MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Lo que dijo Gastón

Gastón García en Bogotá. Foto: Daniel Mordzinski. Fuente: moleskine

Ahora que reviso, con vértigo (le pediré a una amiga que me pase uno de los rivotril que, me confiesa, siempre lleva en su cartera cuando lee Moleskine para frenar la ansiedad que siente ante tantos libros que no ha leído), la lista que ha confeccionado Gustavo Faverón en Puente Aéreo de las cosas que han aparecido sobre mi novela (y faltan algunas reseñas más), veo que no está aquella nota a la que le tengo más cariño. La hizo apenas supo que quedé finalista del Herralde en su blog Barrio Chino mi amigo, el segundo cordobés que adoro (el primero, obvio, es el peluca Kempes), Gastón García, hoy dedicado a las labores de padre (por lo que ha descuidado el blog y hasta su página de FB). El primer párrafo me fascina por su referencia a la rocola y a mi adorado "géctor" Lavoe:

Vila-Matas estaba a punto de incluirlo como un Barterbly más de la literatura latinoamericana. Cuando muchos pensaban que su destino literario había tomado un perfil similar al de una rocola con puras canciones de Lavoe en un pub de mala-muertes y buenas-niñas en Bogotá, Santiago o Lima, Iván Thays puso el último punto a una novela que, hoy se anuncia, quedó finalista del Premio Herralde, cuyo premio mayor ha quedado en manos del escritor mexicano Daniel Sada, con su novela Casi nunca. Son muchos, por antagónicas razones, los que esperan esta nueva novela de Iván Thays. No sabemos si será el secreto mejor guardado o la joya peruana escondida, pero sí que hay en este escritor un punto de vista interesante, rico, bien alimentado de fantasmas y lecturas, un entrecruce de territorios y generaciones que le han determinado una posibilidad , una toma del lugar, de un espacio que le corresponde, un decir propio, que ya ha merecido este y otros reconocimientos.

Luego, coloca algunas de mis respuestas a la entrevista que me hizo para el libro de Bogotá39 (evento en que lo conocí). Las copio aquí porque, la verdad, me da nostalgia recordar las circunstancias ilusas en que las escribí hace ya un par de años. ¡Cómo pasa el tiempo, Gastón!
-¿Qué has aprendido como escritor?

-A desconfiar.

-¿Visto de cerca, cómo es un escritor?

-Un hombre con un oficio que sabe que al final, será un vano oficio. Así lo dice Cernuda en La gloria del poeta, o Flaubert citado por Julian Barnes, cuando compara al escritor con un sujeto que pretende hacer música para conmover a las estrellas y sólo consigue hacer bailar a los osos.

-¿Qué es lo peor de un escritor?

-La vanidad literaria se contrapone a la soberbia. Y las comparo con muchachas. La chica soberbia es la que sale de su casa sin mirarse en el espejo. La chica vanidosa es insegura, se arregla mil veces, nunca termina de combinar la ropa. Los escritores soberbios son aquellos que piensan que sus temas son tan imprescindibles para la humanidad, la sociedad, la vida de los demás, que simplemente escriben sin fijarse en los detalles. Los escritores vanidosos son los que acarician los detalles, como diría el fantasma de Nabokov, con quien me encuentro a veces en una torre en Elsinor.

-¿La vanidad es necesaria para negociar con el editor, para salir mejor en la foto…?

-…La vanidad es necesaria para escribir un buen libro. Cuando uno escribe un buen libro siempre sale bien en las fotos.

-”Me invitan a todos lados, pero nadie me ha leído”, ¿Qué hace un vanidoso con esa frase?

-La cuelga como lema en la cabecera de su cama. Es el mejor escenario posible para escribir en paz, sin presiones, sin rutas impuestas, sin expectativas.

-¿Cómo es el espejo de un escritor?

Hay tantos como escritores. El mío es el revés del de la madrastra de Blancanieves. Me dice lo mal que me ha salido todo, que no deje de corregir, que he fallado otra vez, que no publique nunca más, que empiece todo de cero. Y al final, al verme abatido, me dice que al final vale la pena insistir y me manda a la cama.

-¿Se animaron a leer La disciplina de la vanidad tus amigos escritores?

-Lo leyeron con técnicas detectivescas y luego me invitaron a innumerables cenas (subí 14 kilos que he demorado 7 años de silencio editorial en bajar) para preguntarme, entre el postre y el café, “¿soy yo?”

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1:23 p. m.

Hola Iván,
¿Que las circunstancias hayan sido ilusas invalida tus respuestas?

A mí me parecen interesantes,a pesar de ser no muy recientes. Quizá el proceso de crear una nueva novela te haría responder de manera distinta.    



5:01 p. m.

GRACIAS... A tu amiga por necesitar el Rivotril y a tí por comentarlo... me siento perteneciendo a la misma raza.    



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