MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Tándems literarios

6.10.2009
Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. Fuente: letraslibres

No debe ser fácil escribir en colaboración, pero se puede y a veces el resultado es notable (como en el winning eleven, donde mi tándem y yo somos imbatibles). Gracias al libro Escribir en colaboración (Beatriz Viterbo), al suplemento de "La Nación" ADN se le ocurrió comentar algunas de esas colaboraciones. Aquí les dejo tres de las más notables citadas en el artículo:

Flaubert/ Du Camp
Un esteta como Gustave Flaubert, orfebre maniático de la "palabra justa", dio forma, junto con su amigo de juventud Maxime Du Camp, a Par les champs et par les grèves. El libro, que buscaba describir un viaje por Bretaña, contiene capítulos intercalados de cada uno de los compañeros. Como explican Lafon y Peeters, con su titubeo entre las personas del singular y del plural, la obra es una fuente reveladora de lo que la escritura de a dos pone en juego. Flaubert y Du Camp tienen ritmos diferentes: el primero, en particular, es incapaz de escribir improvisando, sobre la marcha, como era la idea original. "El viaje a Bretaña -subrayan L&F- le permite experimentar los límites de la colaboración como una etapa a superar, a olvidar, para volverse poco a poco él mismo." Flaubert, en efecto, no reincidiría, pero tienta leer Bouvard y Pécuchet, su novela póstuma, como una reducción al absurdo de los proyectos conjuntos y, también, como la nostalgia del escritor solitario que, solo, enfrenta la tortura de la "salmuera": ese momento en que, desgastado, se arroja sobre el sofá invadido por la acedia.

Conrad/ Madox Ford
Otra colaboración clave de las letras inglesas, que terminó amargamente, fue la que llevaron adelante Joseph Conrad y Ford Madox Ford. El segundo, que todavía utilizaba su nombre original, Ford Madox Hueffer, tenía poco más de veinte años, pero ya había publicado varios libros. Conrad, por su parte, había pasado los cuarenta y se encontraba atascado en la escritura de Lord Jim. Los presentaron en 1898 con el deliberado fin de que colaboraran. El novelista de origen polaco, que no era aún el autor consagrado que sería más tarde, se encontraba ahogado por problemas financieros y diversos plazos de entrega; Ford, que disponía de cierto capital personal, aceptó con entusiasmo la posibilidad de trabajar juntos. De esa colaboración saldrían tres novelas: Los herederos (1901), Romance (1903) y La naturaleza de un crimen (1909). Ninguna puede ser considerada una obra maestra, pero en esta alianza tal vez los resultados visibles no sean lo más importante. Es hoy sabido que Ford escribió al menos uno de los capítulos de Nostromo (la gran novela que Conrad sitúo en un país latinoamericano imaginario: Costaguana) y que acopió la información sobre grupos anarquistas para El agente secreto. No hay que ser muy imaginativo para suponer que en esas discusiones se fueron moldeando algunas de las técnicas narrativas que modificarían la literatura durante el siglo XX. Los narradores poco confiables de El gran soldado (Ford) o las ficciones que tienen como vocero a Marlow, como El corazón de las tinieblas (Conrad), pueden haber germinado en esos encuentros. El mayor de los dos, concluida la relación, solía referirse a su colega de manera despectiva y el grafómano Ford, que no le temía a la fabulación, contó en Conrad: un recuerdo personal su versión de los hechos en la que coinciden la admiración y la queja: "En nuestras miles de conversaciones a través de los años sólo hubo dos temas por los que peleamos: sobre el verdadero gusto del azafrán y sobre si es posible distinguir una oveja de otra".

Borges/ Bioy
Tal vez el caso de colaboración literaria más feliz -también el más productivo- haya sido el de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. Como si quisieran refrendar el destino simbiótico de aquel montaje de Gisèle Freund que sobreponía el rostro de los dos y daba como resultado un tal "Biorges", los escritores argentinos consolidaron un vínculo de más de cuatro décadas de escritura en común. El Golem que construyeron entre ambos fue el imaginario Honorio Bustos Domecq. Bajo su firma, publicaron los desopilantes relatos protagoni ados por un émulo deductivo del Padre Brown, que resuelve los casos tras las rejas: Seis problemas para don Isidro Parodi (1942) y Dos fantasías memorables (1946). Años después, ya reestablecida la firma de los dos, sumaron las Crónicas de Bustos Domecq (1967) y Nuevos cuentos de Bustos Domecq (1977). A esas invenciones irrepetibles, les sumaron Un modelo para la muerte (1964), firmada como B. Suárez Lynch, y, con sus apellidos, varios guiones cinematográficos (Los orilleros, El paraíso de los creyentes, y los que escribieron alentados por Hugo Santiago: Invasión y Les autres). También desplegaron una inagotable actividad editorial que incluyó la edición de antologías y traducciones. Si algo crearon Borges y Bioy, al calor de gozosas jornadas de complicidad, fue la proeza de un estilo excesivo, furiosamente satírico, que parece desmarcarse de sus obras privadas. Lafon/Peeters describen las reglas que dominaban esta escritura en la que Bioy era la mano que guiaba la pluma: "Oralidad libre y triunfante, propuestas alternadas, exigencia mutua, permanente derecho de veto, favorecido por una amistad sin nubes, y un "abandono simultáneo de todo ego", prioridad dada al juego y al placer, risa irreprimible".
Borges, el libro póstumo extraído del diario de Bioy, es un magnífico reservorio para indagar los alcances insospechados de esta colaboración. Algunos de esos ejemplos son risueños. En una entrada de 1981, Bioy le menciona que en la versión al italiano de la Antología de la literatura fantástica (de la que también participó Silvina Ocampo) los traductores acudieron a las fuentes originales de los relatos, no a sus versiones: "Nos jorobaron -sugiere Bioy-. No podemos protestar". Por si quedaba alguna duda de que se refieren a las veladas reescrituras de los cuentos Borges remata: "No debieron elegir un libro de autores que se distinguen por sus transcripciones y citas infieles. Por misquotations".

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Madame Bovary con tachones

4.16.2009
Hoja manuscrita de Madame Bovary. Fuente: elpaís

Leer el manuscrito de Madame Bovary es mucho más interesante que un fetichismo literario. Esa novela en particular es un laboratorio de ficción, un aprendizaje literario exhaustivo, como quedó reflejada en la correspondencia de Flaubert durante esos años. Por eso, la noticia de que los manuscritos de la novela están disponibles en internet es impresionante. Una verdadera orgía perpetua, como calificó Vargas Llosa a la lectura de Madame Bovary. Dice la nota:

Las 4.500 hojas manuscritas de Madame Bovary, la célebre novela de Gustave Flaubert ya están disponibles en Internet, gracias al trabajo de más de dos años de cientos de amantes de la obra del autor francés.El equipo que elaboró la página surgió de la colaboración entre la Universidad de Rouen –ciudad natal del Flaubert, situada al norte del país– y la Biblioteca Municipal de la misma localidad, y estuvo dirigido por el profesor Yvan Leclerc, especialista en el escritor.Más de un centenar de transcriptores respondieron a la invitación lanzada en Internet por los profesores universitarios, y se unieron a estudiantes de la Universidad de Rouen para trabajar de manera conjunta con los investigadores. Se estima que un total de 600 personas participaron en el proyecto. Los 130 transcriptores voluntarios son de edades comprendidas entre los 16 y los 76 años, proceden de 17 países, entre ellos Argentina, Colombia, Francia, Ghana, Italia, Japón, Portugal y Tailandia, y tienen diferentes perfiles profesionales. La dificultad para leer los manuscritos de Flaubert –como consecuencia de numerosas correcciones y tachones– hicieron necesarias las transcripciones, que fueron realizadas entre marzo de 2003 y septiembre de 2005 y actualizadas con regularidad desde entonces. En la web los internautas pueden observar de manera simultánea, en una pantalla dividida por la mitad, el documento original y la página transcrita que conserva los tachones y las anotaciones, pero con un mayor grado de claridad.

Los que quieran leer los manuscritos, hacer clic aquí.

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¿Leen franceses en Francia?

3.24.2009
Marcel Proust, uno de los pocos escritores franceses que leen los escritores franceses. Fuente: mercantilelibrary

Esta encuesta de Telerama.fr, de la que me entero vía el blog En Minúscula, hecha a 100 escritores francófonos me ha dejado asombrado. Se les pide que voten por sus 10 libros favoritos. Si la misma encuesta hubiera sido hecha en Inglaterra o EEUU, a duras penas podríamos encontrar a un autor de otra lengua en el top ten. Casi imposible que aparezca. Pero los franceses no votan por ellos mismos, eso está claro. En la lista de 10 libros favoritos, solo hay cuatro libros franceses . Y en la lista de autores, lo mismo, entre los 10 primeros solo hay cuatro franceses. Comparto además la interrogante de Ezequiel Martínez, administrador de En Minúscula, respecto a que en la lista abundan escritores clásicos y los contemporáneos brillan por su ausencia. ¿Será que los franceses están, en el fondo, de acuerdo con aquello de la decadencia de su cultura? ¿O es que son muy conservadores (tomando en cuenta la lista general, donde solo hay clásicos) en sus gustos? Eso sí, donde hay unanimidad es en que Marcel Proust y su novela En busca del tiempo perdido es el primer lugar indiscutible. William Faulkner es el único que le sigue los pasos (y que incluso consigue dos novelas suyas en el top ten). Anoto una sorpresa más: a la hora de escoger la novela que más gusta de Gustave Flaubert, no aparece Madame Bovary sino La Educación sentimental. Sin duda, cada uno lee a su cultura desde su perspectiva.

Los 10 autores más votados

Marcel Proust (33 veces)
William Faulkner (24)
Gustave Flaubert (23)
Fiodor Dostoïevski (16)
Virginia Woolf (15)
James Joyce (14)
Franz Kafka (14)
Louis-Ferdinand Céline (13)
Samuel Beckett (11)
Arthur Rimbaud (11)


Los 10 libros más votados

En busca del tiempo perdido de Marcel Proust (33 veces)
Ulises de Joyce (13)
Ilíada y Odisea de Homero (9)
La princesa de Cleves de Mme. de La Fayette (9)
El sonido y la furia de William Faukner (8)
¡Absalon, Absalon! de William Faulkner (8)
Las flores del mal de Baudelaire (8)
Bajo el volcán de Malcolm Lowry (8)
Don Quijote de Miguel de Cervantes (8)
La educación sentimental de Gustave Flaubert (7)

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Maupassant sobre Flaubert

2.25.2009
Manuscrito de Guy de Maupassant. Fuente: ulisesvaliente

La relación entre Gustave Flaubert y Guy de Maupassant no fue de amistad, necesariamente, sino la de un profesor y un alumno. Ya se sabe, por la correspondencia de Flaubert, que éste era un obsesivo en su reflexión sobre el arte. Maupassant aprovechó las lecciones, aunque su obra nunca estuvo a la altura de su maestro (pero ¿y la de quién lo está?). Ahora, la editorial Periférica publica en España Todo lo que quería decir sobre Flaubert, los ensayos de Maupassant sobre el autor de Madame Bovary. La nota de prensa dice:

Gustave Flaubert se encargaría de dirigir los primeros pasos en la literatura de Guy de Maupassant, y sabemos por la correspondencia entre ambos que el discípulo obedecía sin titubear todas las indicaciones del maestro. Posteriormente, será Maupassant quien escriba algunos de los textos más lúcidos que existen sobre la obra de Flaubert y sobre su personalidad. Precisamente los que recogemos en esta edición, donde se reproducen ideas, citas y juicios del autor de Madame Bovary sabiamente entremezclados con anécdotas y recuerdos. Estos ensayos tienen, además del mérito de ser de los primeros en dar cuenta de la novedad y trascendencia del método y la concepción de la novela de Flaubert, tan contrario a todo lo que estaba en boga por entonces, el de no someter su obra a ninguna teoría literaria preconcebida. Como un verdadero médium, Maupassant deja en todo momento que su maestro, y también amigo, se exprese a través de él. Respecto a estos ensayos, George Simenon dijo: "Ojal todos los escritores tuviéramos a un lector como Maupassant lo es de Flaubert"

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La mujer interna de Abraham B. Yehoshúa

2.12.2009
Abraham B. Yehoshúa. Foto: Joan Sánchez. Fuente: El país

Con mi grupo de lectura de los miércoles estamos leyendo Una mujer en Jerusalén de Abraham B. Yehoshúa. Para darles un contexto, busqué una entrevista al narrador israelí y encontré una que, aunque es anterior a esta novela en castellano (es del 2007 y la novela se publicó en el 2008), y se refiere especialmente a la extraordinaria La novia liberada, no deja de ser interesante su referencia a la necesidad de todo escritor hombre de buscar su mujer interior y escribir desde ahí. La pregunta cae por su propio peso: ¿Esa idea fue la que motivó la escritura de Una mujer en Jerusalén? Responde el autor sobre el carácter de las mujeres en sus novelas:

Me da gusto que haya encontrado y descubierto el carácter de las mujeres, compuestas de fuerza y entereza. Es una búsqueda en la comprensión de la relación entre la mujer y el hombre. Para el hombre, en relación con su mujer, esta funciona únicamente para satisfacer sus propios deseos. La mujer es igual al hombre, como su par. La realidad de ella en la vida es que no hay una verdadera división de trabajo, mientras que éste no se ocupa de los niños, sólo realiza acciones en función de su propia carrera profesional, sin ningún tipo de responsabilidad en la familia. Hay carencia total de igualdad. Las mujeres representan siempre su expresión de brillantez, soñadoras, de mayor fuerza, creatividad. Por lo tanto el cambio que debe darse —es mi opinión— es como el papel actuado por la diosa Shiva de la India: su insatisfacción, y eso lo podemos ver en las diosas, especialmente en las hindúes. Asimismo, en mi novela [La novia liberada] aparece Jagit, una mujer dominante, que se enfrenta a su marido y demuestra rotundamente su total falta de satisfacción. Sin embargo, hasta ahora he escrito mis novelas de acuerdo con una mirada masculina, no he logrado todavía realizar un escrito con la mirada femenina. La novela que escribo ahora está construida como una especie de dueto, y una parte es la de la mujer y la otra parte es la del hombre, son una pareja de casados. Espero lograr esa mirada femenina. (...) Debo decir, recapacitando un momento, que encontré que desde mis primeros escritos las mujeres siempre han sido representadas como representativas de una gran fuerza, a veces más, otras menos, pero las mujeres siempre son fuertes. Finalmente para un escritor hombre, es importante que busque y encuentre a la mujer que lleva adentro, como puede pensarse en lo logrado por Flaubert o Tolstoi; si llego a obtenerlo, para mí será un logro real.

Como un aparte interesante, les dejo esta respuesta referida a la literatura latinoamericana a la que califica, pese a los elogios, como "falta de moral" (me imagino que más bien se refiere a "falta de compromiso"):

Obviamente [conozco] a García Márquez, el cual escribe cosas admirables, en su estilo del realismo fantástico. De sus libros me seduce especialmente El amor en los tiempos del cólera. Conozco a Borges, el cual nos entrega esas realidades deslumbrantes, que han hecho escuela en la literatura latinoamericana. Lo que me resulta difícil de asimilar, a veces, en esa literatura, es la falta de una moral, una ética. Por lo tanto es difícil decir que haya sido atraído especialmente por ella, pero hubo libros que me otorgaron gran placer leerlos.

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Las cartas de la amante de Apollinaire

12.28.2008
un caligrama de Apollinaire. Fuente: elpaís

Se van a publicar en España por primera vez las cartas a la amante de Apollinaire, enviadas durante la I Guerra Mundial. La verdad es que no me llaman tanto la atención: dudo que sean tan inteligentes y lúcidas como las de Gustave Flaubert a Lousie Collet; tan arrebatadas e hipocondriacas como las de Kafka a Milena; o tan pornográficas como las de Joyce a Nora. Después de eso, solo queda escribir mensajitos en facebook. Eso sí, en algunas de ellas pueden encontrar algunos caligramas. No podría con su genio. Dice la nota:

En Cartas a Lou, Apollinaire "explora y experimenta nuevas vías literarias". Son textos puramente vanguardistas, que escribió mientras estaba en el frente, al que acudió voluntariamente. Apollinaire conoció a Lou en septiembre de 1914, poco antes de incorporarse al 38 Regimiento de Artillería de Campaña y de ese encuentro nació una apasionada y encendida relación amorosa. Los poemas y las cartas en que se arroparon muestran la evolución de su relación y su exploración literaria: están sus primeros caligramas, textos ideogramáticos que luego se convertirían en su gran aportación a la poesía de las vanguardias de principios de siglo XX.
En ellas, dice Pino, se puede observar su experimentación poética, "desde unos poemas más clásicos, que siguen los esquemas tradicionales métricos, hasta unos poemas más libres, sin rima ni esquemas rígidos, todos integrados en las cartas". Los textos son esencialmente amorosos, con una fuerte carga erótica, que permiten observar también la relación entre el escritor y su amante. Las primeras muestran una relación de amor cortés, mientras que en las últimas, "Lou acaba siendo su esclava", dice Pino. En ellas, además, hay una marcada influencia del Marqués de Sade, según su traductora, aunue también se incluyen muchas referencias a muchos personajes del mundo de la vanguardia, en constante contacto con el poeta.

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Más Atwood

10.23.2008
Margaret Atwood. Fuente: canio´s books

Y ya que hemos mencionado las palabras de Margaret Atwood en Oviedo, vale la pena darse una vuelta por "El Cultural", suplemento de El Mundo, donde le hacen una entrevista antes de su llegada a España, centrada sobre todo en su nuevo libro (aún no traducido al castellano) Payback: Debt and the Shadow Side of Wealth [Revancha; Deuda y el lado oscuro de la prosperidad], del que dice la nota que es:
"un examen fascinante, absolutamente libre, sobre el equilibrio, la deuda y la venganza en la historia, la sociedad y la literatura, Atwood ha disparado de nuevo contra algunas de nuestras ansiedades más frecuentes. Mientras la escasez de crédito hunde las aerolíneas y acorrala a los bancos, nadie puede escapar al espectro de la deuda.

Otra parte interesante de la entrevista es el recuerdo de Atwood de su educación literaria que va desde Madame Bovary hasta Rico McPato (al que llaman tío Gilito en España, supongo). Dice la autora:
"Me convertí en victoriana. Ése fue mi campo de estudio en la Universidad, fue la época por excelencia en que las tramas giraron en torno al dinero y la gente estaba empantanada en estallidos de capitalismo. Cumbres borrascosas está guiada por el dinero: Heathcliff gana una fortuna y regresa para comprar la casa a sus anteriores dueños. A Madame Bovary podría haberle ido bastante bien si se hubiera mantenido dentro de su presupuesto. No fue el adulterio, sino las deudas, lo que la hundió”. Bovary es el personaje más famoso del siglo XIX, pero el espíritu más presente en Payback es Ebezener Scrooge, [el personaje de Dickens] modelo del Tío Gilito, el avaricioso pato de Disney. “Él es una versión extrema de ‘vivir de acuerdo con tus ingresos’”, dice Atwood. “No hace otra cosa con ellos que convertirlos en más ingresos. En una sociedad capitalista, el mayor pecado es que su ‘disponible’ en realidad no lo está, no circula. Hasta que, eso es, él sufre su propia transformación, cuando se convierte en dual, en una figura de ‘antes y después’.Él completa ambos de nuestros deseos: el de quedárnoslo todo para nosotros mismos y nuestro otro deseo de ser generosos y gustarle a la gente”. El capítulo central del libro muestra cómo Gilito es el reflejo en el espejo del personaje del siglo XVI Fausto. Entre Marlowe y Dickens, la visión de la sociedad sobre la riqueza ha cambiado: para Fausto, el gasto libre es la condena; para Gilito, es la salvación.

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Flaubert íntimo

6.11.2008
Daguerrotipo de Gustavo Flaubert. Fuente: naraconlecturas

Extraordinario, absolutamente imperdible, el texto que publicó este fin de semana el suplemento ADN Cultura sobre la correspondencia de Gustave Flaubert escrito ni más ni menos que por Julian Barnes, quien desde su novela El loro de Flaubert siente un especial cariño por el autor francés, un cariño que se traduce no solo en su espléndida novela sino también en numerosos artículos inteligentes y muy documentados. No dejen de leer el artículo, lo mejor de la semana sin duda. Aquí les dejo un par de párrafos:
Más que cualquier otro escritor de su época, Flaubert se esforzó por mantener a distancia a los que sentían curiosidad por su vida. "No tengo biografía", respondió magistralmente en una oportunidad en que le pidieron detalles personales. Repelía a los periodistas y no permitió que se publicara ninguna fotografía suya. "Ofrecerle al público detalles sobre uno mismo -le escribió a un amigo seis meses antes de morir- es una tentación burguesa a la que siempre me he resistido." También procuró negarle a la posteridad el libre acceso a sus secretos. Alarmado por la publicación póstuma de dos series de cartas de amor de Mérimée, hizo en 1877 un pacto de quema de cartas con Maxime Du Camp, que borró "nuestra vida entre 1843 y 1857". Dos años más tarde, durante una sesión de ocho horas con su protégé Maupassant, toda una vida de cartas recibidas fue evaluada, ordenada, empaquetada y en algunos casos (con seguridad, en el de Louise Colet y posiblemente, en el de la institutriz inglesa Juliet Herbert), quemada. Sin embargo, no es tan sencillo derrotar a la posteridad. No siempre es posible recuperar las cartas y destruirlas; con frecuencia puede adivinarse el contenido y el propósito de las lagunas en una correspondencia; y el solo hecho de la publicación conjunta de casi todas las cartas conocidas -algo que Flaubert difícilmente podría haber imaginado- sirve para subrayar incoherencias, contradicciones y aquellas pequeñas hipocresías impuestas por la cortesía y los buenos modales. Cuando Flaubert se disculpa, en mayo de 1879, por no haber visitado a la belleza de alta sociedad Jeanne de Loynes porque solo "estaba en París por unas pocas horas", un editor, 130 años más tarde, señala que en realidad estuvo en la ciudad durante casi tres días. Cuando, en marzo del mismo año, le dice a Edna Rogers des Genettes que acaba de terminar de leer todo Spinoza por tercera vez, Jean Bruneau (para quien la Correspondance fue un trabajo de toda la vida) sabe lo suficiente para explicar que ese alarde se aplica solamente a la ...tica , ya que Flaubert no descubrió el Tractatus hasta 1870. Y en cuanto a su vida sexual, es frecuente atrapar al novelista mintiéndoles a sus amigas acerca del lugar adónde va, mientras les pide a sus amigos que lo encubran y les informa más tarde qué era lo que había hecho en realidad.

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La voz en off era Bessa-Luis

10.26.2007
Agustina Bessa-Luis. Fuente: biografía

Ayer fui al cine de la CCPUCP por el Festival de Cine Europeo y me encontré con la película de Manoel de Oliveira El valle de Abraham. La película densa, larga, pero bellísima. Lo interesante es que la voz en off decía unas cosas estupendas, unas frases insuperables. Todo el tiempo me la pasé preguntándome dos cosas: ¿Por qué no llevé mi lapicero para escribir en la oscuridad? (el Moleskine lo tenía, pero era inútil sin el lapicero) y segundo ¿Quién puede escribir esas frases tan extraordinarias? Entro al google y lo descubro: el director portugués quería hacer una adaptación de Madame Bovary y le pidió a su amiga, la escritora Agustina Bessa-Luis que hiciera no un guión, si no una novela inspirada en la protagonista de Flaubert. El resultado es El valle de Abraham, la novela primero y después la película ceñida estrictamente a las frases de Bessa-Luis, fiel a lo que declaró en una ocasión: "A partir de esa película [Chronik der Anna Magdalena Bach] pensé que interpretar no tenía que ver con copiar o cambiar el texto originario sino de aceptar el documento literario en tanto que tal, de penetrar, comprender, dar claridad y buscar lo más profundo del pensamiento del escritor".

Los que no la han visto no se imaginan lo que es. Este domingo 4 la repiten en el CCPUCP (después hay funciones en otros lugraes). No olvidaré el lapicero. Les dejo también una entrevista con el director a propósito de la película y su relación con la novela. Ahí encontrarán, además, la mejor definición al vago concepto legal "incompatibilidad de caracteres" cuando el director se refiere a su relación con la actriz protagónica Leonor Silveira: "La expulsé dos veces. Fue un conflicto muy íntimo, difícil de narrar. El conflicto se reduce a que ella es una mujer y yo, un hombre".
Dice Manoel de Oliveira: "[el título] es de la autora de la novela Agustina Bessa-Luis, un título muy afortunado que alude al nacimiento de la Humanidad misma, de Abraham, que tuvo un hijo con una mujer estéril, un milagro. Lo he aprovechado para titular la película y bautizar la casa y el valle. Alude a la idea de la separación, la división. En ese valle todo está unido: las palabras con la música, los hombres con las mujeres, lo masculino con lo femenino... Yo primero le pedí un guión, pero no me satisfizo, así que le encargué una novela y la adapté personalmente. Se trata pues, de una reflexión hecha a partir de Madame Bovary. Y, una curiosidad, no hay ningún personaje en la película que no haya existido en la realidad. Todos han existido y los he conocido. Ritinha, la criada muda, es una mujer que ha parido hijos sordomudos, lo que ha impulsado a su marido recientemente al suicidio. Al contrario de lo que había ocurrido con el guión, la novela, escrita de una forma muy provocativa, me satisfizo plenamente. Es, a la vez, una novela y un ensayo con muchas historias imbrincadas entre sí. Es una novela muy concreta y abstracta a la vez. La verdad, parece escrita para hacerme el trabajo muy complicado y fue esa dificultad, que alcanzó grados de tortura, lo que más me gustó precisamente.

Luego dice: "Yo establezco una gran diferencia entre lo masculino y lo femenino. Lo más importante de la película es que Madame Bovary está escrita por un hombre, está escrita con mentalidad masculina, por lo tanto, no comprende la mentalidad femenina, pero lo intenta. Es esa voluntad de querer entrar en la mentalidad femenina, lo que le hace decir «Madame Bovary c»est moi». Después, está la reflexión femenina de Agustina Bessa-Luis, escrita desde la mentalidad femenina y el punto de vista de la mujer, lo que le permite entrar en la intimidad de esa mujer. Y, finalmente, está la película, dirigida por un hombre, con la mentalidad de un hombre, que tiene un conocimiento de la mujer.

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Madame Bovary

8.08.2007
El año de Bovary. Ilustración: Víctor Garrido. Fuente: La Jornada

Justo ayer conversamos sobre Madame Bovary en "Vano Oficio" y hoy leo en el suplemento de La Jornada un número especial llamado "El año de Madame Bovary" pues en el 2007 se cumplen 150 años desde que apareció la novela editada en forma completa, no como folletines. La primera edición es de abril de 1857 con un tiraje de 6,600 ejemplares. Andreas Kurz es el autor del interesante artículo.

Dice: "El término "realismo literario" es un oxímoron. Flaubert lo sabe. Por eso no pretende describir quehaceres, actos concretos, sino sólo actos lingüísticos. En este sentido, Flaubert tampoco es el precursor de Zola, sino de Marcel Proust quien, cuarenta años después de Madame Bovary, usaría miles de palabras para relatar la entrada de un personaje en un restaurante, escena que, en tiempo real, dura unos diez segundos. Como Flaubert, Proust sabe, antes de que la crítica moderna alrededor de Barthes y Genette lo enseñe, que el realismo en literatura es literario, por ende nunca puede ser real propiamente dicho. La única realidad literaria concebible es el lenguaje. El personaje de Proust se vuelve tangible en medio de las miles de palabras usadas por un narrador, de ninguna manera gracias a la percepción visual arbitraria de este narrador. Emma Bovary, Charles y Homais son lenguaje, nada más. No importan los sentidos, ni los del narrador, ni los del lector. Ésos tienen su función en otra realidad que no es literaria, en la que el lenguaje "sólo" es un medio de comunicación que describe la misma realidad a la que se subordina. En la literatura de Flaubert el lenguaje no comunica y refleja arbitrariamente, sino ve, oye, huele y siente, forma sus propios sentidos. Hay dos opciones. O Flaubert no es realista porque no le interesa en absoluto la realidad. O es realista metafísico porque se mueve dentro de una realidad del habla vasta y abarcadora que rebasa no sólo los límites de la provincia francesa decimonónica, sino también los de la percepción sensual.

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Hoy en Vano Oficio

8.07.2007
Gustavo Flaubert y su Emma. Fuente: Salon.com


Hoy en Vano Oficio tendremos una cita con Madame Bovary, la espléndida novela de Gustave Flaubert considerada por muchos como la novela más importante del siglo XIX. La reunión contará con el apoyo del psicoanalista Luis Herrera, el joven escritor Victor Miró Quesada, el actor y comunicador Jaime Lertora y la cantante Cecilia Barraza. Como ven, un panel bastante surtido para hablar de esta mujer no necesariamente hermosa, como la ponen en la película de Chabrol, pero que definitivamente cambió la literatura.



Hoy a las 11:30 en el canal 7, TV Perú.

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