MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Granta 100

1.04.2008
Carátula de la revista de aniversario. Fuente: granta

La importantísima revista Granta llega a su número 100 y lo celebra convocando a una enorme cantidad de estrelles literarias caseritas, empezando por William Boyd como editor invitado y con autores como Mario Vargas Llosa, Harold Pinter, Hanuf Kureishi, McEwan, Amis, Doris Lessing, Rushdie, Nicholas Shakespeare, Julian Barnes, AM Homes, etc. Aunándose a la celebración, en The Guardian le brindan un homenaje, a cargo de Simon Garfield, recordando las idas y venidas de la revista y en especial de su fundador, Bill Buford. ¡Atención, editores de futuras revistas de arte y cultura! Aquí está el verdadero modelo.

Buford then performed a clever trick. For Issue 7 he seized upon an initiative of the Book Marketing Council to promote the Best of Young British Novelists, and a whole new publishing gimmick was born. The list included Amis, McEwan, Julian Barnes, Kazuo Ishiguro and Pat Barker. This list was repeated a decade later in 1993 (Alan Hollinghurst, Hanif Kureishi and Esther Freud) and 2003 (Zadie Smith, Nicola Barker and David Mitchell), and worked for young American writers as well. To be on this first roster in 1983 promised a certain amount of attention, not least as it was the first Granta to be distributed by Penguin. Adam Mars-Jones, who holds the unique position of being on the list in 1983 and 1993 despite never producing a novel, believes it kept his literary ambitions alive. 'It certainly helped me stay marginally above freezing point,' he says. 'It extended your sell-by date.' But for all the noise surrounding the BOYBN list in 1983, it was the subsequent issues that defined new tastes. 'Dirty Realism' was a phrase that no American writer recognised until Buford invented it as another marketing ploy, grouping a previously unrelated group of writers - for issue 8 - under this meaningless title. Richard Ford recently acknowledged its importance in bringing him and other contributors - including Raymond Carver and Tobias Wolff - an eager new readership. The next issue, with John Berger and Gabriel Garcia Marquez, was hailed by the Guardian as 'a cause for congratulation,' and another cause followed a few months later - the first issue devoted to travel writing. This featured almost all the names we now regard as the masters of the genre, most of them in some absurd and compelling situation of their own making: Redmond O'Hanlon, Bruce Chatwin, James Fenton, Jonathan Raban, Martha Gellhorn, Paul Theroux and Norman Lewis. Buford regards this edition as the culmination of all he was striving for in the first three years. Or as he puts it: 'Finally I fucking did it.' What he did was shift Granta on to the axis we recognise today, as a home for long-form narrative non-fiction. The influence of the travel writing issue far exceeded its sales, which remained in the low thousands in the first few years, and only took off when Buford grasped the value of selling the magazine in the United States (although to some extent Granta's influence on both readers and writers has remained greater than its commercial success; it has always tended to sell to an influential literary elite, less snobbish than the maligned Hampstead set but perhaps no less self-contained). One mail-shot had an immediate impact. Those who received it remember an envelope with the words, 'Interested in a small magazine about writers and writing? Then throw away this envelope! Because Granta is a magazine that hates literature...'

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Bill Buford cocinero

12.16.2007
Bill Buford. Fuente: planeta deportivo

Como mencioné en un post anterior, me encantó Calor de Bill Buford y se los recomiendo con mucho entusiasmo. Y eso que yo no soy de aquellos que contestarían "Gastón Acurio" a la pregunta "Quién es el peruano del año" ni de los que van persiguiendo huariques. Pero el libro de Buford es mucho más que eso: es un libro de aprendizaje, un libro sobre el arte de ser discípulo. Se trata de un periodista célebre (editor de Granta y de The New Yorker, ése es su vuelo) que decide meterse en la cocina de un cocinero de TV muy famoso, Mario Batali, y aprender desde abajo: cortando zanahorias. Quienes han leído Entre vándalos pensarán que es lo mismo, que si se metió entre hooligans para describirlo ahora se metió entre chefs de alta cocina. Pero se equivocan: esta experiencia es transformadora para Buford. En "Letras libres", Diego Salazar comenta Calor y recomienda -algo que también se me pasó por la cabeza mientras lo leía- leerlo y ver paralelamente Ratatouille. Y en "Babelia" este fin de semana aparece una breve entrevista.

Dice la nota: "En total, 457 páginas en las que este prestigioso editor literario de prensa destripa sus avatares como esclavo no remunerado en aquella cocina; se adentra en los recetarios del Renacimiento italiano; cruza el Atlántico para aprender a hacer pasta a mano; va de cacería con el mítico chef británico Marco Pierre White, y descubre los secretos de un insigne carnicero toscano. El diario de una locura gastronómica que duró dos años. Una fiebre, un delirio glotón, que le llevó a abandonar su oficina y su trabajo en la revista The New Yorker para intentar, entre otras cosas, descubrir la introducción del huevo en la composición de la pasta. "Me fascinó el pathos del interior de Italia. Tardé año y medio en acabar de escribir el libro. La estructura se basa en mi experiencia, un tanto extraña, desde la ebullición de la cocina hasta mi convalidación en Italia. Ahora soy una persona distinta", explica, agarrado a un café en vaso de plástico. Parece que la pantagruélica cena de anteanoche, con 16 platos y varios litros de vino de por medio aún le está pasando factura. "Aprendes a comer. No hay que acabar cada plato, pero el vino siempre es lo que falla, es difícil no bebértelo todo", se excusa.

(...) En la cocina de Batali pronto olvidaron que el patoso aprendiz escondía una pluma. Sudaba la gota gorda como todos, pero cada noche al volver a casa tomaba notas. En Calor describe a sus compañeros con afilado esmero y mucho humor. "Así es como quieren ser retratados, como dementes y paranoicos", bromea. Las escenas "al límite de lo higiénico" se suceden: los platos cocinados por la mañana se apilan cubiertos en el suelo, la carne literalmente se besa para saber si está en su punto, la basura puede ser un filón para la inspiración. "Es una situación delicada, más acceso implica más confianza. No hay reglas, pero sabes que todo el material que tienes no lo puedes usar", confiesa. En los ochenta, Buford ya dio muestras del impetuoso temperamento que esconde tras su amable sonrisa. Durante casi una década compaginó su trabajo como editor en la mítica revista literaria Granta con la inmersión en el universo hooligan británico. Entre los vándalos, su primer libro, documenta aquella experiencia. "Nadie había estado cerca de ellos y me metí. En el caso de la cocina, sí se habían escrito cosas, pero eran un poco planas".Buford define a los habitantes de las cocinas como adictos a la adrenalina. "Muchos de los grandes padecen ADD (Attention Deficit Disorder) o dislexia. Marco Pierre White es un caso extremo de esto. A los cocineros les estimula la situación límite". Se refiere con admiración a los chefs. "Ellos pueden hablar abstractamente de comida, de determinados sabores y descifrar cuáles van ligados. Y empiezan a jugar, como Ferran Adrià. Si hay un artista, ése es él". ¿Es un arte la cocina? "Definitivamente, es alta cultura". Hace tiempo que abandonó la zona de alta presión de los restaurantes. Ahora Buford trabaja en una oficina que The New Yorker tiene para sus escritores. Cuenta que cocina de acuerdo con las estaciones. "No me quiero poner verde como Al Gore, pero creo en la integridad de la tierra. Si sabes de dónde viene la comida, participas en la naturaleza y en la felicidad". De camino al mercado de Union Square, define la pasta como un plato "reflexivo". Frente a los puestos de hortalizas recupera la vitalidad voraz. "Tengo una personalidad un tanto esquizofrénica. Me deprimo si no cocino y me siento bajo de moral si no escribo".

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Novedades Anagrama

8.02.2007
Bill Buford, su libro Heat pronto será editado por Anagrama. Fuente: nytimes.com

¿Se acuerdan de Heat, el libro de Bill Buford que fue sometido a un intento de cocinarlo? Pues ahora lo tendremos en versión castellana gracias a Anagrama. Se están acabando ya las vacaciones de verano y las principales editoriales empiezan a mostrar su segundo aire, las novedades hacia fin de año. Hoy me llegó el boletín de Anagrama y, además del mencionado Buford, encuentro cosas interesantes como el nuevo libro de cuentos de Enrique Vila Matas, una reedición de Prisión perpétua de Ricardo Piglia y lo nuevo de Claudio Magris, Paul Auster y un rescate de Sebald. Cito en extenso las palabras de Jorge Herralde que tiene la buena costumbre (ojalá seguida por otros editores) de presentar brevemente sus novedades.

PD.- Quiero agradecer a la oficina de prensa de Anagrama por mencionar nuevamente, entre sus fuentes, a este Moleskine Literario. Ahora comentan la encuesta que eligió a Mario Bellatin como el autor que la mayoría de votantes quiere "introducir en una máquina del tiempo, bajarle la edad y permitirle participar en el encuentro Bogotá 39"

Dice Herralde: "En «Panorama de narrativas», el primer título propuesto es La interpretación del asesinato de Jed Rubenfeld, un impresionante debut narrativo a partir de las peripecias de Sigmund Freud en Nueva York a principios del siglo XX: una novela calificada de «policíaca, histórica y shakespeariana», y de lectura compulsiva, que ha sido un extraordinario bestseller en el mundo anglosajón y ha recibido las más entusiastas críticas. Nos encontramos de nuevo con Paul Auster a través del guión de La vida interior de Martin Frost, cuya versión cinematográfica ha dirigido el propio escritor y que presentará en septiembre en el Festival de San Sebastián. Claudio Magris nos ofrece en Así que Usted comprenderá un breve, bellísimo y magistral monólogo: resucita el célebre mito órfico, dándole la palabra a Eurídice. La más exigente literatura alemana comparece por partida doble: por una parte, Campo Santo, un volumen póstumo de W. G. Sebald, a modo de emocionante despedida de uno de los grandes escritores de nuestro tiempo; por otra, El hueco que deja el diablo: doscientas narraciones de Alexander Kluge, tan reconocido por Susan Sontag y el propio Sebald, que es la presentación española de un exigente y extraordinario escritor y cineasta. Bill Buford, quien fue director de Granta en su mítica etapa de los 80, después director de ficción del New Yorker y entretanto autor de Entre los vándalos (CR 25), un reportaje sobre el fútbol y sus hooligans, nos presenta ahora un libro extraordinario, Calor, donde nos narra sus obsesivas, hilarantes y vívidas experiencias como aprendiz de cocinero, tras conocer al gran chef Mario Batali. El joven escritor y cineasta Samuel Benchetrit, de quien se ha dicho que «es a la literatura lo que los Sex Pistols al rock», nos ofrece Crónicas del asfalto, un seductor texto autobiográfico.

En «Narrativas hispánicas» la propuesta de este bimestre no es menos excepcional. Enrique Vila-Matas regresa al cuento, con acierto extraordinario, con Exploradores del abismo, que considera que es «mi libro más genuino». Crematorio, de Rafael Chirbes, es su libro más ambicioso y conseguido, de una sabiduría y radicalidad estremecedoras. Belén Gopegui prosigue, en solitario, con El padre de Blancanieves, un proyecto narrativo, político y moral sin precedentes en nuestras letras. Continuamos con la publicación de la ópera omnia del gran escritor argentino Ricardo Piglia, en edición definitiva: ahora es el turno de Prisión perpetua. También seguimos, con la novela Malacara, con el descenso a los mexicanos infiernos de Guillermo Fadanelli. Y recuperamos en esta colección el primer libro de Sergi Pàmies, Debería caérsete la cara de vergüenza, muy reciente aún su gran éxito con Si te comes un limón sin hacer muecas (NH 409).

En «Argumentos», Daniel Cassany, que escribió hace unos años un libro de obligada referencia, La cocina de la escritura (A 162), se dirige ahora a los más iniciados con Afilar el lapicero. Iñaki Esteban, en El efecto Guggenheim, escudriña en la idea de museo y sus propósitos actuales a partir del célebre museo Guggenheim de Bilbao. Con El cristianismo hedonista, el segundo tomo de su Contrahistoria de la filosofía que se inició con Las sabidurías de la antigüedad A (361), Michel Onfray reivindica el hedonismo y «da la voz a los sin voz de la filosofía» (Stéphane Floccari). En «Crónicas» se recogen las últimas conferencias del gran Ryszard Kapuscinski con el título Encuentro con el Otro, seis textos esenciales sobre las interrogaciones contemporáneas. En «Compactos» tenemos dos novelas mayores: de Enrique Vila-Matas, El mal de Montano, y de Belén Gopegui, La conquista del aire. Asimismo, coincidiendo con la Feria de Frankfurt, cuyo invitado de honor es la cultura catalana, aparecerán en esta colección siete títulos de autores catalanes que hemos traducido al castellano a lo largo de las últimas décadas: Ruleta rusa y otros cuentos de Pere Calders, Camino de sirga de Jesús Moncada, Primaveras y otoños de Baltasar Porcel, El Jardín de los Siete Crepúsculos de Miquel de Palol, El último libro de Sergi Pàmies de Sergi Pàmies, La magnitud de la tragedia y El mejor de los mundos de Quim Monzó. Con estos siete títulos y dos más de Quim Monzó, publicados recientemente en dicha colección, El porqué de las cosas y Ochenta y seis cuentos, haremos una promoción especial con el rótulo «Biblioteca catalana en versión castellana» para apoyar la difusión de tan valiosas y variadas obras de la literatura catalana contemporánea. Asimismo he redactado un librito, que se publicará en edición no venal, Autores catalanes traducidos al castellano. Una experiencia editorial 1971-2007, situando la publicación de 61 títulos en versión castellana desde casi los inicios de la editorial.

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Cocina literaria

7.11.2007
Antes y después de la cocción: no muy apetitoso. Fuente: New York Ent.

Juro que nunca más usaré palabras como "apetitoso", "suculento" o "delicioso" para referirme a los libros. Un fiasco. Resulta que una publicidad que ofrecía el libro Heat de Bill Buford (el fundador de Granta y editor de New Yorker) como "imposible de manchar y resistente al agua" (el libro es un reportaje sobre la cocina de un chef, Mario Batali, en Toscana) dio origen a una broma -muy poco ingeniosa y hasta antipática, por cierto- de la revista "New York". Quisieron probar si realmente era waterproof y decidieron cocinar (¿?) el libro. La visión no es muy apetitosa. Me entero del caso en el siempre interesante blog de Jean Francois Foguel.
Cuenta Foguel: "la revista New York (...) pidió a un chef cocinar Heat, el libro de Bill Buford. El método elegido es un paso rápido por un sartén con aceite, vino y salsa Tabasco. Las fotografías muestran un resultado definitivo: así se verifica que un libro no se puede comparar con chipirones. Es mejor comer el libro crudo, con los ojos, y pasar a los chipirones por el sartén, antes de comerlos con la boca."

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