MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

La rutina de Kristof

1.15.2010
Agota Kristof. Fuente: sf.tv

Lolita Bosch ha escrito en Letras Libres, y reproducido en el ADN Cultura de La Nación, una reseña sobre esa misteriosa y densa escritora húngara Agota Kristof reeditada por ediciones El Aleph. Una lectura intensa, fuerte, para valientes, ojo, a ver quién se atreve. El artículo de Lolita es una lectura interesante. La rutina como impulso literario. Y sí, es cierto, Claus y Lucas al menos es una de las lecturas más profundamente tristes y dolorosas que pueden hacer. No aconsejable en los años con trece lunas o después de viajes interiores por Buenos Aires. Dice la reseña de Ayer:

Kristof ya no escribe. Ahora vive en un piso anodino de una ciudad anodina, ve la televisión todo el día y no tiene ninguna curiosidad literaria. Se agotó. O eso dice, aunque su pasado demuestre lo contrario: nació en Hungría en 1935, cruzó a pie la frontera hasta Suiza en 1956, aprendió a marcar el ritmo literario en una fábrica de relojes de Neuchâtel y durante muchos años sus obras de teatro se representaron en cafés suizos sin que ella le contara a nadie que en realidad estaba escribiendo poesía. Así que probablemente, entre lo que Agota Kristof hace y lo que Agota Kristof dice que hace, exista el mismo abismo de ambigüedad y certeza en el que se mueven sus personajes exquisitos. El Aleph había editado ya su trilogía Claus y Lucas ( El gran cuaderno , La prueba y La tercera mentira ). Kristof había comenzado a escribirla en 1986, cuando había abandonado su húngaro materno y escribía en francés. Es una trilogía en la que trabajó seis años. Durante ese tiempo vivía en Suiza. Pocos meses antes su marido se había revelado contra la imposición del régimen soviético y la familia se vio obligada a cruzar la frontera a pie: por miedo. Pero cuando Agota Kristof, su esposo y su hija llegaron a Suiza y se sintieron libres, al fin, descubrieron que en realidad no tenían nada que hacer. Así que comenzaron una vida con la que no se sentían identificados y que estaba profundamente alejada de la que habían llevado en Budapest. Eso fue, curiosamente y en contra de lo que hubiera podido esperarse, lo que llevó a Kristof a escribir: la rutina. El Aleph había publicado también colección de relatos bajo el título No importa que la autora no había recopilado en un solo volumen. Pero no pienso en esa antología cuando digo que Ayer (escrita originalmente en 1995, en francés) es una fusión de sus libros anteriores, sino que la novela es el encuentro de la biografía que Kristof sintetizó en La analfabeta y el estado de ánimo que parece emanar de la novela Claus y Lucas . Y es además, por encima de todo, el libro más poético de la autora. Su prosa tiene algo profundamente doloroso, sin consuelo, un desamparo radicalmente humano y triste. Y, no obstante, mantiene la esperanza en la literatura que ya ha sido escrita; no como memoria, sino como la posibilidad precisa y meticulosa de construir un artefacto en el que encajar. Como si la autora húngara hubiese sido capaz de entender algún tipo de experiencia traumática y hubiera radicalizado su prosa. Y logra también que nosotros seamos capaces de entender su agotamiento. Porque aunque no sea una escritora mitómana, produce la sensación de haber hecho un esfuerzo inconsciente e inmenso para encajar en ese lugar abstracto desde el que se escribe con un ritmo literario auténtico que nosotros sólo tenemos la oportunidad de percibir leyendo a autores fundamentales como ella.

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El amor según Tibor Déry

1.13.2009
Carátula del libro. Fuente: amazon

Tengo alojados a dos amigos, más precisamente a una amiga peruana que estudia una maestría de Literatura en EEUU y a su novio nacido en Milwaukee. Ayer regresé agotado, pasada la medianoche, a casa y encontré en la mesa de centro de la sala, iluminado por un rayo de luz filtrado por quién sabe dónde, un libro editado por New Directions titulado Love and the Other Stories de Tibor Déry. Lo cogí y descubrí dos cosas que son como un canto de sirena para mí: Déry era húngaro y, además, el estupendo Peter Nadas lo ha elogiado muchísimo. Dice de él: "Tibor Déry was a dissenter, a subersive revolutionary and, in his old age, a jailbird. He was also one of the greatest stylist in the history of the Hungarian literature". Hojeando el libro caí sobre el cuento "Love" y, algo obvio para quien me conoce, lo empecé a leer. Y a pesar de estar en inglés, que estaba muy agotado y que no era, en términos generales, un buen día, lo terminé de leer en estado de gracia. Es uno de los cuentos más bellos que he leído en mi vida. Un cuento preciso. Hoy en google descubro la biografía de Déry:

Escritor húngaro (1894-1977), autor de La frase inacabada; fue una de las figuras más importantes de la literatura húngara vanguardista (vinculado al dadaísmo y el surrealismo) en el siglo XX. Nacido en Budapest en una familia de la alta burguesía, Tibor Déry rompió pronto con su entorno para frecuentar los movimientos anarquistas y consagrarse a la escritura; participó en los movimientos revolucionarios de 1918 y 1919 y posteriormente hubo de exiliarse en Austria, Francia e Italia. De esta primera etapa de su vida cabe destacar su novela paródica El bebé gigante (1924). En la década de 1930, de nuevo en Hungría, Déry mantuvo relaciones un tanto ambiguas con el partido comunista en el poder. Pese a su consagración como escritor oficial, Déry guardó pronto las distancias con respecto al régimen; desde 1938 estuvo en el punto de mira de la censura por haber traducido Regreso de la URSS de André Gide; más tarde fue encarcelado (1957-1960) por participar en el intento de sublevación de 1956. Tras haber colaborado en diversas revistas surrealistas, Déry optó, en su narrativa, por una estética de inspiración realista. De este modo su “novela río” La frase inacabada (1947) hacía un retrato preciso de la sociedad húngara de entreguerras describiendo los amores de un joven burgués y una militante comunista. Tras su liberación, su prestigio como escritor le permitió volver a publicar. En 1964 dio a luz una novela, El señor G. A. en X., con claras influencias, en su dimensión absurda y fantástica, del universo de Kafka. Hay que citar también El excomulgador (1966), relato en el que el autor se proponía hacer una síntesis de todos sus hallazgos formales. Cabe citar, por último, Querido suegro (1974), novela desencantada de inspiración autobiográfica en la que describe el último amor de un anciano. Escribió también novelas cortas El columpio (1969) y obras de teatro Pelotillero (1954)

También descubrí otras cosas. Por ejemplo, que -con mucha justicia a juzgar de lo poco suyo que he leído- su estilo se ha vinculado con el de Franz Kafka, Anton Chejov y también Bruno Schulz (sobre quien, coincidentemente, Edmundo Paz Soldán escribió en La Tercera este fin de semana). Que existe una película del director húngaro Károly Makk sobre ese bellísimo cuento. Y que Sergio Pitol tradujo algunos cuentos de Tibor Déry -incluyendo el mencionado "Amor"- para una edición de la Universidad Veracruzana titulada El ajuste de cuentas (2007) Y también que, si son pacientes y aguantan la lectura en pantalla, gracias a Google pueden leer la ya, para mí, entrañable edición paperback de New Directions de Tibor Déry que hoy descansa en el mismo lugar en la sala donde lo encontré, al lado del improvisado florero y la flor que ya se marchita, y que ayer me hizo tan feliz pasada la medianoche.

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Diarios 1984-1989

12.14.2008
Sandor Marai en sus últimos días. Fuente: etiqueta

Dentro de unos días, Salamandra publicará los últimos diarios de Sandor Marai, aquellos que escribió cuando era un escritor vuelto en desconocido luego de su primera fama; un extraño húngaro de la vieja escuela viviendo en pisto de California; un hombre apunto del suicidio que al fin se suicida. En el ADN Cultura encontramos un anticipo, algunas tristes entradas de ese diario final, donde leemos cosas así:

12 de agosto. Dice Edmund Wilson que alrededor de 1932, en los años de la Gran Depresión, San Diego era el destino preferido de los suicidas americanos: los deprimidos y los desesperados venían aquí para morir. Entre 1911 y 1927 llegaron más de quinientas personas para suicidarse. La ciudad entonces tendría unos trescientos mil habitantes. Hoy tiene el triple; sin embargo, el número de suicidas ha disminuido, la gente se traslada aquí porque espera vivir al calor del sol.

También se publica en el suplemento una breve reseña de Mercedes Monmany sobre los diarios del adiós, donde dice:

Su exilio fue algo lúcidamente elegido. Algo a lo que no estaba dispuesto a negociar, a no ser que llegara por fin la democracia y "las fuerzas de ocupación rusas" salieran de su país. Ni siquiera ahora está dispuesto a claudicar: cuando sus fuerzas ya lo están abandonando, cuando todo son sinsabores, y cuando, un día tras otro, le llegan nuevos e insistentes halagos en su carácter de "monumento nacional" al que se intenta acercar de nuevo a la patria, en las condiciones que sea. Con una tenebrosa y aterradora clarividencia hacia todo lo que lo rodea, tiempo después de haber tirado al océano las cenizas de su mujer y también, con tan sólo seis meses de diferencia, las de su hijo adoptivo, Janos; con las lecturas nocturnas, cada vez más ausentes a causa de su ceguera, de poetas húngaros del XVI, de autores amados de su siglo (Karinthy, Kosztolanyi, Krudy), de Cervantes y Edmund Wilson, o de sus filósofos preferidos, tan sólo le queda levantar pulcra acta de su adiós. Un adiós voluntario, un suicidio, que se produce poco antes de la caída del Muro, de ese fin de la pesadilla que le será negado conocer. "Estoy esperando el llamamiento a filas. No me doy prisa, pero tampoco quiero aplazar nada por culpa de mis dudas. Ha llegado la hora", escribe en la última entrada de estos Diarios 1984-1989.

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Perfil de Sandor Marai

11.25.2008
Monumento a Sandor Marai en su Hungría natal. Una replica del mismo está siendo construida en la sala de mi casa -contra mi voluntad- por mis fanatizados alumnos. Fuente: masquecine

Llevo en mi casa un grupo de lecturas desde hace tres años. Es una docena fiel de lectores de diversas edades y distintas profesiones, que todos los miércoles se juntan para leer conmigo obras clásicas universales (hace un par de meses leímos Anna Karenina en inolvidables jornadas maratónicas) o novedades de escaparate. Se trata de que yo les "enseñe" a leer, pero son ellos los que me han terminado enseñando muchas veces a mí. Si tengo que elegir un autor que, por consenso, es el favorito de todas las mujeres del grupo es Sandor Marai. Qué éxito. Lo aman. Ya quisiera Nabokov tener esas fans enamoradas (que se negaron a leer Pálido fuego pese a mis amenazas de expulsión y llantos de frustración) Por eso, para mis alumnas enamoradas de Marai, les dejo estan semblanza maravillosa que Mercedes Monmany ha escrito a propósito de la edición de sus Diarios finales:
En enero de 1984 no sólo comenzaba el año que daba título al famoso libro de Orwell. Casi ciego, atrincherado en su pequeño apartamento de San Diego, en California, con su mujer apagándose a la vez que él, con una amargura acrecentada por la total soledad en la que se encuentra, sin el consuelo o bálsamo último de una literatura hacia la que ahora sólo confiesa sentir «nauseas», sobre todo la de su país y la de su lengua originaria, el húngaro, principal baluarte de supervivencia en su duro exilio, quien fue el famoso escritor Sándor Márai (Kassa, 1900-San Diego, 1989) sigue haciendo un implacable balance de lo que queda de su vida a través de unos diarios que siempre le acompañaron, junto a sus célebres novelas. Prohibido en su propio país, pero no en otros de su entorno inmediato, como Alemania, en 1984 Márai anotará que le acaba de llegar de Múnich el último de estos diarios editados, el que cubre los años 1976 a 1983. Un volumen de un total de cinco que había publicado a lo largo de cuarenta años de un exilio iniciado con la llegada del régimen comunista a su país.

Ya escucho los suspiros de ternura al leer la semblanza, mientras los hombres del grupo nos morimos de celos. Y seguro el próximo miércoles me obligarán a leer un libro de Marai. Otra vez.

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Rumania literaria

2.05.2008
carátula de la traducción en Acantilado. Fuente: ríofugitivo

Para subrayar la floreciente literatura rumana, y el galopante mercado libresco de ese país, The Times Book Review ha publicado una edición extranjera en Rumania, para sorpresa e incredulidad de algunos. Aprovechemos la noticia para echar una mirada más atenta a los siempre atractivos autores de países de Europa del Este. Edmundo Paz Soldán lo hace y recomienda a un autor húngaro nacido en Rumania: Adam Bodor.

Dice Paz Soldán: "Hace unos años me compré una novela de un autor del que no sabía nada, Adam Bodor, porque el lugar de donde provenía me parecía muy exótico: era húngaro, pero había nacido en Rumania (Cluj-Napoca), y pertenecía a la población húngara de Transilvania. Lo único que sabía de Transilvania era a través del conde Drácula; pensé que no era una mala idea actualizar esa relación con la lectura de un escritor contemporáneo. Bodor no me decepcionó: El distrito de Sinistra, publicada por Acantilado, retrataba un mundo cruel con lucidez y conseguía crear una atmósfera que, si bien era pesadillesca, no llegaba a cortar amarras con la realidad."

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János Székely

1.14.2008
Carátula de la novela. Fuente: librosweb

Un nuevo húngaro nos descubre Mercedes Monmany en el ABCD Libros: János Székely y su novela Tentación (Lumen).

Dice la reseña: "(...) una auténtica obra maestra del género de la picaresca y de las novelas antiejemplares de iniciación: Tentación, de János Székely, publicada por primera vez en 1948. Unas emocionantes aventuras, ambientadas entre los años 20 y 30 del pasado siglo, de un desenfrenado y desgarrado lirismo, entre el más puro Dickens y un encendido y ávido Turguéniev, que se abren camino sin cesar entre la tragedia y el humor, entre un loco y frenético hambre de vida y sobrevivencia y la toma de conciencia de las injusticias y de las más espantosas e insufribles desigualdades, en la etapa justo anterior al comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Un ansia de vida, de no dejarse aplastar por los aires de tétricas crisis económicas, muerte y represión que se extendían entonces por Europa, que simboliza mejor que nada el rebelde grito embriagado que lanza un grupo de cíngaros ambulantes hacia el final de esta fabulosa y desquiciada historia, basada en hechos autobiográficos (y traducida en algunos países, donde ha cosechado un tremendo éxito, con el título de Un hijo del Danubio): «¡Viva la vida, nunca moriremos!».

autor, János Székely (Budapest, 1901-Berlín, 1958), nacido en el seno de una humilde familia, guionista del cine expresionista en el Berlín de los años 20 y más tarde guionista para Ernst Lubitsch en Hollywood, en películas como Desire, protagonizada por Marlene Dietrich y Gary Cooper, enlaza con una secreta línea o tradición de algunos de los más geniales hijos descarriados de este mítico Danubio, que compartieron en su día unos miserables orígenes superados tan sólo con titánicas luchas personales. Ese es el caso del legendario poeta nacional húngaro Attila József, huérfano y vagabundo, criado en la más total indigencia, que ejercería los más diversos oficios, o del igualmente magnífico cuentista Panaït Istrati, hijo de una lavandera rumana y de un contrabandista griego. Algo que nos ilustra bastante al adentrarnos en la apasionante y descabellada lucha por la vida del pequeño héroe protagonista de Tentación, Béla. Alguien que dirá en sus recuerdos de infancia y adolescencia: «Crecí como la maleza y la mala hierba, igual de resistente"

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Imre Kertész y el horror

1.02.2008
Imre Kertész. Fuente: el mundo

En el diario Página/12 se publica una entrevista de Juan Cruz al premio Nóbel húngaro Imre Kertész titulada “Es increíble la capacidad de hundirse del ser humano” ¡Si supieras, Imre! La nota dice que es un dálogo sobre "el arte y el horror".

Dice el autor: "Creo que aún hay cosas que están por develarse del siglo XX. Pero ocurrieron hechos sin precedentes en ese siglo, que son los regímenes totalitarios que existieron, el nazismo y el comunismo. Eso es algo que no podemos olvidar. No creo que sea posible superarlas, porque todo lo que pasó en el siglo XX ocurrió y sigue existiendo, está con nosotros, es nuestra memoria. Auschwitz, el Gulag... viven aún en los genes de la humanidad. Y las generaciones futuras seguirán llevando estos genes (...) Se ha desarrollado un patrón, y ese patrón existe en las mentes de la gente. Puede ocurrir de nuevo porque ya existe un modelo, un patrón. Antes de la última guerra, si a alguien se le hubiese ocurrido decir: vamos a construir un campamento de exterminio de judíos, la gente habría pensado de esa persona que era un enfermo mental. Antes de la guerra, esas cosas no habrían sido posibles. Pero hoy sí, hoy puede ocurrir, porque existe un precedente. Tanto el Holocausto como el nazismo ocurrieron en una cultura cristiana cuyos valores colapsaron. El que los valores se hubieran colapsado, como bien predijo Nietzsche hace tiempo, ¿es algo que ya viene predeterminado por la humanidad? ¿O tiene que ver con la incompatibilidad de los alemanes y los judíos?

También dijo: "Todas mis novelas tienen puntos de vista distintos sobre lo que pasó. Y es un tema recurrente. Nunca me lo planteo a priori. Es algo que sucede al escribir, está ahí, va viniendo. Escribo un párrafo y lo leo y me doy cuenta de que está mal, que lo tengo que reescribir. Tengo que aprender de mis errores. Y éste es el procedimiento que utilizo. El mundo ha cambiado, fíjese la cantidad de idiomas en los que nos vamos entendiendo, cuántas obras de arte no se hacen del horror que sucedió y que sucede. Cada persona entiende cosas diferentes. Ahí entra el artista, a hacer lo que le da la gana, a convertir en obra de arte incluso el dolor."

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Kis reseñado

12.14.2007
Carátula del libro. Fuente: Acantilado

Al parecer, los de la editorial Acantilado van a cumplir sus promesa y publicar la obra completa de Danilo Kis. Empezaron con la extraordinaria Una tumba para Boris Davidovich y ahora continúan con Circo familiar que reúne tres libros del autor: Penas precoces, El reloj de arena y la famosa Jardín, ceniza. Sacando la cara por la calidad de las reseñas del ABCD las letras, Mercedes Monmany comenta esta trilogía del genial autor serbio.

Dice la reseña: "A lo largo de su obra, pero en especial de su ciclo novelesco Circo familiar (1972-1975), publicado ahora por primera vez de forma conjunta en nuestro país, y compuesto por las obras Penas precoces, Jardín, ceniza y El reloj de arena, Kis daría voz genial y poética, metafórica y espectral, a la gran figura ausente de su infancia: su padre, desaparecido sin dejar apenas huellas, salvo unos pocos documentos y unas fotografías («el único ajuar de mi infancia, la única prueba material de que alguna vez existió»). «Mi infancia y mi adolescencia -dirá- fueron atormentadas por esta desaparición. Esta desaparición de gente que constituye el núcleo de mi literatura es un fenómeno crucial del siglo XX». A través de la evocación lírica, ingenua, condensada en estremecedores y oníricos fragmentos que retrataban la vida de un niño solitario, sensible, fantasioso, que planea en los duros tiempos de la guerra y el hambre huir de su pueblo «hacia el mundo», nos adentramos, en lo que son las dos primeras novelas breves de la trilogía, Penas precoces y Jardín, ceniza, en el pasado de este niño, Andreas Sam, escritor precoz, marcado por un vacío y una ausencia fantasmal que no se puede llenar salvo con grandes dosis de imaginación. En los esbozos mentales de Andreas aparece como desdibujado un padre algo loco y estrafalario, acosado por el fracaso en sus negocios, que no pocas veces hace pensar en el quimérico soñador que era el padre, también judío, de «las tiendas de color canela» de Bruno Schulz, escritor al que Kis se sentía muy unido, lo mismo que a Borges.

Será en El reloj de arena, una de las mejores obras de Kis junto al magnífico collage o summa de una «posible» («todo lo que es posible ocurre», diría Kafka, citado por Kis) Historia de la Humanidad que era su Enciclopedia de los muertos, donde el hijo escritor recupera al posible personaje que fue su padre. Y lo hace mediante la absoluta libertad formal y temporal de la ficción, y mediante la simulación o imitación de un minucioso atestado judicial. Ese atestado judicial narrará la vida de un hombre, nacido bajo el Imperio Autrohúngaro y fugitivo de instantes cotidianos: en el restaurante New York de Budapest y por las calles de Trieste, Novi Sad, Subotica o Zagreb.

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Dezsö Kosztolányi

10.21.2007
Kosztolányi Dezső. Fuente: mek.oszk.com

Y ya que hemos mencionado a Peter Nadas y la literatura húngara, prestemos oídos a la recomendación que hace en la Revista de Libros el crítico Ignacio Valente: Dezsö Kosztolányi, a quien considera incluso superior al súbitamente célebre Sandor Marai. Kosztolányi murió en 1936 y Ediciones B. ha traducido varias de sus novelas como Alondra, Anna la dulce y la última de ellas, a principios de año, Kornél Esti: un héroe de su tiempo.
Dice la nota de Valente: "Kosztolányi escribe como los clásicos. Alguna vez dijo de sí: "Yo soy poeta latino", y la atribución es acertada: en lo verbal por la austeridad, y también en lo biográfico, donde Séneca sería un punto de referencia posible. La perfección de su prosa se debe en buena parte a su condición de poeta, pero no en el sentido convencional de introducir en el relato metáforas brillantes (que suelen contaminar la narración), sino en el sentido opuesto: por la palabra exacta; por aquello de "era un poeta y amaba la precisión". Extraño híbrido de dandy y estoico sobre un trasfondo cristiano, nuestro autor abarcó un amplio espectro formal, que iba del modernismo y esteticismo post-romántico a lo que sería más tarde el nouveau roman (por su desnuda objetividad narrativa). Otro dato importante detrás de su narrativa es su condición de gran traductor: por ejemplo, de Shakespeare y Wilde, de Goethe y Rilke, de Baudelaire y Maupassant, de Unamuno y Machado, todos ellos presentes en su maestría.Hacía el final de su vida, Kosztolányi escribió una novela muy distinta de las anteriores: Kornél Esti. Un héroe de su tiempo. De partida nos sorprende lo de héroe -¿edificante?-, hasta que entendemos la irónica ambigüedad de la expresión. Se trata de un antihéroe por excelencia. Kornél es un disidente nato, un bromista irreverente, un escritor frustrado, que hace pacto con un escritor de éxito: éste, que carece de una vida interesante y sólo sabe escribir, recibirá de aquél la información de una vida aventurera, para narrarla entre los dos. La novela se presenta como el producto de esta cooperación; no tiene línea argumental ni unidad, sino que está hecha de fragmentos discontinuos de la vida de Kornél, algunos de los cuales parecen reflejar episodios biográficos de Kosztolányi. No cabe hablar aquí de estilo conciso y apretado. Hay pasajes memorables, pero el resultado es desigual; está por debajo de la calidad de Anna la dulce y de Alondra, que es excepcional. Porque estas dos novelas, que no han ganado ni al parecer ganarán ya la popularidad de las obras de Márai, contienen más belleza, más arte, más sustancia y un más sutil secreto humano. Confío en que no les faltarán lectores, menos abundantes pero capaces de un gozo más intenso y puro."

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Peter Nadas y el compromiso

Peter Nadas. Fuente: pim media

Una de mis misiones el día que pasé en Madrid, hace un mes, fue encontrar algunos de los libros del húngaro Peter Nadas. Había leído ya La propia muerte (Galaxia Gutemberg) y me pareció estupendo. Lamentablemente, si uno no busca otras obras suyas traducidas (como El libro de los recuerdos que publicó Seix Barral) en las librerías de viejo no las encuentra. Pero vale la pena insistir y sin duda lo haré cuando pueda ir por más tiempo a España. Por lo pronto, gracias a "The Literary Saloon" me entero de esta entrevista a Peter Nadas en una página virtual dedicada a la literatura húngara a raíz de un libro de cuentos recientemente traducido al inglés bajo el título Parallel Stories. Ahí habla sobre el paralelo, que aparece en sus relatos, entre erotismo e historia. Y también sobre el tema del compromiso del escritor.

Dice Nadas sobre el compromiso del escritor: "Stepping in front of the public and voicing your opinion does entail a risk. I think this problem emerged in the 1950s. Jean-Paul Sartre realized that he was speaking and speaking, but to no avail: nobody heeded his words, only those who thought the same anyway. Sartre was puzzled by this. Earlier writers might have had the impression that, since they were standing on top of the pyramid of written culture, many people listened to what they said. Yet I think this was a self-delusion even then. The opinion of writers is always important – but only in hindsight. I have a civil consciousness, so when I am asked I voice my opinion. Not always, but sometimes I do. When I speak, it is not the writer, but the civil person speaking who feels that it is part and parcel of his mental health and democratic self-consciousness to say what he thinks is right".

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Sandor Marai

9.23.2007
Sandor Marai en Budapest. Fuente: adn cultura

La publicación en castellano de El último encuentro de Sandor Marai desató una inusiatada fiebre por el escritor húngaro que una década antes, olvidado y en el exilio, se había suicidado en Estados Unidos. El comienzo de su éxito se dio en 1999 (se había matado en el 89) de la mano de un editor con una erudición y un olfato como Roberto Calasso. En castellano, es Salamandra la que tuvo el buen tino de traducir su obra y conseguir así éxitos enormes con todos sus títulos, incluyendo sus primeras novelas. El narrador argentino Leopoldo Brizuela ha escrito para ADN Cultura una detallada biografía de Marai que nos conduce por sus escenarios vitales y por sus afectos, y obviamente también por la compleja escritura de sus obras.

Dice Brizuela: "Hay un misterio en las novelas de Sándor Márai, en el silencio de sus personajes, en la oscura motivación de sus acciones y sus reposos tensos, en las sombras de esos escenarios opulentos y decadentes, ya para siempre perdidos. Ese misterio empezó a conquistar a millones de lectores en todo el mundo desde 1999 (diez años después del suicidio del autor y a medio siglo de su partida de Hungría), a la vez como un presagio y una clave del horror que pronto estallaría. Algo parecido pasa con su vida. Los recuerdos de su familia, que lo concibió y lo crió como la flor de una estirpe y una clase social; sus prematuras memorias; los infinitos testimonios dejados por la prensa y la crítica, que durante al menos veinte años lo reflejaron según el molde del "escritor exitoso"; y por fin, las miles y miles de páginas de los diarios personales que llevaron, durante décadas y décadas, él y su esposa; todo ese material revela, por contraste, un itinerario irreducible a cualquier esquema o mote, empezando por el que él mismo eligió ponerse: el de burgués. ¿Quién era Sándor (Alejandro) Márai?, se pregunta el lector de sus relatos, perplejo ante la reserva de sus biografías, intuyendo que en él hubo alguien capaz de mirar a los ojos la tragedia y de sobrevivir a ella. "Pero ¿qué puede responderse con palabras?", replica uno de los personajes de su novela El último encuentro. "¿Y de qué vale, en todo caso, una respuesta dada en palabras y no en la moneda de una vida entera." Así, mientras dure nuestra pasión por su literatura, quizá no nos quede otro remedio que narrarnos una y otra vez la historia de Sándor Márai, dispuestos a corregirla cuando un nuevo dato invalide el esbozo anterior; guiados apenas por la esperanza de recibir, en su moneda, el pago a la templanza que exige su lectura. "

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