia. Aunque no será tan pronto (antes viene una nueva novela). Para mí, esa edición será una noticia extraordinaria. No sé por qué, pero me tinka que el Piglia diarista es el mejor Piglia:
Usted habló de unos diarios de Piglia. ¿Los van a publicar?

Hace años que Piglia, con gran coquetería creo yo, habla de este libro. El dice que en realidad todos los libros que publica son para que alguien acabe publicando sus diarios. Hemos hablado y es muy posible que una vez que haya cumplido el último episodio con la novela, una novela en la que lleva años trabajando y que promete para el próximo año, le demos vuelta a la idea de publicar esos inmensos y míticos diarios.

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Feria del Libro en Buenos Aires

4.24.2008
Preparativos de feria. Fuente: revista ñ

Con el discurso inaugural de Ricardo Piglia sobre el acto de leer, hoy se inicia la otoñal Feria del Libro de Buenos Aires. En Página12 anuncian algunos de los autores que estarán presentándose a lo largo de estas semanas. Sin lugar a dudas, la presencia internacional más esperada es la de Tom Wolfe. Ya me imagino qué colas habrá que hacer para ver su trajecito blanco.


Lectores y curiosos, que circulan a veces un tanto desorientados por pabellones y salas, “escriben” notas al pie de las páginas de este acontecimiento cultural que, aunque se origina en el mundo de los libros, excede el marco de lo libresco. Basta con mencionar, por ejemplo, la participación de José García, ganador del reality show Operación Triunfo 2 generación en esta edición; de la modelo Valeria Mazza, que lanzará ¿Qué me pongo?, o la ex Gran Hermano Vanina Gramuglia, que el año pasado presentó un libro sobre ángeles. Entre las principales visitas que desfilarán por la Feria se destacan el escritor Tom Wolfe, autoproclamado “inventor del Nuevo Periodismo” y último dandy americano, la periodista y activista canadiense Naomi Klein, la brasileña Nélida Piñón, los españoles Almudena Grandes, Manuel Vicent, Juan Cruz Ruiz, Juan José Millás y Luis García Montero, el mexicano Juan Villoro y el juez de la Audiencia Nacional Española, Baltasar Garzón, entre otros.

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Piglia, lector futuro

4.20.2008
Ricardo Piglia. Foto: Rafael Calviño. Fuente: adn.es

Luego del homenaje que recibió la semana pasada en Madrid, el narrador argentino Ricardo Piglia está en Buenos Aires donde inaugurará la nueva edición de la Feria del Libro. Lo entrevistan en ADN Culturar donde, entre otros temas, habla sobre el porvenir de la literatura y los lectores ante los nuevos medios de comunicación como el internet y los blogs. Para Piglia, la principal diferencia está en la velocidad con que se consigue la información. Sin embargo, no cree que existan aún grandes cambios en la forma de escritura. Dice:

(...) no debemos entender por cambios la simple tematización. Que en las novelas ahora la gente no se mande cartas sino e-mails y mensajes de textos es simplemente un dato, del mismo modo que en las novelas del siglo XVIII los personajes andaban a caballo y ahora van en auto. Pero que haya habido cambios en los modos de narrar no lo veo todavía. Los que han llegado más lejos en ese sentido han sido Borges y Joyce. Básicamente porque han trabajado con la expansión de una red de sentido, han tratado de romper la linealidad apacible de la narración, y empezaron a incorporar elementos que hoy encontramos en el mundo digital como algo ya muy popularizado. Bastaría pensar en "El Aleph" o "El jardín de senderos que se bifurcan", para encontrarnos con esas posibilidades de alternativas y de múltiples recorridos, implícitos ya en un texto. Y no hablemos del Finnegans Wake, un intento de crear la simultaneidad absoluta. Borges y Joyce hicieron usos del lenguaje y de la narración que están muy cerca de las experiencias múltiples de las máquinas actuales.


Por otra parte, comenta Piglia que lo que sí se ma modificado sensiblemente es la forma de leer (y también del concepto de librería, tal como lo comenté en Puerto Rico en la conferencia "¿Sueñan los escritores con ovejas eléctricas?") que tienen las nuevas generaciones. ¿Se acabó acaso la época de la luz de velador?

Es la experiencia de la percepción distraída: estamos leyendo, pero al mismo tiempo escuchamos la radio, vemos la tele sin sonido, leemos un e-mail , hablamos por teléfono. Ya no somos el lector que lee con una luz en la noche, aislado. La vieja metáfora de la isla desierta que usan los medios, como ejemplo de la lectura perfecta: ¿qué libro se llevaría usted a una isla desierta?, es decir, qué libro leería usted si no tuviera otra cosa que hacer. La lectura como condena. El lector es un naúfrago, no tiene alternativas. Porque lo que se vendría a romper hoy es justamente esa idea de aislamiento. Macedonio ya hablaba de esto en los años veinte, con su idea del lector salteado. Todos somos hoy el lector salteado de Macedonio Fernández. El lector que asume la interrupción como un elemento interno a la lectura misma. Y la narración se ha hecho cargo de esa ruptura. Ya no hay linealidad. Macedonio primero que nadie, entre nosotros. Y Joyce, por supuesto. O la poesía del gran Leónidas Lamborghini. Yo siempre cuento una historia que me padece muy divertida. La primera persona que se conectó por la Web con Amazon compró el Finnegans Wake . Amazon es el comienzo del fin de la librería como espacio real, y cuando el primer lector virtual va a buscar un libro no busca una novela de John Gardner, desde luego, sino un libro que de una manera explícita tiene que ver con ese mundo nuevo.

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Alan Pauls entrevistado

12.13.2007
Alan Pauls. Fuente: o globo

El suplemento Radar Libros ha entrevistado a Alan Pauls por su novela Historia del llanto (Anagrama), que estoy leyendo ahora mismo. Muy bueno el comienzo de la nota, de Mauro Libertella, en que comenta cómo busca coincidencias en el entorno de Pauls y el de la novela, y donde, además, hace una síntesis ingeniosa del libro. En la entrevista habla sobre el vínculo difícil, antagónico, entre el "realismo literario", o el "populismo" y su idea de literatura. ¿Cambia esta novela ese vínculo?
Dice Pauls respecto a la brevedad del libro: "Volví a la forma breve, o a la forma nouvelle, buscando trabajar dentro de un límite. La experiencia de El pasado había sido un poco la experiencia del libro virtualmente infinito. En un momento me di cuenta de que la novela podía crecer indefinidamente, en el sentido en que la novela es un género que siempre empuja los límites un poco más allá. Hay algo ya en el ser de la novela que implica un cierto trabajo con el límite, contra el límite. Quería volver a trabajar con un territorio mucho más acotado, mucho más firme, de modo de obligarme también a una cierta concisión. Quería un texto más compacto, más apretado. Y que fuera a la vez enigmático. Tengo la impresión de que la premisa que hay implícita en El pasado es que la novela pueda agotar, extenuar algo. Tenía ganas ahora de escribir una ficción que de algún modo se alimentara de cierto secreto, de cierto misterio interno, de algo que no se acaba de decir del todo".

También dice sobre el acto de escribir: "Jamás tuve la impresión de que la teoría o el saber sobre la literatura funcionara como un obstáculo. Para nada. Creo que no funciona así. Soy muy anti-antintelectual. Pero funcionaba así: escribir ficción era un aparato dentro del cual había una pieza que era una pieza de la reflexión técnica, teórica, conceptual sobre la literatura. En un momento en que ese saber tenía un poder y una presencia muy fuerte, que no la tiene hoy. Hoy nadie piensa la literatura en esos términos. Los libros estaban empujados por ese aliento. Eso fue cambiando mucho, sobre todo a mis treinta años. Fue una década muy rara, publiqué muy poca ficción. Dediqué buena parte de esa década a escribir El pasado, pero casi no publiqué. Y empecé a cambiar mi manera de ver las cosas. Pero nunca dejé de leer ensayos de literatura, sigo pensando que pensar la literatura y escribir sobre literatura es un arte tan grande como la más grande de las ficciones. Pero me parece que hubo algo en el mapa que cambió para mí. Quizás la frontera entre la literatura y la vida se volvió mucho más porosa, las contaminaciones empezaron a funcionar con mucha más libertad. (...) Yo me formé básicamente con los escritores del setenta. Con la gente de Literal por un lado, y con Ricardo Piglia y Josefina Ludmer por otro. Fueron los primeros escritores a los que conocí. Los primeros escritores a los que les mostré mis textos. Los primeros escritores con los que tuve diálogos técnicos sobre escribir. Discutir sobre el secreto de la literatura. Toda esa gente eran como los enemigos públicos número uno del realismo. Cada uno ocupando una posición muy singular. Piglia tenía una relación muy extraña con el realismo, la misma relación que podría tener Brecht. Había una especie de facción antirrealista de la que yo soy hijo, totalmente. Y por eso mi enemigo también era el realismo, y el populismo. Mi enemigo era toda aquella poética que enarbolara las banderas de la representación. No reniego para nada de ello, para mí fue una gran formación, y me introdujo en el mundo"

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Piglia en Confabulario

10.29.2007
Carátula de la revista. Fuente: confabulario

Muy interesante la entrevista a Ricardo Piglia en el suplemento Confabulario del periódico "El Universal" de México. El autor de la nota es Juan Manuel Gómez. Desde que leí El último lector me fascina la capacidad que tiene Piglia de hablar de literatura, de libros, de personajes, de lecturas, como si todo eso formase parte realmente de un mundo paralelo. Un lugar habitable, el único sitio donde este Moleskine Literaro realmente tiene sentido.

Le pregunta el autor de la nota si Piglia suscribe que los escritores no tienen por qué hablar de literatura, como argumenta uno de los personajes de Prisión perpetua. Dice Piglia: “No. Justamente ahí pongo el ejemplo de Nabokov porque sus lecciones de literatura están más presentes hoy que la crítica de Jakobson, quien era central en la época del estructuralismo, un gran crítico, que todos admiramos. Me parece que las lecciones de literatura de Nabokov van a persistir y esto prueba que un escritor puede hablar muy bien de literatura. “Yo respeto mucho a los escritores como Onetti o Rulfo, que deciden no escribir de sus lecturas. La distinción que hay que hacer es que un escritor no debe hablar de su propia literatura. Eso sí. Pero puede hablar, a través de su práctica, de la literatura que hacen los demás. El escritor, sin embargo, no puede decir nada de lo que él hace, porque ahí uno se siente diciendo de más o no pudiendo alcanzar a decir lo que ya está escrito. Las cosas que uno dice sobre sus propios textos son muy contingentes y poco fiables. Quiero decir, lo que cualquier escritor dice de su obra a menudo vale menos de lo que dice cualquier lector que lee ahí una cosa que puede contradecir la intención del escritor pero ser más verdadera”.

También habla de lectores: “Raskolnikov hace lo que hace porque ha leído las memorias de Napoleón, porque también él es un lector. Lo que nos interesa en Madame Bovary es la fantasía de un lector, que lee una novela y quiere vivirla. Es la lectora perfecta, porque ella leía esas novelas y ahí encontraba un modelo para vivir. Los novelistas esperamos que los lectores sufran una transformación en su vida después de leer nuestros libros, parecida a la que sufrió Madame Bovary. Aunque a Madame Bovary desde luego no le hubiera gustado Madame Bovary. “Ése es un gran problema de la literatura contemporánea. Por ejemplo Puig ha tratado de escribir novelas que le gustaran a Madame Bovary. Experimentales pero que le gustaran a esa señora triste de provincia que está por ahí. Porque ella se hubiera aburrido con Madame Bovary... “El otro ejemplo es el de Raskolnikov, que no es visto de esa manera, pero él hace lo que hace porque ha leído las Memorias de Santa Helena de Napoleón, y gracias a eso puede imaginar que es posible vivir una vida tan heroica como la de Napoleón, y eso le conduce a esa hipótesis de la cual Nietzsche desprendió toda la teoría del superhombre, de que hay hombres que no responden a la moral habitual, y que tienen derecho a matar. De modo que también Raskolnikov es un lector... “A mí me gustan mucho las novelas, como Los hermanos Karamazov o Rojo y negro (en la que también Julien Sorel es un lector), donde de pronto el aprendizaje de la vida está ligado también a la experiencia de la lectura”.

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Piglia en Barcelona

10.22.2007
Ricardo Piglia. Fuente: El Tiempo

La presentación del libro Prisión perpetua, en una reedición en Anagrama, llevó a Ricardo Piglia a Barcelona. En "El Tiempo" colocan una nota sobre la presentación.

Dice la nota: "El escritor argentino acaba de publicar en España el libro 'Prisión perpetua', y expresó en Barcelona su convencimiento de que "vivimos con la idea de que no podemos conocernos, pero sí narrarnos". Sobre la "problemática de la recomposición de la propia persona" giran las dos novelas cortas que integran el volumen: "Prisión perpetua", que da nombre al conjunto, y 'Encuentro en Saint Nazaire'. Al hilo de su reflexión, Piglia sugiere otra idea: "Quizá es loco aquel que no puede narrar su propia vida, que vive en la fragmentación". El resto de los mortales, añade el autor argentino, son todos "expertos en la narración, aunque luego el resultado sea más o menos acertado, pero la práctica de narrar es central en nuestras vidas, es un punto de conexión entre todos nosotros".

Las dos historias que componen 'Prisión perpetua' fueron escritas en 1988 y con motivo de la presente edición española el propio Piglia ha sido el primer sorprendido al descubrir que se trata de "relatos gemelos". En 'Prisión perpetua' el autor cuenta fragmentos de su vida "sin incurrir -dice- en la confesión sentimental ni en la autoindulgencia, mientras que 'Encuentro en Saint Nazaire'" fue escrito durante una estancia de tres meses en la Casa de los Escritores Extranjeros y de los Traductores de Saint Nazaire, en el occidente de Francia.

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Más VivAmérica

10.12.2007
Santiago Roncagliolo, impecablemente vestido en su presentación. Fuente: zonadenoticias

En la página del Festival VivAmérica resumen una serie de presentaciones, entre las que destacan el diálogo de los escritores Martín Solares, Ricardo Piglia y Alan Pauls junto a cineastas latinoamericanos, sobre la relación entre literatura y cine. Además, la conferencia de la poeta uruguaya Ida Vitale titulada "Rendición incompleta" en la que se refirió al exilio.

Por otra parte, un lector mexicano que actualmente vive en Madrid, Iván Hernández, me envía gentilmente una reseña del encuentro sobre cine mencionado, bajo el título "Mano a mano entre Piglia y Pauls" que coloco en el blog de notas. Y Paolo de Lima, en su blog "Zona de noticias", cumple con colocar la reseña de la presentación del libro La cuarta espada (Debate) de Santiago Roncagliolo que se dio en el marco del festival. Un detalle que me llama la atención. En su pots, Paolo dice: "A la hora exacta del inicio de la presentación, cuando la sala estaba copada de público, apareció un Santiago Roncagliolo impecablemente vestido con una camisa negra de seda que le caía sobre unos pantalones caquis. Esta proyección personal puede ser vista como un complemento (lo mediático y lo bestsellerizado) que guarda relación con su periodístico acercamiento al tema de la violencia política". Me pregunto: ¿Qué se les ha dado a los comentaristas en mencionar la ropa que visten los escritores y sacas conclusiones sobre sus obras de ella? Ya antes pasó, en un comentario de este blog, con Daniel Alarcón. Lo pregunto porque ayer fui a la librería "El Virrey" y no me animé a comprar nada porque me quedé enamorado de un saco que vi en la vidriera de Ermengildo Zegna, a media cuadra de la librería en la misma Dasso, y pensé en ahorrar para comprármelo. Y si me lo compro ¿qué?

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Jornadas VivAmérica

10.11.2007
Ricardo Piglia en el VivAmérica. Fuente: viva américa

Nuevas jornadas en el Festival Literario VivAmérica. En primer lugar, los cineastas Enrique Gabriel, Patricio Guzmán, junto a los escritores Santiago Roncagliolo y Luis Sepúlveda han hablado acerca de la memoria en la mesa "El derecho a olvidar y el deber de recordar". Luego, El escritor cubano Antonio José Ponte y el cineasta Arturo Infante han dialogado sobre la relación entre literatura y cine en la mesa "Arquitectura del proceso creativo". Y Ricardo Piglia habló de "El lector como escritor".

Finalmente, en el blog "Zona de Noticias", Paolo de Lima -quien al parecer está en Madrid- menciona la lectura de un capítulo de la novela inédita de Alfredo Bryce Echenique y promete un alcance sobre la presentación del libro de Roncagliolo.

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Encuesta: Piglia

10.03.2007
Ricardo Piglia. Fuente: literatura.us

Había dejado un poco olvidada la encuesta de la semana, según la cual pretendía encontrar al escritor argentino que los lectores del blog encontraban más influyente en su país. Como recordarán (o quizá no), la lista fue otorgada por Gonzalo Garcés quien dijo que eran cuatro los pilares actuales de la narrativa de su país: Ricardo Piglia, Fogwill, Joan José Saer y César Aira. Para los lectores del blog, Ricardo Piglia es el autor indiscutiblemente superior en influencia sobre los otros tres en este cuadrivio. Consiguió el 44% de los votos. Categórico.

En segundo lugar, quedó mi favorito Juan José Saer con 25%, muy peleado con César Aira que consiguió el 23%. Y rezagado quedó Fogwill, quien sin duda es el menos conocido en América Latina de los cuatro, con sólo 8%. Lo interesante es que la presencia de Piglia tiene aún para rato, pues aún está vivo y su obra está en plena proyección. Mientras tanto, lamentablemente la muerte de Saer deja una obra inconclusa que ojalá encuentre suficientes estudiosos y críticos que la haga resonar. Si no, Saer tendrá que ser simplemente el escritor oculto que fue durante casi toda su vida. Y no debería.

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Piglia & Villoro lectores

9.25.2007
A partir de Juan José Saer, Piglia y Villoro conversan sobre todo. Fuente: letraslibres

Hace unas semanas coloqué este post donde mencionaba una conversación, centrada en Juan José Saer, de Ricardo Piglia y Juan Villoro. Algunas ideas fueron rescatadas por La Nación. Ahora, encuentro toda la espléndida conversación entre esos dos escritores transcrita en Letras Libres bajo el título "Escribir es conversar". Como no puedo ser más explícito que el gorro de la presentación, cito el gorro: "Regionalismo o cosmopolitismo, realidad o ficción, novela histórica o uso de la historia en la novela, y la lectura como una forma de la creación son algunos de los temas que repasa este trepidante diálogo literario entre dos de los mejores narradores del idioma, el argentino Ricardo Piglia y el mexicano Juan Villoro." Y ahora los dejo, en extenso, con las reflexiones de ambos sobre la lectura. Pero hay mucho más:

Dice Villoro sobre la lectura: "La escritura es una exploración que no agota el sentido y, como dices, suspende el problema, le encuentra nuevos detonantes, lo expande. El otro componente del consumo de literatura es la lectura. En El último lector postulas posibilidades extremas de lectores absolutos, lectores terminales; a veces en un sentido literal, como el caso del Che Guevara, un hombre que va a morir leyendo y cuyos últimos gestos son gestos de lectura, o Don Quijote, que es el último lector de una tradición, el lector que clausura las novelas de caballería. De alguna manera, la literatura ha reclamado siempre la complicidad de este tipo de lectores, lectores que hacen mejores los libros, que sobreinterpretan en favor de los textos. Toda la escritura borgesiana, con sus falsas atribuciones y sus estrategias para traducir de manera deliberadamente falaz, representa una apropiación practicada por un lector extremo. Me parece que ahí está el ejercicio perdurable de la literatura que mencionabas. Al mismo tiempo, este tipo de lectura se opone a la circulación dominante. Sorprende la creciente proporción de libros destinados a las personas que normalmente no leen. En todas las épocas han existido libros para quienes sólo leen por excepción, casualidad, morbo o urgencia extrema; sin embargo, ahora la tendencia dominante consiste en hacer circular libros que deben cautivar a quienes normalmente no leen porque, naturalmente, son la mayoría. Es una situación enloquecida, como si los fabricantes de vino embotellaran para la gente que normalmente no bebe, o empezaran a hacer vino con sabor a chocolate o con sabor a té de hierbas, para que ésos tomaran vino. Este tipo de circulación es un fenómeno de los últimos tiempos al que tampoco somos ajenos como testigos".

Dice Piglia: "No, desde luego. Cada uno tiene su manera de afrontar la situación. Pero me parece que importa incorporar la cuestión del lector, porque lo que estamos diciendo aquí es que nosotros no confundimos lectores con clientes. No confundimos una cosa con otra. Y este plural, que es muy singular como se sabe, al mismo tiempo incluye a los escritores con los que habitualmente converso. Me parece que nosotros siempre hemos tratado de escribir para lectores interesados en la literatura, y lo que hemos logrado es descubrir hasta dónde esos lectores son mucho más amplios de lo que cualquiera de nosotros podríamos imaginar. Yo creo que ésa es una de las muy buenas lecciones de Borges. Borges siempre hablaba como si su interlocutor supiera más que él. Nunca tuvo una actitud paternalista, de tratar de ser pedagógico, ni en sus textos ni en sus relaciones personales. Siempre pensó en un lector más inteligente y más culto, y trabajó con ese estándar, y me parece que ésa es una de las tradiciones que nosotros hemos tratado siempre de reivindicar frente a una tradición más paternalista, que tiende a pensar que hay que bajar el nivel, como se dice. En este sentido me llamó la atención algo que leí en una entrevista que te hicieron en una pequeña revista (y que me dieron los estudiantes aquí, ayer), donde dices que leíste una novela, que yo también admiré mucho en su momento, De perfil, de José Agustín, y entonces pensaste que podrías escribir. Las escenas de lectura donde aparecen escritores leyendo son interesantes. Hay algunas que a mí me han marcado mucho. Por ejemplo, Borges leyendo por primera vez La divina comedia, en una pequeña edición bilingüe, en un tranvía en el que recorría toda la ciudad para llegar a la biblioteca en donde trabajaba. La imagen de ese hombre miope, inclinado sobre el libro, en un tranvía que cruza la ciudad, la experiencia de la primera lectura de La divina comedia, y el efecto que ese libro le produjo, están al mismo tiempo en el momento y en la escena misma de lo que está sucediendo en ese tranvía. Los tranvías eran lugares comodísimos para leer porque tenían una marcha tranquila, con grandes ventanales, con buena luz. En ese sentido, partiendo de los escritores, he pensado que hay –para jugar un poco al modelo de las clasificaciones– dos modos básicos de lector: a uno yo lo llamaría el lector Kafka, que se encierra, se aísla, trata que nadie lo interrumpa. Sabemos las metáforas de Kafka: “Me gustaría estar en una catacumba, en un sótano y que me dejaran la comida en la puerta para que yo pudiera caminar un poco y que después nadie me molestara.” Esa idea de “estoy ahí leyendo un libro aislado en la noche” es un modelo extraordinario donde la interrupción es el problema, la interrupción en el momento de la lectura. El otro es Joyce, que es lo que yo llamaría la lectura dispersa, el que está por la ciudad, un poco el modelo de Bloom, que anda por las librerías de viejo buscando las novelas eróticas para Molly y al mismo tiempo se encuentra con otros libros. Es decir, por un lado estaría la idea del lector que se concentra de una manera absoluta en un texto, y por otro lado estaría esta idea de la percepción distraída, “leo mientras escucho la radio y atiendo el teléfono, leo mientras contesto los mails, leo con el televisor encendido al fondo”. Yo me acuerdo siempre de situaciones en las cuales la lectura está acompañada por el ruido de la ciudad, donde la lectura no está aislada, está cortada, es intermitente, avanza a saltos, con un ritmo que se parece al de la marcha por las calles de la ciudad. Y en esta serie de imágenes de escritores que aparecen leyendo, si me permiten, voy a recordar la primera escena de lectura de mi propia vida. Que no es mi primer recuerdo, porque mi abuelo paterno muere cuando yo tengo tres años, casi cuatro, y yo tengo un recuerdo de mi abuelo, por lo tanto ése ha sido seguramente mi primer recuerdo. Pero luego hay otro recuerdo en que veo a mi padre leer. Tengo la imagen de mi padre en un sillón leyendo un libro. Entonces yo debo de tener pongamos cuatro años. Tomo un libro de la biblioteca de mi padre, un libro de tapas azules, me acuerdo. Nosotros vivíamos en Adrogué, cerca de la estación, en una calle muy tranquila, pero era una calle que, cada vez que llegaba el tren del centro de la ciudad –cada media hora, digamos–, pasaban los pasajeros que bajaban del tren delante de la puerta de casa. Entonces me senté con el libro en el umbral para que me vieran leer. Tengo la imagen de una sombra, de uno de estos pasajeros que pasaban frente a casa o de un vecino quizá, que me dice que tengo el libro al revés. Podría decir “ahí está todo”, siempre he leído los libros al revés, siempre se ha aparecido alguien que me ha dicho “ese libro está al revés”, y siempre he tratado de escribir ese libro azul. Y un día le dije a mi padre, mucho después, “¿cuál sería ese libro?” Esperaba que me dijera: “alguna novela de Stendhal”, pero me dijo, claro, irónicamente: “Sería el libro azul del peronismo.”

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Saer, Piglia, Villoro, dicotomías

9.16.2007

Piglia y Villoro convocan al fantasma del gran Saer. Foto: David Fernández. Fuente: Clarín

Y ya que mencionamos a Juan Villoro, los envío a esta nota aparecida en La Nación de Argentina, en la que se menciona una charla llevada a cabo en la Sala Alfonso Reyes en El Colegio de México. El tema era un libro titulado Entre ficción y reflexión: Juan José Saer y Ricardo Piglia , editado este año por El Colegio de México. La charla reunió a Ricardo Piglia y a Juan Villoro, ni más ni menos, un auténtico lujo, y convocó al fantasma de Juan José Saer. En La Nación transcriben algunos párrafos de la jornada en especial los referidos a Saer y al tema, que es fundamentale en su obra, de la dicotomía entre el regionalismo y el mundo comspolita. Cualquier parecido con una estéril polémica literaria peruana es una atroz y ridícula coincidencia.

Dijo Juan Villoro: "Me interesa en la obra de Saer el tema del regionalismo: el tema del interior, que en sí mismo es una expresión casi metafísica. Buenos Aires está en una orilla, y todo lo demás es el "interior". Incluso en países como México, donde la capital está en el centro, hablamos de alguien que se va "tierra adentro". López Velarde escribe: "Tuve en tierra adentro una novia muy pobre/ ojos inusitados de sulfato de cobre". "Tierra adentro" es, por supuesto, la provincia, del mismo modo que todo lo que no sea la capital es el "interior". La obra de Saer suele ubicarse en un lugar determinado, la famosa "zona", equivalente al condado de Yoknapatawpha, una zona rural. Sin embargo, me parece que su aproximación tiene un sesgo interesantísimo, que es el de asumir el campo como un espacio de la modernidad. Es lo opuesto al pintoresquismo, al regreso costumbrista. El vocabulario imaginativo no es el de un universo rústico. El hecho de que sea un territorio en cierta forma "vacío", sin una historia asentada, un descampado, implica un desafío intelectual, la oportunidad de establecer contacto con un paisaje que es una especie de página en blanco. Me atrae la especificidad moderna del entorno de Saer. No es un sitio aislado: es un sitio alejado, que no es lo mismo, y que depende de la noción de "límite" en un sentido geográfico, porque ahí está el ancho río, pero también en un sentido de lejanía moral: el límite de los acontecimientos. Creo que lo que logra para el espacio también lo logra para el tiempo.

Dijo Saer: "(...) en aquella época existía una polémica que sigue existiendo: había un grupo de escritores del interior del país que aparecían como alternativa frente al monopolio de escritores de Buenos Aires. Había surgido una generación de escritores muy importantes que vivían en el interior, que no tenían conexión con la ciudad de Buenos Aires, y uno de ellos era Daniel Moyano; otro era Saer; otro era un escritor que acaba de morir hace poco tiempo, Juan José Hernández, un gran poeta y cuentista de Tucumán, y estaba también Héctor Tizón. Era como una banda de gente del interior que estaba todo el tiempo peleando contra los "unitarios" de la ciudad de Buenos Aires. Y lo paradójico de la escena es que yo terminé representando a Buenos Aires y todos sus inconvenientes contra Moyano, Saer y Roa Bastos, que era como el Papa en esa reunión. Yo, que nací en Adrogué, un suburbio de Buenos Aires y en ese momento vivía en La Plata, no tenía nada que ver con Buenos Aires, pero inmediatamente empecé a defenderla y a defender su tradición literaria, la tradición "unitaria", en fin... Y así fue como nos hicimos amigos con Saer. Era obvia la importancia que tenía esa literatura que se estaba escribiendo en un lugar lateral respecto a lo que podríamos llamar las circulaciones más visibles de la literatura. Siempre recuerdo esa primera conversación, porque se organizó sobre la base de una polémica durísima entre lo que podría significar esa tradición, que desde luego Saer encarnaba con ironía y con sarcasmo, y yo mismo. Y desde entonces seguí manteniendo esa posición, porque, ya que la había sostenido en público esa vez, empecé a pensar que tenía que imaginar Buenos Aires o, mejor, al Río de la Plata como una zona autónoma, con su propia herencia literaria Esa discusión encerraba una serie de problemas muy interesantes, algunos de los cuales se aludieron aquí: tradiciones regionales, literatura regional, cosmopolitismo, literatura nacional, literatura latinoamericana -porque estaba Roa-, o sea que ahí estaba como concentrada, y les estoy hablando del año 1964. Desde ese momento empezó con Saer una conversación que dura hasta hoy. La conversación es un elemento central en la literatura, porque la literatura está muy ligada al tipo de conversaciones, a discusiones en los bares, a la circulación de relatos. Las amistades entre escritores son complejas, ¿no? Solamente uno puede ser amigo de un escritor si le gusta lo que escribe. "

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Encuesta: columnas argentinas

9.01.2007

En medio de un conversatorio en la simpática librería Verbalia en Bogotá, Gonzalo Garcés arriesgó una opinión sobre los cuatro pilares en los que descansa la actual literatura argentina: Juan José Saer, Fogwill, César Aira y Ricardo Piglia. Alvaro Enrigue y yo estuvimos de acuerdo con que Juan José Saer no había sido reconocido aún en su exacta dimensión. Gonzalo, en cambio, no compartió el gusto por Saer y se refirió elogiosamente a Fogwill. Por eso la encuesta de esta semana es la siguiente: ¿cuál de estos autores argentinos te parece fundamental para la actual literatura latinoamericana, en general, y la argentina en particular?

Muchas gracias por participar.

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Piglia y la ficción

8.19.2007
Ricardo Piglia en la FIL Guadalajara 2006. Fuente: FIL Guadalajara

En 1967, Ricardo Piglia ganó el premio Casa de América con el libro de cuentos La invasión. Luego de varias décadas, el libro se volvió a reeditar el año pasado con el añadido de cinco cuentos más, por Anagrama. En una entrevista del suplemento Artes & letras, Piglia recuerda aquel libro y define lo que es para él la ficción:

Dice Piglia: " La estructura de la ficción tiene cierto elemento épico de mucha intensidad. En Moby Dick, por ejemplo, veo una especie de adicción; yo digo en broma que es una novela sobre la cocaína, porque el capitán Ahab no puede sacarse de encima esa ballena blanca que para él tiene una carga que los demás no terminan de entender. Me gustan los personajes construidos a partir de la noción de una idea fija, eso les da una suerte de densidad trágica. La adicción sería una de las posibles metáforas del asunto, un poco lo que Borges hace en "El Zahir": un objeto que no se puede olvidar, esa obsesión llena de potencialidades que es finalmente el dinero. Sí, y me impresiona que cada vez se haga más abstracto. Antiguamente las monedas valían lo que pesaban en metal, pero los billetes son objetos muy particulares, con esas caras de héroes y el hecho de que alguien los firme, lo que implica todo ese complejo asunto de la autenticidad y la falsificación. Por eso me ha interesado tanto Arlt y su gran fantasía de hacer dinero en el sentido literal de la expresión: tener una máquina para fabricarlo. Fue también lo que me capturó en la historia de Plata quemada. El hecho de quemar el dinero me pareció un gesto muy extremo. Por otro lado, sería un contraataque de la cultura, de los escritores. La economía tiene un peso cada vez mayor en la vida cotidiana, los economistas son los nuevos intelectuales orgánicos, opinan de todo, son los gurús de la sociedad ocupando el lugar que antes tenían los médicos."

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Novedades Anagrama

8.02.2007
Bill Buford, su libro Heat pronto será editado por Anagrama. Fuente: nytimes.com

¿Se acuerdan de Heat, el libro de Bill Buford que fue sometido a un intento de cocinarlo? Pues ahora lo tendremos en versión castellana gracias a Anagrama. Se están acabando ya las vacaciones de verano y las principales editoriales empiezan a mostrar su segundo aire, las novedades hacia fin de año. Hoy me llegó el boletín de Anagrama y, además del mencionado Buford, encuentro cosas interesantes como el nuevo libro de cuentos de Enrique Vila Matas, una reedición de Prisión perpétua de Ricardo Piglia y lo nuevo de Claudio Magris, Paul Auster y un rescate de Sebald. Cito en extenso las palabras de Jorge Herralde que tiene la buena costumbre (ojalá seguida por otros editores) de presentar brevemente sus novedades.

PD.- Quiero agradecer a la oficina de prensa de Anagrama por mencionar nuevamente, entre sus fuentes, a este Moleskine Literario. Ahora comentan la encuesta que eligió a Mario Bellatin como el autor que la mayoría de votantes quiere "introducir en una máquina del tiempo, bajarle la edad y permitirle participar en el encuentro Bogotá 39"

Dice Herralde: "En «Panorama de narrativas», el primer título propuesto es La interpretación del asesinato de Jed Rubenfeld, un impresionante debut narrativo a partir de las peripecias de Sigmund Freud en Nueva York a principios del siglo XX: una novela calificada de «policíaca, histórica y shakespeariana», y de lectura compulsiva, que ha sido un extraordinario bestseller en el mundo anglosajón y ha recibido las más entusiastas críticas. Nos encontramos de nuevo con Paul Auster a través del guión de La vida interior de Martin Frost, cuya versión cinematográfica ha dirigido el propio escritor y que presentará en septiembre en el Festival de San Sebastián. Claudio Magris nos ofrece en Así que Usted comprenderá un breve, bellísimo y magistral monólogo: resucita el célebre mito órfico, dándole la palabra a Eurídice. La más exigente literatura alemana comparece por partida doble: por una parte, Campo Santo, un volumen póstumo de W. G. Sebald, a modo de emocionante despedida de uno de los grandes escritores de nuestro tiempo; por otra, El hueco que deja el diablo: doscientas narraciones de Alexander Kluge, tan reconocido por Susan Sontag y el propio Sebald, que es la presentación española de un exigente y extraordinario escritor y cineasta. Bill Buford, quien fue director de Granta en su mítica etapa de los 80, después director de ficción del New Yorker y entretanto autor de Entre los vándalos (CR 25), un reportaje sobre el fútbol y sus hooligans, nos presenta ahora un libro extraordinario, Calor, donde nos narra sus obsesivas, hilarantes y vívidas experiencias como aprendiz de cocinero, tras conocer al gran chef Mario Batali. El joven escritor y cineasta Samuel Benchetrit, de quien se ha dicho que «es a la literatura lo que los Sex Pistols al rock», nos ofrece Crónicas del asfalto, un seductor texto autobiográfico.

En «Narrativas hispánicas» la propuesta de este bimestre no es menos excepcional. Enrique Vila-Matas regresa al cuento, con acierto extraordinario, con Exploradores del abismo, que considera que es «mi libro más genuino». Crematorio, de Rafael Chirbes, es su libro más ambicioso y conseguido, de una sabiduría y radicalidad estremecedoras. Belén Gopegui prosigue, en solitario, con El padre de Blancanieves, un proyecto narrativo, político y moral sin precedentes en nuestras letras. Continuamos con la publicación de la ópera omnia del gran escritor argentino Ricardo Piglia, en edición definitiva: ahora es el turno de Prisión perpetua. También seguimos, con la novela Malacara, con el descenso a los mexicanos infiernos de Guillermo Fadanelli. Y recuperamos en esta colección el primer libro de Sergi Pàmies, Debería caérsete la cara de vergüenza, muy reciente aún su gran éxito con Si te comes un limón sin hacer muecas (NH 409).

En «Argumentos», Daniel Cassany, que escribió hace unos años un libro de obligada referencia, La cocina de la escritura (A 162), se dirige ahora a los más iniciados con Afilar el lapicero. Iñaki Esteban, en El efecto Guggenheim, escudriña en la idea de museo y sus propósitos actuales a partir del célebre museo Guggenheim de Bilbao. Con El cristianismo hedonista, el segundo tomo de su Contrahistoria de la filosofía que se inició con Las sabidurías de la antigüedad A (361), Michel Onfray reivindica el hedonismo y «da la voz a los sin voz de la filosofía» (Stéphane Floccari). En «Crónicas» se recogen las últimas conferencias del gran Ryszard Kapuscinski con el título Encuentro con el Otro, seis textos esenciales sobre las interrogaciones contemporáneas. En «Compactos» tenemos dos novelas mayores: de Enrique Vila-Matas, El mal de Montano, y de Belén Gopegui, La conquista del aire. Asimismo, coincidiendo con la Feria de Frankfurt, cuyo invitado de honor es la cultura catalana, aparecerán en esta colección siete títulos de autores catalanes que hemos traducido al castellano a lo largo de las últimas décadas: Ruleta rusa y otros cuentos de Pere Calders, Camino de sirga de Jesús Moncada, Primaveras y otoños de Baltasar Porcel, El Jardín de los Siete Crepúsculos de Miquel de Palol, El último libro de Sergi Pàmies de Sergi Pàmies, La magnitud de la tragedia y El mejor de los mundos de Quim Monzó. Con estos siete títulos y dos más de Quim Monzó, publicados recientemente en dicha colección, El porqué de las cosas y Ochenta y seis cuentos, haremos una promoción especial con el rótulo «Biblioteca catalana en versión castellana» para apoyar la difusión de tan valiosas y variadas obras de la literatura catalana contemporánea. Asimismo he redactado un librito, que se publicará en edición no venal, Autores catalanes traducidos al castellano. Una experiencia editorial 1971-2007, situando la publicación de 61 títulos en versión castellana desde casi los inicios de la editorial.

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¿Bolaño canónico?

7.20.2007
Roberto Bolaño. Fuente: El País.

El éxito de Bolaño para muchos lectores jóvenes descansa en su radicalidad, en su postura anti-canónica, en sus ensayos y opiniones molotov contra el establishment literario. Pero ¿era en realidad Bolaño un contestatario? ¿O más bien un aspirante a ser canónico, un escritor que busca el prestigio y la respetabilidad de sus contemporáneos? Jean Francoise Foguel, leyendo el ensayo "Derivas de la pesada" publicado en El secreto del mal (Anagrama), discute el tema en relación al eje Piglia-Bolaño. Imperdible.

Al final [del artículo], hay una apuesta: ganará Soriano, pues gana siempre el "canalla sentimental". Arlt, "el mejor de los tres" como escritor, se quedará con Piglia en lo que no es más que una relación sentimental. Lamborghini por su parte se mantiene como autor secreto. "Hay que releer a Borges otra vez" concluye Bolaño, lo que revela su afán de respetabilidad, al contrario de Piglia en Respiración artificial.


Sábado 21/7.- Gustavo Faverón comenta este post en "Puente Aéreo".

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