MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Esther Tusquets sobre Barral

11.05.2009
Esther Tusquets. Fuente: elmundo.es

En la tercera parte de sus memorias, Confesiones de una vieja dama indigna (Bruguera), Esther Tusquets, narradora y editora-fundadora de Lumen, habló sin pelos en la lengua sobre Carlos Barral y su labor editorial en los años dorados de la industria editorial catalana. Dice el ABC:

En la edición reinaba Carlos Barral, gran seductor, «aunque irreflexivo y caprichoso», matiza Tusquets. El magnífico Barral dejó pasar «Cien años de soledad» y dijo que no le interesaban los cómics cuando le ofrecieron en Fráncfort a Mafalda. La editora de Lumen obtuvo con Quino su primer gran éxito. Lo mismo sucedió con los «Apocalípticos e integrados» de Eco; dejado de lado por Barral, Tusquets lo editó y se ganó luego el cielo del bestseller con «El nombre de la rosa».

¡Asu! No sé si "indigna" pero deslenguada sí que es esta "vieja dama".

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Vargas Llosa y la mujer desnuda

6.16.2008
La seducción. Fuente: milomanara sildavia

Juan Cruz está presente en la bella Santillana del Mar para la jornada "Lecciones y maestros" que reunirá en esta segunda ocasíón a Mario Vargas Llosa, Arturo Pérez Reverte y Javier Marías. La jornada se inauguró con la lección de Vargas Llosa que fue complementada con un ronda de anécdotas moderadas por Basilio Baltasar y narradas por Peter Landelius (traductor al sueco de VLL), Juan José Armas Marcelo y José Miguel Oviedo. Armas Marcelo recordó ahí una curiosa anécdota de Vargas Llosa y una mujer desnuda:

Armas Marcelo, que escribió una biografía literaria del escritor de La ciudad y los perros, contó una anécdota que completa el mito (basado en la realidad) del trabajo incesante a que se somete Vargas Llosa a la hora de cumplir con su vocación literaria. Dice Armas Marcelo que escribe Carlos Barral que éste le fue a visitar a París, cuando ya Mario había escrito La ciudad y los perros; sonaba la máquina de escribir, y era Vargas Llosa en medio del silencio de la casa, mientras Barral dormitaba. Hasta que sonó el timbre de la puerta, entró seguramente una mujer, y al cabo de unos minutos volvió a sonar la máquina, que paró tan solo para que se oyera la voz de Mario diciendo: "¡Qué haces desnuda, que te vas a enfriar!". Y luego volvió a sonar la máquina. Lo de Neruda es verdad, Mario recuerda haber contado eso; alguien contó luego que Barral escribió esa anécdota para cumplir con el deber de un editor de crear una mitología en torno a un autor que estaba naciendo.

Debo decir que, aunque Mario Vargas Llosa niegue la anécdota, quienes conocen su impresionante dedicación para escribir siguiendo horarios establecidos previamente (lo que no es un mito) seguro pueden creerla más que verosímil.

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Bruno Schulz, el demiurgo

7.17.2007
Bruno Schulz, autorretrato. Fuente: un buraco na sombra

Muchas veces me ha sucedido que pienso en un autor o tema y, zas, al día siguiente aparece comentado en el blog "Puente aéreo" de Gustavo Faverón. Ayer, en medio de un insomnio que se está haciendo habitual, se me ocurrió pensar en Bruno Schulz y su libro Las tiendas de color canela, según la traducción de Barral editores (por Salvador Puig, y que en mi memoria las recuerdo mucho mejores que la actual de Siruela, que recoge una anterior de la editorial Montesinos). Y ahora aparece mencionado en un post de "Puente Aéreo". Recuerdo que ese libro, gracias a la recomendación entusiasta, diría extasiada, de Xavier Echarri, fue uno de los primeros que leí una vez ingresado a la facultad de letras y su impacto fue muy profundo. Recuerdo mucho de él, pero en especial el capítulo llamado "Tratado de los maniquíes o El segundo libro del Génesis" que fue para mí una inspiración literaria, una auténtica arte poética de la fragmentación, que justificó no sólo mi obra (eso es lo de menos) sino todas mis pedanterías teóricas en un taller literario en el Museo de Arte. Nadie podía reclamar entonces (y los que han leído Las fotografías de Frances Farmer sabrán de qué hablo) que a mis cuentos le faltaba final, o que no tenían argumentos, o que mis personajes estaban mal perfilados psicológicamente. Ante cualquier duda o murmuración, los mandaba a leer el "Tratado de los maniquíes".

¡Ah, tiempos aquellos en que al menos tenía el pelo largo y la edición de Bruno Schulz publicada por Barral! Ahora eso y aquello se ha perdido. Me queda el internet. Lean aquí el "Tratado de los maniquíes" (y que me perdonen los futuros profesores de talleres, incluyéndome). Yo les adelanto la parte que más me impresionó (el subrayado es mío):

"Nosotros no buscamos, decía, obras de largo aliento, seres hechos para durar mucho tiempo. Nuestras criaturas no serán héroes de novelas que abarquen muchos volúmenes, sino que tendrán breves papeles, lapidarios, caracteres sin profundidad. A menudo sólo los llamaremos a la vida para que ejecuten un solo gesto o pronuncien una sola palabra. Lo reconocemos francamente: no insistiremos en la duración o en la solidaridad de la ejecución, y nuestras criaturas serán casi provisionales, hechas para no servir más que una vez. Si se trata de seres humanos les daremos, por ejemplo, la mitad del rostro, una pierna, una mano, la que le será necesaria para su papel. Sería pedante preocuparse por el segundo elemento si éste no está destinado a entrar en juego. Por detrás podría, simplemente, hacerse una costura o pintarlos de blanco. Nosotros depositaremos toda nuestra ambición en esta noble divisa: un actor para cada gesto. Para cada palabra, para cada acto, haremos nacer un hombre especial. Tal es nuestro gusto, y será un mundo al gusto nuestro.
»El Demiurgo estaba enamorado de los materiales sólidos, complicados y refinados; nosotros, a su vez, damos preferencia a la pacotilla. Estamos interesados y positivamente seducidos por la chapucería, por todo lo que es vulgar e insignificante. ¿Comprenden -preguntaba mi padre- el profundo sentido de esa debilidad, de esa pasión por los trozos de papeles de colores, el papel maché, el barniz, la estopa y el serrín? ¡Pues bien! -respondía con una dolorosa sonrisa- esa debilidad se debía a nuestro amor por la materia por sí misma, por lo que ésta tiene de velloso y poroso, por su consistencia mística. El Demiurgo, ese gran señor y artista, la hace invisible al hacerla desaparecer bajo los ojos de la vida. Nosotros, por el contrario, apreciamos sus disonancias, sus resistencias, su torpeza mal desbastada. Nos gusta discernir en cada gesto, en cada movimiento, su grave esfuerzo, su inercia y su torpeza de gran oso dócil.»

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García Márquez 40 años

5.21.2007
Portada de suplemento Ñ que rinde homenaje a García Márquez. Fuente: Clarín

Bajo el título de “Inventor, mago y cronista” el suplemento Ñ le rinde un homenaje a Gabriel García Márquez por los 40 años de publicación de Cien años de soledad. Muy bueno, sobre todo, el artículo sobre los mitos alrededor de su publicación. ¿Será cierto que Barral dejó pasar por sus narices el manuscrito sin inmutarse?

Guillermo Saccomanno, uno de los invitados a este homenaje, dice: “Escribir a esta altura sobre Cien años...es exponerse al papelón. Debe ser la novela latinoamericana sobre la que más se ha escrito, habiéndose dicho todo: novela familiar, histórica, magica, épica, política, etcétera. Y sin embargo, no. Al leerla de nuevo uno tiene la sensación de que aún hay algo que no se dijo, de que uno ha visto un destello que a los demás se les pasó. La diversidad de interpretaciones a que se presta es inagotable. Eso explica su popularidad y también por qué, cada tanto, le surgen detractores rencorosos. No obstante, Cien años... perdura indemne. Y se mantiene en forma. En forma y en contenido. Parece haber estado siempre ahí, esperando a todos y a cada uno para revelarles algo que hasta ahora ignoraban. O cantarles cuatro frescas.

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