MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

La mujer interna de Abraham B. Yehoshúa

Abraham B. Yehoshúa. Foto: Joan Sánchez. Fuente: El país

Con mi grupo de lectura de los miércoles estamos leyendo Una mujer en Jerusalén de Abraham B. Yehoshúa. Para darles un contexto, busqué una entrevista al narrador israelí y encontré una que, aunque es anterior a esta novela en castellano (es del 2007 y la novela se publicó en el 2008), y se refiere especialmente a la extraordinaria La novia liberada, no deja de ser interesante su referencia a la necesidad de todo escritor hombre de buscar su mujer interior y escribir desde ahí. La pregunta cae por su propio peso: ¿Esa idea fue la que motivó la escritura de Una mujer en Jerusalén? Responde el autor sobre el carácter de las mujeres en sus novelas:

Me da gusto que haya encontrado y descubierto el carácter de las mujeres, compuestas de fuerza y entereza. Es una búsqueda en la comprensión de la relación entre la mujer y el hombre. Para el hombre, en relación con su mujer, esta funciona únicamente para satisfacer sus propios deseos. La mujer es igual al hombre, como su par. La realidad de ella en la vida es que no hay una verdadera división de trabajo, mientras que éste no se ocupa de los niños, sólo realiza acciones en función de su propia carrera profesional, sin ningún tipo de responsabilidad en la familia. Hay carencia total de igualdad. Las mujeres representan siempre su expresión de brillantez, soñadoras, de mayor fuerza, creatividad. Por lo tanto el cambio que debe darse —es mi opinión— es como el papel actuado por la diosa Shiva de la India: su insatisfacción, y eso lo podemos ver en las diosas, especialmente en las hindúes. Asimismo, en mi novela [La novia liberada] aparece Jagit, una mujer dominante, que se enfrenta a su marido y demuestra rotundamente su total falta de satisfacción. Sin embargo, hasta ahora he escrito mis novelas de acuerdo con una mirada masculina, no he logrado todavía realizar un escrito con la mirada femenina. La novela que escribo ahora está construida como una especie de dueto, y una parte es la de la mujer y la otra parte es la del hombre, son una pareja de casados. Espero lograr esa mirada femenina. (...) Debo decir, recapacitando un momento, que encontré que desde mis primeros escritos las mujeres siempre han sido representadas como representativas de una gran fuerza, a veces más, otras menos, pero las mujeres siempre son fuertes. Finalmente para un escritor hombre, es importante que busque y encuentre a la mujer que lleva adentro, como puede pensarse en lo logrado por Flaubert o Tolstoi; si llego a obtenerlo, para mí será un logro real.

Como un aparte interesante, les dejo esta respuesta referida a la literatura latinoamericana a la que califica, pese a los elogios, como "falta de moral" (me imagino que más bien se refiere a "falta de compromiso"):

Obviamente [conozco] a García Márquez, el cual escribe cosas admirables, en su estilo del realismo fantástico. De sus libros me seduce especialmente El amor en los tiempos del cólera. Conozco a Borges, el cual nos entrega esas realidades deslumbrantes, que han hecho escuela en la literatura latinoamericana. Lo que me resulta difícil de asimilar, a veces, en esa literatura, es la falta de una moral, una ética. Por lo tanto es difícil decir que haya sido atraído especialmente por ella, pero hubo libros que me otorgaron gran placer leerlos.

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7:17 a.m.

Alguien q quiera se puede unir a ese grupo o es solo para lectores voraces?    



11:39 a.m.

Hola Iván. Desde hace un tiempo leo tu blog. También empecé a leer tu novela "Un lugar llamado Oreja de Perro". Tanto tu blog como tu novela son de mucha calidad. Felicitaciones.

Te propongo algo -con mucha humildad-: interpreta las palabras de Abraham Yehoshúa tal como él las expresó: falta de moral.

No es la primera vez que escucho ese comentario. Hace un tiempo un amigo francés y una amiga chilena (sin conocerse entre sí, y en lugares y momentos distintos) me dijeron que la literatura latinoamericana era "cochina". Creo que tienen razón.

Las "mamadas de pinga", las "tetas", el "culo", la "pubis húmeda", con sus respectivos diminutivos, son lugares comunes en la literatura latinoamericana. Es como si por aquí decir esas cosas fuesen signo de intelectualidad. En realidad, muchas veces parece que los escritores latinoamericanos se sienten más seguros elaborando imágenes de masturbación que imágenes de amor. Les sale con una facilidad asombrosa (la práctica, me imagino).

Como sea, imágenes de ese tipo, descontextualizadas, resultan de muy mal gusto. Son muchas veces innecesarias, a las que Victor Hugo, Dostoievsky y otros grandes no recurrieron. Alejandro Dumas en "La Dama de las Camelias" cuenta la historia de una "mantenida" e hizo una obra maestra, sin necesidad de sexualizar el texto. Lo mismo Flaubert. Y nadie puede acusar a esos autores de cucufatos. Lo que pasa es que sabían que la excesiva atención a lo carnal menosprecia lo espiritual, en cuya profundidad encontramos lo verdaderamente humano, lo que en verdad logra una obra inmortal y universal.

Saludos    



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