MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Lecturas de verano

7.15.2009
Leer en la playa. Foto: vincens gimenez/ el país

Aunque aquí en Lima estamos en invierno (un invierno maniaco-depresivo, cambiante, indeciso, el primer invierno del siglo XXI), en España disfrutan del verano y se preparan para viajar con la mochila llena de libros. Bueno, al menos el 70% de españoles que dicen coger a veces o casi siempre un libro. Por ello, el diario El País ha elaborado una encuesta en la que diverrsos escritores españoles dan sus recomendaciones para leer este verano. Aquí la lista:

Ray Loriga
El vino del estío, de Ray Bradbury
Monsieur Teste, de Paul Valéry

Ignacio Martínez de Pisón
Las cartas de Rimbaud, de Arthur Rimbaud
Escapada, de Alice Munro

Carme Riera
La soledad de los números primos, de Paolo Giordiano
Nadie lo ha visto, de Mari Jungstedt

Fernando Savater
Mil años de poesía europea, por Francisco Rico

Ana María Shua
Las hermanas Grimes, de Richard Yates
La fe ciega, de Gustavo Nielsen

Justo Navarro
Tom Ripley, de Patricia Highsmith

Luisa Castro
Las manos pequeñas, de Andrés Barba
En busca de lo absoluto, de Arthur Koestler

Andrés Trapiello
María Fontán, El enfermo y Félix Varga de Azorín

Paco Roca
Dimas, de Andreu Martín y Sagas Forniés

Susana Fortes
Aurora Boreal, de Asa Larsson

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Los reyes magos

10.17.2008
Los reyes magos. Foto: pau vila

Me pregunto ¿pero qué habrá querido decir Savater con esta frase recogida en "El País"? Cada día este blog se llena de cosas más extrañas. Dijo Savater:

"Sospechar del Planeta es como sospechar de los Reyes Magos. Es un juego y hay que tomarlo como es. A estas alturas se sabe más o menos cómo funciona. Hay que juzgarlo literariamente. Miras el palmarés del premio y está todo el mundo. Es la prueba de que funciona como elemento de promoción de la lectura. Juan Benet era un hombre exquisito y a priori poco planetario, pero su audiencia creció cuando fue finalista. Como no es obligatorio jugar a este juego, es absurdo poner cara de virgen ofendida. Además, hay un jurado". Y concluye: "Si algún día ves que me dan un premio en un concurso de belleza piensa que hay compadreo, pero de los que me den por escribir bien puedes pensar que están bien dados".

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Declaraciones de Savater

10.16.2008
Fernando Savater junto a Angela Vallvey, finalista. Fuente: adn.es

El ADN.es recoge algunas de las declaraciones de Fernando Savater sobre su novela, premiada ayer con el abultado premio Planeta. Detectives, carreras de caballos, filosofía. ¿La leeré? Voy a pensarlo mucho, la verdad. Dice Savater:

El filósofo y escritor Fernando Savater, proclamado anoche ganador del Premio Planeta, ha dicho que la novela La hermandad de la buena suerte ha sido como un "refugio espiritual" en un año difícil y agitado. Savater ha reconocido que este volumen fue "un alivio en un año bastante lleno de cosas, en el que hemos fundado un nuevo partido, participado en unas elecciones generales y logrado una parlamentaria en el Congreso, hemos creado el Manifiesto por la lengua común y además era mi último año en la universidad". El proceso creativo, en el que Savater "olvidaba todos los líos y los problemas", sirvió a su autor "para sobrevivir" y espera que pueda actuar de manera semejante con los lectores. Con una obra ensayística tan consolidada y una etiqueta ganada a pulso como filósofo polemista, es inevitable que el Savater pensador se intente colar en la novela. Aún así, él asegura que se ha contenido en la medidas de sus posibilidades. "He intentado que el filósofo no meta baza, porque la gente ya está bastante harta y por eso quería una narración pura, aunque es inevitable que haya alguna continuidad". La hermandad de la buena suerte ha sido definida por Savater como una "novela de aventuras", en la línea de su admirado Robert L. Stevenson, en la que sitúa una trama de intriga en el mundo de las carreras de caballos.

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Savater, premio Planeta

10.15.2008
Fernando Savater en la noche de premiación. Fuente: el país

Se acabó el misterio (si acaso era un misterio para alguien) y Fernando Savater resultó ganador del Premio Planeta 2008 con la obra La curva del Pardo (el título real La hermandad de la buena suerte) El "eterno candidato", como lo califica un artículo en "El País" ya había sido finalista antes con la novela El jardín de las dudas. En esta ocasión, la finalista fue Angela Vallvey con la novela La inocencia de los bárbaros (titulada definitivamente Muerte entre poetas). En ambos casos se trató de novelas dentro del género detectivesco.

Savater se ha impuesto con una novela presentada a concurso con el título de La curva del Pardo y firmada con el seudónimo de Patricio. En la obra tiene un gran protagonismo una de las aficiones confesadas del autor, las carreras de caballos. Así, la trama arranca con la desaparición de un yóquei famoso. Un multimillonario decide entonces contratar a unos mercenarios para localizarlo. El resultado es una obra detectivesca con numerosas citas filosóficas (....) De hecho, Savater, también aficionado confeso a la novela policiaca —de la que hizo una inolvidable reivindicación en La infancia recuperada (Taurus), donde recordaba que el primer detective de la historia fue nada menos que el profeta Daniel al desenmascarar a los sacerdotes de Baal en un caso típico de habitación cerrada considera que hay muchas similitudes entre el método detectivesco y el filosófico. Si se añade el universo de los caballos de carreras, la conjunción no puede ser más savateriana (...) Con Savater, el Planeta sigue con su apuesta por autores de reconocida calidad y prestigio, algo que le dio muy buenos resultados en la pasada entrega al reconocer El mundo, de Juan José Millás, obra que esta semana se ha alzado con el prestigioso Premio Nacional de Narrativa. En esta ocasión, el jurado —compuesto por Álvaro Pombo, Carmen Posadas, Rosa Regàs, Alberto Blecua, Alfredo Bryce Echenique, Pere Gimferrer y Carlos Pujol— tampoco ha querido errar el tiro para evitar escándalos como el provocado por Juan Marsé al dimitir de jurado en la edición de 2004, cuando venció Maria de la Pau Janer con Pasiones romanas, una novela que ha pasado con más pena que gloria a la historia de un premio que lleva 39 millones de ejemplares vendidos entre finalistas y ganadores, según el grupo editorial que lo convoca.

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Contra la lengua común

7.11.2008
Por una lengua que unifique el rompecabezas. Fuente: educakids

Fernando Savater, Mario Vargas Llosa, Albert Boadella, Félix de Azúa, Álvaro Pombo, Arcadi Espada y Luis Alberto Cuenca, entre otros, firmaron el pasado 23 de junio un Manifiesto por la Lengua Común en el que sostenían:
Todas las lenguas oficiales en el Estado son igualmente españolas y merecedoras de protección institucional como patrimonio compartido, pero sólo una de ellas es común a todos, oficial en todo el territorio nacional y por tanto sólo una de ellas –el castellano- goza del deber constitucional de ser conocida y de la presunción consecuente de que todos la conocen. Es decir, hay una asimetría entre las lenguas españolas oficiales, lo cual no implica injusticia (?) de ningún tipo porque en España hay diversas realidades culturales pero sólo una de ellas es universalmente oficial en nuestro Estado democrático (...) Son los ciudadanos quienes tienen derechos lingüisticos, no los territorios ni mucho menos las lenguas mismas. O sea: los ciudadanos que hablan cualquiera de las lenguas co-oficiales tienen derecho a recibir educación y ser atendidos por la administración en ella, pero las lenguas no tienen el derecho de conseguir coactivamente hablantes ni a imponerse como prioritarias en educación (...) La lengua castellana es común y oficial a todo el territorio nacional, siendo la única cuya comprensión puede serle supuesta a cualquier efecto a todos los ciudadanos españoles.

Ahora, en el diario ADN me entero de que asociaciones de escritores catalanes, vascos y gallegos rechazan el Manifiesto. Dice la nota:
La Federación de Asociaciones de Escritores Galeusca, que engloba a escritores catalanes, gallegos y vascos, rechazaron hoy el intento de "exclusión que colegas escritores españoles" han realizado a través del Manifiesto por la lengua común, promovido por autores como Fernando Savater, Mario Vargas Llosa o Álvaro Pombo. La federación lamentó que se "dediquen a combatir lo más próximo y asimétricamente discriminado". Galeusca está formada por la Asociación de Escritores en Lengua Catalana, de la que forman parte autores como Sergi Pàmies, Martí de Riquer o Baltasar Porcel; la Asociación de Escritores en Lengua Gallega, entre cuyos miembros están Suso de Toro o Manuel Rivas, y la Asociación de Escritores en Euskera, que cuenta con Bernardo Atxaga o Martin Ugalde. En un comunicado, Galeusca afirma que el catalán, el gallego y el euskera no son "inventos" de ahora, sino que son lenguas que fueron normales durante años en sus territorios y que sufrieron un proceso de desnormalización "por invasión de la lengua que fue decretada como oficial del estado, sin ninguna consulta ni acuerdo previo". Señalan que la Constitución no obliga a que estas lenguas sean conocidas en sus territorios, como sí hace con el castellano, lo que supone una "asimetría" de los derechos lingüísticos de los ciudadanos. Reivindicaron que se trata de lenguas propias de aproximadamente el 40% de los españoles y una herramienta de comunicación democrática.

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Mi obra imposible

6.19.2008
lápiz roto. fuente: nube numero 9

En El Cultural han tenido una idea atractiva: como anticipo al libro Los libros que nunca he escrito de George Steiner, traducido recientemente por Siruela, le han preguntado a una serie de escritores españoles cuál es ese libro imposible que nunca han escrito, ni escribirán, pero les hubiera encantado hacerlo. Aquí algunas de las respuestas:

Fernando Savater
Cuando escribí mi autobiografía Mira por dónde omití lo que podríamos llamar con Bataille “la parte maldita” de mi experiencia vital, sobre todo en lo que afecta a posiciones viles y oportunistas en la prensa o la intelectualidad sobre el tema del terrorismo o de la política en general. No quería quedarme totalmente sin amigos ni perder lo poco que aún guardo de mi antigua fama de “buen chico”. Pero de vez en cuando me tienta soltarme el pelo de una vez y hacer algo así como el cruel “Mes poisons” de Saint-Beuve. Todo se andará...

Eduardo Mendoza
Hay varias novelas que he empezado y no he escrito por varias razones: una de humor porque no me hacía reír; un drama que sí me hacía reír; una novela histórica que me parecía (y era) un ladrillo; una novela de amor que no parecía sincera; una historia de misterio que nunca llegué a saber cómo acababa. Algunos de estos conatos llenan un armario. Espero tener ocasión de quemarlos antes de estirar la pata, aunque lo que pase después me trae sin cuidado: no creo en la posteridad. Me habría gustado escribir una novela pausada, con largas descripciones, a la manera de Balzac o de Proust; o un profundo análisis de las pasiones, como Doistoievsky; o un texto denso y hermético, como Joyce. En resumen, que me habría gustado tener más talento. O menos para no darme cuenta, embarcarme en una empresa arriesgada y naufragar. Me temo que ya es tarde.

Carmen Riera
Nunca escribiré una novela que tiene que ver con mi infancia, sumamente infeliz, por cierto. Aunque el tema es sugerente –una niña que se pasa la vida escuchando detrás de las puertas y que un día oye algo terrorífico–. Todavía a estas alturas me produce una sensación sumamente pertubadora y en consecuencia no escribiré jamas sobre el asunto. El tabú tiene que ver con las relaciones familiares.

Álvaro Pombo
Jamás he renunciado a tema alguno, aunque lo que Steiner confiesa en ese libro, es decir, su imposibilidad de escribir sobre algunos asuntos especialmente delicados, es una constante en la literatura universal. Quizá el caso más claro sea el de Julien Green, un excepcional escritor que tuvo gravísimas dificultades para escribir abiertamente sobre su homosexualidad, y que sólo en los innumerables tomos de su diario deslizó alguna confesión en ese sentido. Yo, felizmente, siempre he escrito lo que he querido.

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Sobre el derecho de citar

1.08.2008
Mans dibuixant. Ilustración: M.C. Escher. Fuente: MCEscher

Me entero por el último "Dietario Voluble" de Enrique Vila Matas que existe una rara avis literaria que se caracteriza por ser "anti-citas" y que "ven mal cierta erudición y dan la consigna estúpida de que "al escribir no hay que deberle nada a nadie", según explica Vila Matas. ¿Existen esos? Pues pobres almas porque citar o epigrafiar es uno de los placeres más grandes que tenemos los lectores. Cuando un autor toma prestada o robada una frase de otro, no sólo le está rindiendo un tributo sino reclamando un derecho: el derecho a que una buena frase sólo existe, y es buena, si existe alguien que la lee, la entiende y la considera como propia. Si no, esa frase está muerta. Una cita citable, en sí misma, ¿era buena o memorable antes de que los demás empezaran a citarla? No, de ningún modo. No existía. Independientemente de la intención inicial de una frase, cuando un autor la cita la está cargando de su propia personalidad; no solo la está re-creando sino que la están inventando. Por eso estoy de acuerdo con la manía de citar de Vila Matas, que hago mía además, y digo más: creo que no hay en sus novelas nada tan suyo, personal e, incluso, intrasferible como las citas de los otros.

Dice Vila Matas: "Comenta Susan Sontag en el prólogo de la singular y hoy algo extraviada novela Vudú urbano, de Edgardo Cozarinsky: "Su derroche de citas en forma de epígrafes me hace pensar en aquellos filmes de Godard que estaban sembrados de frases ajenas. En el sentido en que Godard, director cinéfilo, hacía sus filmes a partir de y sobre su enamoramiento con el cine, Cozarinsky ha hecho un libro a partir de y sobre su enamoramiento con ciertos libros". Me formé en la era de Godard. Lo que había visto en Godard y otros cineastas innovadores de los años sesenta lo asimilé con tanta naturalidad que después, cuando alguien reprochaba, por ejemplo, la incorporación de citas a mis novelas, me quedaba asustado de la ignorancia de quien censuraba aquello que para mí era lo más normal del mundo. Además, no podía olvidarme de ejemplos extremos como El libro de los amigos, de Hugo von Hofmannsthal, colección de aforismos que, junto a textos del autor, incorporaba "voces amigas": un centenar de máximas ajenas que se integraban en la visión del mundo del propio Hofmannsthal. Fernando Savater dice que las personas que no comprenden el encanto de las citas suelen ser las mismas que no entienden lo justo, equitativo y necesario de la originalidad. Porque donde se puede y se debe ser verdaderamente original es al citar. Por eso, algunos de los escritores más auténticamente originales del siglo pasado, como Walter Benjamin o Norman O. Brown, se propusieron (y el segundo llevó a cabo su proyecto en Love's Body) libros que no estuvieran compuestos más que de citas, es decir, que fuesen realmente originales... Plenamente de acuerdo con Savater cuando dice que los maniáticos anticitas están abocados a los destinos menos deseables para un escritor: el casticismo y la ocurrencia, es decir, las dos peores variantes del tópico. Citar es respirar literatura para no ahogarse entre los tópicos castizos y ocurrentes que se le vienen a uno a la pluma cuando nos empeñamos en esa vulgaridad suprema de "no deberle nada a nadie". Y es que, en el fondo, quien no cita no hace más que repetir, pero sin saberlo ni elegirlo. "Los que citamos", dice Savater, "asumimos en cambio sin ambages nuestro destino de príncipes que todo lo hemos aprendido en los libros (y ahí va otra cita disimulada, ja, ja, larvatus prodeo...)".

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