Mairal dictará taller
3.02.2010Etiquetas: argentina, eterna cadencia, mairal, NOTICIA
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Si fuera un futbolista uruguayo traería el mate y un termo debajo del brazo. Si fuera una diva como Susana, un yorkshire que ladre en las entrañas del bolso de mano. Pero el peruano Ivan Thays es escritor y su fetiche es una libretita Moleskine que apreta contra el el sobaco. En entrevista pública con el escritor Pedro Mairal en el patio de la librería Eterna Cadencia, el finalista del premio Herralde de novela 2008 habló de su libro Un lugar llamado Oreja de Perro ,sobre la creación del que hoy es uno de los blogs literarios más populares de latinoamérica y dejó perlas como la caracterización de los escritores argentinos como una genealogía de "peinaditos". La charla de Thays coincidió con el quinto aniversario de su blog moleskine literario (notasmolesnkine.blogspot.com), una suerte de antología en tiempo real de artículos y novedades literarias alrededor del mundo. "Mi blog no es de ideas, es de telereportes, es algo que hago mientras en realidad estoy haciendo otras cosas", explicó, y soltó el primer dardo de la tarde al decir que los compatriotas que los que lo acusan de no hablar sobre la literatura de Perú no se dan cuenta que "ahí sólo pongo lo que me interesa".
-¿Pero qué hay de su relación con Vargas Llosa?preguntó Mairal.
-Bueno, relación es mucho, lo nuestro fue sólo un romance, contestó Thays, que después de elogiar al autor de La Ciudad y los perros se desmarcó y dijo que no comparte el método topográfico que él tiene para escribir.
"Si Vargas Llosa va escribir sobre Africa él tiene que ir al lugar, tomar notas, mirar a la gente y sacar fotografías. A mí ese método no me gusta, soy de los que creen que un escritor debería inventarlo todo". De hecho, recordó que para escribir su novela ni siquiera fue a Oreja de Perro, la región peruana donde ambientó la historia. "En algún momento, me preguntaba si el protagonista tendría luz para conectar su computadora y como no sabía le inventé al lugar una central hidroeléctrica". Thays no es la clase de invitado que se queda modosito y reparte cariño entre los anfitriones, aunque sí busque hacerse querer. Desde el patio de la librería porteña, se lamentó de las dificultades de circulación de libros dentro de latinoamérica, que impide que los libros de un autor boliviano lleguen a Perú o la Argentina, y dijo que "el Kindle, en ese sentido, será estupendo, ya que podés bajar inmediatamente lo que se publique en cualquier lugar del mundo". Después, aclaró que no es un fetichista del objeto libro y ya entre risas dijo que, de hecho, cree "que las librerías deben desaparecer". Quizá lo mejor de la charla fue cuando se refirió a la literatura argentina y la pulcritud extrema de sus autores. "Yo la verdad es que a los escritores argentinos los veo muy peinaditos, no podría corregirles ni una coma a sus libros pero por lo mismo siento que aveces sus libros no se disparan. No me refiero tanto a lo disparatado de una trama como al estilo. No hay muchos raros como Roberto Arlt, que dejó menos estela que los peinaditos, algo que supongo que viene más de Borges. Por suerte sí hay un argentino no argentino como Gombrowicz, que no es nada peinadito".
-Pero ojo remató Thays, que yo hablo así, pero reconozco que soy un peinadito...
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El “peinadito” Iván Thays llegó a Retiro el primer día hábil del flamante 2010, a eso de las 19, con el mismo ánimo de provocar, aunque ahora tenga el pelo bien cortito y prolijo. En la otra punta de la ciudad, en Palermo, en la librería Eterna Cadencia, su amigo Pedro Mairal lo esperaba para entrevistarlo. Las mesitas ya estaban ocupadas por el público curioso y un puñado de escritores que se arrimaron, Martín Kohan, Juan Diego Incardona y Elsa Osorio, entre otros, a pesar del calor. Los remolones de siempre se acomodaron en las escaleras o se quedaron de pie. En una ciudad en vacaciones, la primera actividad del año convocó a mucha más gente de la prevista. Claro que la dupla prometía. Y cumplió. El diálogo dejó mucha tela para cortar, para peinarse o despeinarse, sobre todo con el canon propuesto por el escritor peruano, Arlt, Gombrowicz, Bolaño y “el cascarudo que rompió el techo”, Alan Pauls. “Disculpen la demora”, se excusó media hora después el autor de Un lugar llamado Oreja de Perro, novela finalista del premio Herralde 2008. “Estuve en Arrecifes, picado por mosquitos. El Off no sirve. Thays apeló a las artes plásticas para explicar por qué se tomó siete años para terminar su última novela, a pesar de haberla escrito en dos meses. “Es como tener un cuadro y no querer soltarlo; fueron siete años entre las dudas y los temores que tenía porque al personaje se le muere un hijo y yo tengo un hijo y pensé que eso podía provocar una catástrofe”, subrayó. Un lugar llamado Oreja de Perro es la historia de un hombre al que se le muere un hijo, se separa y se va a sufrir a un pueblucho donde no hay nada. Pero viaja para encontrarse a sí mismo. “La gran pregunta que me hacía cuando mi mujer me dijo ‘te voy a dejar’ es si no sería excelente que la memoria o el dolor fuera una piedra y uno pudiera abrírsela, operarse la piedra y sacársela para no pensar”, dijo el escritor. “Siempre me he sentido bastante oreja de perro. Cuando hay un temblor o pasa algo, los perros están echados y paran la oreja. Están muy atentos, pero no se mueven, no hacen nada. Siempre he sentido que paro la oreja y puedo hasta prever el apellido de la persona con la que se va a ir mi ex mujer. Pero no soy capaz de hacer nada; me quedo echado, pero muy atento. Oreja de Perro es un lugar donde uno no puede actuar, pero está atento. El escritor peruano fue finalista del Iniciativa Artística Rolex para Mentores y Discípulos, un premio de 20 mil dólares en el que el mentor era nada menos que Mario Vargas Llosa. El ganador debía trabajar un año con su mentor. “Cuando me enteré de que estaba entre los finalistas y me dijeron que era muy posible que me lo dieran, me asusté muchísimo. ¿Qué cosa va hacer Vargas conmigo? Me iba a obligar a ir a Oreja de Perro. Adoro a Vargas Llosa, me parece un gran escritor, pero detesto ese método topográfico que tiene para escribir, no lo puedo aceptar. El escritor debería inventar absolutamente todo; incluso si pasa en Buenos Aires debería destruir Buenos Aires y volverla a inventar. Soy una persona que rompe con la realidad, no es que no sea realista, sino que rompo con la realidad topográfica. No me importa saber si a tres cuadras hay un café y tengo que mencionarlo o cuántos habitantes hay”, afirmó Thays. “Vargas Llosa es un gran escritor, una muy buena persona; él me ha apoyado muchísimo en mi carrera, pero definitivamente no tengo nada que ver con su forma de pensar la literatura. Me respeta mucho como escritor, pero le parece una porquería lo que escribo.” Cuando Thays ganó el premio Príncipe Claus, Vargas Llosa escribió el discurso de honor, titulado “Iván Thays, un fan de Boca Juniors”. El autor de Conversación en la Catedral había leído un artículo en el que Thays comentaba que cuando era chico decía que era de Boca, en la época en que actuaban Maradona, Brindisi, Gareca y atajaba Gatti. “¿Cómo puedes ser hincha de un equipo que no sea peruano?”, lo increpaban. “Yo soy hincha del buen fútbol, donde esté el buen fútbol; así sea en Noruega, soy hincha de ese equipo”, respondía sin dudar. Vargas Llosa dijo que le parecía una nueva actitud de los escritores, “la idea de que el escritor puede decir ‘soy fan de Nabokov, de Lowry, de Boca Juniors, porque soy fan del que juega bien, no de quien debería estar’”. Moleskine, creado por Thays, cumple cinco años. “El blog fue como una broma”, reconoció el escritor. “No es como el que hace la mayoría, que está lleno de ideas, pensamientos y reflexiones; mi blog es de recortes. Leo en una página una entrevista que me ha interesado, saco un pedacito, hago un link a la entrevista y un comentario. Al principio sólo era de Perú, pero poco a poco empezaron a aparecer más lectores de afuera y decidí hacer un blog sobre lo que me interesaba. Como no tengo ninguna bandera y no represento a ninguna institución, lo que hago es entrar a El País, La Jornada o Página/12 y saco las noticias que me interesan. Las personas terminaban entrando a mi blog para enterarse de todo lo que pasaba.” Pisándole los talones a la tesis planteada por Jorge Volpi en El insomnio de Bolívar, Thays aseguró que el escritor latinoamericano ya no existe: “Bolaño fue el último latinoamericano que escribía como latinoamericano y que le interesaba ser latinoamericano”. El escritor peruano arremetió, con la razón de su lado, contra el mercado editorial español. “Me afecta mucho que en las mesas de novedades siempre están los libros de autores españoles o los extranjeros traducidos por Anagrama o Acantilado. Si hay una novedad de un autor latinoamericano, está en una mesa que se llama narrativa o literatura latinoamericana. ¿Por qué no pueden aceptar que los latinoamericanos somos también parte de esa lengua y que deberíamos estar en la misma mesa de novedades? ¿Por qué los españoles, salvo Cercas y Vila-Matas, no hablan de Bolaño cuando es lo mejor que ha aparecido en castellano? Mi blog está logrando que los españoles se preocupen por su imagen en América latina. Adriana Hidalgo tradujo a un irlandés que es un genio, John McGahern, y muchos españoles me escribieron preguntándome por qué no lo tradujeron allá. Me gusta que se sepa que América latina traduce autores. Lo que pretendo y estoy consiguiendo es que Moleskine sea una especie de puente entre América latina y el castellano.” Mairal planteó una paradoja. “Para que una novela sea latinoamericana se tiene que publicar en España”, advirtió. “En esta especie de balcanización de la literatura, la única manera de que un autor se vuelva latinoamericano es rebotando en España.” Thays contó una anécdota que ilustró esta balcanización. Quería leer Derrumbe, la novela de Daniel Guebel, pero sólo había sido publicada por Mondadori en la Argentina. “Ahora tenemos la información, pero no tenemos el libro. Antes no sabía que Guebel existía, entonces podía vivir sin Guebel, pero ya no puedo porque sé que existe”, comparó. El escritor peruano celebró la próxima llegada de Amazon Kindle al castellano. “Será estupendo porque podré bajarme todos los libros que quiera; no importa si se publica en Asunción o en un pueblito donde hay mosquitos. Donde sea que se publique, si está en la red, lo voy a bajar. Esa es mi ambición porque no soy fetichista del libro como objeto. Las librerías deberían desaparecer y tener todos un Kindle”, ponderó el “peinadito” peruano ante la mirada fulminante del dueño de casa, el librero Pablo Braun.“La literatura argentina me gusta muchísimo, pero son muy peinaditos, muy ordenados; todo bien escrito, todo bien hecho, nunca se disparan. Jamás a un escritor argentino podría corregirle una coma, pero siento que se quedan en el techo y rebotan como cascarudos”, disparó un tanto a la ligera. En las caras de algunos escritores presentes se percibió el síntoma de un pequeño malestar, el de la discrepancia. “Borges y Bioy Casares escriben tan bonito, escriben limpio. ¿Y cuándo el extraño, el más raro que rompa la pared y haga algo distinto? Ustedes tienen una tradición en Roberto Arlt, el que desarma las cosas, el que le echa ácido a la tela. Pero Arlt no ha dejado una estela tan grande como los peinaditos. El único que me parece muy despeinado es Gombrowicz. No soy de esos escritores, yo también soy peinado. Pero me encanta que existan escritores como Gombrowicz. Cada vez me gusta menos Borges. Y Bioy Casares ya ni hablar.” Entre los escritores argentinos contemporáneos rescató a Alan Pauls por El pasado. “Lo que más me gusta de Alan Pauls es lo que menos me gusta de Alan Pauls. En la novela hay un pintor extraño que pintaba cosas obscenas y esa parte que sobra me fascina. De esas sobras haría una novela. Lo que pasa que es que en una novela tan larga la sobra te molesta. Pauls es un cascarudo que rompió el techo. Pero la mayoría de los escritores argentinos y latinoamericanos son muy Volpi, bien peinaditos. Y escuchan demasiado música clásica.
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Antonio García Angel, Joao Paulo Cuenca, Pilar Quintana, Daniel Alarcón, Santiago Nazarian, Pedro Mairal, yo. Fuente: Etiqueta Negra Lima, (dpa) - Siete de los escritores latinoamericanos que participaron en 2007 en el encuentro Bogotá 39 reivindicaron la validez y vigencia de esa iniciativa y reconocieron la experiencia que les aportó a cada uno, al reencontarse esta semana en Lima con ocasión de la XIV Feria Internacional de Libro (FIL). El argentino Pedro Mairal, los brasileños Joao Paulo Cuenca y Santiago Nazarian, los colombianos Pilar Quintana y Antonio García Ángel y los peruanos Iván Thays y Daniel Alarcón coincidieron en que lo que importante de ese grupo es que no pretendió imponer un nuevo estilo ni lanzar algún manifiesto. "(El encuentro) nunca fue un parteaguas. Sólo se buscó tomar la temperatura de lo que estaba ocurriendo", señaló Thays durante un encuentro de los siete la noche del lunes, al que asistió dpa. En 2007, año en que Bogotá fue Capital Mundial del Libro, se reunieron allí por elección de un jurado 39 promisorios autores de 17 países latinoamericanos, con obras disímiles pero el denominador común de que ninguno superaba entonces los 39 años. Para Mairal y Alarcón, visto en perspectiva los elegidos podrían haber sido otros. "Fue una antología y toda antología genera discusión. He oído críticas respecto a los que fuimos elegidos, pero no he oído propuestas sobre quiénes debieron ser", matizó Thays. A pesar de las divergencias estilísticas y temáticas entre sí, los escritores plantearon que sí hay coincidencia en clave generacional. "Nosotros no reinvincamos a Latinoamérica, no buscamos definir a Latinoamérica", señaló Quintana como ejemplo. Para Cuenca, otra característica es que no son escritores con un compromiso político o enmarcados en determinada estética: "Eso nos quita un poco de sufrimiento". Maizal suscribió. "Somos autores contemporáneos con temas tratados de formas diferentes. Se hizo una especie de mapa de lo que sucedía, aunque cada uno siguiera con sus propios fantasmas", señaló García Ángel. Alarcón, que vive desde niño en Estados Unidos y escribe su obra en inglés, comentó tras escuchar esos comentarios que había una contradicción, porque se habla de escritores que no pertenecen a una misma corriente pero coinciden en lo fundamental: "Quizás faltó alguno que dijera, 'si, soy un militante, un comprometido'", afirmó. Para Alarcón es también notorio el desanfado de la generación y que no se hayan "tomado en serio" la elección: "De Bogotá lo que recuerdo es cómo nos emborrachábamos y que la pasamos muy bien". La formación de Bogotá 39 también le ha permitido a sus miembros, quienes a partir de entonces se han encontrado varias veces, conocer mutuamente la literatura que se hace en los otros países. Esto ha sido un buen aporte sobre todo para Nazarian, pues por la barrera del idioma y el desinterés por el resto de América Latina es difícil hallar en Brasil obras de países que allí son desconocidos y nada interesantes. Incluso admitió que él no tenía el más mínimo deseo de conocer al Perú y ahora está complacido de haberlo hecho. Para Cuenca, Bogotá 39 dejó "una relación más íntima": "Estoy seguro de que 10 años después, ó 20, vamos a estar hablando de ésto". Bogotá 39 está formada además por los argentinos Gonzalo Garcés y Andrés Neuman, el boliviano Rodrigo Hasbún, las brasileñas Adriana Lisboa y Verónica Stigger, los chilenos Álvaro Bisama y Alejandro Zambra, los colombianos John Jairo Junieles, Ricardo Silva, Antonio Úngar y Juan Gabriel Vásquez, los cubanos Wendy Guerra, Rolando Menéndez, Ena Lucía Portela y Karla Suárez y los ecuatorianos María Gabriela Alemán y Leonardo Valencia. También la salvadoreña Claudia Hernández, el guatemalteco Eduardo Halfón, los mexicanos Álvaro Enrigue, Fabrizio Mejía Madrid, Guadalupe Nettel y Jorge Volpi, el panameño Carlos Wynter Melo, el paraguayo José Pérez Reyes, el peruano Santiago Roncagliolo, la puertorriqueña Yolanda Arroyo Pizarro, el dominicano Junot Díaz, los uruguayos Claudia Amengual y Pablo Casacuberta y los venezolanos Rodrigo Blanco Calderón y Slavko Zupcic.
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En dos meses abrirá el plazo de recepción de proyectos culturales que busquen financiación a través de la Ley de mecenazgo de la Ciudad de Buenos Aires. Cineastas, artesanos, arquitectos, grupos de danzas o murgas (entre otros) podrán presentar entre el 18 y el 22 de mayo proyectos que se financiarían con parte de lo que hoy pagan empresas y particulares como impuesto sobre los Ingresos Brutos.La ley que establece el régimen de Promoción Cultural en la Ciudad de Buenos Aires fue aprobada por la Legislatura en diciembre de 2006, aunque recién corre a partir de este año. Los proyectos deberán ser presentados en alguna de las trece categorías (teatro, circo, artes visuales, letras, diseño, etcétera) en las que se ha dividido la actividad cultural. Luego, el comité integrado por tres representantes del Ejecutivo, tres del Legislativo y tres artistas reconocidos en la disciplina que corresponda tendrán sesenta días para decir si aprueban o no cada proyecto. Y entre los aprobados, los "mecenas" escogerán cuál quieren patrocinar.En 2009 habrá tres plazos de entrega: del 18 al 22 de mayo, del 27 al 31 de julio y del 21 al 25 de setiembre. El ministro de Cultura porteño, Hernán Lombardi, le dijo ayer a Clarín que espera que se elaborare un código ético para los miembros del comité.
Confieso que lo que más extraño de Puerto Rico son las charlas con Mayra en su auto, charlas de los dos mirando al frente, mirando las autopistas, las banquinas, los barrios, la gente. Charlas sobre los misterios de la literatura y las ramificaciones del amor, con notas al pie de subtemas que se nos metían en el entusiasmo por preguntarnos y contarnos muchas cosas. Charlas terapéuticas, sanadoras, mirando el mundo pasar hacia atrás a velocidad crucero.
Casi todos los autos a los que me subí durante la semana que pasé en San Juan eran una continuación de la casa, casi del cuerpo de sus conductores. Los boricuas llevan toda su vida en sus llamados carros: su oficio, su familia, su música, su amistad, hasta su gracia fluida, porque manejan bastante mejor que en los demás países latinos que conozco. En asientos y gavetas se acumulan las capas geológicas de su trajinar: ropa, libros, diarios, comida, juguetes, instrumentos musicales. Y esto quizá se deba a que el auto es esencial para moverse por San Juan, una ciudad que es, en sí misma, una suma de barrios algo separados para el caminante pero unidos por autopistas. De hecho, no podría decir si es una ciudad grande o pequeña, no se puede comparar por ejemplo con Buenos Aires donde hay una continuidad entre los barrios. San Juan es grande, pero a la vez, nada queda lejos en auto, todo es a menos de veinte minutos de distancia.
También la Universidad de Puerto Rico, donde di los talleres, estaba cerca, en el barrio de Río Piedras. En los jardines del campus, entre alumnos y estudiantes, se paseaba un pajarito negro llamado chango, atrevido, ladrón de panes, pícaro, intruso. Un chango me acompañó por los senderos como burlándose de mis nervios de recién llegado antes de encontrarme con los treinta y tres matriculados de mi curso, o quizá me estaba diciendo algo porque gracias a él se me ocurrió empezar la primera clase haciendo salir a todos por el campus para mirar lo que tenían delante de los ojos y describir los mínimos pliegues de la textura de lo visual. Lo mismo hicimos al día siguiente con los sonidos y los detalles del silencio. Fue con esos ejercicios de percepción periférica que los participantes me ayudaron a mirar y a escuchar la ciudad. Entre todos describieron cómo se siente estar vivo en San Juan, tranquilo, con algún perro ladrando allá lejos. Un sato, dijo alguien, y aprendí la palabra para llamar a un perro de raza mixta. Así, entre las lecturas de los textos, aparecieron más palabras nuevas para un extranjero como yo: janguear, hamper, wiper, joseo…
(...)
La bomba es un toque de tambores, la negritud a pleno. La encontramos en el patio de un bar a unas cuadras de la Plaza Colón. Ahí sonaban los tambores de barril. Son varios tambores bajos y constantes, y un tambor agudo, el subidor, que improvisa, juega en el ritmo, hace como que se va pero se queda, hace como que se queda pero se va, se calla, reaparece, se esconde, vuelve suave, explota de repente en mil redobles, incita la valentía de alguna bailarina que de pronto se presenta y dialoga con ese ritmo más agudo, revoleando su falda blanca. Verla a Mayra Santos-Febres bailar la bomba fue una buena manera de llegar al tramo más poderoso de mi viaje antes de irme.
Bailamos todos en semicírculo, mirando a cada bailarín que iba desafiando al subidor. A mí, tantos días de juerga me habían aflojado las articulaciones y sentía el esqueleto gomoso. Me decían: ¡Pero, Pedro, si tu eres negro! Así me sentía por lo menos, metido en Puerto Rico hasta la raíz. Y todo en una sola semana que tuvo la intensidad de un mes, por las muchas cosas que aprendí. ¿Qué sabía yo de Puerto Rico antes de partir? Casi nada. Que Ricky Martin era de ahí y también Jennifer López. Ahora sabía bastante más. Aunque no había tenido tiempo para conocer el barrio bajo de La Perla, ni pude consultar a un Babalao. La próxima será. Por ahora tengo la luz caribe brillando en mi memoria. Y la risa de todos los amigos que hice allá. Y las caras de mis alumnos. Por estos días ando perdido, como esos personajes náufragos de la serie Lost que, a pesar de haber sido rescatados y llevados a salvo al continente, siguen repitiendo enloquecidos: “Tengo que volver a la isla”.
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En el subsuelo de la librería Hernández, Federico Jeanmarie, Pablo De Santis y Daniel Guebel repasaron sus comienzos y debatieron sobre la narrativa actual. “Mi primera novela nunca se publicó y no me acuerdo el título”, dijo Jeanmarie, reciente ganador del premio Emecé con Vida Interior. De Santis recordó la importancia que tuvo para él la revista Fierro, dirigida por Juan Sasturain. “Reflejaba el fervor por la democracia y la agitación del ambiente cultural”, señaló el escritor que publicó su primera novela, Palacio de la noche, en 1987, en una colección de nueva narrativa de Ediciones de la Flor. Guebel, que también publicó su primera novela, Arnulfo o los infortunios de un príncipe, en esa colección, ironizó: “Nosotros fuimos una patada al hígado en la economía de (Daniel) Divinsky”. Con un flamante libro de cuentos, Los padres de Sherezade, publicado en Eterna Cadencia, Guebel admitió que nunca concibió para su vida otra cosa que no fuera la escritura. “La literatura es una transmisión de padre a hijo, una vinculación que hermana de manera silenciosa.” Y recordó que cuando sus vecinos del barrio lo llamaban a jugar a la pelota, él les decía: “No, estoy leyendo”. Jeanmarie reconoció que ahora mira con simpatía las dificultades que enfrentó hasta llegar a la publicación de su primer libro, pero en ese momento, en la década del 80, en la que se editaban menos libros, la situación era “horrorosa”. “Está bien ser rechazado mucho en la vida porque cada rechazo te va probando la vocación. En algunas editoriales no llegaba más allá de la recepcionista, y llegué a soñar que la recepcionista podría llegar al editor”, confesó. Guebel advirtió que, si la crisis económica continúa, “es probable que muchos buenos escritores no puedan publicar el año que viene”. Cristina Mucci, moderadora del debate, deslizó: “Quizá terminemos extrañando esta sobreoferta editorial”. Pedro Mairal participó en una mesa redonda sobre el rol de las librerías junto con Miguel Rep en La Paz; el dibujante Liniers dialogó con Mex Urtizberea en la librería Losada; Bárbara Belloc, Washington Cucurto y Cecilia Pavón leyeron sus poemas preferidos; Graciela Dufau, Graciela Borges y Nicolás Pauls también leyeron sus textos favoritos. Los lectores auscultaron cada rincón de las librerías hasta la una de la madrugada, y muchos salieron, victoriosos, con varios trofeos en sus bolsas y mochilas.
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A las nueve y media en punto, la locutora de TN María Areces develó, junto a Juan Miceli, su partenaire en la conducción de la ceremonia, el misterio que había transformado al auditorio del Malba en una masa silenciosa. "La novela ganadora se llama Perder y la autora es Raquel Robles", dijo. En ese momento explotó un griterío emocionado provocado por los amigos que acompañaban a Robles (quien se presentó al concurso con el seudónimo de Venecia Pasatir) a la fiesta. Emocionada hasta el llanto, la autora se arrimó al escenario donde fue saludada por Ricardo Kirschbaum, editor general de Clarín; Juan Bedoian, editor responsable de la revista de cultura Ñ y los miembros del jurado Juan Cruz Ruiz y Alberto Manguel. La novela ganadora será editada por el sello Clarín-Alfaguara. Robles además recibirá cien mil pesos de premio. La obra narra con delicadeza el duelo de una madre que perdió a su hijo de cinco años y todo el proceso que lleva a su recuperación emocional. (...) La novela Perder narra el duelo de una madre que ha perdido a su pequeño hijo en un accidente automovilístico. "Es una novela que raya con una uña en lo que significa perder para ganar. Hace una excursión sentimental muy honda, es un libro que se adentra en la memoria del dolor y por tanto en lo que es la literatura", explicó el escritor y periodista Juan Cruz, en representación del jurado que integró junto a Alberto Maguel, Rosa Montero y José Saramago, como presidente honorario.
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Pasadas las ocho de la noche, Pablo Braun (Director General) y Leonora Djament (Directora Editorial) se acomodaron en la escalera del sector del bar y, micrófono en mano, leyeron sus breves discursos. Mucha intimidad, mucha esperanza. Mucho cariño para con los libros, los “nuevos hijos”. Con una mezcla de emoción y nerviosismo, Braun señaló que el objetivo de la editorial es ofrecer a los habituales clientes de la librería más literatura de calidad. Además de editar a escritores de renombre –Masotta, Link, por ejemplo–, la intención es promover a escritores inéditos: el sello inauguró la colección de narrativa con Miguel Vitagliano y en poco tiempo editarán al travesti Naty Menstrual. Djament, simplemente -y como si fuera poco-, confesó que este “ya no proyecto, sino realidad” le había devuelto las ganas de volver a leer y editar.
Recién regresada de Cuba, donde recibió el Premio Casa de las Américas por su libro de cuentos La furia de las pestes , Samantha Schweblin participó junto a Pedro Mairal en una performance literaria en el bar Podestá, de Palermo. El ciclo " Jam de escritura" convoca a dos escritores por jornada con la consigna de escribir frente al público, en vivo y en directo, acompañados por la música de un DJ (...) Mairal escribió un texto dirigido a un gran amor de su vida que, según afirmó, se encontraba presente en el bar en ese preciso momento. Allí le contaba sus fracasos; entre ellos, los proyectos novelísticos que no había podido llevar adelante. El público estaba tenso y aguardaba el momento en que se revelara la identidad de aquella mujer misteriosa. Más tarde, Mairal confesó que se había tratado de una treta literaria. Un maestro del suspenso.
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El que se anima al vacío es Hernán Vanoli, escritor y editor nacido en 1980. Después de un párrafo de precalentamiento, tipea: “El 25 de marzo de 2008, según el tipo que vino a remolcar mi auto junto a la ruta 152, volví a nacer”. La tertulia se silencia. Algo está pasando o está por pasar. Algo cuyo final aún no existe. El cursor va y vuelve. Se equivoca, se corrige, confunde la dirección de los acentos. Vanoli, alto y anguloso, escribe como un Chopin en penumbras, y a medida que desenrolla sus oraciones los que miran responden físicamente. Un punto y aparte hace que una chica se saque un zapato. Su pie sería la delicia del fetichista más exigente. De golpe y casi como si estuviera preparado, la página vuelve al vacío. Algún error de la máquina. El pie erótico se refugia en el calzado. Un técnico trae otra vez las letras. Ahora todos quieren conocer el destino de aquel hombre lastimado en el camino. En cambio, Vanoli se concentra en el modo en que “ella”, la otra protagonista de la historia, enfrentó el choque. “Por un segundo pensó que estaba muerta –escribe–. Una semana después, todavía tenía costra en las pestañas.”
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Dice la nota sobre narrativa argentina: "Después de su impactante Trilogía de Entre Ríos, la escritora Perla Suez regresa con La pasajera (Norma), en la que los protagonistas son los sirvientes de una casa en la que han trabajado cincuenta años, pero la muerte del dueño de casa producirá en cada uno de los personajes reacciones contradictorias e impensadas. En los cuentos de Lecciones de literatura europea (Interzona), Daniel Guebel revisita el mundo europeo como un etnólogo que describe una civilización a punto de desaparecer. La música de Julia (Alfaguara) es la nueva novela de Alicia Steimberg. El título alude a la música que escucha la protagonista, que tiene una importante disminución de la audición y que es acúfena (persona que percibe sonidos en ausencia de ruidos externos). Desde hace casi treinta años, Mempo Giardinelli escribe sus sueños. Soeñario (Edhasa) es fruto de esa labor y es sobre todo un homenaje a la felicidad de soñar. Otro regreso esperado es el de Pedro Mairal con Salvatierra (Emecé), novela que se interna en los paisajes y mitologías argentinas. Bajo el aura del poeta entrerriano Juan L. Ortiz, el autor de Una noche con Sabrina Love apela a su oficio de narrador para desenterrar los secretos que esconden un cuadro, una familia, un pueblo y un río. También genera expectativa La sombra del púgil (Norma), nueva novela de Eduardo Berti. Un antiguo reloj con forma de catedral es el punto de partida de un relato en el que tres hermanos descubrirán algunos secretos familiares que involucran a sus dos tías solteras y a un ex boxeador devenido cerrajero. Andrés Neuman, escritor argentino residente en Granada (España), publicará los cuentos de El último minuto (Páginas de Espuma) y un nuevo poemario, Mística abajo (El Acantilado). Después de casi diez años, Guillermo Piro vuelve a la novela con Celeste y Blanca (Interzona), dos princesas atormentadas en busca de aventuras que no se consuman nunca. Washington Cucurto promete revolucionar el ambiente con 1810 (Emecé), la revolución de Mayo interpretada por el ideólogo del “realismo atolondrado”. Rencores de provincia (Adriana Hidalgo), nueva novela de Carlos Bernatek, se desarrolla tanto en el imaginario pueblo de Danel como en la costa bonaerense. Otra de las novedades esperadas es Ida (Norma), de Oliverio Coelho, en la que el protagonista, Eneas Morosi, luego de ser abandonado por su novia, emprende un viaje alucinado y mitológico por la ciudad de Buenos Aires en el que se encontrará con taxistas desaforados, muchachas punks, swingers, bebedores, porteros, niños y locos. En Mi nombre es Rufus (Interzona), Juan Terranova narra la historia del ascenso y caída de un grupito de punk-rock en Argentina.
Sobre Carlos Calderón Fajardo dice: "El peruano Carlos Calderón Fajardo es un escritor de culto en su país. Hacia fin de año se publicará La conciencia del límite último (Interzona), un falso policial sobre un periodista que inventa casos policiales para sobrevivir, narrado bajo el influjo el nouveau roman y la meta-ficción borgeana."
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Dice Andrews: "I can only give very subjective opinions about that. There are two recent novels that I think are wonderful, and I would like to see them come across the translation barrier. First Rodrigo Rey Rosa's La Orilla Africana (The African Shore), about a Colombian adrift in Marrakech. Rey Rosa is a Guatemalan writer, and some of his books have been published in English: the first books of stories were translated by Paul Bowles, and recently New Directions brought out The Good Cripple, translated by Esther Allen. He's a master of ellipsis, and has found a form--the short novel in short chapters--that maximizes his power to disturb and intrigue. The other novel is El Testigo (The Witness) by Juan Villoro, an excellent Mexican writer. It's a big, complex book about the state of the Mexican nation after the end of the PRI's long reign. I recently translated a chapter of it for the journal Common Knowledge.
And there are lots and lots of others . . . a book I just read that impressed me was Antonio José Ponte's La Fiesta Vigilada (Party Under Surveillance), which is a mixture of essay and autobiography, and meditates elegantly on surveillance, censorship and culture in Cuba.
Each country in Latin America has its literary culture and its interesting writers, but sometimes it seems there is a limit to the number that can come to be well known internationally, as if Mario Vargas Llosa had just about used up the quota for Peru, say.
It seems to me that interesting things are happening in Argentina: bitter polemics, but also lots of good writing, by novelists like Alan Pauls, Guillermo Martínez, Daniel Guebel and Pedro Mairal.
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Los finalistas son: "Los finalistas son, según sus seudónimos: Dom, de Pinzel Atefer; Composición de lugar, de Susana San Juan; Papeles doblados, de Rodolfo Espósito; M, de Moll Flanders; Lengua madre, de Juanjo Pérez; Brazos de agujas, de Edmundo Cassey; Forastero, de Másmedula; ¿Yo? Bien gracias, firmado por René Byrne; La mujer barbuda, de José Mateus; y La música en que flotamos, enviado por Paquiderma.
Dice la nota: "Hay entre las elegidas, según adelantaron los jurados de preselección, tres historias que desde diferentes ángulos y con tratamientos diversos trabajan sobre la represión en la última dictadura militar. Se trata de Composición de lugar, ¿Yo? Bien gracias y Lengua madre. Por supuesto hay un policial: Brazos de agujas y también una novela de terror, Forasteros. En tanto que Dom arranca de lleno como ciencia ficción y luego deviene en una reflexión filosófica sobre el espacio y el tiempo. Papeles doblados, La mujer barbuda y La música en que flotamos, "expresan diferentes entonaciones de la nostalgia", comentaron los jurados. Además, adelantaron que M, es una cruda historia de vida.La elegida será publicada bajo el sello Clarín/Alfaguara
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Suplemento "Cultura & Espectáculos" de Página12 donde se publica el artículo Borrar las fronteras, sobre autores argentinos Bogotá39.Acerca del término: “el nuevo boom latinoamericana” con que se ofrece a la prensa el proyecto, dice Gonzalo Garcés: “Yo hice alguna vez gestión cultural y sé cuánto cuesta montar un proyecto así y que un slogan ayuda mucho, aun al precio de confundir levemente las cosas. Pero no hace falta el boom para que Bogotá 39 sea interesante. Se van a juntar escritores de toda Latinoamérica. Van a cambiar libros y mails, tomar conciencia de lo que pasa en el verdadero afuera, que no es la literatura de lengua inglesa ni el japonés de Akutagawa ni Europa oriental. Muchos recibirán un shock y empezarán a correr porque la competencia es mucha.” ( y yo aumentaría: o escribirán una novela sobre ese shock).
Andrés Neuman se refiere así a sus autores contemporáneos y su relación con el Boom Literario: “Quizá mi generación literaria sea la primera compuesta de simples observadores del boom, la primera que por razones cronológicas no vivió el influjo carnal de esos titanes y pudo incorporarlos a su biblioteca con la misma naturalidad con que hoy se lee a Proust, Faulkner, McCullers o cualquier otro clásico contemporáneo. Nuestra experiencia lectora del boom ha sido casi póstuma. Por otra parte, pienso que a estas alturas sería interesante revisar determinadas jerarquías masivamente aceptadas respecto del boom. Quiero decir que no sé si Puig, Ribeyro o Donoso son menos que García Márquez, Vargas Llosa o Fuentes”
Por su parte, Pedro Mairal comenta sobre el destino literario de América Latina: “Quizá los latinoamericanos todavía tenemos algo que contar. Por estar metidos siempre dentro de la pesadilla de la historia, con nuestra violencia, nuestras crisis y derrumbes económicos, hoy somos testigos del colapso de un sistema. Somos testigos del futuro, algo que va a tardar en llegar al primer mundo, pero que va a llegar al fin y al cabo. Necesitamos escribir sobre esa especie de Apocalipsis, esa desintegración de todo lo que se da por sentado. Aunque puedo estar equivocado. Quizá esto no sea nada nuevo, quizá todas las generaciones sientan lo mismo”.
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