MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Un taxi en Cuba

2.03.2009
Taxi en Cuba. Fuente: Letras Libres

He recibido en mi email varios correos acerca de las largas, y absolutamente previsibles, reacciones de los escritores cubanos en Cuba (como diría Vallejo "perdonen la tristeza") a raíz de la participación de un grupo de avanzada (Halfon, Enrigue y yo) en La Habana, financiado por el Hay Festival y teniendo como anfitriones a Senel Paz y Wendy Guerra (y con el marco fotográfico de Mordzinski). Como dije, todo muy previsible. Pronto daré mi propia versión sobre el tema. Por lo pronto, les dejo con este extraordinario artículo que publicó en enero el autor de Livadia, José Manuel Prieto, en el último número de Letras Libres (dedicado a Cuba, por cierto) que tiene un artículo también del gran Antonio José Ponte y Ernesto Hernández Busto (un trío bastante peliagudo si se han enterado algo leyendo La fiesta vigilada). Les dejo la parte titulada "¿Quién soy yo y por qué voy viajando en ese taxi?"

¿Quién soy yo y por qué voy viajando en ese taxi? Soy, podría decirlo de esta forma y levantar más de una ceja, el más genuino fruto de la Revolución cubana, su más genuino hijo, alguien que de no haberse dado esta, el acontecimiento que explico o intento explicar en este libro, jamás habría venido al mundo (mis padres consideraron posible tener otros dos niños, mi hermana y yo, en la holgura de los primeros años en que todo debe haberles parecido fácil).
Un niño modelo que creció en una guerra privada y no menos dolorosa que la que atravesaba el país, resistiéndome a Czerny, a las escalas cromáticas y los estudios para cuatro manos de Béla Bartók, las largas sesiones de piano que debí aprender porque mi madre había querido estudiarlo. Un niño revolucionario enfrascado y poniendo en práctica el sueño pequeñoburgués de una infancia con piano y lecciones de esgrima. Fui luego, cuando crecí y quedó claro que jamás sería concertista, a la mejor escuela del país, a la Eton cubana (para que se me entienda en Inglaterra). Una institución con el simpático y muy evocador nombre de Vladimir Ilich Lenin, líder de la Revolución Mundial. Donde, en el ambiente de seriedad y excelencia académica –absolutamente cierto, dicho esto sin ironía–, me decidí en el último año de estudios a convertirme en ingeniero en computación, para lo que debí, de la manera más inverosímil y en un viaje que terminó por cambiar totalmente mi vida, yéndome a Rusia. Un largo viaje en barco que, cada vez que pienso en él y lo rememoro, se me antoja más fantástico e imposible: veintiún días del Caribe al Mar Negro, una larga semana en tren luego, a lo más profundo del territorio soviético, una ciudad en su lejana retaguardia, a dos mil (¡) kilómetros de la ya muy lejana Moscú.
Mi asombro ante la coloración muy roja de las hojas la tarde que llegué a esa ciudad a fines del verano y donde viviría cinco inviernos (cinco duros inviernos) y donde, de manera insospechable para un hijo del Trópico, aprendí a calcular con facilidad a cuántos grados bajo cero por la escarcha en la ventana. Quise irme el primer año, pensé muchas veces en hacerlo y no me arrepiento de haberme quedado, terminado mis estudios y dejado entrar en mí la vida de todo un país del que el mío era meramente un aliado político, un frío (nunca mejor dicho) aliado político, un país que llegué a amar profundamente, cuya literatura llegué a conocer tan bien y a querer tan bien como la literatura de mi propio país.
Menciono esto, o debería explicarle al taxista porque viene a cuento: la vida improbable, el mundo absolutamente nuevo (y exótico) en el que la Revolución cubana colocó a todo el país (y a mí con él). Gústenos o no.
Un fruto imposible de la Revolución cubana, lo improbable de un destino del que no sólo no reniego sino que considero una gran suerte: aquella remota ciudad, los duros inviernos, la más profunda y radical experiencia.

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La mira de Chris Andrews

12.07.2007
Pedro Mairal, entre otros, en la mira de Chris Andrews. Fuente: carneargentina

Gracias al blog "Puente aéreo" me entero de estas declaraciones de Chris Andrews, el primer traductor de Roberto Bolaño al inglés y traductor también de César Aira, en la que se refiere al buen momento de la literatura latinoamericana y cita algunos nombres de autores que está traduciendo, o de escritores a los que les sigue la pista.

Dice Andrews: "I can only give very subjective opinions about that. There are two recent novels that I think are wonderful, and I would like to see them come across the translation barrier. First Rodrigo Rey Rosa's La Orilla Africana (The African Shore), about a Colombian adrift in Marrakech. Rey Rosa is a Guatemalan writer, and some of his books have been published in English: the first books of stories were translated by Paul Bowles, and recently New Directions brought out The Good Cripple, translated by Esther Allen. He's a master of ellipsis, and has found a form--the short novel in short chapters--that maximizes his power to disturb and intrigue. The other novel is El Testigo (The Witness) by Juan Villoro, an excellent Mexican writer. It's a big, complex book about the state of the Mexican nation after the end of the PRI's long reign. I recently translated a chapter of it for the journal Common Knowledge.
And there are lots and lots of others . . . a book I just read that impressed me was Antonio José Ponte's La Fiesta Vigilada (Party Under Surveillance), which is a mixture of essay and autobiography, and meditates elegantly on surveillance, censorship and culture in Cuba.
Each country in Latin America has its literary culture and its interesting writers, but sometimes it seems there is a limit to the number that can come to be well known internationally, as if Mario Vargas Llosa had just about used up the quota for Peru, say.
It seems to me that interesting things are happening in Argentina: bitter polemics, but also lots of good writing, by novelists like Alan Pauls, Guillermo Martínez, Daniel Guebel and Pedro Mairal.

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Orígenes

10.22.2007
Carátula de la mítica revista. Fuente: cubaliteraria

La edición del libro Los años de Orígenes, de Lorenzo García Vega, re-editado por la editorial argentina Bajo la Luna, le da pie al extraordinario escritor cubano Antonio José Ponte para comentar acerca de la importancia del grupo intelectual cubano alrededor de la revista Orígenes para la literatura cubana y, por ende, latinoamericana. La reseña en "La Nación".

Dice la reseña: "Quien intente leer hoy, dentro de Cuba, la literatura escrita por cubanos del exilio, tendrá que procurársela con traficantes escurridizos, pagándola a altos precios. Pues ninguna librería o biblioteca pública dispone de ella y, aunque las editoriales estatales han divulgado últimamente algún que otro libro de cubano ido (preferentemente difunto), la literatura del exilio permanece desconocida para los lectores de la Isla. Hace más de dos décadas, cuando empezaba yo a curarme de esa ignorancia, cabían dentro de la censura los nombres de José Lezama Lima y de Virgilio Piñera, sin importar que ninguno de ellos hubiese abandonado el país. En aquel panorama tampoco existían Jorge Luis Borges, Octavio Paz o Mario Vargas Llosa. Pero ningún título entre los que perseguí por las catacumbas de la ciudad se me hizo más inencontrable entonces que Los años de Orígenes , de Lorenzo García Vega (Matanzas, Cuba, 1926). Incluso viejos lectores, generosos en el préstamo de ejemplares, me disuadían de leerlo. Mejor haría en visitar otras páginas, que de aquellas escritas por García Vega se escapaban vapores mefíticos. El rencor con que habían sido perpetradas, el balance arrojado de títeres sin cabeza, desaconsejaban dedicarle tiempo. Aquel libro era obra de un desequilibrado, revancha de un escritor sin valía en quien alguna vez se encaprichara el magisterio de José Lezama Lima. Lorenzo García Vega despertaba encendidos rechazos tanto en La Habana como en Miami y en Madrid. Era el más exiliado de los exiliados. Sobre su obra pesaba, además de la censura política, la maldición de quienes alguna vez la frecuentaron. Y tantas advertencias en su contra me empujaron, claro está, a buscar lo que escribiera.

(...)

Vuelto a leer ahora en su edición argentina, Los años de Orígenes me ha permitido olvidar lo suficiente a Orígenes y a Lezama Lima como para centrarme en quien narra. Notario de Orígenes , como suele titularse él mismo, Bartebly dispuesto a hacerlo aunque no haya dado con el modo, tan fracasado como un pupilo del Instituto Benjamenta, este narrador termina convirtiéndose en una de las más apreciables cabezas de la empresa Orígenes . Hasta el punto que, obligado a elegir tan sólo un par de títulos origenistas, yo colocaría a Los años de Orígenes junto a Paradiso . (Quedan fuera poesía espléndida y ensayos excelentes. Quedan fuera los cuentos y las piezas teatrales de Virgilio Piñera. ¿Y quién me obliga a restringirme, si no un enfásis de reseñista?) "

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Jornadas VivAmérica

10.11.2007
Ricardo Piglia en el VivAmérica. Fuente: viva américa

Nuevas jornadas en el Festival Literario VivAmérica. En primer lugar, los cineastas Enrique Gabriel, Patricio Guzmán, junto a los escritores Santiago Roncagliolo y Luis Sepúlveda han hablado acerca de la memoria en la mesa "El derecho a olvidar y el deber de recordar". Luego, El escritor cubano Antonio José Ponte y el cineasta Arturo Infante han dialogado sobre la relación entre literatura y cine en la mesa "Arquitectura del proceso creativo". Y Ricardo Piglia habló de "El lector como escritor".

Finalmente, en el blog "Zona de Noticias", Paolo de Lima -quien al parecer está en Madrid- menciona la lectura de un capítulo de la novela inédita de Alfredo Bryce Echenique y promete un alcance sobre la presentación del libro de Roncagliolo.

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Antonio José Ponte

9.30.2007
Antonio José Ponte. Fuente: eldigoras.com

En la "Revista de Libros" del diario El Mercurio, Alvaro Matus entrevista al espléndido narrador cubano Antonio José Ponte, quien actualmente vive en Madrid y publicó en Anagrama la novela (o híbrido, como gusten) La fiesta vigilada.

Dice el autor sobre por qué no publica en Cuba: "Fui yo quien decidió no publicar en Cuba. Antes había recibido, por un libro de poemas, un premio que otorga anualmente un comité de críticos designados por las autoridades. Un buen día me llegó una invitación desde el extranjero, la acepté y decidí que en el futuro ningún libro mío estaría a disposición de la censura política (...) Los encargados de esa censura se me acercaron alguna vez, confesaron haber leído tal título mío publicado lejos, y parecían dispuestos a reeditarlo en Cuba sin cambiarle una palabra. Pero tanta amabilidad tiene su explicación: el Ministerio de Cultura cubano aspira a controlar toda la producción literaria, incluso la que se hace en el exilio. Me negué a estas propuestas, y yo seguí publicando reseñas y algunas traducciones en las revistas cubanas. Hasta el año 2003, cuando fui expulsado de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, y prohibieron la aparición del más mínimo texto firmado por mí. (...) Mis libros no están disponibles en Cuba, y no lamento la poca atención que han recibido dentro de Cuba. Así han de ser las cosas: desobedezco a ciertas autoridades, y tales autoridades se encargan de negarme cualquier favor. No me quejo de ello. Sería una buena ocasión para la autolástima, pero prefiero desperdiciarla. Y tampoco echaré mano al recurso, tan usado entre escritores prohibidos, de creer que un libro mío pondría en jaque al régimen que me censura. A mi modo de ver, los poderes catárticos de la literatura son mucho menores. "

Sobre la influencia de Borges y Calvino, dice: "Borges lo fue. Lo es. Al principio debió gustarme de él su imaginería; ahora aprecio el lenguaje en que escribió esas repeticiones. Soy un admirador de su arte de las variaciones, del siempre contar lo mismo y siempre engatusarnos. De Calvino no puedo decir lo mismo. Veo en él los esfuerzos de la imaginación, sus pujos. Hallo en él, como en cierto Cortázar, lo fantástico forzado."

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Dos de Paz Soldán

8.31.2007
Edmundo Paz Soldán. Fuente: Berkeley dayly planet

Edmundo Paz Soldán estuvo en Lima para la FIL Lima antes de enrumbar, aprovechando su año sabático, a Madrid donde se encuentra actualmente. Es increíble cómo teniendo dos vidas tan distintas, cada vez que veo a Edmundo siento que continuamos la misma conversación y andamos en lo mismo: la literatura, la escritura, la vida familiar, las lecturas. Una lástima que, por unos pocos meses, no haya podido ser uno de los Bogotá39. Sin embargo, ha escrito sobre el evento en su blog "Río Fugitivo" opiniones muy interesantes. Les dejo el enlace.

Además, también ha publicado en Terra una reseña al libro que muchos escritores latinoamericanos estamos leyendo con admiración, algunos descubriéndolo recién y otros subrayando la buena impresión que nos dejaron sus cuentos anteriores: La fiesta vigilada, de Antonio José Ponte (editado por Anagrama).

Dice sobre el Bogotá39: "El modelo para seleccionar a esta generación es de la revista inglesa Granta, que desde hace un par de décadas lanza, de tanto en tanto, números dedicados a “Los mejores jóvenes novelistas ingleses”. Hay algunas diferencias: en la última selección enfocada en la literatura norteamericana, se define como escritor joven a alguien menor de 35 años --no de 39, como en el caso de Bogotá--, y, en el estilo directo de los anglosajones, se habla de “mejores escritores”. En el caso latinoamericano, hablamos de “más representativos”. De hecho, en la lista de Bogotá 39 hay un esfuerzo notable de inclusión: diecisiete países del continente están representados. Si vamos a ser justos, probablemente la mitad de la lista debía estar conformada por escritores de los países con mayor tradición literaria (Argentina, Cuba, México), pero el esfuerzo de inclusión tiene muchas cosas positivas; nos permitirá, por ejemplo, descubrir qué se está escribiendo en El Salvador o Paraguay, países que suelen pasar desapercibidos en un continente de compartimientos estancos en que los productos culturales no circulan con facilidad de un mercado a otro. "

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Ponte sobre Swann

8.14.2007
Jeremy Irons interpretando a Swann en la película de Volker Schlöndorff. Fuente: jacques casari

El escritor cubano Antonio José Ponte es el encargado esta semana de responder a la pregunta de "El País": ¿Cuál es tu personaje de ficción favorito? Su respuesta es Charles Swann, el protagonista de la primera parte de En busca del tiempo perdido.

Dice Ponte: "A Charles Swann lo forman no tanto ciertos episodios y ocurrencias como la hipótesis de otros acerca de su existencia. Es menos una presencia propia que un montón de opiniones. Vive no por lo que es, sino por lo que significa. Es siempre huésped, nunca anfitrión. Y no tiene habitaciones propias, aunque en alguna página aparezcan éstas. Frecuentador de los más exclusivos salones parisienses, visita también a algunos burgueses de provincia, mendiga el acceso a una velada de poca monta si asiste a ella la mujer perseguida. Su drama no carece de comicidad: será groseramente repudiado por gente muy inferior a él, se equivocará de mujer (...) Unos amores de Swann es una pequeña novela incluida en la obra mayor que es En busca del tiempo perdido. Se trata, al parecer, de un vestigio del proyecto de hacer a Swann protagonista de los siete volúmenes. Y concluye con uno de los momentos más memorables entre las tantísimas felicidades que pueblan estos libros: Swann exige a un peluquero que su peinado no se deshaga en el viaje que le espera, piensa en Odette, y se dice esto a sí mismo: "¡Cada vez que pienso que he malgastado los mejores años de mi vida, que he deseado la muerte y he sentido el amor más grande de mi existencia, todo por una mujer que no me gustaba, que no era mi tipo!"

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Antonio José Ponte

5.13.2007
Antonio José Ponte. Fotografía de Pedro Portal. En El digoras.com
En el suplemeto "Babelia" aparece una reseña al libro del extraordinario narrador cubano Antonio José Ponte, La fiesta vigilada, publicado recientemente por Anagrama. El comentarista, Iván de la Nuez, la califica como "una pieza promiscua que hace equilibrios entre la novela, el ensayo, las memorias, la crónica de un periplo interior que se ejerce como contrapunto del viaje turístico".

Para leer la contratapa de la novela, pulse aquí.

Aunque tuve la oportunidad de conocer a Antonio José Ponte en un encuentro en Mollina, en 1993, en que ambos participamos, sólo supe de su existencia años después por el comentario de Julio Ortega, y los mexicanos Alvaro Enrigue y Ernesto Lumbreras (quien también estuvo en Mollina) en la FIL Guadalajara del 2004. Desde entonces he leído varias cosas suyas, conseguidas en México y en la biblioteca de Ricardo Sumalavia (quien a su vez las consiguió en Cuba) y es estupendo.

Si pudiera teletransportarme a Madrid y tuviese solo 10 minutos para escoger un libro y pagarlo, sin duda sería el de Ponte.

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