MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Cibercanalladas

1.11.2010

cibercanallada contra José Emilio Pacheco. Fuente: muyinternet.com

Parece que los cibercanallas, trolls o anónimos que saltan de las paredes de los baños a los emails falsos se reproducen en todo América Latina. Esto lo leí en el blog de Juan Palomo:
Los cibercanallas no respetan a nadie, ni siquiera a los premios Cervantes. El 29 de diciembre un puñado de amigos del último galardonado, el mexicano José Emilio Pacheco, recibió un email en el que el poeta supuestamente les pedía ayuda económica porque se encontraba varado en Londres, y tenía que pagar 1.250 libras. La sorpresa de Darío Jaramillo, García de la Concha, Celorio, Alonso Cueto, Visor o Margo Glantz fue extraordinaria. Tuvo que ser Marco Antonio Campos, amigo de Pacheco, quien aclarase que el poeta se encontraba a salvo en su casa de México. O sea, que ni el Cervantes es inmune a lo peor de la red.

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José Emilio Pacheco, premio Cervantes

11.30.2009
José Emilio Pacheco. Fuente: elpaís

El poeta mexicano José Emilio Pacheco ha ganado hoy el Premio Cervantes de Literatura, el más importante de habla hispana, por el conjunto de su obra. "Es un premio a la literatura mexicana" ha declarado el poeta, habitual visitante de Lima -hace unos años la FIL Lima le rindió un homenaje- y no solo un gran poeta, sino también un prosista delicadísimo. El poeta se encuentra en Guadalajara, participando de la FIL Guadalajara, celebrando con todos. Dice "El País":
"Quiero dejar claro que este premio es para toda la literatura mexicana, que no sale mucho de nuestras fronteras". Así se ha expresado hoy José Emilio Pacheco tras conocer que había sido galardonado con el Premio Cervantes, máximo galardón de las letras hispanas. Pacheco considera el fallo del jurado "una irrealidad" que nunca aspiró a recibir, según ha dicho a Efe en declaraciones telefónicas desde Guadalajara (México), donde asiste a la Feria Internacional del Libro (FIL). El escritor ha insistido en que "no esperaba" recibir este premio, que considera el más importante de la lengua castellana. El poeta, prosista y traductor, nacido en Ciudad de México en 1939, ha resaltado la generosidad del jurado por fijarse en su obra cuando "hay tantos buenos escritores". "No me puedo quejar", ha subrayado. Ha explicado que el premio le toca "muy hondo" y le afecta "muchísimo". Sobre los múltiples homenajes recibidos en 2009, al cumplir 70 años, el poeta afirmó que fueron "una gran sorpresa, como la de esta mañana", aunque reconoció que tanta celebración le causa "mucha fatiga" y que se cansa "de una manera terrible". Ayer mismo, en la Feria Internacional del Libro en Guadalajara, frente a un grupo de periodistas que se lo pasaron en grande, Pacheco sacó a pasear su fina ironía: "Temo aburrirles, contarles siempre lo mismo. Así que si se empeñan en seguir haciéndome entrevistas, no tendré más remedio que inventarme otra biografía". Una periodista mexicana le preguntó: "Maestro, después de haber recibido el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, ¿cree usted que le pueden dar el Premio Cervantes?". Su respuesta fue: "Para nada. Aunque con el Reina Sofía eso se quebró de alguna manera, yo soy el eterno finalista. Y en Norteamérica eso de ser finalista es un prestigio. Los autores lo ponen hasta en la solapa de sus libros... Fue finalista de tal o cual premio. Pero aquí en México eso no es así. Aquí es un deshonor"

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José Emilio Pacheco, premio Reina Sofía

5.08.2009
José Emilio Pacheco. Fuente: elpaís

El poeta mexicana José Emilio Pacheco ganó ayer el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, el galardón más importante que se otorga a un poeta de habla castellana después del Cervantes. Los 42.000 euros los usará para ir al médico porque ya tiene 70 años, declaró. Dice la nota:

Ayer, Jaime Siles, uno de los jurados del premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, dijo que el galardonado de este año ha logrado, después de Octavio Paz, crear un "ámbito y un espacio poético propio". A pesar de todo ello, José Emilio Pacheco asume con modestia y honesta sorpresa la noticia del reconocimiento que antes recayó en Gonzalo Rojas y Antonio Gamoneda, entre otros. "No me considero un maestro; prefiero aprender", señala el autor. "Es como un regalo, coincide con que el 30 de junio cumpliré 70 años, me parece íntimamente agradable que coincida con ello", señala Pacheco, vía telefónica, a EL PAÍS. Y que coincida, agrega, con que después de varios años de no publicar salgan tres volúmenes suyos a la luz. Uno es de poemas en verso, Como la lluvia; otro de poemas en prosa, La edad de las tinieblas; y una recopilación de las versiones poéticas de la que ya salió un adelanto, que es la versión de El cantar de los cantares, publicada en España por Visor. "Estamos ante un hombre que les habla a los hombres en un lenguaje carente de artificios o de excesiva filigrana y verdaderamente empleado por ellos, comunicándoles un propósito que espontáneamente rebosa sentimientos poderosos", escribió Pura López Colomé de él en la revista Letras libres de mayo del 2008 (...) "Se caracteriza por tener una poesía de enorme exactitud, de enorme cultura, de enorme atención a los fenómenos inmediatos, donde configura una visión del mundo escéptica y a la vez afectiva. Ejemplo de eso es su poema sobre la patria, Alta traición", subraya uno de los editores del suplemento literario del diario Reforma, Sergio González Rodríguez, quien agrega: "Tiene una gran capacidad de conmoverse ante la tragedia ajena, una gran sensibilidad ante lo que ocurre a la comunidad que lo rodea, para luego darle un sentido poético a esa realidad".

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Monsiváis: 70 años

5.05.2008
Carlos Monsiváis cuando era uno de los tres mosqueteros fagocilibros. Fuente: laberinto

Carlos Monsiváis ha cumplido esta semana 70 años y en los diarios de México se han encargado de recordárselo con sendos homenajes, incluidos los recuerdos de amigos y frases de conocidos. Dentro de estos homenajes, el suplemento Laberinto ha sacado ventaja dedicándole no sólo casi enterito su número de fin de semana, sino recordando a esa "generación de tres" que representan Monsiváis, José Emilio Pacheco y Sergio Pitol. Entre otras notas, destaca el recuerdo de sus dos compinches. Aquí las palabras de Pacheco:
Los cafés que ya no existen —el Kilos, el Chufas, el Palermo, el Sorrento, la Farmacia Elsa— resultaron el taller literario en que sin saberlo tomé clases particulares con Monsiváis. Teníamos el hábito, venturosamente abolido por los medios electrónicos, de leernos en voz alta nuestros textos. Yo escribía de todo y a todas horas. A diario le leía a Monsiváis versos, cuentos, notas, obritas de teatro. Nunca intentó corregirme ni me indujo a escribir como él. Sólo me habituó desde un principio a la crítica. Somos por completo distintos y sin embargo nos parecemos. Vicente Rojo dice que no somos escritores sino reescritores. Eliot diría que “sólo estamos invictos porque seguimos intentando”.Gracias a esta que tal vez podríamos llamar política del desaliento —el mejor estímulo negativo a que puede someterse una vocación— y a la severa lista de lecturas que me impuso Monsiváis, en sólo un año pude pasar de la edad de las tinieblas al paleolítico. En 1958 publiqué mis primeros cuentos en La sangre de Medusa y los poemas iniciales que cinco años después aparecieron en Los elementos de la noche.En la feliz ignorancia del porvenir, combinamos sin saberlo alta cultura y cultura popular: programas triples en viejos cines ya también desaparecidos y lecturas de la Biblia en la versión de Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera. Como buen niño católico, yo ignoraba esta obra maestra y me había mantenido a distancia de poetas rojos como Pablo Neruda y César Vallejo. También hicimos en colaboración traducciones de autores ingleses y norteamericanos.No éramos todavía “hijos del rock y de la Coca-Cola”, sino apenas hijos del Sidral Mundet y la XEW: todavía nos sabemos de memoria boleros, canciones rancheras, prehistóricos rocks. Nuestra idea de la parodia y el montaje le debe todo a los programas cómicos del Panzón Panseco y nuestro concepto de la información y de la trivia fue engendrado por el Doctor I.Q., Los Niños Catedráticos y el Bachiller Álvaro Gálvez y Fuentes.

Y también este recuerdo lleno de lecturas compartidas de Sergio Pitol sobre Monsiváis, extraído de sus libros de memorias:
Espero a Monsiváis en el Kikos de la avenida Juárez, frente al Caballito. Quedamos de vernos a las dos, comer juntos y darle un vistazo a las últimas planas del material que publicaré en los Cuadernos del Unicornio. No sé cuántas veces he releído esas pruebas, pero me sentiré más seguro si él les echa un vistazo. Carlos fue el primer lector de los cuentos que formarán el Cuaderno; el primero, “Victorio Ferri cuenta un cuento”, le está dedicado. Lo veo casi a diario, aunque a veces sólo de paso. Nos conocimos hace tres años; sí, en 1954, durante los días que antecedieron a la “Gloriosa Victoria”. Participamos entonces en un Comité Universitario de Solidaridad con Guatemala; colectamos firmas de protesta, distribuimos volantes, acudimos juntos a una manifestación que se inició en la Plaza de Santo Domingo. Vimos allí a Frida Kahlo, rodeada por Diego Rivera, Carlos Pellicer, Juan O’Gorman y algunos otros “grandes”. Ella vivía ya por entero a contracorriente; fue su última salida pública, murió poco después. A partir de esas jornadas comencé a ver a Carlos con frecuencia; en el café de Filosofía y Letras, en algún cineclub, en la redacción de Estaciones, en casa de amigos comunes. Lo encontraba, sobre todo, en librerías. […] Lo espero mientras leo ¡Lástima que sea una puta!, la intensa, truculenta y dolorosa tragedia de John Ford. De las obras que conozco del teatro isabelino, incluidas las de Shakespeare, la tragedia de Ford es una de las que más me impresionan. Comencé a leerla cuando llegué al restaurante y estoy ya cerca del final, cuando estalla la cólera del hermano incestuoso al saberse traicionado. Es un periodo literario que frecuento cada vez más. Me gustaría estudiarlo a fondo, sistematizar mis lecturas, tomar notas, establecer la cronología de la época. Pero siempre ocurre lo mismo: en el momento de mayor fervor me desvío hacia otros temas, otras épocas, y acabo por no profundizar en nada. Carlos es siempre impuntual, pero en esta ocasión se le pasa la mano; es posible que ni siquiera llegue. Tengo un hambre feroz; me decido a pedir la comida corrida. Como, y sigo leyendo a Ford. A la hora del postre llego al final, que me deja aterrorizado. En ese momento aparece Carlos. Viene de Radio Universidad, donde participó, me dice, en la grabación de un programa sobre ciencia ficción. Pide sólo una hamburguesa y una coca-cola. Pone las pruebas de imprenta al lado de su plato y las lee en unos cuantos minutos mientras come. Hace una o dos correcciones. Saca luego de un libro un par de páginas, tacha algunas palabras, añade otras, rectifica por completo las últimas líneas. Me pide acompañarlo al Excélsior, que queda a un paso, a entregar la nota que acaba de corregir; es cosa de sólo un minuto. En un dos por tres llegaremos a casa de Juan José Arreola para entregarle las pruebas. Allí nos espera José Emilio Pacheco, quien entregará hoy las planas de La sangre de Medusa, que se publicará también en los Cuadernos del Unicornio. En la planta baja del edificio inmediatamente contiguo al Kikos se encuentra la librería Zaplana, la más grande de México; no resistimos la tentación de echar un vistazo a las mesas y estanterías de aquel inmenso recinto. Cada uno sale con un imponente bulto bajo el brazo. Nos enorgullece el rápido crecimiento de nuestras bibliotecas (la suya, con los años sobrepasará los treinta mil ejemplares). Volvemos a entrar al Kikos para pedir que nos vendan unas cajas de cartón porque es imposible moverse por la calle o subir a un autobús con esa cantidad de libros en las manos. Mientras buscan la caja, tomamos un café, y examinamos nuestros hallazgos. En los cuatro años de amistad nuestras lecturas se han expandido y entreverado. Coincidimos ese día en comprar Conrad. Yo llevo Victoria y Bajo las miradas de Occidente, y él Lord Jim, El vagabundo de las islas y El agente secreto. Ambos leemos en abundancia autores anglosajones, yo de preferencia ingleses y él norteamericanos; pero se ha producido una benéfica contaminación. Hojeamos los libros adquiridos. Yo hablo de Henry James y él de Melville y de Hawthorne; yo de Forster, Sterne y Virginia Woolf y él de Poe, Twain y Thoreau. Ambos admiramos el humor inteligente de James Thurber, y volvemos a declarar que el lenguaje de Borges constituye el mayor milagro que le ha ocurrido en este siglo a nuestro idioma; hace allí una leve pausa y añade que uno de los momentos más altos de la lengua castellana le es debido a Casiodoro de Reina y a su discípulo Cipriano Valera, y cuando, desconcertado ante aquellos nombres, le pregunto: ¿y ésos quienes son?, me responde escandalizado que nada menos que los traductores de la Biblia.

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Castellano en TQC

12.04.2007
Tha boat wreck. Ilustración de Gilbert Ford para la nueva edición de la revista. Fuente: TQC

Gracias al blog "The Literary Saloon" me entero de que en la nueva edición de The Quarterly Conversation aparece un dossier dedicado a la literatura en castellano. Aparece ahí los siguientea artículos:

Sobre Enrique Vila Matas (The Fruits of Parasitism),

Sobre César Aira (The Literary Alchemy of César Aira),

Sobre Rodrigo Fresán (My Own Private Mexico),

Sobre José Emilio Pacheco (Story, History, or Historia? ) y

Sobre Jorge Ibargüengoitia (Bond, In Mexico An homage to an homage).

Además, una reseña a Los astronautuas en la cosmopista de Julio Cortázar, y otra para The Brief Wondrous Life of Oscar Wao de Junot Díaz.

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José Emilio Pacheco homenajeado

10.16.2007
José Emilio Pacheco. Fuente: siglodetorreón

Los homenajes más entrañables son los más sencillos, y los que se hacen en vida de los poetas. En México, la UNAM acaba de nombrar una de las salas en la mítica Casa del Lago como Sala José Emilio Pacheco. Por cierto, el estupendo poeta mexicano estuvo en Lima hace un par de años, para la FIL Lima, y Peisa ha publicado un par de obras suyas.

Dice la nota: "En la ceremonia de develación de la placa alusiva, Pacheco agradeció la distinción y comentó: “Cuando me informaron sobre la placa, lo primero que pensé fue: ‘yo no merezco este reconocimiento. Si bien la Casa del Lago lleva el nombre del maestro Juan José Arreola, ahora que van a incluir mi nombre en ella, esto va dar la impresión de que se está admitiendo en ella a la pequeña infantería”, dijo Pacheco con modestia. Por su parte, el rector de la máxima casa de estudios afirmó que la Universidad da las gracias a José Emilio en nombre de México, y de otros países que se han visto beneficiados con su labor excepcional, la cual ha desarrollado a lo largo de toda su vida.

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Piedra de sol, 50

8.05.2007
Carátula de "Confabulario". Fuente: El Universal

El poemario de Octavio Paz Piedra de sol, publicado en 1957, cumplirá en unos meses sus bodas de oro de publicación. Por tal motivo, el suplemento "Confabulario" le rinde un homenaje titulado "El affaire Piedra de sol" por Víctor Manuel Mendiola.

Dice la nota: "Piedra de sol se terminó de imprimir el 28 de septiembre de 1957. El FCE tiró 300 ejemplares dentro de la colección Tezontle. Era una edición rústica, numerada y autógrafa. En su composición se usaron tipos Baskerville de 10:12 y 14:18 puntos. Un diseño clásico y muy amable para la lectura —como todos los del FCE en esa época y durante muchos años hasta hace poco. El cuidado del volumen estuvo a cargo del legendario Alí Chumacero. Se nota su mano en la limpieza y equilibrio tipográficos. José Emilio Pacheco, uno de los protagonistas de la particular historia de Piedra de sol, ha descrito varias veces la edición original, destacando la presencia de una nota explicativa al final del libro —Hugo J. Verani da este texto, en su bibliografía crítica de 1983, como de Ramón Xirau— elaborada por el propio Paz sobre las referencias precolombinas y el significado del número de versos del largo poema. En esa nota el lector podía comprender la imagen que adornaba la portada: la cifra 585 en la numeración maya. El lector también podía entender gracias a ese texto que los dibujos que cuelgan como viñetas al principio y al final del poema corresponden, uno, al Día 4 Olín (movimiento) y, el otro, al 4 Ehécatl (viento). La explicación deja claro que el número de versos del poema “es igual al de la revolución sinódica del planeta Venus...”, que era una cuenta que llevaban los antiguos mexicanos. Al mismo tiempo, Paz señala que la dualidad que muestra Venus al surgir dos veces en el cielo, como Estrella de la Mañana (Phosphorus) y como Estrella de la Tarde (Hesperus), Luciefer y Vésper, ha llamado la atención de todas las civilizaciones. José Emilio Pacheco tiene toda la razón en apuntar la inclusión/exclusión de ese pequeño texto, ya que además de explicar los elementos gráficos y el simbolismo de los valores numéricos, entrelaza la cosmogonía precolombina con la europea y deja entrever la importancia del sentido circular del poema y el juego de signos y figuras de carácter ecléctico que le da a Piedra de sol una dimensión temporal y simbólica múltiples. Pero esa pequeña explicación también permite vislumbrar —habría que añadir— algo que es de igual forma fundamental y que no ha sido suficientemente sopesado: el efecto que tienen el manejo de la dualidad cósmica sobre este complejo texto desde el principio va creando un ritmo bimembre y duplicaciones verbales y conceptuales constantes hasta constituir una galaxia de oposiciones diversas que hacen de este poema una pieza única y, al mismo tiempo, una composición que sólo se entiende en el contexto de la tradición literaria mexicana. "

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