MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

25 años argentinos

12.15.2008
Tiempo y literatura. Fuente: Clarín

La revista Ñ del diario Clarín le dedicó un homenaje a los 25 años de cultura en democracia en Argentina. La literatura no está ausente en este recuento, y Josefina Ludmer -una de las críticas más lúcidas de Latinoamérica- es la encargada de explicar qué es lo que ha ocurrido durante todos estos años en el artículo "Los tiempos de la ficción". Ludmer divide en tres estos años, pasado, presente y futuro, como tres fantasmas navideños. Y demuestra que la literatura argentina se ha sabido posicionar de esos tres espacios de manera contundente, con mayor interés en el pasado y el presente que en el futuro. Les dejo la lista de obras que cita Ludmer, para que le sigan la huella:

El pasado es nacional y memorial

Los cautivos. El exilio de Echeverría de Martín Kohan, El pasado de Alan Pauls, En estado de memoria de Tununa Mercado, El común olvido de Sylvia Molloy, El desierto y su semilla de Jorge Barón Biza, Letargo de Perla Suez, El teatro de la memoria, de Pablo de Santis, Secretos de familia, de Magdalena Ruiz Guiñazú.

El futuro es global y formal

El árbol de Saussure. Una utopía, de Héctor Libertella, El juego de los mundos de César Aira.

El presente es territorial y barrial

Ocio de Fabián Casas, Rabia de Sergio Bizzio, Monserrat de Daniel Link, Banco a la sombra de María Moreno, Historia del Abasto de Mariano Siskind, Cosa de negros de Washington Cucurto.

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Reseña disticosa

12.14.2007
Carátula de la novela. Fuente: anagrama

¿Existe la palabra "disticoso"? ¡No seas disticoso para comer! Recuerdo que así me decían en casa cuando era chico y comía con desgano, separando las arverjas del arroz con el tenedor, buscando lo que no me gustaba en el plato (una zanahoria que se había pasado pese a que yo exigí claramente "sin ensalada") con la nariz arrugada y los cubiertos precisos como pinzas de entomólogo o cirujano. Pues bien, esa misma impresión me ha dejado Miguel García Posadas al reseñar el libro ganador del Herralde, Ciencias morales, de Martín Kohan. Mezquino en el elogio y disticoso en el rechazo y los errores. Ha leído el libro hurgándolo con guantes de plástico, como si de saque no le cuadrara la fórmula latinoamericano + anagrama. Bueno, no me sorpende. Ya conozco a Miguel, el auto pretendido némesis de Mario Bellatin y Alejandro Zambra, y ahora de Kohan. Felizmente, este fin de semana terminaré mi "Semana Literaria Argentina" leyendo el libro de Kohan y estoy seguro que lo disfrutaré como disfruto hoy (post dieta) de la comida: con enormísimo placer, sin represión, completamente entregado a él.

Por cierto, en el ABC también aparece una reseña a Recursos Humanos de Antonio Ortuño, la finalista. Ahí, Jorge Carrión no reprime elogios ni se muestra disticoso. Dice por ejemplo: "Ortuño tiene a los treinta y un años lo que todo escritor ambiciona tener en la madurez: un estilo y un mundo"
Dice la reseña de Miguel G-P: "Como otros autores de la casa, Kohan está viendo publicadas sus obras en diversos países europeos. No sabemos la suerte que correrá esta novela; alberga, de todos modos, los tics suficientes para suscitar la adhesión de cierto público. Es Ciencias morales, ante todo, una novela muy argentina, y no lo afirmamos por su presunto exotismo, inexistente en verdad. Es argentina porque el discurso doctrinal que la sustenta es un discurso psicoanalítico, freudiano, propio del país en el que el freudismo ha encontrado afiliaciones más duraderas. (...) No cabe negar cierta sutileza constructiva a Kohan, pero hay que decir también que la conversión de los lavabos en eje central del espacio novelesco resulta un poco desmedida; había, creemos, otras alternativas para desarrollar el tema, entre ellas la indagación en la sentimentalidad de la protagonista, que se nos escamotea, sustituida, hasta donde ello era posible, por la prolija intriga desarrollada en torno a la posibilidad de que fuera sorprendida en el curso de sus insistentes infracciones. Por lo demás, Kohan se vale de una prosa desnuda, severa, ascética, que recuerda a la de otros escritores argentinos de la hora presente, como el infortunado Jorge Barón Biza, el notable autor de El desierto y su semilla, una de las novelas más turbadoras que ha producido la literatura argentina en los últimos años. Biza extrae insólitas potencialidades de su prosa despojada; no así, nos parece, ocurre en la novela de Kohan: la severidad del estilo no es siempre condición fundante de la felicidad literaria. Creemos detectar en Kohan una deliberada voluntad de autocontención, de no «hacer sangre», es decir, de no hablar abiertamente de los elementos turbios -pasiones, vicios- que colorean o presiden la vida humana. Esta Teresa Cornejo se despide del lector como una suerte de prodigiosa virgen y no mártir. La caracterización de impotente que el escritor asigna al superior jerárquico de Teresa, aunque simbólica, no se integra del todo, a nuestro juicio, en el mecanismo narrativo de la novela, quizá porque esa caracterización es menos fuerte de lo que el personaje exigía".

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Jorge Barón Biza

10.21.2007
Carátula de la novela. Fuente: 451 editores

La semana pasada se me pasó comentar la reseña de J. Ernesto Ayala-Dip que apareció en "Babelia" del libro de culto -y más de culto luego del suicidio del autor ocurrido en el 2001- del argentino Jorge Barón Biza, El desierto y su semilla, que acaba de ser publicado en España por la Editorial 451. Felizmente, una nueva reseña, esta vez del inefable Miguel García Posadas en el ABCD las letras, me da la oportunidad de mencionarlo. Además, les recomiendo mucho esta extensa nota sobre la novela y su autor rescatada del caché de Google, que apareció en Página12 y fue escrita impecablemente por Daniel Link.

Dice Miguel García Posadas: "Marcadamente autobiográfica -la solapa de cubierta trae un texto autorial estremecedor-, como lo revelan algunas de sus fuentes, reconocidas por el propio escritor en un capítulo elaborado a tales efectos, y trasluce sin demasiadas veladuras el propio texto, El desierto constituye, en buena medida, la historia de la madre del protagonista, que es el narrador. Historia dramática que comienza con la horrible desfiguración de su rostro, perpetrada por su marido, un mediocre novelista, que le arroja a la cara un frasco de ácido vitriólico. A partir de este arranque, casi toda la narración se articula en torno al largo proceso de curación de la agredida, en Argentina, pero también en Italia, que se resuelve de modo trágico con el suicidio de la protagonista, en cuya persona se ha querido ver un trasunto, si no una alegoría, de un país tan desfigurado por el populismo peronista como por el autoritarismo fascistoide de sus «caudillos» militares. Cabría incluso contemplar todo el texto como una metonimia profunda del desastrado acontecer argentino del siglo XX. De hecho, la materia propiamente política solo ocupa las páginas finales (...) toda la novela tiene un aire cruel, sombrío, ingrato: maldito, sí. Y la parábola vital del autor se incardina dentro de la misma orientación. (Esta literatura no ha abundado en Argentina y, en general, en Latinoamérica, salvando quizá algunos textos aislados de Borges dominados por la obsesión del cuchillo.) Y esta es la impresión que perdura en el lector de este texto al que no cabe negar una evidente solvencia narrativa y estilística y cierta sabiduría «enciclopédica», como revelan sus invocaciones a Goethe, Keats o Celan, y las disquisiciones sobre la teoría literaria, que incorpora los hallazgos más recientes del discurso crítico y se sitúan en un contexto presidido por el sarcasmo. Hay, como ya señalamos, un cuidado índice de fuentes".

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