MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Mairal y yo en Página12

1.06.2010

peine con memoria usb. Fuente: ocompras

Hoy en Página/12 Silvina Freira, que a diferencia de lo que yo creí tiene una belleza rubia y etérea, como de elfo, comentó extensamente el dialogo que Pedro Mairal y yo tuvimos en la librería Eterna Cadencia el lunes pasado. Se tituló sobrer "Peinados y despeindados" y les dejo aquí algunas de las frases de resumen. Mañana colocaré todo el desglose de la entrevista en vivo gracias a labor paciente de Patricio Zununi. Aquí va el resumen:
El “peinadito” Iván Thays llegó a Retiro el primer día hábil del flamante 2010, a eso de las 19, con el mismo ánimo de provocar, aunque ahora tenga el pelo bien cortito y prolijo. En la otra punta de la ciudad, en Palermo, en la librería Eterna Cadencia, su amigo Pedro Mairal lo esperaba para entrevistarlo. Las mesitas ya estaban ocupadas por el público curioso y un puñado de escritores que se arrimaron, Martín Kohan, Juan Diego Incardona y Elsa Osorio, entre otros, a pesar del calor. Los remolones de siempre se acomodaron en las escaleras o se quedaron de pie. En una ciudad en vacaciones, la primera actividad del año convocó a mucha más gente de la prevista. Claro que la dupla prometía. Y cumplió. El diálogo dejó mucha tela para cortar, para peinarse o despeinarse, sobre todo con el canon propuesto por el escritor peruano, Arlt, Gombrowicz, Bolaño y “el cascarudo que rompió el techo”, Alan Pauls. “Disculpen la demora”, se excusó media hora después el autor de Un lugar llamado Oreja de Perro, novela finalista del premio Herralde 2008. “Estuve en Arrecifes, picado por mosquitos. El Off no sirve. Thays apeló a las artes plásticas para explicar por qué se tomó siete años para terminar su última novela, a pesar de haberla escrito en dos meses. “Es como tener un cuadro y no querer soltarlo; fueron siete años entre las dudas y los temores que tenía porque al personaje se le muere un hijo y yo tengo un hijo y pensé que eso podía provocar una catástrofe”, subrayó. Un lugar llamado Oreja de Perro es la historia de un hombre al que se le muere un hijo, se separa y se va a sufrir a un pueblucho donde no hay nada. Pero viaja para encontrarse a sí mismo. “La gran pregunta que me hacía cuando mi mujer me dijo ‘te voy a dejar’ es si no sería excelente que la memoria o el dolor fuera una piedra y uno pudiera abrírsela, operarse la piedra y sacársela para no pensar”, dijo el escritor. “Siempre me he sentido bastante oreja de perro. Cuando hay un temblor o pasa algo, los perros están echados y paran la oreja. Están muy atentos, pero no se mueven, no hacen nada. Siempre he sentido que paro la oreja y puedo hasta prever el apellido de la persona con la que se va a ir mi ex mujer. Pero no soy capaz de hacer nada; me quedo echado, pero muy atento. Oreja de Perro es un lugar donde uno no puede actuar, pero está atento. El escritor peruano fue finalista del Iniciativa Artística Rolex para Mentores y Discípulos, un premio de 20 mil dólares en el que el mentor era nada menos que Mario Vargas Llosa. El ganador debía trabajar un año con su mentor. “Cuando me enteré de que estaba entre los finalistas y me dijeron que era muy posible que me lo dieran, me asusté muchísimo. ¿Qué cosa va hacer Vargas conmigo? Me iba a obligar a ir a Oreja de Perro. Adoro a Vargas Llosa, me parece un gran escritor, pero detesto ese método topográfico que tiene para escribir, no lo puedo aceptar. El escritor debería inventar absolutamente todo; incluso si pasa en Buenos Aires debería destruir Buenos Aires y volverla a inventar. Soy una persona que rompe con la realidad, no es que no sea realista, sino que rompo con la realidad topográfica. No me importa saber si a tres cuadras hay un café y tengo que mencionarlo o cuántos habitantes hay”, afirmó Thays. “Vargas Llosa es un gran escritor, una muy buena persona; él me ha apoyado muchísimo en mi carrera, pero definitivamente no tengo nada que ver con su forma de pensar la literatura. Me respeta mucho como escritor, pero le parece una porquería lo que escribo.” Cuando Thays ganó el premio Príncipe Claus, Vargas Llosa escribió el discurso de honor, titulado “Iván Thays, un fan de Boca Juniors”. El autor de Conversación en la Catedral había leído un artículo en el que Thays comentaba que cuando era chico decía que era de Boca, en la época en que actuaban Maradona, Brindisi, Gareca y atajaba Gatti. “¿Cómo puedes ser hincha de un equipo que no sea peruano?”, lo increpaban. “Yo soy hincha del buen fútbol, donde esté el buen fútbol; así sea en Noruega, soy hincha de ese equipo”, respondía sin dudar. Vargas Llosa dijo que le parecía una nueva actitud de los escritores, “la idea de que el escritor puede decir ‘soy fan de Nabokov, de Lowry, de Boca Juniors, porque soy fan del que juega bien, no de quien debería estar’”. Moleskine, creado por Thays, cumple cinco años. “El blog fue como una broma”, reconoció el escritor. “No es como el que hace la mayoría, que está lleno de ideas, pensamientos y reflexiones; mi blog es de recortes. Leo en una página una entrevista que me ha interesado, saco un pedacito, hago un link a la entrevista y un comentario. Al principio sólo era de Perú, pero poco a poco empezaron a aparecer más lectores de afuera y decidí hacer un blog sobre lo que me interesaba. Como no tengo ninguna bandera y no represento a ninguna institución, lo que hago es entrar a El País, La Jornada o Página/12 y saco las noticias que me interesan. Las personas terminaban entrando a mi blog para enterarse de todo lo que pasaba.” Pisándole los talones a la tesis planteada por Jorge Volpi en El insomnio de Bolívar, Thays aseguró que el escritor latinoamericano ya no existe: “Bolaño fue el último latinoamericano que escribía como latinoamericano y que le interesaba ser latinoamericano”. El escritor peruano arremetió, con la razón de su lado, contra el mercado editorial español. “Me afecta mucho que en las mesas de novedades siempre están los libros de autores españoles o los extranjeros traducidos por Anagrama o Acantilado. Si hay una novedad de un autor latinoamericano, está en una mesa que se llama narrativa o literatura latinoamericana. ¿Por qué no pueden aceptar que los latinoamericanos somos también parte de esa lengua y que deberíamos estar en la misma mesa de novedades? ¿Por qué los españoles, salvo Cercas y Vila-Matas, no hablan de Bolaño cuando es lo mejor que ha aparecido en castellano? Mi blog está logrando que los españoles se preocupen por su imagen en América latina. Adriana Hidalgo tradujo a un irlandés que es un genio, John McGahern, y muchos españoles me escribieron preguntándome por qué no lo tradujeron allá. Me gusta que se sepa que América latina traduce autores. Lo que pretendo y estoy consiguiendo es que Moleskine sea una especie de puente entre América latina y el castellano.” Mairal planteó una paradoja. “Para que una novela sea latinoamericana se tiene que publicar en España”, advirtió. “En esta especie de balcanización de la literatura, la única manera de que un autor se vuelva latinoamericano es rebotando en España.” Thays contó una anécdota que ilustró esta balcanización. Quería leer Derrumbe, la novela de Daniel Guebel, pero sólo había sido publicada por Mondadori en la Argentina. “Ahora tenemos la información, pero no tenemos el libro. Antes no sabía que Guebel existía, entonces podía vivir sin Guebel, pero ya no puedo porque sé que existe”, comparó. El escritor peruano celebró la próxima llegada de Amazon Kindle al castellano. “Será estupendo porque podré bajarme todos los libros que quiera; no importa si se publica en Asunción o en un pueblito donde hay mosquitos. Donde sea que se publique, si está en la red, lo voy a bajar. Esa es mi ambición porque no soy fetichista del libro como objeto. Las librerías deberían desaparecer y tener todos un Kindle”, ponderó el “peinadito” peruano ante la mirada fulminante del dueño de casa, el librero Pablo Braun.“La literatura argentina me gusta muchísimo, pero son muy peinaditos, muy ordenados; todo bien escrito, todo bien hecho, nunca se disparan. Jamás a un escritor argentino podría corregirle una coma, pero siento que se quedan en el techo y rebotan como cascarudos”, disparó un tanto a la ligera. En las caras de algunos escritores presentes se percibió el síntoma de un pequeño malestar, el de la discrepancia. “Borges y Bioy Casares escriben tan bonito, escriben limpio. ¿Y cuándo el extraño, el más raro que rompa la pared y haga algo distinto? Ustedes tienen una tradición en Roberto Arlt, el que desarma las cosas, el que le echa ácido a la tela. Pero Arlt no ha dejado una estela tan grande como los peinaditos. El único que me parece muy despeinado es Gombrowicz. No soy de esos escritores, yo también soy peinado. Pero me encanta que existan escritores como Gombrowicz. Cada vez me gusta menos Borges. Y Bioy Casares ya ni hablar.” Entre los escritores argentinos contemporáneos rescató a Alan Pauls por El pasado. “Lo que más me gusta de Alan Pauls es lo que menos me gusta de Alan Pauls. En la novela hay un pintor extraño que pintaba cosas obscenas y esa parte que sobra me fascina. De esas sobras haría una novela. Lo que pasa que es que en una novela tan larga la sobra te molesta. Pauls es un cascarudo que rompió el techo. Pero la mayoría de los escritores argentinos y latinoamericanos son muy Volpi, bien peinaditos. Y escuchan demasiado música clásica.

Mañana colocaré el enlace y las frases textuales que aparecieron hoy en el blog de Eterna Cadencia

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Latinoamérica en clave Sci-fi

12.29.2009
Remedios, la Bella, en clave sci-fi. Fuente: marcianitos verdes

Edmundo Paz Soldán dedica su último artículo en La Tercera -recogido en su blog en Boomerang- a la antología de cuentos The Secret History of Science Fiction que acaba de publicar James Patrick Kelly y John Kessel. Lo más interesante del artículo aparece al final. Dice:

En la tradición latinoamericana no hubo tanta adherencia al género, y éste no logró consolidarse como un mundo autónomo, con sus propias revistas, críticos y premios. Por ello, la historia no es tan secreta. O al menos no debería: Holmberg, Quiroga, Lugones, Clemente Palma, Borges, Bioy Casares... La lista es larga, y sin embargo, la literatura latinoamericana -tanto críticos como lectores y autores- se empeña en aparentar que la ciencia ficción es cosa de otros. La ciencia ficción latinoamericana actúa como la carta robada de Poe: se halla escondida a la vista de todo el mundo

Tiene razón, sin duda. Ahora entiendo mejor novelas como Pedro Páramo o títulos supuestamente indigenistas, pero en el fondo mensaje cienciológicos, como El mundo es ancho y ajeno. Sin olvidar, claro, la abducción de Remedios, la bella, en Cien años de Soledad. Solo hay que averiguar de qué sistema planetario vino Melquiades para que Macondo nos parezca una novela realista que sucede en algún lugar, o alguna dimensión, distinta a la latinoamericana. Ahora sí que murió el realismo mágico.

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Tándems literarios

6.10.2009
Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. Fuente: letraslibres

No debe ser fácil escribir en colaboración, pero se puede y a veces el resultado es notable (como en el winning eleven, donde mi tándem y yo somos imbatibles). Gracias al libro Escribir en colaboración (Beatriz Viterbo), al suplemento de "La Nación" ADN se le ocurrió comentar algunas de esas colaboraciones. Aquí les dejo tres de las más notables citadas en el artículo:

Flaubert/ Du Camp
Un esteta como Gustave Flaubert, orfebre maniático de la "palabra justa", dio forma, junto con su amigo de juventud Maxime Du Camp, a Par les champs et par les grèves. El libro, que buscaba describir un viaje por Bretaña, contiene capítulos intercalados de cada uno de los compañeros. Como explican Lafon y Peeters, con su titubeo entre las personas del singular y del plural, la obra es una fuente reveladora de lo que la escritura de a dos pone en juego. Flaubert y Du Camp tienen ritmos diferentes: el primero, en particular, es incapaz de escribir improvisando, sobre la marcha, como era la idea original. "El viaje a Bretaña -subrayan L&F- le permite experimentar los límites de la colaboración como una etapa a superar, a olvidar, para volverse poco a poco él mismo." Flaubert, en efecto, no reincidiría, pero tienta leer Bouvard y Pécuchet, su novela póstuma, como una reducción al absurdo de los proyectos conjuntos y, también, como la nostalgia del escritor solitario que, solo, enfrenta la tortura de la "salmuera": ese momento en que, desgastado, se arroja sobre el sofá invadido por la acedia.

Conrad/ Madox Ford
Otra colaboración clave de las letras inglesas, que terminó amargamente, fue la que llevaron adelante Joseph Conrad y Ford Madox Ford. El segundo, que todavía utilizaba su nombre original, Ford Madox Hueffer, tenía poco más de veinte años, pero ya había publicado varios libros. Conrad, por su parte, había pasado los cuarenta y se encontraba atascado en la escritura de Lord Jim. Los presentaron en 1898 con el deliberado fin de que colaboraran. El novelista de origen polaco, que no era aún el autor consagrado que sería más tarde, se encontraba ahogado por problemas financieros y diversos plazos de entrega; Ford, que disponía de cierto capital personal, aceptó con entusiasmo la posibilidad de trabajar juntos. De esa colaboración saldrían tres novelas: Los herederos (1901), Romance (1903) y La naturaleza de un crimen (1909). Ninguna puede ser considerada una obra maestra, pero en esta alianza tal vez los resultados visibles no sean lo más importante. Es hoy sabido que Ford escribió al menos uno de los capítulos de Nostromo (la gran novela que Conrad sitúo en un país latinoamericano imaginario: Costaguana) y que acopió la información sobre grupos anarquistas para El agente secreto. No hay que ser muy imaginativo para suponer que en esas discusiones se fueron moldeando algunas de las técnicas narrativas que modificarían la literatura durante el siglo XX. Los narradores poco confiables de El gran soldado (Ford) o las ficciones que tienen como vocero a Marlow, como El corazón de las tinieblas (Conrad), pueden haber germinado en esos encuentros. El mayor de los dos, concluida la relación, solía referirse a su colega de manera despectiva y el grafómano Ford, que no le temía a la fabulación, contó en Conrad: un recuerdo personal su versión de los hechos en la que coinciden la admiración y la queja: "En nuestras miles de conversaciones a través de los años sólo hubo dos temas por los que peleamos: sobre el verdadero gusto del azafrán y sobre si es posible distinguir una oveja de otra".

Borges/ Bioy
Tal vez el caso de colaboración literaria más feliz -también el más productivo- haya sido el de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. Como si quisieran refrendar el destino simbiótico de aquel montaje de Gisèle Freund que sobreponía el rostro de los dos y daba como resultado un tal "Biorges", los escritores argentinos consolidaron un vínculo de más de cuatro décadas de escritura en común. El Golem que construyeron entre ambos fue el imaginario Honorio Bustos Domecq. Bajo su firma, publicaron los desopilantes relatos protagoni ados por un émulo deductivo del Padre Brown, que resuelve los casos tras las rejas: Seis problemas para don Isidro Parodi (1942) y Dos fantasías memorables (1946). Años después, ya reestablecida la firma de los dos, sumaron las Crónicas de Bustos Domecq (1967) y Nuevos cuentos de Bustos Domecq (1977). A esas invenciones irrepetibles, les sumaron Un modelo para la muerte (1964), firmada como B. Suárez Lynch, y, con sus apellidos, varios guiones cinematográficos (Los orilleros, El paraíso de los creyentes, y los que escribieron alentados por Hugo Santiago: Invasión y Les autres). También desplegaron una inagotable actividad editorial que incluyó la edición de antologías y traducciones. Si algo crearon Borges y Bioy, al calor de gozosas jornadas de complicidad, fue la proeza de un estilo excesivo, furiosamente satírico, que parece desmarcarse de sus obras privadas. Lafon/Peeters describen las reglas que dominaban esta escritura en la que Bioy era la mano que guiaba la pluma: "Oralidad libre y triunfante, propuestas alternadas, exigencia mutua, permanente derecho de veto, favorecido por una amistad sin nubes, y un "abandono simultáneo de todo ego", prioridad dada al juego y al placer, risa irreprimible".
Borges, el libro póstumo extraído del diario de Bioy, es un magnífico reservorio para indagar los alcances insospechados de esta colaboración. Algunos de esos ejemplos son risueños. En una entrada de 1981, Bioy le menciona que en la versión al italiano de la Antología de la literatura fantástica (de la que también participó Silvina Ocampo) los traductores acudieron a las fuentes originales de los relatos, no a sus versiones: "Nos jorobaron -sugiere Bioy-. No podemos protestar". Por si quedaba alguna duda de que se refieren a las veladas reescrituras de los cuentos Borges remata: "No debieron elegir un libro de autores que se distinguen por sus transcripciones y citas infieles. Por misquotations".

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Bioy Casares y el oficio de escribir

3.02.2009
Adolfo Bioy Casares. Fuente: taringa


Jorge Urien Berri cuenta una historia en ADN Cultura: entrevistó a Adolfo Bioy Casares en 1987. Acababa de ocurrir un grave suceso político en Argentina y Borges había muerto solo un año antes. Bioy, de poco más de 70 años, estaba conmovido y se soltó en la entrevista. Pero luego, cuando Urien Berri le mandó las 11 páginas del borrador de la nota, Bioy pidió que no se publicase. Luego, mandó una edición de la entrevista -de 7 páginas- en la que había borrado los comentarios políticos para "no ofender a nadie". Ahora es el periodista quien decidió no publicarla. 22 años después, cumpliéndose un aniversario de la muerte de Bioy, aparece por primera vez esta muy extensa entrevista en el suplemento de La Nación. Algunas respuestas son brillantes, iba a ser una pena que se pierda. Por ejemplo aquella parte en la que habla sobre su proceso de escritura, no tiene desperdicio:

–¿No se siente recompensado por tener una obra reconocida?

–Mire, uno se deja convencer un poco, pero en el fondo sabe cómo la hizo.

–¿Cómo lo hizo?

–Escribir me cuesta trabajo. Si bien cuando concluyo un libro creo que ya sé escribir y escribiré el próximo rápidamente, cuando lo empiezo tengo las mismas dificultades de siempre y debo descubrir cómo escribirlo. Muchas veces he dejado libros inconclusos porque iban por mal camino. A los 17 o 22 años era lógico, pero me sucede ahora. El año pasado estaba escribiendo una novela de la que tengo 80 páginas, bastante para un inventor rápido pero un escritor lento, y me di cuenta de que había que dejarla.

–¿La guardó?

–Ahí está, para que un profesor la descubra cuando uno esté muerto y se entretenga con esas estupideces.

–¿Corrige mucho?

–Hago muchísimas correcciones, y no me gustan mucho los reportajes porque llevan a la publicación de borradores, y mis borradores son malos, lo sé. Alguien dijo alguna vez: "Denme un borrador y podré escribir un buen libro". Creo en eso.

–No se preocupe, le daré la entrevista antes de publicarla para que la corrija.

–No [ríe ], mejor es que la corrija usted.

–A ciertos escritores no les gusta hablar de sus dificultades.

–No es fácil escribir, no es fácil. He escrito tantos relatos que, aunque tengo las dificultades de siempre, por lo menos no tengo la sensación de estar viéndome desde afuera cuando escribo. Últimamente tuve que escribir un prólogo para una antología de relatos fantásticos rioplatenses y me costó muchísimo, me sentía como otro Bioy que miraba y decía: "No, esto es una tontería, esto es falso". Con los relatos estoy más en mi terreno y escribo con más naturalidad. Empecé a escribirlos, como le dije, a los doce años, y estoy escribiendo relatos. Le debo mucho a mi padre porque yo tenía la costumbre de la ensoñación: pensar en cosas muy inútiles. Mi padre me dijo que le pasaba lo mismo y había perdido muchísimo tiempo en eso, y me aconsejó: "Tratá de pensar en los cuentos en vez de esas tonterías". Además, como soy supersticioso, había descubierto que me traían mala suerte esas ensoñaciones. Claro, si deseaba que las mujeres se enamoraran de mí, era probable que de vez en cuando se enamoraran. Aprendí a pensar en cuentos, y si bien no estoy satisfecho con mis dotes, puedo decir que eso me llevó también a dominar mi capacidad de atención y mantenerla. Un escritor me dijo que él tenía una imaginación tan fuerte que no podía leer novelas porque leía la primera frase y se quedaba pensando. Era una buena caricatura de lo que me pasaba.

(...)

–¿El estilo le preocupa?

–Muchísimo, pero creo que el argumento es parte de la técnica porque, ¿en qué consiste la técnica? En cómo contar las cosas, ¿en primera o en tercera persona? La técnica es: ¿frases largas o frases cortas? Pensé muchísimo en la técnica del cuento y la novela y creo que ante cada cuento hay que pensar qué técnica le conviene a uno para ese cuento. Casi hay que inventarla. Hay buenas recetas y casi todas vienen de Horacio: las unidades son verdad. No sé por qué, pero conviene que un argumento tenga un tema central, conviene que tenga un héroe, conviene que la historia sea contada por una persona. Ya sé que están La piedra lunar y otros buenos libros contados por muchas voces, pero parecería que es más fácil acertar contando las cosas con una sola voz. Si en una historia está en el campo, las cosas deben mirar al campo; si hay una creación musical, deben mirar hacia la realidad musical. Y tiene que haber sorpresas, pero no muy grandes como para ser increíbles. Tienen que estar preparadas, pero no como para que el lector diga: "Sabía que venía esto". Es una cuestión de tino. La verdad se aprende. Los candidatos a aprendices pedimos que se nos acorte el camino, y en nada se puede acortarlo. Hay que tener malas experiencias y aprender de ellas.

–¿Alguna vez tuvo una buena trama pero no acertó con el punto de vista?

–Claro.

–¿Intentaba distintos puntos de vista o dejaba que la idea madurara?

–Me ha pasado de todo porque he escrito tantos cuentos, tantas novelas, a pesar de que digo que son seis. Hubo unas diez antes, abandonadas.

–Usted tiene una imaginación muy rica, no tiene el drama de los escritores pobres de ideas.

–Por suerte eso no me falla. Parece una pedantería, pero la compenso diciendo que me cuesta escribir y que tardo muchísimo en escribir un libro más o menos simple. Pero invento con rapidez. Ahora, no siempre me precipito a escribir lo que he inventado. A veces sí, cuando tengo una especie de compulsión y siento una suerte de placer que me dan los personajes, la situación, todo. Pero hay veces en que un argumento me acompaña durante quince años o más. Y veo con alegría y perplejidad que son los que salen mejor, o los que la gente me dice que salen mejor. "El perjurio de la nieve" se me ocurrió en el 32 y se lo comenté a Borges una tarde caminando frente a La Porteña, en Guido y Junín. Borges me dijo: "Es una buena historia, pero no creo que puedas concluirla". Pasé muchos años sin poder atar todos los cabos. En el 41 o 42 me recetaron unas vitaminas B que me desvelaron, y en las noches de desvelo arreglé mi cuento como un jugador de billar hace carambolas. Sentía que todo se unía así y pocos días después me puse a escribirlo. –Tiene una estructura bastante compleja. –Sí. Después hay un cuento, "El Nóumeno", de Historias desaforadas, que viene de la idea del nóumeno o cosa en sí de la Crítica de la razón pura de Kant, que leí en el 35 o 36. Durante muchísimo tiempo estuve luchando con esa idea. ¡Luchando! Tratando de ver si tenía un cuento, el comienzo de un cuento. Y finalmente un día se me ocurrió y lo escribí el año pasado. En el 81 dejé inconclusa una novela corta. Retomé la idea en el 85 y es el cuento "Preparativos para una fuga al Carmelo".

–¿Primero tiene una idea vaga, general?

–Viene una idea vaga o una idea vaga que es el comienzo de una cosa. Me impresionó una frase de Bergson, que la inteligencia es el arte de encontrar una salida a las situaciones difíciles que parecen sin salida.

(...)

- Volviendo al amor no correspondido, se ha dicho que no puede haber buenas obras sobre amores felices.

–Parece que no. La felicidad es un tema mucho más difícil que la desdicha.

–¿Por qué será?

–No sé si porque nos aborrecemos unos a los otros [ríe]. Uno de los libros que no voy a escribir y que me hubiera gustado mucho escribir, es un libro en el que pase poco y sea agradable. Siento que tengo que escribir cosas un poco truculentas, un poco falsas. Tengo que poner, como decía el doctor Johnson, un gigante y un enano de vez en cuando para reanimar al lector y reanimarme a mí mismo.

–Goza al escribir.

–Ah, lo disfruto, y si estoy contando cosas atroces, estoy contentísimo… si me salen bien.

–Y al mismo tiempo le cuesta escribir. –Sí, al principio tengo la perplejidad de no poder contar la historia. Nunca sufro el pánico a la hoja en blanco. Un pánico menos. Siempre tengo cosas que poner en la hoja. Lo que a veces no encuentro es la manera de ponerlas gratamente, porque pienso en el lector y tengo en cuenta que la primera frase no desemboca de modo fluido en la segunda, y además no estoy diciendo exactamente lo que quiero. Conozco todas esas torpezas.

–¿Tiene sus ventajas parar, dudar, recomenzar?

–No le quepa la menor duda. La ventaja es que las cosas salen más pensadas. Cuando tengo un cuento en mi mente durante veinte años me sale mejor después porque he pensado varias veces en él y no improviso.

–Al leer algunos cuentos ya publicados, ¿descubre a veces que tendría que haberlos contado de otra forma?

–En general no me releo, no me da placer. Una de mis aspiraciones es hacer un libro tan grato que sea grato para mí. Generalmente abro el libro y encuentro una frase que me parece imperdonable, porque parece decir lo que no quiero decir a pesar de haber corregido todo muchísimas veces buscando que el estilo fluya y nada se interponga entre el lector y las ideas.

–¿Conviene escribir un cuento rápido, en unos días o un par de semanas, o es mejor no apurarse?

–Nunca tuve la suerte de escribirlo en un par de días o una semana.

(...)

- Los cuentos van perdiendo el tradicional cierre final sorpresivo y hay muchos finales abiertos.

–El cuento de final a toda orquesta en el que yo he caído tiene algo falso. Hay una reacción justificada contra eso, pero hay que tener cuidado también de no dejar la sensación de: y bueno, ¿qué? El ideal es no subrayar demasiado las cosas, pero en el final hay que dejar que todo se entienda. Hay que saber decir sin subrayar. El cuento es una cosa que empieza, tiene un nudo y termina. Al no tener la terminación, vienen la insatisfacción y el desagrado. No hay que hospedarse en el muy hospitalario cuento sin final, hospitalario para el escritor porque no tiene que pensar demasiado. Es típico de escritor novato que nada llegue. Las cosas tienen que llegar, pero tampoco como las hacía llegar Poe: "Miren qué horror, aquí viene el fantasma". La palabra "horror" la tiene que poner el lector.

–¿Por qué dijo que los finales de sus cuentos son falsos?

–Creo que alguna vez se me ha ido la mano. Y alguna vez también me he quedado corto y me he arrepentido porque no pasa nada. Las anécdotas generalmente son de la vida real y, ¿por qué funcionan? Porque tienen un final sorpresivo, algo que las hace destacarse en el continuo suceder de los fenómenos.

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La hermana de Pessoa

7.16.2007
Fernando Pessoa con su familia en Estoril, 1933. Fuente: omj.no.sapo

Gracias a la columna de Enrique Vila Matas, “Dietario voluble”, de esta semana descubro las asombrosas, tristes, tiernas, nostálgicas (todo lo que hay que decir sólo porque en castellano no existe la palabra “saudade” que lo resume todo) declaraciones de la hermana menor de Fernando Pessoa, Henriqueta Madalena, sobre su genial hermano. Pensando en Borges y en Silvina Ocampo, la esposa de Bioy Casares que evitaba invitarlo a cenar, Vila Matas se pregunta si no tendrá razón Silvina y si es que se puede ser genial todo el rato.

Dice la hermanita de Pessoa: “Cuando Fernando hablaba de Álvaro de Campos, de Ricardo Reis o de los otros, para mí siempre se trataba de él. A veces, durante la comida, Fernando decía que había pasado mala noche y que había escrito algo, y añadía: 'es de Álvaro de Campos'. Y recitaba. En el fondo, Fernando lo consideraba como una fantasía, no se lo tomaba en serio, aunque lo dijese con tono serio (…) Sólo puedo decir esto: ahora, hoy, cuando ya ha pasado todo y no se puede volver atrás, ahora que soy mucho mayor y tengo todo el tiempo para pensar y para sentir, me invade la amargura de no haber convivido más con él. Fernando vivió muy solo. Ahora que conozco su obra, que la leo e intento comprenderle lo mejor posible, siento mucha pena".

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Borges privado

7.10.2007
Bioy Casares bajo la sombra lenguaraz de Borges. Fuente: Letras Libres

No dejo de recomendar a todos el libro “Borges” de Bioy Casares. Para quienes no hemos santificado a Borges, la parte de los chismes y las traiciones de Bioy son sólo un aspecto anecdótico, que no está en contradicción además con la ironía sutil (o no sutil) con que se saca de encima las preguntas incómodas sobre contemporáneos o con que menosprecia a otros autores en sus ensayos, entrevistas y hasta textos literarios. Todo estaba ahí para quien quería leerlo. Ahora, a la luz de este seguimiento detectivesco de Bioy Casares lo expuesto es obvio. Lo interesante, sin embargo, son las reflexiones que se han suscitado en torno al libro. Una de ellas las del estupendo Juan Villoro, quien publica en “Letras Libres” un ensayo titulado apropiadamente: “Vida privada de la tradición”.

Gracias al blog de Foguel, además, me entero de una reseña en inglés de David Gallagher, en el Times Literary Supplement

“El paradigma borgesiano se ha convertido en una forma habitual de leer el entorno. De ahí la dificultad de advertir lo que su mirada tiene de riesgo y desafío. El diario de Bioy regresa al momento, casi inconcebible, en que todo pudo ser distinto, la zona privada en la que se decidieron juicios que serían clásicos. Muchos de ellos surgen del barro común de la maledicencia, el arrebato pasional, el disparate. En cierta forma, el diario pone en escena el predicamento del protagonista de “La memoria de Shakespeare”. Un hombre común recibe los recuerdos de un autor incomparable. Curiosamente, se trata de imágenes bastante normales, incluso nimias. Esto en modo alguno rebaja a Shakespeare; saber que sus raros artificios surgieron de una percepción habitual representa un misterio superior. Bioy propone un desconcierto parecido; registra una voz admirable y plagada de defectos, con derecho a las arbitrariedades del discurso íntimo. Borges come en casa”, la frase se repite como una clave. Un libro escrito por dos autores fantasma, desde el sitio donde la obra es apenas tentativa, todavía irreal. ¿Quién guía el diálogo, el que habla o el que escucha, el que pregunta o el que responde? En su coloquio de sombras, Borges y Bioy Casares entregan la trama íntima, la mitología privada, una verdad que pide ser apócrifa, el antecedente necesario para la segunda voz de su escritura”.

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Parejas literarias

7.03.2007
Paul Auster y Siri Hustved. Fuente: deutshlandfunk.de

No se trata de Romeo & Julieta, sino de las parejas que conforman los escritores. ¿Puede un escritor convivir con otro? La historia de Zelda y Scott Fitzgerald debería ser una advertencia: uno se fagocitó al otro, y entonces se anularon los dos. En el suplemento cultural de "La Tercera" de Chile, que me envía amablemente la lectora Laura García (yo no podía encontrarlo en la web, es misterioso ese enlace), hablan sobre el tema.

Entre las parejas que se mencionan están las que conforman Paul Auster y Siri Hustvedt, Michael Chabon y Ayelet Waldman, Kathryn Chetkovich y Jonathan Frazen, Nicole Kraus y Jonathan Safran Foer, y algunas clásicas como Silvina Ocampo y Bioy Casares o Ted Hughes y Sylvia Plath. En el Perú podríamos agregar la pareja que formó Carmen Ollé y Enrique Verástegui.

La esposa de Frazen, al ver el inesperado éxito de su esposo con Las correcciones, publicó en Granta un artículo llamado "La envidia" donde acepta que ese sentimiento se ha instalado en ella al ver los triunfos de la persona con la que compartirá la vida. Su honestidad le dio cierta fama pasajera pero, me imagino, insuficiente para ella.

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Revista

7.01.2007
Gonzalo Millán, fragmentos de libro póstumo. Fuente: nuestro Chile

Muy interesante este número de La Revista de Libros, del diario chileno "El Mercurio". Empecemos por comentar las reseñas: hay una donde destruyen el libro de cuentos de Bohumil Hrabal (otro escritor checo importante, como Ivan Klima), al que califican de "meteco", y que tiene un título exelente: Anuncio una casa donde ya no quiero vivir; también hay una reseña sobre la novela El africano, del autobiográfico escritor francés, ex noveau roman, JMG Le Clezio. Por otra parte, Ignacio Valente comenta una nueva reedición de la mítica Antología de la literatura fantástica de Borges y Bioy Casares, de la que dice: "Ya dentro del género, la primera categoría que quiero señalar es la compuesta por numerosos autores argentinos que nos resultan desconocidos, y con razón, dado lo endeble de sus relatos. ¿Para qué incluir tantas páginas mediocres de connacionales? ¿Patrioterismo literario de la época? El volumen ganaría en brevedad y sustancia sin ellos".

Asimismo, publican fragmentos del nuevo texto de un autor importante en Chile, y para descubrir en América Latina, Gonzalo Millán, quien aquejado de cáncer (que terminará por vencerlo en octubre del 2006) escribe un diario de la crisis bajo el título Veneno de escorpión azul. Y también quiero recomendar la columna de Juan Villoro, en la que habla de crímenes que son muy comunes, desgraciadamente, en nuestros países pero al ocurrir en Holanda se convierten en noticias que quedan grabadas en la mente de todos por mucho tiempo y un libro como el del novelista Ian Buruma (Asesinato en Ámsterdam). Se titula: "Crímenes en bicicleta".

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Borges comensal

6.24.2007
Tapa del último ejemplar de Radar Libros

Hace un mes, Rodolfo Rabanal fue invitado por Radar libros para comentar brevemente el libro Borges, los diarios donde Bioy Casares y Jorge Luis Borges usan la sobremesa de sus cenas (durante décadas) para destruir verbalmente a todo lo que se les ponga al frente. Un juego de ingenio pero, al mismo tiempo, de maldad y hasta de cinismo que amenaza con destruir la reputación del autor Borges, que parecía un poco ausente y ajeno a los chismes (al menos para quienes no supieron leer las entrelíneas de sus artículos y opiniones). Pero como no se puede ser breve ante 1600 páginas suculentas (otra metáfora alimentaria nacida de la dieta), Rabanal ha ampliado sus opiniones en el último número de Radar Libros. ¿Vale la pena leer este libro?, me preguntan varias personas, con el afán de que les diga que no y se libren de la ropa tendida de un genio. No sé que contestar. Yo lo leí.

Dice Rabanal: "Es preciso admitir que Borges es caprichoso y en buena medida arbitrario y tiránico. Hasta la aparición de este libro ignorábamos cuánto le preocupaba su reputación porque aquí sale a la luz que era un excelente administrador de su fama, tanto, contrariamente, como era un pobre administrador de su escasos bienes materiales. Con harta frecuencia incurre en un pecado habitual entre las personas de gran ingenio; por una ocurrencia feliz y una frase brillante es capaz de exponer la cabeza, aunque después se arrepienta clamando piedad de rodillas. Sus debilidades humanas —como las crisis melancólicas y coléricas de su admirado Dr. Johnson— lo instalan (ahora gracias a Bioy) en una dimensión más asible. Algunas de sus ingeniosas salidas malignas, o quizá mejor provocadoras, lo vuelven memorable de un modo salvaje: “No hay ciudades argentinas —le dice a Bioy volviendo de Salta—; hay Buenos Aires y pedazos de barrio tirados en medio del campo."

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Mediáticos

5.28.2007
El "mediático" Fernando Pessoa alabó la Coca-cola. Fuente: Dos dedos de poesía.

Algunos creen que hacer guiones de TV o cine es la grada más baja que puede descender un escritor. ¿Y qué me dicen de hacer publicidad? Para muchos románticos es inconcebible. Pero al leer en el suplemento ABCD algunos nombres que han servido a ese rubro habrá que pensarlos dos veces. Y no sólo escribir libretos publicistas, ojo, sino incluso hacer campañas de publicidad como si fueran futbolistas. A partir de ahora, habrá que ir con un poco más de cuidado antes de mirar con asco a los escritores a los que califican, torciendo la boca, como “mediáticos”.

La lista incluye anécdotas célebres, como la colaboración de Bioy Casares y Borges para un folleto de la lechería La Martona de la familia de Bioy, pero también algunos insólitos como Fernando Pessoa escribiendo sin heterónimo un slogan para Coca-cola (“Primero se extraña, después se entraña”), o la nómina de trabajadores de la compañía venezolana Ars Publicidad, cuyo slogan era “Permítanos pensar por usted” y tenía entre sus creativos a Arturo Uslar Pietri y Alejo Carpentier. También han sido publicistas Rushdie, Alessandro Baricco y Augusto Monterroso.

Pero también está la lista de quienes han aceptado participar como protagonistas de propagandas. La voz de Julio Cortázar promociona una compañía de relojes (aunque en eso tienen la “culpa” los herederos). Tenemos a Mujica Láinez que hizo un spot de una marca de hierba de mate, Victoria Ocampo anunció a la revista LIFE, y Camilo José Cela, quien, con la Guía CAMPSA bajo el brazo, aceptaba unas gachas con un sonoro “¡Venga!”. Pero mi favorito es Mark Twain, quien aparecía fotografiado sosteniendo una pluma Conklin Crescent, de la que decía: “Prefiero esta pluma a cualquier otra del mercado”. Luego, cuando se adaptó a la modernidad, hizo propaganda a las máquinas Remington, por cierto.

En el Perú, escritores vinculados a la publicidad hay varios: Gustavo Rodríguez, César de María y en especial José Hidalgo (el autor de Panconté) quien es responsable secreto de casi una docena (o más) de slogans muy populares.

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Cenar con Borges

5.18.2007
Portada de suplemento Radar


Y ya que mencionamos a Borges, la semana pasada el suplemento Radar publicó un especial titulado "Come en casa Borges" en la que seis escritores (Luis Chitarroni, Rodrigo Fresan, Alan Pauls, Paula Pérez Alonso, Rodolfo Rabanal y Juan Villoro) comentaron los diarios de Bioy Casares en los que aparece la figura de un Borges bastante blogger, por decir algo. Muy, muy, muy recomendable.

Rodrigo Fresán dice: "Pocas veces me he reído más leyendo un libro y –dada su cantidad de páginas– pocas veces me he reído más, y punto. Puede definirse al Borges de Bioy Casares como una cruza de la Vida de Johnson de James Boswell con La conjura de los necios de John Kennedy Toole con una reescritura porteña de En busca del tiempo perdido a cargo de Bustos Domecq. Algo así".

Hablando de peleas literarias, no hay nada mejor que esta estupenda cita de Juan Villoro (hago aquí un llamado: si insisten en pelear ¡por lo menos eleven el nivel!): "Aunque merezca cargos de incongruencia, insensatez y capricho, el Borges del diario refleja una condición esencial de la literatura: toda voz que aspira a ser distinta lucha con las demás (de las que secretamente depende, pues le sirven de blanco y modelo). Esta idea agonista de la cultura, tan cara a Harold Bloom y al Borges de “Kafka y sus precursores”, supone una oposición a la mediocridad ambiente, pero sobre todo una puesta en duda de cualquier forma de escritura. Las opiniones sobre los fracasos de Goethe, las limitaciones de Shakespeare –¡ese amateur!– y las caídas de Homero serían eminentes pedanterías en un ensayo. Tomadas como ocurrencias en el discurso privado, pertenecen al boxeo de sombra imprescindible para conformar un criterio. Se trata de un ejercicio necesario y a fin de cuentas inofensivo: “Todas esas polémicas literarias son como efusiones de sangre en el teatro: después nadie muere”, comenta Borges. Es difícil encontrar un libro que celebre tanto la literatura y al mismo tiempo se acerque a las obras maestras como zonas de desastre: todo podría ser mejor. Escribir significa corregir."

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