MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Feria del Libro en Trujillo

1.21.2009
Trujillo. Fuente: las escapadas

Ya no existe la preciosa librería "Adriática", pero Adriana Doig y la gente de ATAL sigue adelante con su intento de darle a los trujillanos -y al norte del país- lo mismo que podrían tener en Lima: mesas redondas, estupendos escritores internacionales y peruanos, novedades editoriales y libros rebajados. Esta es la Cuarta Feria del Libro, cuya inauguración se llevará por primera vez a cabo en el complejo Mansiche. 11 días, 12 autores invitados y 220 actividades. Los invitados tendrán a Mario Vargas Llosa y al mexicano Carlos Monsiváis como punta de lanza. No más ni menos. Dice la nota en El Comercio:

Con Mario Vargas Llosa y el ensayista mexicano Carlos Monsiváis como invitados especiales, entre el centenar de autores que visitará la feria liberteña se encuentran Alonso Cueto, Fernando Ampuero, Antonio Cisneros, Iván Thays, Miguel Gutiérrez, Gustavo Rodríguez, Renato Cisneros, entre otros. Destaca, asimismo, la presencia del físico y político colombiano Paul Bromberg, quien compartirá su exitosa experiencia como alcalde de Bogotá con el público. Su presencia es muy interesante, pues apuntala uno de los principales temas de discusión de la feria: "Perú, país real e imaginario", que, a través de conferencias, busca reflexionar sobre la serie de transformaciones que experimenta el país tanto en su desarrollo económico como en sus procesos sociales. Otras actividades imprescindibles para el visitante serán la ambiciosa muestra documental "Mario Vargas Llosa: la libertad y la vida", que anteriormente la Universidad Católica presentó en la Casa O'Higgins, en el Centro de Lima. Luego de seis años, Vargas LLosa vuelve a la feria para ofrecer, el viernes 23, en la playa de Huanchaco como cálido escenario, la conferencia magistral "Secretos de un novelista". Al día siguiente, ante un auditorio joven, en la actividad "El mundo que es mañana", será entrevistado por cuatro universitarios destacados sobre diversos temas de la coyuntura internacional. El respetado ensayista mexicano Carlos Monsiváis es otro peso pesado presente en la feria. El autor de "Los rituales del caos" (1995) disertará el 26 sobre las culturas de América Latina. Al día siguiente, se enfrascará en un amable diálogo con el periodista Julio Villanueva sobre su interés intelectual en la cultura pop.

Mi novela Un lugar llamado Oreja de perro, por cierto, se presentará el sábado 30 de julio. Ya les aviso.

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Monsiváis: 70 años

5.05.2008
Carlos Monsiváis cuando era uno de los tres mosqueteros fagocilibros. Fuente: laberinto

Carlos Monsiváis ha cumplido esta semana 70 años y en los diarios de México se han encargado de recordárselo con sendos homenajes, incluidos los recuerdos de amigos y frases de conocidos. Dentro de estos homenajes, el suplemento Laberinto ha sacado ventaja dedicándole no sólo casi enterito su número de fin de semana, sino recordando a esa "generación de tres" que representan Monsiváis, José Emilio Pacheco y Sergio Pitol. Entre otras notas, destaca el recuerdo de sus dos compinches. Aquí las palabras de Pacheco:
Los cafés que ya no existen —el Kilos, el Chufas, el Palermo, el Sorrento, la Farmacia Elsa— resultaron el taller literario en que sin saberlo tomé clases particulares con Monsiváis. Teníamos el hábito, venturosamente abolido por los medios electrónicos, de leernos en voz alta nuestros textos. Yo escribía de todo y a todas horas. A diario le leía a Monsiváis versos, cuentos, notas, obritas de teatro. Nunca intentó corregirme ni me indujo a escribir como él. Sólo me habituó desde un principio a la crítica. Somos por completo distintos y sin embargo nos parecemos. Vicente Rojo dice que no somos escritores sino reescritores. Eliot diría que “sólo estamos invictos porque seguimos intentando”.Gracias a esta que tal vez podríamos llamar política del desaliento —el mejor estímulo negativo a que puede someterse una vocación— y a la severa lista de lecturas que me impuso Monsiváis, en sólo un año pude pasar de la edad de las tinieblas al paleolítico. En 1958 publiqué mis primeros cuentos en La sangre de Medusa y los poemas iniciales que cinco años después aparecieron en Los elementos de la noche.En la feliz ignorancia del porvenir, combinamos sin saberlo alta cultura y cultura popular: programas triples en viejos cines ya también desaparecidos y lecturas de la Biblia en la versión de Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera. Como buen niño católico, yo ignoraba esta obra maestra y me había mantenido a distancia de poetas rojos como Pablo Neruda y César Vallejo. También hicimos en colaboración traducciones de autores ingleses y norteamericanos.No éramos todavía “hijos del rock y de la Coca-Cola”, sino apenas hijos del Sidral Mundet y la XEW: todavía nos sabemos de memoria boleros, canciones rancheras, prehistóricos rocks. Nuestra idea de la parodia y el montaje le debe todo a los programas cómicos del Panzón Panseco y nuestro concepto de la información y de la trivia fue engendrado por el Doctor I.Q., Los Niños Catedráticos y el Bachiller Álvaro Gálvez y Fuentes.

Y también este recuerdo lleno de lecturas compartidas de Sergio Pitol sobre Monsiváis, extraído de sus libros de memorias:
Espero a Monsiváis en el Kikos de la avenida Juárez, frente al Caballito. Quedamos de vernos a las dos, comer juntos y darle un vistazo a las últimas planas del material que publicaré en los Cuadernos del Unicornio. No sé cuántas veces he releído esas pruebas, pero me sentiré más seguro si él les echa un vistazo. Carlos fue el primer lector de los cuentos que formarán el Cuaderno; el primero, “Victorio Ferri cuenta un cuento”, le está dedicado. Lo veo casi a diario, aunque a veces sólo de paso. Nos conocimos hace tres años; sí, en 1954, durante los días que antecedieron a la “Gloriosa Victoria”. Participamos entonces en un Comité Universitario de Solidaridad con Guatemala; colectamos firmas de protesta, distribuimos volantes, acudimos juntos a una manifestación que se inició en la Plaza de Santo Domingo. Vimos allí a Frida Kahlo, rodeada por Diego Rivera, Carlos Pellicer, Juan O’Gorman y algunos otros “grandes”. Ella vivía ya por entero a contracorriente; fue su última salida pública, murió poco después. A partir de esas jornadas comencé a ver a Carlos con frecuencia; en el café de Filosofía y Letras, en algún cineclub, en la redacción de Estaciones, en casa de amigos comunes. Lo encontraba, sobre todo, en librerías. […] Lo espero mientras leo ¡Lástima que sea una puta!, la intensa, truculenta y dolorosa tragedia de John Ford. De las obras que conozco del teatro isabelino, incluidas las de Shakespeare, la tragedia de Ford es una de las que más me impresionan. Comencé a leerla cuando llegué al restaurante y estoy ya cerca del final, cuando estalla la cólera del hermano incestuoso al saberse traicionado. Es un periodo literario que frecuento cada vez más. Me gustaría estudiarlo a fondo, sistematizar mis lecturas, tomar notas, establecer la cronología de la época. Pero siempre ocurre lo mismo: en el momento de mayor fervor me desvío hacia otros temas, otras épocas, y acabo por no profundizar en nada. Carlos es siempre impuntual, pero en esta ocasión se le pasa la mano; es posible que ni siquiera llegue. Tengo un hambre feroz; me decido a pedir la comida corrida. Como, y sigo leyendo a Ford. A la hora del postre llego al final, que me deja aterrorizado. En ese momento aparece Carlos. Viene de Radio Universidad, donde participó, me dice, en la grabación de un programa sobre ciencia ficción. Pide sólo una hamburguesa y una coca-cola. Pone las pruebas de imprenta al lado de su plato y las lee en unos cuantos minutos mientras come. Hace una o dos correcciones. Saca luego de un libro un par de páginas, tacha algunas palabras, añade otras, rectifica por completo las últimas líneas. Me pide acompañarlo al Excélsior, que queda a un paso, a entregar la nota que acaba de corregir; es cosa de sólo un minuto. En un dos por tres llegaremos a casa de Juan José Arreola para entregarle las pruebas. Allí nos espera José Emilio Pacheco, quien entregará hoy las planas de La sangre de Medusa, que se publicará también en los Cuadernos del Unicornio. En la planta baja del edificio inmediatamente contiguo al Kikos se encuentra la librería Zaplana, la más grande de México; no resistimos la tentación de echar un vistazo a las mesas y estanterías de aquel inmenso recinto. Cada uno sale con un imponente bulto bajo el brazo. Nos enorgullece el rápido crecimiento de nuestras bibliotecas (la suya, con los años sobrepasará los treinta mil ejemplares). Volvemos a entrar al Kikos para pedir que nos vendan unas cajas de cartón porque es imposible moverse por la calle o subir a un autobús con esa cantidad de libros en las manos. Mientras buscan la caja, tomamos un café, y examinamos nuestros hallazgos. En los cuatro años de amistad nuestras lecturas se han expandido y entreverado. Coincidimos ese día en comprar Conrad. Yo llevo Victoria y Bajo las miradas de Occidente, y él Lord Jim, El vagabundo de las islas y El agente secreto. Ambos leemos en abundancia autores anglosajones, yo de preferencia ingleses y él norteamericanos; pero se ha producido una benéfica contaminación. Hojeamos los libros adquiridos. Yo hablo de Henry James y él de Melville y de Hawthorne; yo de Forster, Sterne y Virginia Woolf y él de Poe, Twain y Thoreau. Ambos admiramos el humor inteligente de James Thurber, y volvemos a declarar que el lenguaje de Borges constituye el mayor milagro que le ha ocurrido en este siglo a nuestro idioma; hace allí una leve pausa y añade que uno de los momentos más altos de la lengua castellana le es debido a Casiodoro de Reina y a su discípulo Cipriano Valera, y cuando, desconcertado ante aquellos nombres, le pregunto: ¿y ésos quienes son?, me responde escandalizado que nada menos que los traductores de la Biblia.

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Anulan Marca Juan Rulfo

6.27.2007
Los bustos de los ganadores del premio Juan Rulfo, con el rostro del último (Monsiváis) cubierto por una bolsa de plástico negra. Qué fea y tétrica foto. Fuente: Milenio.

Desde hace un par de años, luego de haber sido otorgado el premio Juan Rulfo al poeta español Tomá Segovia y de unas declaraciones de éste, la familia de Rulfo y la fundación encargada de entregar durante la FIL Guadalajara el premio otrora llamado Juan Rulfo, está en litigio. El año pasado, la justicia mexicana pareció dar la razón a los familiares y el premio que se otorgó a Carlos Monsiváis no llevó el nombre del autor de Pedro Páramo. Ayer, la justicia se inclinó más bien hacia los del premio y el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) anuló la resolución que permitía que el nombre “Juan Rulfo” sea una marca registrada sólo utilizada por los familiares.

Dulce María Zúñiga, vocera de la Asociación Civil del Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo indicó ayer que la decisión del IMPI “avala la postura que siempre defendimos [en la asociación civil]. Nunca quisimos ir en contra de los argumentos que presentaba la familia. Nuestro objetivo único es hacer un homenaje a ese gran escritor que es Juan Rulfo: nunca hubo ningún objetivo oculto, ningún manejo sospechoso o alguna pretensión para desacreditar su vida y su obra”.

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Carlos Monsiváis

5.16.2007
Carlos Monsiváis y un gato. Foto: Gabriela Bautista. Fuente: Coordinación Nacional de literatura

El ensayista mexicano Carlos Monsiváis, ganador del premio-antes-conocido-como-Juan Rulfo 2006, estuvo en Argentina para la Feria del Libro. Lo entrevista el suplemento Ñ sobre los cruces de la realidad y la ficción.
Al hablar de periodismo, Monsiváis no puede evitar mencionar a los blogs y los medios de comunicación por internet. En más de una ocasión, al hablar de esos temas pone énfasis en la formación (suponemos que ética y profesional) de quienes utilizan estos medios como lectores o autores.

Dice: "Lo que ahora ocurre es que aquellos con posibilidades de informarse están también sujetos a su formación. Es necesario saber elegir. Hay que seleccionar qué es lo que efectivamente le sirve a uno. Sin formación previa, Internet, los blogs, etc., son condenas inexorables a la vida errática. Actualmente, si uno no está asido de la tecnología lo que vive le parece incompleto. Pero también, esa dependencia de la tecnología, que es igualmente inexorable, requiere de un antídoto, que es el criterio. Para buscar y seleccionar".

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