MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Moleskine Literario en La Habana

1.22.2009
Mañana parto para La Habana... el amor de Carmela me va a matar. Fuente: elpais


Me escribe Mayra Santos Febres: "La gente no entiende, Iván- la gente cree que el Caribe es baile, sexo y ron, pero es sobretodo sal y luz. Mírala bien, corazón, entiende la luz del Caribe, como te raja los ojos al mediodía, cómo se vuelve una fruta dulce en las medias mañanas o en los atardeceres, como rebota contra los cuerpos y contra el agua. El misterio del Caribe no está en los cuerpos, está en la luz."

Sí señores, me voy a La Habana por tres días. Me encontraré ahí con amigos escritores del B39 como Alvaro Enrigue, Eduardo Halfon, Wendy Guerra. También con las inquietísimas organizadoras del Hay Festival Cristina e Izara. Y también con Daniel Mordzinski, mi queridísimo Daniel, quien estará tirando fotos -como dicen los cubanos- a diestra y siniestra en el malecón de La Habana. Y espero salir en alguna abrazado a él. Voy a La Habana a vivir este momento preciso, y también a escuchar a Bola de Nieve, a Celio González, a los soneros, a los Buena Vista, a la Dan Den, in situ. Y para pararme delante de la casa de Lezama Lima. Y para conocer a escritores cubanos (aunque lamentablemente, no podré ir el lunes a Casa de América porque mi avión parte temprano), y conocer las calles de Cuba y sacar mis propias conclusiones, para irme de rumba, para ir a un toque de tambores de Obatalá, para tomarme un Havana7 (recomendación de Barbara Graham), para leerme los opelés, y sobre todo para mirar el malecón y dejar que toda esa luz, y toda esa sal, me entre por los ojos, los oídos y los poros.

Regreso al Moleskine Literario el lunes. Y si no regreso, ya saben dónde buscarme.

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Orígenes

10.22.2007
Carátula de la mítica revista. Fuente: cubaliteraria

La edición del libro Los años de Orígenes, de Lorenzo García Vega, re-editado por la editorial argentina Bajo la Luna, le da pie al extraordinario escritor cubano Antonio José Ponte para comentar acerca de la importancia del grupo intelectual cubano alrededor de la revista Orígenes para la literatura cubana y, por ende, latinoamericana. La reseña en "La Nación".

Dice la reseña: "Quien intente leer hoy, dentro de Cuba, la literatura escrita por cubanos del exilio, tendrá que procurársela con traficantes escurridizos, pagándola a altos precios. Pues ninguna librería o biblioteca pública dispone de ella y, aunque las editoriales estatales han divulgado últimamente algún que otro libro de cubano ido (preferentemente difunto), la literatura del exilio permanece desconocida para los lectores de la Isla. Hace más de dos décadas, cuando empezaba yo a curarme de esa ignorancia, cabían dentro de la censura los nombres de José Lezama Lima y de Virgilio Piñera, sin importar que ninguno de ellos hubiese abandonado el país. En aquel panorama tampoco existían Jorge Luis Borges, Octavio Paz o Mario Vargas Llosa. Pero ningún título entre los que perseguí por las catacumbas de la ciudad se me hizo más inencontrable entonces que Los años de Orígenes , de Lorenzo García Vega (Matanzas, Cuba, 1926). Incluso viejos lectores, generosos en el préstamo de ejemplares, me disuadían de leerlo. Mejor haría en visitar otras páginas, que de aquellas escritas por García Vega se escapaban vapores mefíticos. El rencor con que habían sido perpetradas, el balance arrojado de títeres sin cabeza, desaconsejaban dedicarle tiempo. Aquel libro era obra de un desequilibrado, revancha de un escritor sin valía en quien alguna vez se encaprichara el magisterio de José Lezama Lima. Lorenzo García Vega despertaba encendidos rechazos tanto en La Habana como en Miami y en Madrid. Era el más exiliado de los exiliados. Sobre su obra pesaba, además de la censura política, la maldición de quienes alguna vez la frecuentaron. Y tantas advertencias en su contra me empujaron, claro está, a buscar lo que escribiera.

(...)

Vuelto a leer ahora en su edición argentina, Los años de Orígenes me ha permitido olvidar lo suficiente a Orígenes y a Lezama Lima como para centrarme en quien narra. Notario de Orígenes , como suele titularse él mismo, Bartebly dispuesto a hacerlo aunque no haya dado con el modo, tan fracasado como un pupilo del Instituto Benjamenta, este narrador termina convirtiéndose en una de las más apreciables cabezas de la empresa Orígenes . Hasta el punto que, obligado a elegir tan sólo un par de títulos origenistas, yo colocaría a Los años de Orígenes junto a Paradiso . (Quedan fuera poesía espléndida y ensayos excelentes. Quedan fuera los cuentos y las piezas teatrales de Virgilio Piñera. ¿Y quién me obliga a restringirme, si no un enfásis de reseñista?) "

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El final de Lezama

9.30.2007
José Lezama Lima. Fuente: Letraslibres

Tomás Eloy Martínez ha escrito un texto en el que recuerda las últimas horas de ese escritor cubano inmenso, José Lezama Lima, autor de la persistente Paradiso. El "peregrino inmóvil" lo llama. Una imagen más para alimentar el mito del lector voraz, del intrincado barroco, que vivía enfermo encerrado en su pequeño departamento de La Habana que jamás abandonó, asediado al mismo tiempo por el asma y por la fama casi incomprensible, irónica, para un autor tan hermético.

Cuenta Tomás Eloy Martínez: "Al caer la tarde llegó a la casa Roberto Fernández Retamar, el hombre fuerte de la cultura cubana. "¿Tú también vienes a verme morir?", bromeó el poeta. "No pienso darles el gusto. Hasta Fidel imagina que ya he bajado a la mansión del Hades, pero estoy en Guanabacoa, bailando una rumba en cueros". La papada se le plegaba enorme sobre el pecho. Cada tanto, el poeta se la palpaba y repetía, con la voz entrecortada: Hinchado está el mulo, valerosa hinchazón/ que le lleva a caer hinchado en el abismo. Cuando Retamar se marchó, Lezama trató de levantarse. Un desmayo fulminante lo derrumbó en la cama. El doctor Moreno se dio cuenta que ya no podía perder tiempo y que ésa era una oportunidad de providencia. La neumonía estrangulaba los pulmones del enfermo y le apagaba la vida. Los camilleros que montaban guardia intentaron llevarlo a la ambulancia pero fueron vencidos por el cuerpo descomunal del poeta. Los vecinos más fuertes del barrio acudieron a socorrerlos. Aun así, se les quedaba estancado a cada paso. Les cerraban el paso los muebles, las figuritas de porcelana, las torres de libros. Tuvieron que quitar las persianas del balcón y abrir un hueco en la mampostería porque el cuerpo afiebrado seguía hinchándose. Antes de las seis de la tarde, Lezama despertó en una cama del hospital. Lo primero que hizo fue pedir que le llevaran un flan con crema. Apenas podía respirar y, por primera vez en la vida, una sola cucharada lo sació. Cuando el poeta Cintio Vitier entró en el cuarto para darle un abrazo, Lezama le dijo que los médicos exageraban lo que era "un simple catarrito". El doctor Moreno contó que ya estaba en agonía y no se daba cuenta. Las flemas aumentaban y le enrarecían la respiración. Tuvieron que entubarlo, inyectarle más antibióticos, ponerle broncodilatadores. La abnegada María Luisa lo tenía de las manos y lloraba tragándose las lágrimas. A las dos de la mañana del lunes 9 de abril le oyó decir, con el hilo de voz que le quedaba: "Ave María, me cubre la manta negra". Tenía los ojos muy abiertos, llenos de curiosidad por el mundo que dejaba. La eternidad que había empezado con Paradiso ahora también tenía un fin.

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