MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

El año Copi

12.15.2009
Copi, escritor y caricaturista. Fuente: magicasruinas

Señoras y señores, uds. que están atentos siempre a las novedades. Ya fue César Aira. Ya fue Marosa di Giorgio. Ya fue Mario Levrero. Ahora se viene el Año Copi. Anagrama editará en marzo, en un solo tomo, todas las obras narrativas de ese "argentino de París", como lo llama el editor en sus recientes memorias El optimismo de la voluntad (FCE), dentro de su ciclo Los 40 de Anagrama editados por Página12 a solo 9 pesos por libro. Por otra parte, la editorial argentina El cuenco de plata ha recuperado una novela -no sin líos con los herederos, que la consideran una "obra menor"- nunca antes editada en castellano (Copi escribía originalmente en francés) titulada La ciudad de las ratas (1979) y se viene una próxima publicación: La guerra de los putos. En el diario Clarín, Diego Manso escribe un extenso documento biográfico de Copi al que califica como "El hombre del subsuelo". Nacido en 1939, muerto en 1987. Un autor tan blanco "que parecía un copito de nieve", apenas conocido en Argentina por las ediciones de Anagrama, con obras dramáticas prohibidas por el peronismo, admirado por autores de culto como César Aira o Enrique Vila Matas, muerto por el VIH. Dice Manso:


César Aira escribe que Copi es el autor que la escena gay necesitó "para volverse drama, novela, mundo; para volverse alma, mónada; para expresar 'el mejor de los mundos posibles', el mejor por ser real". De El baile de la locas, su obra maestra, son algunas de las escenas de amor entre dos hombres más bellas, y por eso revulsivas, que se han escrito jamás; sin embargo, la homosexualidad nunca deviene tema específico, en tanto se la presenta como opción de un universo plurisexual, en crisis de identidad constante, donde las diferencias entre los sexos son zonas de blureado, degradé infinito donde los cuerpos asumen complejas instancias de representación. "Yo no tengo mundo homosexual, nadie tiene mundo homosexual", proclamaba Copi. "Existe en el cuadro de Villa Devoto, a ese nivel sí existe porque en el cuadro de al lado son homosexuales, en el otro son heterosexuales, en el otro son animales; del otro lado son políticos. Pero es una separación arbitraria del sistema carcelario argentino; si no, toda esa gente estaría junta y sería igual". En esa línea, su versión de Evita es la de una timadora profesional en clave travesti que, para huir de su madre y de Perón, se inventa un cáncer e intercambia identidad con su enfermera, a la que al rato asesinará en contubernio con su dama de compañía, para escapar definitivamente del panteón populista que la aguarda. Susana Rosano explica que la Eva Perón de Copi "parece postular que la representación de la mujer es una mentira" mientras se abre "a la posibilidad permanente de que las cosas no sean lo que parecen, o que parezcan otra cosa diferente de lo que son, lo femenino se encuentra sobreactuado en el travestismo", como también sucede En el baile..., donde el amante latino del Copi-narrador (portador de un ombligo capaz de recibir penetraciones de toda laya) se somete a cien mil afeites y manipulaciones para devenir mujer y procrear con una mujer. A La ciudad de las ratas le seguirá, en marzo, una nueva traducción de La guerra de los putos y, más adelante, un volumen recopilatorio de piezas teatrales hasta hoy inéditas en español. Con eso, se dará por cerrado el corpus de Copi en nuestro idioma, a no ser que la familia Damonte Botana cuente todavía con algún texto inédito. Bonito momento, entonces, para que Copi salga a pasear un rato fuera de la carrera de Letras; sus nuevos lectores se encontrarán con ese "realismo de la felicidad" que postuló Aira, "del cual el arte es garantía". Eso sí, a no engañarse, ¿quién dijo que la felicidad es un hermoso futón donde reposar sin sufrir escarnio alguno?

Por su parte, para el suplemento Ñ, reproducido en su blog, Daniel Link dice expléndidamente sobre Copi:

Por muchas razones, La ciudad de las ratas, la novela de Copi que Edgardo Russo acaba de arrancar del olvido en la que se la tenía para la editorial El Cuenco de Plata, es una pieza decisiva para comprender ese rompecabezas llamado Copi y, sobre todo, el enigma argentino. La novela es un largo relato epistolar enviado por Gouri a su maestro Copi, convalesciente, informándole de sus peripecias ratoniles, acompañado de su amigo Rakä (rajá, gurí: no puede haber un juego de lenguaje más argentino y, por lo tanto, una forma de vida más autóctona que la que presenta La ciudad de las ratas). Rakä, que conoce “mejor el mundo y sus costumbres” que el sabio Copi, le ha descripto en detalle a Gouri “las cataratas del Iguazú, el estrecho de Magallanes y el delta del Amazonas, que son, como todos sabemos, las tres maravillas naturales de este mundo”. En la perspectiva de esa rata de París, Argentina es un intervalo geográfico comprendido entre dos de las maravillas naturales del mundo.
Toda la obra de Copi no hace sino desarrollar hasta la exasperación ese carácter natural-maravilloso que le viene de acá. Además, tratándose de un relato contado por una rata y que tiene a las ratas como protagonistas absolutas de esa ciudad de un universo paralelo, la novela introduce un tema que asoma aquí y allí en el teatro de Copi (Loretta Strong, La torre de la defensa) como postulación de una radical colocación respecto de esos otros absolutos que son las ratas en nuestra cultura (en la mitología hindú, por el contrario, la rata es el vehículo del dios-elefante Ganesha y en el horóscopo chino, se sabe, las características de la rata son la creatividad, la honestidad, la generosidad, la ambición, el despilfarro, la fertilidad, todos los rasgos que se podrían aplicar sin titubeo a la imaginación de Copi). Copi sabe que la rata es la víctima privilegiada de las fantasías de exterminio de los seres humanos, un “otro” radical respecto del cual se sostienen las más extravagantes hipótesis para justificar el maltrato, la segregación, la matanza y la algarabía por la destrucción del otro, y por eso las elige como voz y como tema. En La ciudad de las ratas, Copi hace que los roedores visiten al Dios de los hombres en la Sainte-Chapelle, quien, arrepentido por haber dejado libres a los seres humanos tras la expulsión del Paraíso, no puede ayudarlos. La capilla explota, el Dios de los hombres asciende a los cielos y el Diablo de las ratas, que ocupa su lugar, les ordena fundar una ciudad donde puedan convivir en paz ambas especies. Las ratas, revolucionarias como la obra de Copi, liberan a los presos y organizan una orgía en la que personas y ratas toman parte por igual.
Por supuesto, no se trata de una novela fácil de normalizar y tal vez eso explique la reticencia de los herederos de Copi para darla a traducir: las ratas representan un umbral más allá del cual no parece haber más escándalo (asco, o terror) posible. El genio de Copi siempre fue consciente de esos umbrales, que cruzó sin titubeo alguno, porque le interesaba desencadenar una antropología radicalmente nueva. Muchos fans de Copi piensan que la literatura de Aira, esa incandescencia natural-maravillosa argentina, no es sino “Copi pasteurizado”. Invirtiendo el aserto, podría decirse que La ciudad de las ratas no es sino “Aira sin pasteurizar”, un llamamiento a la reconstrucción del mundo, la cruzada de las ratas.

Así que, muchachos, mientras esperamos estas reediciones vayamos a buscar en las librerías de viejo, en los cajones de saldo, y en todo sitio donde se venden libros por kilo, las obras de Copi editadas por Anagrama que están regadas por ahí. Y si el próximo año les hablan de Copi y ponen cara de que no lo conocen, no le echen la culpa a su querido Moleskine, por si acaso.

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Diego Meret: autorretrato con libros

9.15.2009
Diego Meret. Foto: Los Hechizados

Según la sección "Gritos y susurros" del suplemento ADN Cultura, en la presentación de En la Pausa de Daniel Meret (ganador del Primer Premio Indio Rico de Autobiografía) Alan Pauls anunció: "Estamos ante la inauguración de un nuevo género". Para llegar a este punto, debemos retroceder un poco en la historia. Sucede que en el 2007, Diego Meret quedó finalista del premio Indio Rico de novela con La ira del Curupí. El día de la premiación, se anunció que el próximo concurso estaría destinado a la autobiografía y fue entonces que Meret decidió escribir una: "por entonces estaba escribiendo una novelita medio autobiográfica, con Michael Jackson y otros personajes, que me sirvió como punto de partida. Así que escribí este libro, lo mandé por correo y esperé”. La espera no fue en vano porque el 2008, un jurado compuesto por María Moreno, Edgardo Cozarinsky y Ricardo Piglia decidió darle el voto unánime a En la Pausa, que finalmente fue editada por la prestigiosa editorial alternativa Mansalva. ¿Y por qué podría llamar Alan Pauls como "un nuevo género" a esta autobiografía? La respuesta quizá podemos encontrarla en la reseña de Beatriz Sarlo en "Perfil":

En la pausa, de Diego Meret, expone una relación con la lectura y la escritura desde la infancia hasta los treinta años. Dicho así, podría parecer uno de esos libros cuyo autor reflexiona sobre literatura mientras utiliza, como soporte, una historia más o menos tenue. Sin embargo, En la pausa es distinto a las ficciones críticas donde lo más importante es la crítica y lo menos importante, la ficción. Por el contrario, no hay en este libro crítica en el sentido académico del término, ni pedazos de discurso universitario ni fragmentos de ensayos inconclusos; hay narración, presentada como autobiográfica (...) Esto, el predominio de la narración (ficcional o autobiográfica, para el caso da más o menos lo mismo), vuelve al libro interesante. Despojado de pretensiones críticas o teóricas, presenta la historia desnuda de alguien que se convierte en lector en las circunstancias menos propicias; y, luego, decide ser escritor.

Por su parte, Daniel Link comenta la publicación también con entusiasmo en su blog:

El texto de Meret carece por completo de cualquier complicidad con la autocomprensión y, libre de toda necesidad de mistificar (una vida a término, una carrera, lo que ha sido), se entrega a un proceso de ascesis y de transformación que, gracias a la calidad infrecuente de la prosa, arrastra al lector a los mismos abismos de indeterminación a los que el protagonista se asoma. La autobiografía termina con el narrador acostado en una cama, al lado de su hijo y su mujer embarazada, que es como decir, precisamente, que todo está, todavía, por venir. Lo demás, lo que se ha leído, es probablemente una teoría de la infancia (de sus desarreglos, de sus terrores y de sus malos entendidos), de la lectura y de la escritura (pausa, rewind, play: ¿hace falta más?), en fin: de lo imaginario.

¿Estaremos realmente ante la inauguración de un nuevo género? No parece posible o claro, pese al entusiasmo de Alan Pauls. Sin embargo, lo que sí resulta indudable es que estamos ante una novela o autobiografía extraordinaria que vale la pena leer de inmediato. ¿Alguien va a Buenos Aires?

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Los fantasmas de Link

6.19.2009
carátula del libro. fuente: linkillo

Fantasmas: imaginación y sociedad es el provocador grupo de ensayos que Daniel Link ha publicado con Eterna Cadencia. Como dice una reseña en The Rolling Stones "A través de recorridos por textos literarios, imágenes y películas, Link traza aquí un mapa de imaginarios (o formas de la imaginación) e intenta definir las unidades de una fantasmagoría". Algunos de los textos que comentan son esperables, como Pedro Páramo de Juan Rulfo. Pero otros absolutamente inesperados como El principito. Una entrevista de Silvina Freira en Página12 nos acerca más al libro que ojalá llegue a Lima:
¿Por qué se ha rechazado tanto la imaginación?

Durante mucho tiempo se temió a ese mundo de lo imaginario como un mundo mentiroso, de puro señuelo, donde todo está puesto sencillamente para tranquilizar a las conciencias o, por el contrario, para aterrar. Por lo tanto, eso debe ser desmontado para llegar al hueso duro de lo real. Lo que hemos visto históricamente es que ese hueso duro de lo real termina siendo indigerible, pero también peligroso. Por el camino de lo real se llega a la muerte, a una suerte de vacío atemorizador. Algunos textos “gloriosos” como El Apocalipsis generaban mucho pánico en la gente. Ese temor regresa culturalmente banalizado en películas como El exorcista. La cultura lo que hace es despojar a esos fantasmas de todo riesgo para poder ser consumidos.

En ese sentido, sus lecturas de El principito, Pedro Páramo o el film de Cozarinsky Ronda nocturna son arriesgadas en torno de una consistencia ética.

Sí, últimamente estoy muy preocupado por el tema de la comunidad, cómo se puede sostener una comunidad en el momento en que sabemos que no hay comunidad posible, que no hay acuerdo posible en términos de identidad colectiva. Creo que hay que trabajar con las pequeñas diferencias que permiten procesos de identificación, pero también de distanciamiento. Me parece que por ese lado todavía es posible construir comunidad. No sé; en todo caso no me resigno a pensar que no se puede.

Por eso en varios ensayos rescata la pregunta, a veces tan denostada, “qué hubiera pasado si...”, como hace en el trabajo sobre Rodolfo Walsh.

Es interesante confrontar que “por esta frase que se lee acá” Walsh hubiera ido en tal dirección, o “por esta otra frase” hubiera ido en otra dirección. Es totalmente hipotético, pero no por eso me parece que carezca de interés. Hay muchas novelas de ciencia ficción que están construidas con el qué hubiera pasado si los nazis ganaban la guerra. El planteo contrafáctico sirve para reconstruir un mundo que no fue, un mundo como pura potencia, y en ese punto no veo por qué habríamos de resignar esa posibilidad. No para sostenerla como conocimiento verdadero. Cuando se lee algo de Kafka se dice que es muy moderno y en realidad, no es tanto que sea moderno, sino que uno lo considera participando de una misma esfera. ¿Por qué es posible entender a Kafka más cerca de mí que a Thomas Mann? Porque participamos de un mundo imaginario, nos dejamos arrastrar por la misma fuerza, y eso explica la relación más intensa que uno tiene con ciertos textos del pasado que con otros que fueron escritos ayer.

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El fantasma Páramo

2.12.2009
El Jarabe en Ultratumba de Jose Guadelupe, 1900. Fuente: in the labyrinth

Muy bueno este post de Daniel Link en su blog Linkillo. Cuando decide introducir una monografía universitaria suya sobre Pedro Páramo en un libro actual, descubre una nueva lectura: de la mitolografía a la fantasmología. No solo dos lecturas distintas, sino dos épocas completamente diferentes. ¿Cuándo dejaremos todos de calificar como "real-maravillosa" y empezaremos a llamar como lo que es, una extraordinaria novela de fantasmas, a Pedro Páramo? Relectura ya. Dice el post:

Terminando de escribir un libro llamado Fantasmas. Imaginación y sociedad, me encapricho (son palabras de mi editora) en incluir una lectura de Pedro Páramo, esa "comedia de fantasmas" (son palabras de Aira) única en su género en la literatura novomundana. Desde el punto de vista temático o argumentativo, la inclusión no puede ser más obvia: mi capricho pasaba por querer recuperar la primera monografía que escribí en mi vida, hace casi treinta años, bajo el influjo de toxicidades estructuralistas que hoy no me animaría a exhibir tan públicamente (aunque en secreto las cultive como un vicio adolescente). "Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia", parece que alguien dijo. Pero, como se sabe, nada es más difícil que reescribir el propio pasado y quedé empantanado durante semanas en una agonía o un hiato teórico-metodológico. No era "el estilo", me daba cuenta, lo que tenía que corregir de aquella antigua lectura ("Patrones nominales en Pedro Páramo") ni su candor (la ciega confianza en que estaba yo -aquel- diciendo lo que nadie antes hubo dicho), sino el género: mi lectura de Pedro Páramo se inscribia en la mitolografía (en la que toda lectura de Pedro Páramo fatalmente incurría por entonces) y ahora tenía que encajar en una fantasmología, que además de ser dudosa como disciplina, opone el mito y el fantasma como objetos que corren en direcciones contrarias. El asunto no era menor en relación con un libro que interroga la imaginación como potencia. Ahora, finalmente, mi agonía ha terminado y puedo volver a la vida cotidiana como quien vuelve de una internación. Puedo volver a Lost y a la vida cultural de Buenos Aires, que comienza a despertar de su letargo veraniego.

¿Y si toda la tradición latinoamericana está equivocada y no somos, justamente, un "páramo" sino parte de la literatura universal simplemente? Quizá solo se trata de acomodar las etiquetas.

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25 años argentinos

12.15.2008
Tiempo y literatura. Fuente: Clarín

La revista Ñ del diario Clarín le dedicó un homenaje a los 25 años de cultura en democracia en Argentina. La literatura no está ausente en este recuento, y Josefina Ludmer -una de las críticas más lúcidas de Latinoamérica- es la encargada de explicar qué es lo que ha ocurrido durante todos estos años en el artículo "Los tiempos de la ficción". Ludmer divide en tres estos años, pasado, presente y futuro, como tres fantasmas navideños. Y demuestra que la literatura argentina se ha sabido posicionar de esos tres espacios de manera contundente, con mayor interés en el pasado y el presente que en el futuro. Les dejo la lista de obras que cita Ludmer, para que le sigan la huella:

El pasado es nacional y memorial

Los cautivos. El exilio de Echeverría de Martín Kohan, El pasado de Alan Pauls, En estado de memoria de Tununa Mercado, El común olvido de Sylvia Molloy, El desierto y su semilla de Jorge Barón Biza, Letargo de Perla Suez, El teatro de la memoria, de Pablo de Santis, Secretos de familia, de Magdalena Ruiz Guiñazú.

El futuro es global y formal

El árbol de Saussure. Una utopía, de Héctor Libertella, El juego de los mundos de César Aira.

El presente es territorial y barrial

Ocio de Fabián Casas, Rabia de Sergio Bizzio, Monserrat de Daniel Link, Banco a la sombra de María Moreno, Historia del Abasto de Mariano Siskind, Cosa de negros de Washington Cucurto.

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Club de libros de Lost

7.04.2008
Ejemplar de El tercer policía en Lost. Fuente: lost forum

Aquí hay una noticia para que Haruki Murakami, Daniel Link y El Lamento de Pornoy se emocionen, corran a sus computadoras y se unan rápidamente: la serie Lost ha abierto un Club de Libros para discutir, compartir y seguir las referencias literarias que se han hecho a lo largo de la serie. Aquí está la carta de bienvenida:
Over the first four seasons of LOST we've managed to incorporate more than 40 books into the show. For the first time, we've catalogued a list of books available in audio form that relate in some way to LOST. Some are being read by our characters, such as Sawyer, or are just sitting on shelves in episodes of the show; others connect with various themes of the series. We hope you'll join our informal Lost Book Club. To paraphrase one of our heroes, Stephen King, to be a writer one must first be a reader. We find ourselves constantly striving for even a small measure of the accomplishment of what all these authors have achieved in their books. Pick up any of them and experience the richness of storytelling, character, and theme, and then allow your imagination to connect all that back into our show.We can't promise you any of these books will lead you to answers about LOST, but we can promise you'll be enriched for having read them.Enjoy! And fall through the rabbit hole with us!

Entre los libros a los que se han referido en la serie encontramos algunos muy obvios y otros sorprendentes: En el camino, de Jack Kerouac; A través del espejo, de Lewis Carroll; La invención de Morel, de Bioy Casares; Valis, de Philip Dick; Matadero 5, de Kurt Vonnegut; Carrie, de Stephen King; Historia de dos ciudades, de Charles Dickens; Luz en la oscuridad, de Vladímir Nabokov; Bajo el sol, de Agatha Christie; Catch 22 de Joseph Keller; Blueberd, Charles Perrault; El tercer policía, de Flann O´Brien; Otra vuelta de tuerca, de Henry James; El señor de las moscas, de Willian Golding; Harry Potter, de JK Rowling; Los hermanos Karamazov, de Fedor Dostoievski; Isla de Aldous Huxley y por supuesto, El Corazón de las tinieblas de Jospeh Conrad.

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Leyendo a Lost

6.14.2008
Hugo "Hurley" Reyes intenta leer Risa en la oscuridad de Nabokov. Fuente: portnoy

Cuando Ruíz Zafón declaró que en la TV hay mejores escritores que en las ferias de libros, todo el mundo volteó los ojos a la serie Lost. No en vano un escritor de última moda como Haruki Murakami se ha declarado fan. En el blog de Daniel Link se publicó hace unos días un texto de Gonzalo Maier titulado "Series en serio" donde se recogen unas declaraciones de Alan Pauls respecto a la técnica narrativa de la serie:
Los flashbacks y flashforwards de Lost no se entienden como remisiones a otros tiempos (el pasado, el futuro) sino como operaciones de linkeado. Los personajes y las historias no se disparan hacia atrás o hacia adelante (porque "atrás" y "adelante" son categorías temporales, propias de una narrativa tradicional donde la Historia todavía pesa): se disparan más bien hacia otras 'páginas' de la serie, verdadero mundo de mundos paralelos, posibles, coexistentes.

Hoy, Daniel Link publica en "Perfil", y lo postea en su blog, un artículo sobre Lost donde desestima desde el principio la tesis de que Lost es una obra literaria mayor:

La hipótesis de que Lost supera a la literatura es peregrina, porque la escritura siempre fue más eficaz y más perversa (lo sigue siendo) que el discurso audiovisual, pero es verdad que Lost es postcinematográfica: existe después de la desaparición del cine como arte. No quiero afirmar, con esto, que Lost sea propiamente una "obra de arte", porque su colocación misma es al mismo tiempo interior y exterior a los universales artísticos, si es que todavía hoy pueden sostenerse.

¿Cómo vivir juntos? y ¿Cómo y para qué reproducirse?, son para Daniel Link las preguntas claves de la serie y, no por coincidencia, las del mundo contemporáneo. "Todo lo que puede leerse en Lost (...) nos viene dado como por añadidura, sin el impulso balzaciano o wagneriano hacia la totalización tan propios del siglo XIX y sin la vocación destructiva de la totalidad (paródica) tan característica del siglo XX" anuncia, absolutamente maravillado. Al final de su post, Daniel Link deja brotar aún mpas al fan de la serie (quizá entusiasmado por haber visto por adelantado en internet el final de la cuarta temporada) y nos habla de un gran finale:
La gran "Finale" de la cuarta temporada de Lost, que ya se vio en Internet, incluye varias secuencias mejores (más intensas, más conmovedoras) que cualquiera de las que pudieron verse en episodios previos. Una de ellas: el combate cuerpo a cuerpo entre un mercenario ex miembro de la fuerza de marines y un iraní (éste último es el que gana la pelea). Otra: la víbora que conduce los destinos de los demás protagonistas de la trama, a quien se le reprocha haber provocado una matanza, contesta: "So what?". La tercera, cuando el héroe romántico (el intelectual del grupo de náufragos) lo sacrifica todo por amor. La cuarta, para no abundar, el momento en el que mediante el sencillo mecanismo de mover una rueda dentada, la realidad desaparece del horizonte. Lost participa radicalmente del mundo de la diversión. Pero entiende la diversión no como pasatiempo sino como una inmersión simulada en la pesadilla de lo contemporáneo.

Para cerrar, antes de ir a buscar gran finale que anuncia Link, los dejo con un postrecito: el estupendo post del blog El lamento de Portnoy sobre los libros de Lost.

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Moleskine en México

4.24.2008
afiche del evento. Fuente: linkillo

En unas horas partiré rumbo al DF en una visita de médico: solo dos días y medios para encontrarme con algunos grandes amigos (como Mario Bellatín, Jorge Volpi, Alvaro Enrigue, Lina Meruane o Martín Kohan) y conocer a otros que me da mucha curiosidad, como Daniel Link o Santiago Vaquera (a quien conocí hace unos años en el mismo DF, pero no pudimos conversar mucho). Se trata de participar del IV Encuentro de Escritores Latinoamericanos “Pasiones y obsesiones” que estará dedicado a Octavio Paz y que se inició hoy en la mañana y tendrá actividades hasta el sábado 26 abril.

Entre otros autores, asistirán: Jorge Volpi, Mario Bellatin, Eduardo Antonio Parra, Santiago Vaquera (Estados Unidos), Rafael Lemus, Rosa Beltrán, Claudia Guillén, Alexandre Vidal-Porto (Brasil), Nicolás Poblete (Chile), Sergio González Rodríguez, Tryno Maldonado, Igor Barreto (Venezuela), Claudia Posadas, Jorge Fernández Granados, Martín Kohan (Argentina), José Ramón Ruisánchez, Iván Thays (Perú), Geney Beltrán, Sealtiel Alatriste, Álvaro Enrigue, José María Espinasa, Daniela Abade (Brasil), Héctor de Mauleón, Julieta García, David Medina Portillo, Darío Jaramillo (Colombia), Ignacio Solares, Arturo Arias (Guatemala), Heriberto Yépez, María Alzira Brum (Brasil), Bernardo Esquinca, Mauricio Montiel, Nicolás Cabral, Lina Meruane (Chile), Pablo Boullosa, Roxana Elvridge-Thomas, Myriam Moscona, Fran Ilich.

Para los lectores del DF, les dejo el programa del evento actualizado. También la página que la Universidad del Claustro de Sor Juana ha preparado para el mismo.

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Bellatin es Bellatin

4.16.2008
Mario Bellatin pone en aprietos a los editores periodísticos. Foto: El Comercio

Justo ahora que una nueva página literaria por internet, Porta9, se ha inaugurado con una entrevista a Mario Bellatin conseguida con gran tino en su breve paso por Lima, en el diario argentino La Nación se han quedado descolocados por un artículo que le pidieron a Mario sobre el japonés Yasunari Kawabata. Quienes conocen la obra de Mario Bellatin deben saber el riesgo que se corren al pedirle que escriba una nota, redacte el texto para una exposición de fotos, organice una performance o simplemente presente un libro (riesgo que yo asumí hace unos años y tuve que enfrentarme a una exposición basada en slides de Ricky Martin y láminas pre-escolares). Mario envió el artículo titulado "Kawabata: El abrazo del abismo" en el que usó una técnica que ha usado antes (recuerden aquellos actores que en París hicieron las veces de escritores mexicanos como Sergio Pitol o Margo Glantz) de la "reapropiación" o "copypaste", como la calificó esta vez. Luego de aparecida la nota, el periódico se asombró con una carta en la que un autor reconocía sus propias palabras -dedicadas a Mario- puestas ahora para definir la literatura de Kawabata. ¿Qué estaba sucediendo? Mario lo explica en el blog de Daniel Link:

Querido L: te quería informar que ayer en ADN salió una nota mía sobre kawabata... envié la nota con un pie de página donde decía que había sido hecha con la técnica de copypaste (copyright 2008), pie que no apareció lamentablemente... es que para responderme una serie de preguntas hice ese texto juntando una serie de fragmentos que distintos críticos han hecho sobre mis libros... cambié la palabra bellatin y le puse kawabata, cambié el nombre de algunas obras y yastá... salió un artículo estupendo sobre kawabata, impecable en su verosimilitud y certeza cosa que, entre otras cosas, nos demuestra que sólo hay una palabra, que siempre se puede hablar sólo de lo mismo.... el texto completo es sólo un melange de panesi, lemus, glantz, schettini, pauls, goldchluck y ollá laprune, quienes -como demuestran los comentarios de la versión electrónica del diario que califican el artículo de brillante y espléndido- han escrito sin saberlo de manera excepcional sobre kawabata... creo que se trata de una reapropiación... así como los críticos se sintieron con el derecho de escribir sobre mis libros así yo recupero las palabras que mis libros generaron, ¿la propuesta queda validada? ... eso me hace recordar al asco que nos causa un pelo suelto y el placer de una cabellera sedosa... Mario**


¿Queda algo más que decir? Nada, salvo que cuando uno invite a un escritor tan singular como Bellatin a escribir un texto tiene que ser consciente de que lo que recibirá, al fin, será siempre un texto de Bellatin.

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Kriptonita y reseña

12.13.2007
Kriptonita y Superman. Fuente: xenophilia

Pero no todo puede ser felicidad para Alan Pauls. En Argentina han descubierto, y varios lectores están indignados con eso, que en la página 10 de Historia del llanto Pauls confunde las propiedades de la kriptonita verde y la roja sobre Superman. Como comprenderán, para los geeks comic-maniacos que circulan por internet el gazapo es imperdonable. La anécdota le sirve a Daniel Link para arremeter contra las editoriales pero, sobre todo, para hacer una buena reseña de la novela:

"Qué es Historia del llanto? Una nouvelle que lleva como subtítulo "un testimonio" pero que, sin embargo, está escrita en tercera persona. En ese pequeño disturbio se juega la distancia entre lo cercano y lo lejano, que obsesiona al narrador: ¿qué es un recuerdo, y, todavía más: qué es una vida, sino un juego de perspectivas, planos y focalizaciones inciertas? Eligiendo el testimonio pero poniéndolo en tercera persona, Pauls (que no ignora que el tema está de moda) ejerce una violencia sutil contra el sentido común.Pero Historia del llanto es también una nouvelle que elige contar la infancia totalmente en presente, un tour de force gramatical que Pauls había ya ensayado en El coloquio (novela totalmente narrada en potencial) pero que supera en efectos a su precedente: lo que en El coloquio se dejaba leer sólo como un preciosismo jactancioso, adquiere aquí sentido en la superposición: todos los recuerdos funcionan en el mismo plano de conciencia, y son uno, podría decirse: forman uno, desenvolviéndose en capas sucesivas alrededor de un núcleo vacío de verdad. Las dos operaciones: el reemplazo de la primera persona por una tercera, y el deslizamiento del pasado ("estaba, fui") al presente ("estoy, soy") hubiera hecho naufragar a todas las prosas en escollos imposibles de superar. No a la de Alan Pauls, que ha decidido abandonar la segura elegancia en la que siempre supo moverse para lanzarse a desafíos mayores: al principio cuesta compadecerse con la construcción porque entendemos que navegamos aguas procelosas, pero una vez que comprobamos que la nave no hace agua y sigue adelante, y nosotros con ella, nos abandonamos a una curiosidad infantil y deliciosa, porque la infancia del protagonista es también la nuestra, la de todos. Dice Alan Pauls que Historia del llanto continuará con otras dos nouvelles sobre los años setenta. Ojalá así sea.

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Clift + Debord= Vila Matas

11.28.2007
El despercudido Montgomery Clift. Fuente: allposters

Descubro en el blog de Daniel Link que Enrique Vila Matas ha mencionado, generosamente como siempre, este Moleskine Literario en una entrevista en la revista paper de vidre. También menciona el de Link, el de Gustavo Faverón y el de Pierre Assouline, entre los blogs que frecuento. Sin embargo, lo que más me llama la atención es una respuesta en la que Vila Matas se compara a sí mismo con Montgomery Clift o con Guy Debord. Me parece genial esa comparación. No hay nada que explicar para quien ha visto actuar a Clift ("El tipo de hombre que una mujer querría cuidar" y cuyas últimas palabras fueron "No, en lo absoluto" según Wikipedia) y conoce la obra de Vila Matas. Y para quienes no han leído a Debord, esta frase también extraída en Wikipedia les puede dar una idea de a quién se enfrentan: "La edición original de los primeros libros de Debord, Memorias, estaba encuadernada con una cubierta de papel de lija de modo que destrozaba otros libros que se pusieran junto a él".

Por mi parte, la confesión de Vila Matas me anima a hacer mi propia confesión: En el contexto de la literatura latinoamericana última yo me siento bastante parecido a Leslie Howard huyendo de Scarlette O´Hara en Lo que el viento se llevó. Ya está dicho.

Dice Vila Matas: " (...) creo que no soy valorado lo suficiente en este país porque no voy —comootros— de «importante». No soy solemne y soy autocrítico y si la gente no se inclina a mipaso es porque yo así lo he querido para poder sentirme, entre otras cosas, cómodo. Yes que soy un pendejo. Me he recorrido en otra época todas las barras de todos los baresdel mundo y he hecho el ridículo en mil lugares y en otros mil he brillado. Lo he pasadogenial y los mediocres han creído encontrar ahí un flanco para hundirme. No saben quementalmente soy fuerte y puedo destrozarme a mí mismo y salir incólume. Por eso mehace gracia que algún ratón sin obra me considere vulnerable e intente, encima, medrara mi costa. Estoy más cerca de Montgomery Clift o de Guy Debord que de cualquiermonstruo académico de nuestra literatura. Soy barriobajero cuando quiero, detesto todolo solemne, soy una víbora, soy abyecto, soy una bellísima persona en mis ratos libres. Militeratura ha ido creciendo en importancia sin que yo haya movido un dedo para ello yen los últimos años el reconocimiento ha ido cayendo por su propio peso. Me ha divertidover cómo me ninguneaban y cada dos por tres caía un premio nuevo en el extranjero(algunos de esos premios han sido, por cierto, silenciados por nuestra prensa cuando, detratarse del premio a otro autor, habrían llenado páginas enteras). Encuentro un placermorboso en esto, en imaginar la contrariedad del mediocre de turno viendo que le adelantocuando ya se creía próximo a la meta.

Sobre los blogs literarios dice: "Leo blogs literarios como leo periódicos y libros. No le cierro puertas a ninguna lectura ni información. Y sí, me divierte y me instruye y me interesa ver qué se dice y qué se mueve en ciertos blogs que considero honestos e interesantes, y no conducidos por el tontolaba de turno. Pondré ejemplos de blogs muy diversos pero todos francamente estimulantes: El lamento de Portnoy, El dormitorio de Maud, el de Pierre Assouline en Francia, Apostillas literarias de la mexicana Magda, Borra el humo de tu frente, La segona perifèria, el Moleskine literario de Iván Thays en Perú, Paraguas en llamas en el barrio del Clot de Barcelona, el de la madrileña Cristina Núñez Pereira, Hasta siempre Elena, el del Llibreter, el de Guillermo Urbizu, el de Miguel SanFeliu, el de Daniel Link en Argentina (Linkillo.blogspot.com), No ha lugar en Murcia, el de Enrique Ortiz, el de Gustavo Faverón en USA, el de Fadanelli en México... Ahora que ya he compuesto esta lista —que era lo que más pereza me daba hacer—, creo que cualquier día de éstos dedicaré uno de mis dietarios volubles de El País a los blogs literarios."

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Banjo y violincito

11.04.2007
César Aira y Arturo Carrera en los festejos. Foto: Sebastián Freire. Fuente: linkillo

Daniel Link, César Aira y Alan Pauls ya decidieron qué obra ganó el Premio Indio Rico de nouvelle, al que podían optar sólo autores argentinos -nacidos en la provincia de Buenos Aires- entre 18 y 35 años. El Premio será entregado oficialmente el próximo viernes 30 de noviembre a las 19 hs. en el Centro Cultural Ricardo Rojas, y la obra aparecerá en la editorial Estación Pingles y Ediciones Entropía. En el blog de Linkillo se comenta la felicidad de la ceremonia de presentación de los resultados, que incluyó un número musical de banjo y violincito entre el poeta Artura Carrera -un poeta notable que deben conocer de inmediato- y el novelista César Aira. Un lujo.

Discriminando el talento y la verdadera significancia social, la foto que inmortaliza tal evento no saldrá publicada en "Circo Beat" de Somos, ni tampoco en "Ellos & Ellas" de Caretas, y quizá tampoco en "Gritos y Susurros" de ADN Cultura. Pero apareció en el blog de Daniel Link, de donde la reproduzco con felicidad.

Actualización 04/12.- Como en el blog Linkillo no aparecía el crédito del fotógrafo, no coloqué su nombre. Me entero que ha sido Sebastián Freire, cuyo crédito aparece ahora como corresponde.

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Franzen ensayos

10.24.2007
Carátula del libro. Fuente: seix barral

En la revista "Qué Pasa" de La Tercera de Chile, el argentino Alan Pauls recomienda con entusiasmo un libro de ensayos publicado potr Seix Barral, cuyo autor es el enemigo declarado de Oprah (dice que hay un artículo sobre ella, qué curiosidad), es decir Jonathan Frazen. El libro apareció en Seix Barral y se titula Cómo estar solo. Por cierto, entre las recomendaciones de Pauls está el blog de Daniel Link, del que dice algo con lo que concuerdo plenamente: "el blog del escritor Daniel Link se acerca mucho a lo que uno siempre soñó que sería un blog y los bloggers argentinos -cambiar por peruanos también. N.d.E- se encargaron de frustrar"

Sobre el libro dice: "Como lo prueba la portentosa gaffe de la editorial Seix Barral, que no vaciló en catalogarlo en el rubro "Superación personal", Cómo estar solo es un título peligroso. Promete algo que no cumple (un recetario de cocina existencial) y disimula todo lo que encierra (una autobiografía atribulada). Pero hay algo en su formato -una modestia, un lirismo de título de canción, incluso una audacia: la de añorar algo que nadie que no fuera Greta Garbo se atrevería a añorar sin ruborizarse- que, una vez leído el libro, no podría ser más atinado. A mitad de camino entre el periodismo y la memoir, cada uno de los ensayos que compila este libro es la puesta en escena de una condición solitaria, la del escritor high brow, formado en el limbo de la alta cultura, en medio de un paisaje sociocultural signado por la hegemonía de la cultura de masas. Estar solo, pues, es al mismo tiempo una condena y una voluntad, una tragedia y una militancia, un destino y un estandarte; en pocas palabras, una condición ambivalente. Cualquier escritor expeditivo sortearía su naturaleza problemática eliminando uno de los componentes en juego y quedándose con el otro: eliminando la condena (la melancolía), por ejemplo, y quedándose con la voluntad (la militancia). Franzen, en cambio, se queda con los dos: perora y se entristece, impreca y duda. Hable de un padre enfermo o de la guerra contra el tabaco, de la literatura erótica barata o de la crisis del correo público, de Oprah Winfrey o de las paradojas de la intimidad, lo que le interesa es siempre la inestabilidad, la oscilación, el vaivén complejo, conflictivo, a menudo insostenible, que supone el hecho de convertir en una causa política (una elección) una soledad obligada. Desprecia la televisión, se burla del fast sex y deplora el tecnoconsumismo contemporáneo, pero jamás oculta que lo que acecha detrás de esos rencores no es orgullo sino indefensión, fragilidad, incluso falta de convicción: el resentimiento, quizá, del que sabe que ha perdido el tren. Las filípicas antiprogresistas de Cómo estar solo no son nuevas; ya estaban cifradas en la posición "apocalíptica" que Umberto Eco describió hace décadas en un ensayo pionero sobre la cultura de masas. Lo que es nuevo, quizás, es la solución Franzen, que -a la vez moralista y confesional- funda su ética en la negativa a sacrificar nada. La lección de este libro jugoso e irritante es de algún modo la del New Yorker (revista que publicó originalmente buena parte de los artículos que lo integran), la del mejor periodismo norteamericano: la idea de que sólo hablando del mundo se puede hablar del yo, y sólo despellejando el yo se puede comprender algo del mundo. En la vieja huella del reaccionarismo de izquierda, Franzen se da el gusto de disparar a mansalva contra los Malos (ciudades, tecnología, idolatría catódica), pero ese ejercicio crítico, por justo, pertinente y sagaz que sea, no es una jactancia dogmática sino la clave de una interrogación de sí, una puesta al desnudo en la que el sujeto crítico corre tanto riesgo de naufragar como los males contra los que disparaba."

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Jorge Barón Biza

10.21.2007
Carátula de la novela. Fuente: 451 editores

La semana pasada se me pasó comentar la reseña de J. Ernesto Ayala-Dip que apareció en "Babelia" del libro de culto -y más de culto luego del suicidio del autor ocurrido en el 2001- del argentino Jorge Barón Biza, El desierto y su semilla, que acaba de ser publicado en España por la Editorial 451. Felizmente, una nueva reseña, esta vez del inefable Miguel García Posadas en el ABCD las letras, me da la oportunidad de mencionarlo. Además, les recomiendo mucho esta extensa nota sobre la novela y su autor rescatada del caché de Google, que apareció en Página12 y fue escrita impecablemente por Daniel Link.

Dice Miguel García Posadas: "Marcadamente autobiográfica -la solapa de cubierta trae un texto autorial estremecedor-, como lo revelan algunas de sus fuentes, reconocidas por el propio escritor en un capítulo elaborado a tales efectos, y trasluce sin demasiadas veladuras el propio texto, El desierto constituye, en buena medida, la historia de la madre del protagonista, que es el narrador. Historia dramática que comienza con la horrible desfiguración de su rostro, perpetrada por su marido, un mediocre novelista, que le arroja a la cara un frasco de ácido vitriólico. A partir de este arranque, casi toda la narración se articula en torno al largo proceso de curación de la agredida, en Argentina, pero también en Italia, que se resuelve de modo trágico con el suicidio de la protagonista, en cuya persona se ha querido ver un trasunto, si no una alegoría, de un país tan desfigurado por el populismo peronista como por el autoritarismo fascistoide de sus «caudillos» militares. Cabría incluso contemplar todo el texto como una metonimia profunda del desastrado acontecer argentino del siglo XX. De hecho, la materia propiamente política solo ocupa las páginas finales (...) toda la novela tiene un aire cruel, sombrío, ingrato: maldito, sí. Y la parábola vital del autor se incardina dentro de la misma orientación. (Esta literatura no ha abundado en Argentina y, en general, en Latinoamérica, salvando quizá algunos textos aislados de Borges dominados por la obsesión del cuchillo.) Y esta es la impresión que perdura en el lector de este texto al que no cabe negar una evidente solvencia narrativa y estilística y cierta sabiduría «enciclopédica», como revelan sus invocaciones a Goethe, Keats o Celan, y las disquisiciones sobre la teoría literaria, que incorpora los hallazgos más recientes del discurso crítico y se sitúan en un contexto presidido por el sarcasmo. Hay, como ya señalamos, un cuidado índice de fuentes".

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Los argentinos de Mérida

10.05.2007
Daniel Link enMérida conversando con dos muchachos de la revista Platano Verde. Fuente: plátanoverde

Los invitados argentinos en la Bienal Literaria de Mérida no han querido desarprovechar los textos escritos para la ocasión y los han colgado en sus blogs. En primer lugar, tenemos la ponencia de Daniel Link que ya he mencionado antes, pero vuelvo a colocar porque es estupenda. Se titula: "La imaginación novomundana". Luego, Fernando García Lao decidió a último minuto no leer su ponencia y prefirió leer un fragmento de su libro recién editado (Mérida tiene ese aura de dulce solaz que invita a dejar de hacer cosas que uno debería hacer, por cierto), pero el texto no leído lo coloca en su blog. Se titula: "Breve genealogía literaria".

Por otra parte, gracias a una nota en La Nación me entero que Natalia Moret y Sergio Chejfec también han publicado sus textos. Natalia Moret publica en su blog una historia de cómo llegó a la literatura en una ponencia titulada: ¿Congreso de Literatura?, en la que advierte que los organizadores no le dejaron más opción más que hablar de ella. Y Sergio Chefjec habló también de sí mismo en el texto que leyó en Mérida, rememorando una visita a Venezuela en 1990. El texto se titula: "La venganza de lo idílico" y es altamente recomendable. Finalmente, les dejo el resumen de Link sobre el encuentro en una de sus siete analepsis dedicadas a Mérida (no se pierdan la nota dedicada a Camilo Marks... ahora todo está claro):

"Pocas cosas menos interesantes hay que un congreso de profesores. Una de ellas: un congreso de escritores. Los profesores, al menos, se sienten obligados a sostener un discurso (la mayoría de las veces trivial, o anacrónico). Y sobre ese discurso son posibles operaciones de todo tipo. Los escritores, en cambio, parecen convencidos de que con sólo su graciosa presencia alcanza: constituyen, ellos, aristocracia. ¿A qué clase de invitado me adscribí en Mérida? No lo sé: sostengo un discurso (trivial y anacrónico) y, al mismo tiempo, me dejo ver, circulo.De los invitados a Mérida puede decirse que eran, todos ellos, encantadores, comenzando por Mario Bellatin, que leyó un texto maravilloso sobre la cabeza de Mishima y el modo en que esa cabeza es incapaz de aceptar que haya cuerpos completos por el mundo. La escucha (Mario lee maravillosamente bien) me sugirió una historia gore protagonizada por el mismo mario bellatin y un soldadito del ejército bolivariano. Dejémosla madurar.Natalia Moret, Camilo Markz, Alejandro Zambra y su mujer, Leslie.Foto: D. L.Los chilenos brillaron con luz propia: Alejandro Zambra no necesitaba filmarme en situaciones vergonzantes para poder chantajearme supuesto que quisiera yo escribir algo en su contra, y sin la simpatía arrolladora de Camilo Marks, nuestras noches hubieran sido más pálidas, menos memorables. Camilo intervino en la Bienal con una performance inquietante que daba por terminada todas las discusiones sobre la literatura latinoamericana: no existe, no existirá, es todo basura. Acto seguido, nos reveló sus predilecciones en cuanto a la actual novela policial en lengua inglesa. Anotamos prolijamente los nombres que reseñó con pinceladas certeras. Sergio Chejfec leyó un relato memorialista que podía tomarse como exemplum de una poética implícita. Quiso proyectar las postales de las que hablaba, picadas por agujeros de polilla, pero no pudo, lo que agregó todavía más encanto a la ensoñación que proponía sobre una Caracas inexistente (arrasada por los vientos de la modernización).Los venezolanos se embrollaron cada vez que pudieron a discutir las cualidades de su propio canon. Forzoso fue que los extranjeros nos abstuviéramos de intervenir en tales delicadas internas, porque todo parecía muy decisivo y muy grave. Jean Franco, cuando tuvo que hablar, no hizo sino citar largamente a Josefina Ludmer. Había muchos españoles con propósitos indefinidos (intuyo que más de uno se dedicó a robar ideas), a quienes invitábamos a nuestras fiestas con la esperanza vana de que devolvieran algo de lo que durante siglos nos habían expoliado.Admiré la capacidad de Chejfec para sostener conversaciones con todo el mundo. La mayoría de las veces yo no sabía qué decir y, cuando abría la boca, era para pronunciar una burrada. Varias tardes me quedé encerrado en mi cuarto escribiendo, aceptando después con una sonrisa equívoca las insinuaciones de que había estado entregado a probar las delicias de la carne nativa. Mejor pasar por Isidoro Cañones que por Upa.La mejor noticia que recibimos durante la Bienal vino de la boca de Leo Felipe Campos, un sancristobaleño encantador que se enteró por teléfono de que su chica estaba embarazada.De literatura se habló poco, como suele suceder en estos casos. "

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Daniel Link en Mérida

9.22.2007
Daniel Link postea desde Mérida. Fuente: dialógica

Como dije antes, Daniel Link está en la bienal de Mérida y aunque acepta que es imposible escribir algo sobre ella después de El Congreso de Literatura de César Aira, de alguna de sus andanzas nos enteramos por su blog "Linkillo". Dice, por ejemplo: "Mérida es, para mí, como Córdoba, lo que no es poco decir: postales superpuestas. Anoche, la fiesta se extendió hasta las 4 de la madrugada. Fue una vil estrategia de Bellatin, ese monstruo, para mermar mi audiencia de esta mañana". La ponencia del día siguiente, que Bellatin no pudo frustrar, debía ser, según pedido expreso de los organizadores: "Una ponencia donde exprese sus puntos de vista en torno al impacto que los Premios Herralde y la reciente designación de los 39 mejores escritores hispanoamericanos menores de 39 años tienen en la difusión de la literatura hispanoamericana en el contexto de la lengua". ¡Qué tal pedido! ¡Pobre Link! Felizmente, en este enlace coloca la ponencia para que podamos leer cómo salió, con gran estilo, airoso del encargo. Y me alegra que en ella, además de Aira, se levanta imponente y central en nuestra literatura contemporánea la presencia de Mario Bellatin, ese monstruo.

Dice sobre Bogotá39: "Hay diferencias entre la constelación propuesta por Ladagga [autor de Espectáculos de realidad. Ensayo sobre la narrativa latinoamericana de las últimas dos décadas] y la que propusieron los tres jurados colombianos (Piedad Bonnett, Héctor Abad Faciolince y Óscar Collazos) que eligieron el grupo de 39: la primera es etaria (ninguno de los que considera Ladagga como fundamentales en su pespectiva tiene menos de cuarenta años), la segunda es conceptual: no sabemos a qué aspira la literatura que definen el grupo de los 39. Yo, que conozco algunos de los nombres propios incluidos en esa lista (pero otros no), podría reconocer razonablemente a los autores chilenos allí incluidos (Álvaro Bisama y Alejandro Zambra) como participando de la contemporaneidad que puede deducirse del libro de Ladagga, pero en cambio, no podría decir lo mismo de los argentinos Gonzalo Garcés, Pedro Mairal y Andrés Neuman, de cuyas obras no puedo formular una sóla crítica, pero que carecen de toda posibilidad y todo deseo de colocación en relación con nuestro presente (quiero decir: el presente estético que Laddaga define limpiamente para nosotros, con nosotros). Tampoco encuentro en la nómina colombiana a un escritor mexicano menor de 39 cuya obra sigo con impaciencia, Epigmenio León (también conocido como Nicoménicus) Pero no importa si el grupo de Bogotá es verdaderamente representativo o no (yo carezco de elementos para un juicio semejante). Lo que importa es que sería imposible definir, a partir de ese mero conjunto de nombres, hacia dónde va la literatura latinoamericana, salvo en un dato esencial: va hacia la latinoamericanización, entendida como la unidad no sintética de sus contradicciones, una excentricidad (una elipse con dos centros lingüísticos, un territorio descentrado y que, por eso mismo, ya no puede ser pensado como periférico).

Sobre los premios Herralde dice: "Si los premios que otorgan las grandes editoriales forman al mismo tiempo parte de su dispositivo de exploración de las tendencias actuales de una(s) literatura(s) y de su dispositivo de mercadotecnia (es decir: una estrategia completa de formación de público), el análisis de los nombres incluidos en la colección “Narativas hispánicas” revela la presencia de aquéllos nombres que Ladagga consideraba centrales en su análisis del presente latinoamericano (al menos, los hispanoparlantes): Mario Bellatin y César Aira. Lo curioso es que esos escritores no fueron ni ganadores ni finalistas del Premio Herralde, sino que llegan al catálogo de Anagrama por otras vías: son el resultado de la colisión entre las singulares políticas de publicación de esos dos autores y los intereses de editorial Anagrama: el conflicto entre lo global y lo local resuelto en forma de libro".

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Poniatowska y los ricos

Elena Poniatowska. Fuente: talcualdigital

En Página12, Silvina Freira entrevista a la reciente ganadora del premio Rómulo Gallegos, Elena Poniatowska. Y aunque no dice nada sobre sus coqueterías chavistas, no es necesario porque la demagogia de Elenita está marcada desde el título de la nota: "Los ricos siempre tienen quien escriba su biografía". Ella debe saber bien lo que dice porque, de no haber mediado inconvenientes, su padre hubiera sido Rey de Polonia y ella su ilustre heredera. Por cierto, hablando de realeza y amanuenses: ¿Sabrá Elena que a su admirado Hugo Chávez (según me enteré en el blog de Linkillo) lo llaman "El Emperador"?

Dice Poniatowska sobre su novela El tren pasa primero: "Los ricos siempre tienen amanuenses, tienen quienes escriban sus biografías, le pagan a un escritor más o menos bueno para que escriba sobre sus vidas. Pero sobre los héroes populares se escribe muy poco. Un día le pregunté a un estudiante si sabía quién era Demetrio Vallejo: “Ni idea”, me contestó despectivamente. Entonces pensé que no era justo ni con Vallejo ni conmigo misma. Yo tenía dos chicos chiquitos y había ido muchas veces a la cárcel a entrevistarlo y pensé que no podía tirar por la borda todo ese esfuerzo. Aunque para escribir la novela no utilicé mucho del material de las entrevistas, sobre todo esas partes en donde Vallejo echaba muchos de esos discursos de la vieja izquierda que para mí son soporíferos. Decidí escribir una novela sobre el movimiento ferrocarrilero, pero inventando la historia y los personajes con libertad."

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Mérida será una fiesta

9.17.2007
Afiche del encuentro en Mérida. Fuente: Letralia

Ya llega la VII Bienal de Literatura Mariano Picón Salas en Mérida, Venezuela. Mañana empieza este encuentro literario que es uno de los más singulares y entrañables del castellano. Hasta ahí han viajado no sólo escritores notables sino también el recordado Diómedes Cordero, actualmente en España aunque aún vinculado a la bienal, un personaje inolvidable para todos los que hemos viajado a Mérida al igual que Gregory Zambrano. Porque, eso está claro, el temple de un encuentro, el espíritu, está signado por sus organizadores. Si estos son estupendas personas, no hay forma de que salga mal. Y en Mérida, a pesar del calor y la piscina que todo el tiempo invitan a renunciar a hablar de libros, las cosas funcionan. Seguro los lectores de César Aira recordarán el encuentro de Mérida porque ahí se originó una de sus mejores novelas, El congreso de Literatura. Ciertamente, todo el congreso parece una novela de Aira en la que todo puede salir mal a cada segundo pero al final todo sale bien. Además, tanto Gregory como Diómedes, y los demás organizadores, tienen el orgullo de ser "descubridores de estrellas" y para muchos el paso por Mérida es como un amuleto. Además de Aira, pasaron por ahí en los últimos años -entre otros- Vila Matas, Alan Pauls, Marcos Giralt, Alberto Barrera, Juan Villoro y por supuesto el gran Ednodio Quinteros (¡a descubrirlo ya!)

Esta vez los invitados extranjeros serán Mario Bellatin, Daniel Alarcón, Daniel Link (me muero de curiosidad por saber qué dirá Linkillo de Mérida), Jordi Carrión, Pedro Serrano y también he leído por ahí, aunque no aparecen en el programa, que irán Juan Villoro y Alejandro Zambra. Además, habrá homenajes a Eugenio Montejo y la crítica Jean Franco.

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Libros al azar

6.06.2007
La elocuente tapa del suplemento Radar Libros

¿A quién no le ha pasado estar en un sitio sin nada que leer, y rebuscar por todos lados a ver si encuentra lo que sea? En una casa de playa, por ejemplo, o en un lugar donde estuvimos encerrados imprevistamente como un consultorio o un auto. Bueno, confieso que a mí no me pasa nunca porque soy de los que va con libros en la mano hasta a los matrimonios. Pero cuando era adolescente sí me pasó, y mucho, en la casa de la hermana de mi madre a la que iba siempre a jugar con mis primos. Como terminaba aburriéndome, me iba a buscar algo para leer y sólo encontraba tres libros: una historia de la batalla de Chorrillos, la biografía de Leoncio Prado (mi tío era militar, obvio) y Yo visité Ganímedes. Los tres libros los leí y releí hasta la náusea. Y aún así, siempre volvía a ellos. En el suplemento Radar Libros, se le pregunta a un grupo de escritores (entre los que destacan Alan Pauls, Daniel Link y Damian Tabarovsky) qué libros al azar han tenido que leer. Excelentes respuestas.

Mi favorita es la anécdota de Tabarovsky quien cuenta que se quedó encerrado en su auto en medio del desierto y un amigo salió a buscar ayuda: “Entonces abrí la guantera y, muerto de aburrimiento, encontré el manual del Chevrolet 400. En un instante, o en menos, estaba absolutamente atrapado por la lectura del libro. Lo leí varias veces, al punto de memorizarlo (todavía hoy recuerdo perfectamente los capítulos “Encendido” y “Carburación”). En la abstracción de la lectura, el manual se me había vuelto el eslabón perdido entre los poemas de Ponge sobre las piedras o las cosas, y la poesía objetivista norteamericana a lo Zukofsky. Un par de horas después mi amigo volvió en un camión cisterna y el encanto se desvaneció (después me dijo que no había tardado horas, sino apenas 20 minutos. El tiempo en la pampa es así, irremediable)”

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El caso Di Nucci (III)

6.03.2007
Carmen Laforet, autora de Nada, y extraño renacimiento porteño gracias al affaire Di Nucci. Fuente: ucm.es

Leo en el blog de Daniel Link que Sergio Di Nucci, bajo el seudónimo Bruno Morales con que publicó su novela Bolivia Construcciones, ha escrito en Radar un texto llamado "Cómo escribí algunos libros míos" donde justifica el uso de Nada, de Carmen Laforet, y dice que su novela era para él sólo un medio de conseguir dinero para los migrantes bolivianos.

Dice así Di Nucci: "Comprendí que para sostener la ilusión de ese pasaje casi final, que serviría de contraste, debía crear un marco. Y que convenía elegir como referencia un texto casi obligatorio en español, de estilo llano, con infinitas ediciones, que aun el narrador protagonista pudiera llegar a leer. Un clásico que contara, además, con el encanto de la distancia. Nada (1944), de la católica Carmen Laforet, se impuso por esos y otros motivos (...) Adecuar su vida al libro que lo contaminó no ha sido posible: es esencialmente ajeno. Todo efecto de extrañeza se habría anulado si las pistas fueran fáciles, o si la intervención de Nada fuera prenunciada. Las pistas sólo valen para un lector que ya conoce Nada, no para otro. En el siglo XVIII, los novelistas filosóficos hacían que un piel roja visitara Europa para poder criticarla sin riesgo. En Bolivia Construcciones, la voz del narrador boliviano podría pasar por la única verdadera en un mundo de imposturas argentinas. También ésta revela ser una ilusión perdida cuando el lector descubre la evocación".

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