MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Murió Tomás Eloy Martínez

1.31.2010

Tomás Eloy Martínez. Fuente: rubendariobuitron

El escritor argentino Tomás Eloy Martínez, ganador del Premio Alfaguara con El vuelo de la reina y figura importantísima de la literatura latinoamericana, murió hoy a los 75 años. Desde aquí le envío un fuerte, muy fuerte, abrazo y mis condolencias a Ezequiel Martínez, su hijo, a quien conocí en Bogotá39 y a quien sigo diariamente en su extraordinario blog "En Minúscula" y en la revista Ñ. Dice la nota en los cables:

El prestigioso periodista y escritor argentino Tomás Eloy Martínez, autor de novelas como “Santa Evita”, murió hoy a los 75 años tras una larga lucha contra el cáncer, según informa en su web el diario La Nación, del que era columnista. Entre sus principales novelas figuran “Santa Evita”, traducida a más de 30 idiomas, y “La novela de Perón”, basadas en las vidas del presidente argentino Juan Domingo Perón (1946-1955 y 1973-1974) y su segunda esposa, Eva Perón, en las que combinó elementos de la ficción y la realidad. Asimismo fue el autor de otras muchas novelas como “El cantor de tango”, “La mano del amo”, “El vuelo de la reina” y “Purgatorio”, la colección de relatos “Lugar común la muerte” y el relato periodístico “La pasión según Trelew”, además de escribir libretos de cine y televisión. Era asimismo columnista de los diarios “El País” de España y del “The New York Times”. Nacido en San Miguel de Tucumán en 1934, tuvo una larga trayectoria como periodista, novelista y crítico de cine, además de haber trabajado en importantes medios argentinos como el diario “Página 12” y el semanario “Primera Plana”. A su vez, fue reconocido también por su intensa actividad académica brindando conferencias y cursos en universidades de todo el mundo. Vivió exiliado en Caracas durante la última dictadura militar argentina (1976-1982). Allí se mantuvo en la actividad periodística: fue editor del periódico “El Nacional” y fundó “El Diario de Caracas”, ocupando el cargo de jefe de redacción hasta 1979. Vivió gran parte de su vida en Estados Unidos, donde dirigió el Programa de Estudios Latinoamericanos de la Rutgers University, en New Jersey, siendo profesor distinguido de la institución. En 2002 fue galardonado con el premio Alfaguara, uno de los más importantes concursos literarios en lengua castellana, por su novela “El vuelo de la reina”.

Hace unos meses, Tomás Eloy Martínez recibió el Premio a la Trayectoria Cultural de la Revista Ñ del diario Clarín. No pudo recogerlo por estar enfermo; en su lugar lo hizo el edior de la revista, Jorge Aulicino. En esa ocasión, Ezequiel Martínez, editor de Ñ, presentó el premio con una confesión entrañable:
Quisiera terminar con una confesión. Cuando era chico, jugaba a ser como él. Lo acompañaba a las redacciones donde trabajaba y lo veía tipear con devoción las teclas de su máquina de escribir. Me gustaba imitarlo cuando revisaba las pruebas de imprenta o cuando se concentraba buscando datos en algún archivo de hojas amarillentas. A veces, si le prometía silencio y compostura, me permitía escoltarlo en sus entrevistas, que luego transformaba en piezas periodísticas que parecían cuentos de ficción. Narraba la realidad con las herramientas de la imaginación. Y yo sabía que de grande quería hacer eso. Yo quería, como quieren todos los chicos, ser como mi papá."

Estoy seguro de que su Tomás Eloy estaba tan orgulloso de Ezequiel como él de su padre. A propósito de eso, pueden leer el post que ha publicado en su blog.

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Luis Harss aparece

1.31.2008
Luis Harss en su estudio, donde aún usa máquina mecánica para escribir. Foto: Melisa Verner. Fuente: adn.cultura

Luego de ser el Sumo Pontífice de la crítica literaria lainoamericana, y ser uno de los responsables del Boom Latinoamericano gracias a su libro Los nuestros, Luis Harss desapareció a principios de los 70 y no se supo más de él. Tomás Eloy Martínez lo encuentra de casualidad y le hace una entrevista donde recuerda, entre otras cosas, aquel grupo que se llamaba a sí mismos (con una ironía que sería mal vista en los anónimos blogs contemporáneos) La Mafia y que cambió para siempre la literatura en nuestro idioma.

Dice Harss sobre el inicio de Los nuestros: "Existía la Mafia, como Fuentes, Cortázar y Vargas Llosa llamaban a su grupo de amigos; era una especie de trenza de escritores dispersos por México, París, Buenos Aires. Se leían los unos a los otros, y se admiraban. ...sa era la nueva novela latinoamericana de aquellos años. En realidad, antes no había existido en el nivel continental, como sí sucedió con los poetas. Toda esta gente vivía en el idioma más que en el país. Los unía la idea de que su país común era el idioma español, y ese idioma era un artefacto arcaico y rechinante que necesitaba ser revivido y renovado, reclamaba desesperadamente una transfusión de sangre y de vida. La Mafia, entonces. La primera punta de ese ovillo que conocí fue Cortázar. Cortázar me dijo: "¿Sabés que hay otro tipo, acá a la vuelta, que se llama Mario Vargas Llosa? Ha publicado un solo libro, no es muy conocido todavía, pero es un excelente escritor. Te lo recomiendo". Lo encontré en un cuartito oscuro y allí me senté con él ante un grabador. Y así con los otros. Los llamaba por teléfono o me presentaba en su casa, llamaba a la puerta, y decía: "Me dicen que has publicado una novela muy buena" Algunos de ellos me tuvieron que prestar sus libros. Así los fui conociendo. (...) Los autores mismos me fueron llevando de uno a otro. Cortázar, sí, me dio el envión y me aportó su criterio. Antes de escribir el capítulo sobre él, leí Rayuela y todos los cuentos que había publicado hasta ese momento. Le entregué mi texto y él hizo varias marcas. Me decía "acá está mal" o "no es así". El capítulo sobre Cortázar es el más confuso de mi libro, porque es el que escribí más a tientas. Pero desde otro punto de vista es el más completo porque tuvo la amabilidad de aclararme cada cosa que yo no entendía. De ahí pasé a Vargas Llosa, y a los demás.

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Feria del libro en Santiago

10.24.2007
Gonzalo Rojas inauguró la FILSA. Fuente: hipogrifos

Ayer en la noche, con la presencia de la Presidenta de Chile Michelle Bachelet (¿algún día un Presidente de Perú inaugurará una FIL Lima?) y del poeta Gonzalo Rojas, quien este año es víctima de homenajes múltiples por sus 90 años, se inauguró la Feria Internacioal del Libro de Santiago de Chile. Este año tendrá como País Invitado de Honor a Brasil. Alvaro Matus escribe en "Revista de Libros" un comentario urgente sobre la desconocida literatura brasileña. Y en El Mercurio hoy hacen una relación de stands y qué pueden encontrar en cada uno de ellos. Mientra tanto, en el periódico "Milenio" comentan algo más sobre los temas que se tratarán en la FIL Santiago (FILSA) en la que Perú participó el año pasado como País Invitado de Honor. Esta vez tres peruanos irán a la feria: Carlos Germán Belli, Julio Ortega y Daniel Alarcón. Les dejo también la página oficial de la FILSA.

Dice la nota de "Milenio": "Como un preludio de los 120 años de la primera edición de “Azul” de Rubén Darío, la pregunta por la identidad latinoamericana atravesará todo el debate de la Feria Chilena del Libro que este año congregará a pensadores como Tomás Eloy Martínez, Ernesto Cardenal y Augusto Boal. El evento, que abre este miércoles sus puertas al público, estará centrado también en la creación brasileña, pero sin dejar de lado el debate inacabable entre vanguardia, identidad y conflicto social. Desde estudios sobre la intertextualidad en los libros del escritor Roberto Bolaño hasta ensayos sobre lo horroroso maravilloso en el surgimiento de la literatura latinoamericana coparán las discusiones que irónicamente se efectuarán en una estación de trenes abandonada. Recitales de poetas indígenas, análisis sobre la literatura amazónica, libros sobre idealismo y homosexualidad, además de debates sobre digitalización editorial marcarán el evento, que cierra el 4 de noviembre. La reunión servirá además como una instancia de discusión política, desde donde políticos, intelectuales y editoriales debatirán sobre la definición de iniciativas regionales para impulsar tanto la creación como la lectura.

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El final de Lezama

9.30.2007
José Lezama Lima. Fuente: Letraslibres

Tomás Eloy Martínez ha escrito un texto en el que recuerda las últimas horas de ese escritor cubano inmenso, José Lezama Lima, autor de la persistente Paradiso. El "peregrino inmóvil" lo llama. Una imagen más para alimentar el mito del lector voraz, del intrincado barroco, que vivía enfermo encerrado en su pequeño departamento de La Habana que jamás abandonó, asediado al mismo tiempo por el asma y por la fama casi incomprensible, irónica, para un autor tan hermético.

Cuenta Tomás Eloy Martínez: "Al caer la tarde llegó a la casa Roberto Fernández Retamar, el hombre fuerte de la cultura cubana. "¿Tú también vienes a verme morir?", bromeó el poeta. "No pienso darles el gusto. Hasta Fidel imagina que ya he bajado a la mansión del Hades, pero estoy en Guanabacoa, bailando una rumba en cueros". La papada se le plegaba enorme sobre el pecho. Cada tanto, el poeta se la palpaba y repetía, con la voz entrecortada: Hinchado está el mulo, valerosa hinchazón/ que le lleva a caer hinchado en el abismo. Cuando Retamar se marchó, Lezama trató de levantarse. Un desmayo fulminante lo derrumbó en la cama. El doctor Moreno se dio cuenta que ya no podía perder tiempo y que ésa era una oportunidad de providencia. La neumonía estrangulaba los pulmones del enfermo y le apagaba la vida. Los camilleros que montaban guardia intentaron llevarlo a la ambulancia pero fueron vencidos por el cuerpo descomunal del poeta. Los vecinos más fuertes del barrio acudieron a socorrerlos. Aun así, se les quedaba estancado a cada paso. Les cerraban el paso los muebles, las figuritas de porcelana, las torres de libros. Tuvieron que quitar las persianas del balcón y abrir un hueco en la mampostería porque el cuerpo afiebrado seguía hinchándose. Antes de las seis de la tarde, Lezama despertó en una cama del hospital. Lo primero que hizo fue pedir que le llevaran un flan con crema. Apenas podía respirar y, por primera vez en la vida, una sola cucharada lo sació. Cuando el poeta Cintio Vitier entró en el cuarto para darle un abrazo, Lezama le dijo que los médicos exageraban lo que era "un simple catarrito". El doctor Moreno contó que ya estaba en agonía y no se daba cuenta. Las flemas aumentaban y le enrarecían la respiración. Tuvieron que entubarlo, inyectarle más antibióticos, ponerle broncodilatadores. La abnegada María Luisa lo tenía de las manos y lloraba tragándose las lágrimas. A las dos de la mañana del lunes 9 de abril le oyó decir, con el hilo de voz que le quedaba: "Ave María, me cubre la manta negra". Tenía los ojos muy abiertos, llenos de curiosidad por el mundo que dejaba. La eternidad que había empezado con Paradiso ahora también tenía un fin.

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Auster y Eloy Martínez

8.12.2007
Paul Auster y Tomás Eloy Martínez. Fuente: ADN Cultural

Gracias a una lectora de Moleskine Literario, me entero de que el diario La Nación acaba de presentar un nuevo suplemento cultural ADN Cultura. Ahí aparecen algunas columnas (hay una de Fito Paéz y otra de Stepheng King), una sección de rumores llamada "Gritos y Susurros" y también algunas reseñas. Pero el plato de fondo es una extensa conversación entre Tomás Eloy Martínez y Paul Auster en la casa de este último, y más precisamente en el jardín que ya conocimos por la conversa entre Auster y Vila Matas. Una relación de amistad intermitente que surgió en 1991, cuando Martínez supo que a Auster le había gustado una novela suya y decidió visitarlo. En la entrevista hablan de las traducciones (Auster se queja de lo poco traducido que está al inglés Vila Matas), de Roberto Bolaño (a quien Auster y Tomás Eloy Martínez consideran sobrevalorado), de Grossman, de lo mucho que se leen las novelas de Auster en América Latina, sobre editores metiches, sobre la ficción, sobre los horarios para escribir, sobre Argentina, EEUU y la dictadura, sobre el PEN Club, sobre Cevantes y El Quijote, sobre Borges (a quien Auster llama un "genio menor"), sobre el azas; en fin, lean la entrevista que está divertida.

Dice Auster: " De los gigantes de la literatura del siglo XX, los tres nombres que siempre se mencionan, Marcel Proust, James Joyce y Kafka, creo que Kafka es mi preferido. Amo a Proust y a Joyce, pero creo que Kafka va más profundo que ellos. Proust, tan electrizante, articuló los sentimientos humanos como ningún escritor había podido hacerlo antes. Tuvo la paciencia y la perspicacia para ir hasta el fondo y explorar estas emociones, estos pensamientos que todos tenemos. Eso lo hace grande. En el caso de Joyce, creo que es la música. No sé si hubo alguien, en inglés, que tuviera un oído mejor que ese hombre. Para mí, los cuatro grandes oídos son William Shakespeare, Dickens, Joyce y Beckett. Solo por la música de sus lenguajes. Hay otros grandes prosistas en inglés, como Sir Thomas Browne en el siglo XVII; también el poeta John Milton fue un gran prosista: algunos de sus ensayos son extraordinarios. Milton escribió en su ensayo Areopagítica : "Y fue del sabor de una cáscara de manzana que el conocimiento del bien y del mal, unidos como dos gemelos, entraron al mundo".

Tomás Eloy Martínez declara que es escritor por azar, y Auster responde: "Creo que todos los escritores lo somos por azar. Es algo con lo que nos tropezamos. Creo que probablemente comienza cuando uno es pequeño y comienza a leer. Ese es el comienzo: la pasión por los libros. Y luego uno empieza a decirse a sí mismo: "Mmm, creo que a mí también me gustaría hacer esto de escribir". También creo que todos los escritores están un poquito locos, un poquito enfermos, un poquito dañados, porque el mundo no es suficiente para nosotros y tenemos que hacer mundos diferentes. Una persona realmente sana estaría feliz con la realidad, con la vida cotidiana. Pero nosotros no lo estamos. Andrei Tarkovsky, el cineasta ruso, dijo: "Los hombres son artistas porque la vida no es perfecta".

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40 años

5.30.2007
La celebración de una novela extraordinaria. Fuente: La Nación.

Hoy se cumplen, exactamente, 40 años de la publicación de Cien años de soledad, la novela de Gabriel García Márquez que cambiaría para siempre la literatura latinoamericana. El autor lo celebrará de una manera bien macondiana: llegando en un tren lleno de personalidades a su natal Aracataca. Mientras tanto, los homenajes se sumas. Antes he comentado los artículos que José Miguel Oviedo ha escrito sobre la novela en "La República" (el único medio peruano que levantó la fecha). Ahora, les ofrezco un artículo aún más rememorativo, escrito por el argentino Tomás Eloy Martínez para "La Nación", donde cuenta con lujo de detalles cómo fue ese acontencimiento alucinante y cómo pasó Gabo, de una semana a otra, de ser un desconocido ilustre a una ilustre celebridad. A los que, como yo, son fanáticos de los souvenirs literarios les recomiendo que lo lean con paciencia y con algo para picar y beber, es decir disfrútenlo, que está genial. Les dejó un adelanto:

El lunes 20 de agosto de hace cuarenta años, cuando llegué al hotel para llevar a García Márquez a la redacción de Primera Plana , donde lo esperaban cincuenta ejemplares de su novela para autografiar, noté que Mercedes estaba incómoda y le pregunté qué le pasaba.
-Nada -dijo-. Ya he usado toda la ropa que traje. Cuando vuelva a Bogotá tendré que comprarme algo.
-¿Por qué no compras acá? -le sugerí-. Es agosto y en todas partes hay liquidaciones de saldos.
-No creo que nos alcance el efectivo que trajimos.
Tanto ella como su marido son extremadamente pudorosos con el dinero. García Márquez no tenía un centavo para comer cuando vivía en París y estaba escribiendo La mala hora . Los amigos le ofrecían préstamos que él siempre rechazaba. Ese código familiar enaltece aún más los malabarismos que hizo Mercedes para mantener la casa sin acudir a nadie durante los dieciocho meses que duró la escritura de Cien años . Pero aquella tarde del día lunes 20 la situación era distinta.
-La novela lleva vendidos ya once mil ejemplares -dije-. Al autor le corresponden unos setenta mil pesos. Podemos pedirle a la editorial que adelante parte de esa suma.
Era una cifra enorme, más de veinticinco mil dólares. Desde el vestíbulo del hotel hablé por teléfono con el presidente de Sudamericana, Antonio López Llausás, y le expliqué lo que pasaba. -La novela sigue vendiéndose sin parar -me dijo-. Nunca hemos hecho antes un pago anticipado como éste. Dígale a García Márquez que mañana, apenas abran los bancos, le llevaré personalmente treinta mil pesos y dos o tres mil dólares.
Subí a contárselo a Gabriel. Lo hice con discreción, para no afrontar el enojo de Mercedes.
-Dile que me lo traiga en billetes pequeños -se obstinó el autor.
-¿Para qué pequeños?
-Nomás eso dile. Billetes de cien y de cincuenta pesos, dólares de veinte y de diez.
-Es un bulto enorme -observé-. López Llausás tendrá que pedir ayuda.
A la mañana siguiente, el presidente de Sudamericana y un asistente llegaron al hotel con dos maletines repletos.
-Hágame el favor, don Antonio -dijo García Márquez-. ¿Puede arrojar todos los billetes sobre la cama?
Se formó una parva alta de varios colores. Si alguien abría las ventanas, los papeles podían salir volando. El escritor tomó un puñado, seis a ocho mil pesos, lo puso sobre la bandeja del desayuno, retiró una rosa del florero y, con una reverencia, se lo ofreció a Mercedes.
-Para que te compres toda la ropa que quieras - dijo-. Si ves algo que te gusta y no puedes pagarlo, vuelve para decírmelo. Puedo escribir otra novela, y ésa va a ser mejor que Cien años de soledad .

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