MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

El boom literario mexicano

4.06.2009
Pabellón mexicano. Fuente: revistañ

La revista Ñ ha publicado un reportaje sobre el éxito en Europa de la literatura mexicana última, cuyo síntoma más notable es la presencia en el Salón del Libro de París en marzo pasado. Además, las editoriales españolas (en especial Anagrama y Mondadori, acotan) publican a autores mexicanos, como paso previo a que lleguen a toda América Latina. El reportaje tiene varios ítems. Por ejemplo, el denominado "efecto patera":

Por todo ello, aterrizamos en el DF, en busca de explicaciones al fenómeno. Este es el país con más hispanohablantes del mundo, 107 millones, pero dicen que "cuenta con más escritores que lectores". En efecto, su red de librerías deja mucho que desear - no así las de segunda mano, que se extienden exuberantes a lo largo de la calle Donceles-y se calcula que el 25% de las ventas de libros corresponden a ediciones pirata, una sangría para la industria editorial local. "Hay imprentas en el desierto, controladas por las mafias, que trabajan casi exclusivamente copiando libros", nos denuncia un editor. Otro dato desalentador es el progresivo cierre de suplementos y revistas literarios. En ese escenario - que contrasta con la gran creatividad de sus autores-es en el que han irrumpido las editoriales españolas, que ofrecen a los autores un caramelo: la posibilidad de ser publicados a la vez en varios países. El escritor Antonio Ortuño (Guadalajara, 1976) lo llama efecto patera: "La industria editorial española se comió a la mexicana, y nos volvimos todos braceros literarios". Ándale.

Otro ítem es el llamado "Adiós, crack":

En una cosa coinciden todos: el crack ha muerto. En 1996, un grupo de escritores jóvenes se autocalificaba de modo semejante y suscribía un manifiesto, bajo el padrinazgo de Carlos Fuentes. Hoy, nada queda de aquello, según admite el propio Pedro ÁngelPalou (Puebla, 1966), uno de sus miembros - junto a Jorge Volpi, Ignacio Padilla, Eloy Urroz y Ricardo Chávez-Castañeda-:"Nuestras novelas de entonces eran milenaristas, creíamos en el libro total, pero hoy las trayectorias de todos nosotros son anticrack. Eso es lo que sucede cuando firmas un manifiesto siendo tan joven", apunta con ironía.

Y finalmente, no quiero pasar por alto el llamado "Laboratorio Bellatin":

Muchos nos hablan de la influencia que Mario Bellatin (DF, 1960), director de la Escuela Dinámica de Escritores, ha tenido en ellos. Acaba de publicar El Gran Vidrio (Anagrama), tres insólitas historias montadas a base de "escenas que pudieran conformar una autobiografía fantasmal". Bellatin ve las formas narrativas tradicionales como "cáscaras sin contenido" y ha animado a muchos a experimentar. El primer relato de su libro está escrito como una lista, con cada frase numerada. Así, afirma, "si se hace la combinación entre ellos se puede conformar una serie de libros diferentes, cuyo número es imposible de determinar". Especialmente logrado es el segundo relato, con un narrador sufí, pues "la ironía, lo lúdico, el humor, lo aparentemente inocente son parte fundamental del sufismo". "Sólo de ese modo se puede conseguir la sensación de estar viviendo en el paraíso aquí y ahora. Yo hasta tengo un nombre musulmán...".

Etiquetas: , , , , , , , , , , ,

Antología latinoamericana en Argentina

3.03.2009
Carátula de la antología. Fuente: 1000 palabras blog

Hace unas semanas, la editorial Eterna Cadencia (que surge en la encantadora librería del mismo nombre, la mejor de Buenos Aires según recuerdo) me envió la antología El futuro no es nuestro, que incluye una selección y prólogo de Diego Trelles. La primera alegría fue encontrarme con varios compañeros de Bogotá39 en la selección. La segunda, la de encontrarme con estupendos cuentos tanto de los B39 como de otros antologados (la calidad de algunos es tan sobresaliente que deja medio coja a la antología, me parece). Tengo algunas consideraciones respecto al prólogo que espero poder hacerlas en los próximos días, semanas o meses, pues cada vez tengo menos tiempo para el blog. El fin de semana apareció una nota sobre la antología en Radar Libros donde buscan (o encuentran más bien) un punto de unión y resaltan también lo disímil de la calidad de los textos elegidos:

La pregunta es qué tienen en común los veinte escritores reunidos en la edición impresa publicada en Argentina de El futuro no es nuestro. La respuesta es sencilla, y que alcance y sobre con ella: todos son latinoamericanos. Las antologías abren por su naturaleza un juego ciertamente peligroso que da lugar a que sean señaladas como la expresión de un movimiento artístico, la idea de una producción meditada en conjunto que quizá sea lo que queda de la herencia de las vanguardias y sus agrupamientos. El riesgo es que el encanto de variedad al que aspira El futuro no es nuestro se pierda con una lectura que se limite a resaltar el “espíritu de época” y desdibuje las individualidades. Eso no indica, sin embargo, que los cuentos no se crucen o formen conexiones enriquecedoras. Lo cierto es que la mayoría de los relatos escogidos por el peruano Diego Trelles Paz desarrollan una mirada dura y en algunos casos desapegada de la violencia, que no actúa en las historias como telón de fondo sino a un costado, expandiéndose por los límites que enmarcan los cuentos casi como un personaje más. Mientras que algunos escritores apelan al desencanto y una voz seca próxima al nihilismo, en otros prevalece una energía destructiva y renovadora como el huracán que arrasa Cuba en el cuento de Ena Lucía Portela. Cuentos como Pseudoefedrina del mexicano Antonio Ortuño –que traslada la fiebre sintomática y sexual que sufren los personajes a una escritura enardecida– hacen de su tema una forma de narrar. Lo mismo pasa con el delirio realista en el sobresaliente Lima, Perú, 28 de julio de 1979 del peruano Daniel Alarcón o en el cuento de su compatriota Santiago Roncagliolo, Un desierto lleno de agua donde la inocencia de una iniciación sexual roza lo trágico en un relato narrado con aparente ingenuidad. Es probable que esta edición impresa de El futuro no es nuestro no haya estado a la altura de lo que el proyecto prometía. Y es que algunos de los cuentos sobresalen del conjunto de manera notable (...) Tal vez con la intención de resaltar lo latinoamericano donde ya estaba presente se hayan cerrado algunos caminos de la nueva narrativa latinoamericana que evidentemente tiene mucho más para ofrecer.

Etiquetas: , , , , , , ,

Jorge Carrión sobre Un lugar llamado Oreja de perro

1.18.2009
Los amigos. Ilustración: Luz Letts

Conocí a Jorge Carrión, cronista de viajes, en un encuentro de escritores "jóvenes" organizado por Julio Ortega en noviembre del 2004 en la FIL Guadalajara. Formaron parte de ese grupo también Edmundo Paz Soldán, Mayra Santos Febres, Andrea Jeftanovic, Antonio Ortuño, Guadalupe Nettel, Florencia Abatte y yo. Ese encuentro fue fundamental para mí: Salía de un divorcio y odiaba la literatura. Entonces conocí el cariño de amigas nuevas, como Andrea y Mayra, y me reencontré con viejos amigos como Edmundo. Con Jorge, lamentablemente, apenas si conversé. En fin, justo hoy Edmundo colgó en el Fb una foto de esa época... y sentí como si estos cuatro años y dos meses que han pasado hubieran dejado una huella notoria en mí física y emocionalmente. Ya no soy más el Chico Owen. Coincidiendo con aquella nostalgia imprevista, me encuentro en el ABCD las letras una reseña de mi novela Un lugar llamado Oreja de perro (Anagrama) escrita por Jorge Carrión. En el primer párrafo comenta que lee Moleskine Literario, que de paso por Lima -nos comunicamos pero no pudimos coordinar- buscó sin éxito Las fotografías de Frances Farmer (no hay en librerías, solo en Amazonas a cinco soles) y que leyó con expectativa mi novela, pero lo decepcionó. Busco en la breve reseña el motivo de su decepción y encuentro este párrafo:

En los «Agradecimientos» finales se lee: «A Liz Rojas Valdez, cuyo valiente y conmovedor testimonio, que he tomado como base para la historia de uno de mis personajes, fue el impulso definitivo que me ayudó a asumir la escritura de esta novela». La contradicción no es superada por el proyecto literario. La opción por ficcionalizar en vez de por relatar no queda justificada. Las aventuras eróticas del narrador y su tormento personal, el pintoresquismo del personaje de Jazmín (una mujer capaz de «oír el futuro»), un estilo basado en el párrafo breve (a veces de forma gratuita) o el adelgazamiento de los sucesos violentos resultan elementos formal, ética o temáticamente discordantes en un conjunto demasiado imperfecto. Tal vez se trate de un error de base: una crónica hubiera sido más adecuada (más justa) que una novela.

Debo admitir que en vez de desilusionarme, preocuparme o fastidiarme, la reseña de Jorge me ha causado una gran sonrisa. ¿En qué Universo paralelo mi novela pretendería "relatar" la historia de la gente herida por el terrorismo? ¿Escribir una crónica es más "justo" que escribir una novela para narrar el dolor de una pérdida individual o colectiva? ¿Está hablando en serio, o es un defecto profesional de cronista? Como sea, solo me queda mandarle un abrazo a Jorge (un par de afectuosas palmadas en la espalda sería lo adecuado) y esperar que nunca consiga Las fotografías de Frances Farmer. No vaya a ser que se decepcione de nuevo porque piense que, en vez de contar la historia de un hombre que vive obsesionado con la demente actriz de Hollywood, debí escribir la biografía de la Farmer. Eso sería, quizá, más justo (¿?)

Etiquetas: , , , , , , , , , , , ,

Los Herralde 2007

12.25.2007
Martín Kohan y Antonio Ortuño en Barcelona. Foto: Marcel Li Sáenz. Fuente: elpaís

En el suplemento "Babelia" J. Ernesto Ayala-Dip hace un par de reseñas a los dos premios Herralde de novela 2007: al ganador Ciencias morales, de Martín Kohan, y al finalista Recursos humanos de Antonio Ortuño.

Dice sobre Kohan: "(...) la historia de Kohan transcurre durante los días que duró la guerra de las Malvinas. Sus protagonistas son el jefe de celadores del colegio que Cané idílicamente describió y una inocente celadora que un día se descubre a sí misma hurgando en su propio lado desconocido. La metáfora de la Argentina de los desaparecidos queda plasmada inequívocamente en la descripción de la patriotera y militarizada disciplina colegial. En esas legendarias paredes, menos pedagógicas que marciales a que la abocaron las autoridades del centro durante el periodo de la sangrienta dictadura, se nos dibujan unas escenas de abyección indecibles. Hay dos cuestiones que no quisiera soslayar: los trámites eufemísticos de algunas descripciones que subrayan la censura conceptual del régimen y el logro casi hiperrealista de algunas escenas. A veces, como ocurre con Martín Kohan (y otros, como Damián Tabarovsky si insinuamos una generación nueva de narradores argentinos), la inventiva es un raro talento que también afecta, además de a los argumentos, al arte de la composición y al manejo de los tonos idóneos de la ficción".


Y sobre Ortuño escribe: "Uno de los preceptos estrella del ideario estético del movimiento Crack rezaba con meridiana exigencia que para ser literatura auténticamente latinoamericana ésta no debe escribir literatura latinoamericana. Hay una manera de entender el tono narrativo, la secuencia descriptiva, la materia filosa del humor de Recursos humanos, del escritor mexicano Antonio Ortuño (Guadalajara, 1976), que lo aleja con determinación del esquema narrativo con el que se suele identificar en términos generales la narrativa de los latinoamericanos. Ni barroquismo edulcorado ni agresividad atávica ni realismo mágico selvático o urbano. La violencia verbal, filosófica, que tiñe las páginas de esta estimulante novela se inscribe en la tradición de virulencia conceptual de un Cioran, de un Céline, incluso de un Martin Amis, escritor por el que Antonio Ortuño declaró alguna vez sentir afinidades literarias. Siguiendo al Crack, Antonio Ortuño es de esta manera auténticamente latinoamericano."

Etiquetas: , , , , , , , ,

Reseña disticosa

12.14.2007
Carátula de la novela. Fuente: anagrama

¿Existe la palabra "disticoso"? ¡No seas disticoso para comer! Recuerdo que así me decían en casa cuando era chico y comía con desgano, separando las arverjas del arroz con el tenedor, buscando lo que no me gustaba en el plato (una zanahoria que se había pasado pese a que yo exigí claramente "sin ensalada") con la nariz arrugada y los cubiertos precisos como pinzas de entomólogo o cirujano. Pues bien, esa misma impresión me ha dejado Miguel García Posadas al reseñar el libro ganador del Herralde, Ciencias morales, de Martín Kohan. Mezquino en el elogio y disticoso en el rechazo y los errores. Ha leído el libro hurgándolo con guantes de plástico, como si de saque no le cuadrara la fórmula latinoamericano + anagrama. Bueno, no me sorpende. Ya conozco a Miguel, el auto pretendido némesis de Mario Bellatin y Alejandro Zambra, y ahora de Kohan. Felizmente, este fin de semana terminaré mi "Semana Literaria Argentina" leyendo el libro de Kohan y estoy seguro que lo disfrutaré como disfruto hoy (post dieta) de la comida: con enormísimo placer, sin represión, completamente entregado a él.

Por cierto, en el ABC también aparece una reseña a Recursos Humanos de Antonio Ortuño, la finalista. Ahí, Jorge Carrión no reprime elogios ni se muestra disticoso. Dice por ejemplo: "Ortuño tiene a los treinta y un años lo que todo escritor ambiciona tener en la madurez: un estilo y un mundo"
Dice la reseña de Miguel G-P: "Como otros autores de la casa, Kohan está viendo publicadas sus obras en diversos países europeos. No sabemos la suerte que correrá esta novela; alberga, de todos modos, los tics suficientes para suscitar la adhesión de cierto público. Es Ciencias morales, ante todo, una novela muy argentina, y no lo afirmamos por su presunto exotismo, inexistente en verdad. Es argentina porque el discurso doctrinal que la sustenta es un discurso psicoanalítico, freudiano, propio del país en el que el freudismo ha encontrado afiliaciones más duraderas. (...) No cabe negar cierta sutileza constructiva a Kohan, pero hay que decir también que la conversión de los lavabos en eje central del espacio novelesco resulta un poco desmedida; había, creemos, otras alternativas para desarrollar el tema, entre ellas la indagación en la sentimentalidad de la protagonista, que se nos escamotea, sustituida, hasta donde ello era posible, por la prolija intriga desarrollada en torno a la posibilidad de que fuera sorprendida en el curso de sus insistentes infracciones. Por lo demás, Kohan se vale de una prosa desnuda, severa, ascética, que recuerda a la de otros escritores argentinos de la hora presente, como el infortunado Jorge Barón Biza, el notable autor de El desierto y su semilla, una de las novelas más turbadoras que ha producido la literatura argentina en los últimos años. Biza extrae insólitas potencialidades de su prosa despojada; no así, nos parece, ocurre en la novela de Kohan: la severidad del estilo no es siempre condición fundante de la felicidad literaria. Creemos detectar en Kohan una deliberada voluntad de autocontención, de no «hacer sangre», es decir, de no hablar abiertamente de los elementos turbios -pasiones, vicios- que colorean o presiden la vida humana. Esta Teresa Cornejo se despide del lector como una suerte de prodigiosa virgen y no mártir. La caracterización de impotente que el escritor asigna al superior jerárquico de Teresa, aunque simbólica, no se integra del todo, a nuestro juicio, en el mecanismo narrativo de la novela, quizá porque esa caracterización es menos fuerte de lo que el personaje exigía".

Etiquetas: , , , , , , , ,

Los premios Herralde

11.06.2007
Antonio Ortuño y Martín Kohan, permiados. Fuente: ADN.es

Con precaución, la editorial Anagrama logró que los dos ganadores estén presentes el día lunes en España para anunciar el premio. Así, Martín Kohan y Antonio Ortuño participaron de una conferencia de prensa conjunta. En el periódico argentino "Página12" se comentan las declaraciones del ganador, Kohan, mientras que en el mexicano "Milenio" destacan las del finalista Ortuño.

Dice Martín Kohan: "El título de la novela tiene que ver con que el colegio se llamó Colegio de Ciencias Morales, y para mí era casi un disparador de las cosas que quería abordar: ¿cómo se imagina una institución educativa que alguna vez se pensó como un colegio de ciencias morales? El procedimiento de control y de disciplinamiento de la preceptora tiene una base de moralización muy fuerte, y desde esa misma moralización se tuerce tremendamente. En realidad, lo que la novela cuenta es cómo la preceptora en su búsqueda de perfeccionar y sistematizar el control de la disciplina empieza a custodiar el área de los baños del colegio. Y en esta búsqueda, ella misma se va metiendo en una historia medio retorcida (...) Esta novela está escrita en tercera persona, pero muy pegada al personaje de la preceptora (...) Es una novela muy autobiográfica, excepto porque no estoy yo mismo. No hay nada que me toque directamente o que haya funcionado como una experiencia personal, pero sí está el registro del mundo que viví en esos años."

Mientras tanto, Antonio Ortuño declaró: "Si nos reducimos a términos estrictamente morales todos los personajes del libro son despreciables en algún grado. Pocos de ellos tienen visos de heroicidad o nobleza alguna. En cierto sentido, el jefe es menos perverso y pérfido que el empleado, que es el narrador principal. Mi intención fue hacer una novela moralmente ruda, con un humor muy negro, lindando con el delirio del odio, que a la vez explorara muchos asuntos alrededor de esa relación de dominadores y dominados, no sólo en términos laborales, sino también en términos sentimentales. Quise desenredar la madeja de los mecanismos que nos llevan a sentirnos víctimas cuando en ocasiones somos verdugos. (...) En las condiciones de educación del país, de cualquiera que lea por gusto un libro de ficción, se puede decir que la vida lo ha puesto por encima de sus pobres semejantes. En cambio, sí me tiende a molestar la biempensantía, entendida como una suerte de resignación en cuanto a las ideas: gente que repite lo que lee, que habla de los editoriales del periódico como si se le hubiera ocurrido a ella. Gente que organiza su propio mundo con respecto a jerarquías inmóviles donde hay un bien y un mal claros, pero saben poco o nada de matices. La inteligencia literaria está en la capacidad de ver esos matices. Lo más interesante que te puede pasar como escritor, en cuanto a contacto con el público, es que te lea gente de procedencia muy diversa.

Etiquetas: , , , , , , , ,

Martín Kohan, premio Herralde

11.05.2007
Martín Kohan. Fuente: clarín

Hoy falló el premio Herralde, el más prestigioso del idioma. Y me doy con la sorpresa que un amigo reciente y un viejo amigo coinciden como ganador y finalista. El ganador es Martín Kohan, escritor argentino a quien conocí hace unos meses en el Festival literario de Berlín. La impresión que me causó fue tan buena que leí apenas llegado a Lima su novela, editada recientemente por Mondadori, Museo de la revolución. Si Ciencias morales, el título de la novela ganadora, es tan buena como ésa sin duda estaremos ante uno de los mejores Herraldes. Y como finalista quedó el mexicano Antonio Ortuño, con quien compartí una mesa en la FIL Guadalajara gracias a Julio Ortega. Entonces Ortuño era muy joven y aún inédito. Mucha gente me ha hablado de él después y leí algo suyo en una revista mexicana, "Cuaderno Salmón", hace unas semanas y estaba muy bien. Felicitaciones a ambos.

Dice la nota de prensa: "Martín Kohan (Buenos Aires, 1967) se ha alzado con el XXV Premio Herralde de Novela gracias a su obra Ciencias morales. Por su parte, Antonio Ortuño (Guadalajara, 1976) ha resultado finalista con Recursos humanos. El jurado encargado de emitir este fallo ha estado compuesto por Salvador Clotas, Juan Cueto, Esther Tusquets, Enrique Vila-Matas y el editor Jorge Herralde. El galardón, convocado por Editorial Anagrama, está dotado con 18.000 euros. Aparte de las obras finalistas, cabe destacar la amplia presencia de escritores latinoamericanos, un reflejo de los numerosos manuscritos de dichos países que se han presentado al Premio".

Además, también adelantan el argumento de la novela ganadora: "Los muros del colegio son gruesos y consistentes. Prometen preservar la rutina de los días de estudio de todo lo que pueda estar pasando fuera, de todo lo que -de hecho- está efectivamente pasando fuera, en las calles vecinas, en Buenos Aires, en esa Argentina de 1982. ¿Pero qué espacio limitan esos muros, un lugar de adquisición del saber o un recinto sadiano? Porque el colegio extiende su jurisdicción más allá de la enseñanza, imparte a sus alumnos una rigurosidad que no deben descuidar en ninguna circunstancia de sus vidas, una implacable moral que debe constituirse en el inflexible esqueleto de todos sus actos. María Teresa es preceptora en este colegio, o sea, una inocente -o quizá sólo ignorante- maestra de ceremonias. Tiene veinte años, empezó a trabajar cuando todavía era verano, y el señor Biasutto, el jefe de preceptores, le reveló en su primera entrevista la actitud que convenía adoptar con los alumnos. Porque no era fácil obtener lo que él llamaba "el punto justo" para la mejor vigilancia. Una mirada alerta a la que no se le escapara nada pero que no fuera evidente, para no poner sobre aviso a los estudiantes. Una mirada a la que nada le pasara inadvertido, pero que pudiese pasar inadvertida ella misma. Quizá la mirada del perverso, o del carcelero, o del amo. Y María Teresa, que admira al señor Biasutto, se perfecciona como preceptora, se esmera en la aplicación de las normas y la corrección de las conductas. Pero si todo está prohibido -hasta para ella misma-, todo es transgresión. Y cuando María Teresa, persiguiendo un vago, quizá inexistente olor a tabaco, comienza a esconderse en los lavabos de los chicos para sorprender a los que fuman y llevarlos ante la autoridad, y poco a poco hace de ello un hábito oscuramente excitante, no es de la violación de las reglas sino de su aplicación a ultranza de donde surgirán la torsión y el desvío, de la rigurosa vigilancia de una completa rectitud, de la custodia inflexible de una normalidad total y atroz. Una vigilancia, una custodia que tal vez estén siendo aplicadas más allá del recinto de este pequeño mundo cerrado que nos descubre Martín Kohan. Porque extramuros de ese colegio donde estudian y han estudiado las futuras clases dirigentes, hay otro mundo, hay un país que acaso se le asemeja. Ciencias morales confirma indiscutiblemente la extraordinaria madurez narrativa de uno de los autores más inteligentes, más estimulantes, de la reciente literatura argentina.

Etiquetas: , , , , , ,

Cuentos climáticos

6.06.2007
Ilustración: Letras Libres

Ayer fue el Día Mundial del Medio Ambiente y la revista Letras Libres, que se edita en México y España, le ha dedicado su numero de junio al tema. En medio de extensos artículos dedicados a la preocupació ambiental, encuentro uno realmente simpático: tres escritores escriben respectivos "cuentos climáticos" proyectándose al futuro de desastre ambiental. Son Julieta García, Antonio Ortuño y Fabrizio Mejía. Vale la pena leerlos.

La nota describe así los relatos: "Pericos en los cielos de Noruega, una invasión de tortugas en Guadalajara y la aflicción de una mujer ante las consecuencias climáticas de fumar son algunas de las imágenes de estos cuentos apocalípticos. Tres narradores responden a nuestra invitación de imaginar literariamente el mundo del futuro".

Etiquetas: , , , , ,