MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Valencia, Kazbek y Falcón

11.24.2008
Leonardo Valencia. Foto: Daniel Mordzinski

Leonardo Valencia ha estado muy activo en estos días. Lo más importante es que presentó su nueva novela Kazbek (ediciones Funambulista) Primero fue en Buenos Aires, en el marco de la FILBA a la que asistió como invitado, y luego este jueves 20 de noviembre en la librería La Central de Barcelona. Pero también ha publicado un libro en ensayos en Ecuador bajo el título El síndrome de Falcón (Paradiso editores) en el que aparecen ensayos sobre todos los íconos literarios que le conozco a Leonardo (Lampedusa, Adonis, Juárroz) incluyendo a algunos autores peruanos como Julio Ramón Ribeyro y Emilio Adolfo Westphalen, cuya semblanza tiene un principio hermoso. En la página Porta9, Carlos Calderón Fajardo, quien conoció a Leonardo en su breve temporada peruana, ha escrito sobre El síndrome de Falcón:

¿Pero qué es el “Síndrome Falcón”? Es el título del ensayo medular del libro de Leonardo Valencia. Y muy interesante si los trasladamos al Perú. En este ensayo se menciona al crítico ecuatoriano Joaquín Gallegos Lara, el pontífice que sentenciaba quién valía y quién no en la literatura ecuatoriana. Descalificó a Pablo Palacio (ahora el escritor más importante del Ecuador) porque su obra se alejaba de los propósitos literarios del socialismo: utilizar la literatura como instrumento de denuncia. Joaquín Gallego estableció una regla para todo el que escribiera narrativa en Ecuador: cualquier trasgresión a esta regla no escrita fue vista como “una desviación alucinada, un desvío burgués, o una pretensión cosmopolita”. En palabras de LV, el escritor ecuatoriano debía sentirse obligado a elaborar retratos de su país (la novela como postal) con una finalidad reivindicativa, simplificando instrumentalmente su obra.
¿Pero quién es Falcón? Falcón Sandoval fue el hombre que durante años, y a falta de sillas de ruedas, cargó a Gallegos Lara. En una película sobre este personaje, sobre Falcón, cuando le preguntan por qué carga a Gallegos y no a otro, Falcón responde: “Porque cargándolo uno se siente importante”. El “síndrome Falcón” fue sufrido por la mayoría de narradores ecuatorianos y según Valencia este síndrome representó una traba para el desarrollo de la narrativa ecuatoriana y para su incorporación a la narrativa moderna. Por supuesto que suscribo muchas de las ideas de Leonardo Valencia, pero me voy a permitir algunas observaciones, o interrogantes que su libro me suscita: En primer lugar, me pregunto si pasar de una literatura realista a una no realista significa el desarrollo de una narrativa (¿existe la idea de progreso en la novela o el cuento?) Un enriquecimiento por supuesto que sí, ¿pero “desarrollo”? No sé si el caso ecuatoriano es similar al peruano, pero en la narrativa peruana el paso de una narrativa realista a una no realista, si bien ha significado un enriquecimiento muy significativo y saludable y necesario, esto no quiere decir que nuestra narrativa haya mejorado cualitativamente. Me parece que Vargas Llosa, Arguedas, Ribeyro, y más recientemente Alfredo Bryce, Edgardo Rivera Martínez, y Miguel Gutiérrez, por mencionar a algunos, no tienen un escritor no realista a su altura. En segundo lugar, el “síndrome Falcón” sería válido para el Perú si es que nuestros escritores realistas hubiesen sido realistas monolíticos, marxistas, o “sociales”. La mayoría de narradores relistas peruanos incursionaron al mismo tiempo en obras no realistas, cuentos fantásticos, hasta literatura de ciencia ficción. Pero la más importante objeción a la propuesta de Leonardo Valencia reside en que muchos escribimos en el Perú, desde el principio, vacunados contra ese síndrome. Aquí no hubo un Joaquín Gallegos pero si muchos “Falcones”. Y los hay hasta ahora en el periodismo y en el crítica académica. Antes fueron coletazos; yo mismo fui víctima de esos coletazos, pero yo y varios más nunca nos dejamos avasallar. Durante 30 años fuimos silenciados pero no acallados. Por encima de muchas presiones hicimos prevalecer nuestra libertad de elegir la forma de escribir que más se ajustaba a nuestra personalidad y a nuestros particulares fantasmas. Desde los 90 para adelante ya no son coletazos, son manotazos de ahogado. Y cuando hemos escrito obras realistas, como es mi caso, no lo hemos hecho para agradar a ningún crítico. Los mismos escritores realistas peruanos escribieron de esa forma porque así les nacía escribir, o porque pensaban que escribiendo así era la mejor manera de expresar lo que sentían. Vivieron su época con honestidad, como ahora muchos jóvenes, nuevos narradores viven la suya.

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Julio Ortega homenajeado

7.31.2008
Julio Ortega. Fuente: expreso

El crítico y escritor peruano Julio Ortega también ha sido homenajeado en la FIL Lima 2008. En el diario Expreso leo una buena entrevista de Tomacini Sinchi en la que Julio muestra esa faceta de buen conversador que descubren de inmediato los que los conocemos. Cuando le preguntan sobre cómo nació en él el crítico literario cuenta una anécdota:
Una vez estaba en el Patio de Letras de San Marcos con Antonio Cisneros, y de pronto vimos pasar a Emilio Westphalen y empezamos a correr tras él para regalarle nuestros libros –“Toño” iba por su segundo poemario y yo recién iba por el primero–. Antes de alcanzarlo me frené y pensé: “¿Cómo le voy a regalar mi poemario a Westphalen?” (Risas). Ese fue el primer gesto crítico que tuve: Hacia mí mismo y es ahí donde comienza toda crítica. Creo que hay algo que se llama “la luz de la atención” y la crítica es eso. La literatura para despertar necesita de la atención del lector y del crítico.

Por otra parte, Julio no deja de referirse a los blogs literarios, aquellos artefactos que bien usados pueden revitalizar justamente la crítica literaria:
Han aumentado una enfermedad actual llamada “opinionitis”. En los blogs lamentablemente se usa un lenguaje “adversarial” y de mucha mala leche, lo cual empobrece el lenguaje y el debate literario. Eso sí, los blogs son una gran herramienta democrática si es que son bien usados, porque permiten establecer espacios alternativos a las grandes editoriales y a los medios de comunicación masivos.


Como siempre, está pendiente de las novedades literarias, aquellos escritores jóvenes que él llama "La Generación del Relevo". En la entrevista menciona a los peruanos Claudia Ulloa, Ezio Neyra y Jeremías Gamboa.

Actualización: Julio Ortega también ha sido entrevistado en "El Comercio" y "El Peruano" en esta última semana.

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Cartas de Westphalen

8.13.2007
El joven Emilio A. Westphalen. Fuente: Miríada

Es una pena esto de los emails, se van a perder cartas estupendas. Y es que leer la correspondencia de algunos artistas es invalorable. ¿Será lo mismo leer emails? Lo dudo, los "emilios" son herramientas inmediatas que impiden la reflexión, profundizar, demorarse. Un ejemplo del valor de la correspondencia de los autores: la revista "Quehacer" ha publicado la correspondencia de un joven Emilio Adolfo Westphalen con Xavier Abril. La comenta Abelardo Oquendo en "Inquisiciones".

Dice la columna: "Once cartas de Emilio Adolfo Westphalen a Xavier Abril, escritas entre 1930 y 1931 hacen del último Quehacer –el 166– un número de interés especial para la gente de letras. Un Westphalen que pasaba entonces de los 19 a los 20 años y no había publicado aún Las ínsulas extrañas muestra ya en ellas algunos de los rasgos de la poética que definirá su obra y del rigor que orientará sus juicios sobre la ajena, tan radicales."

Westphalen escribe sobre Eguren: "Eguren fue un admirable poeta. Ya ha muerto. Su obra no pertenece al presente y mucho menos puede arrogarse al futuro. (...) El intento de resurrección que significa el homenaje de Amauta, fracasó. Es doloroso el espectáculo de un fantasma que simula no serlo. (...) Lo que debemos reconocer es que con Eguren tuvimos nuestro primer poeta. Actualmente persiste en la tradición y es la única vida que se permite. Los jóvenes solo pueden continuar su obra negándola (...). Es lo que nuestro tiempo nos obliga a hacer si no queremos estar muertos nosotros también".

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Arturo Corcuera

6.03.2007
Arturo Corcuera. Fuente: Cámara del Libro chilena

Como he comentado antes, Arturo Corcuera publicó hace poco Al borde del arca (Fondo de Cultura Económica), el poemario ganador del Premio Casa de las Américas de Cuba. Por tal motivo, hoy en "El Comercio" Enrique Planas le hace una detallada entrevista. En ésta, no sólo comenta el nuevo poemario, sino sobre todo habla de Noé delirante, su obra más famosa.

Sobre el origen de Noe delirante cuenta: "Noé fue un libro que nació con ángel. Javier Sologuren, que en esa época sacaba sus ediciones de La Rama Florida, recibía los libros de todos los poetas jóvenes. Un día llegó a su casa Emilio Adolfo Westphalen y le preguntó qué iba a publicar. Javier le mostró en una mesa muchos originales, y él se puso a leerlos. "Publica este", le dijo, y era "Noé delirante". Luego llegó el premio nacional (Corcuera recibió el Premio Nacional de Poesía en 1963). Fue una llave que me abrió las puertas del mundo. En España llevaba cursos con el poeta Carlos Bisoño y le mostré el poemario. "Tú tienes que continuar en esta línea, has descubierto una veta y debes explotarla. No importa que no estés en una corriente contemporánea; profundiza en ello", me dijo. Fue un consejo de oro que me abrió los ojos. Así concebí la idea del personaje de Noé como un permanente recorrido. Bisoño le habló al poeta Vicente Alexandre de mí y cuando leyó mi trabajo me dijo: "Arturo, el poema breve es muy difícil. Es como dar en el blanco teniendo muy poco tiempo para disparar, y usted lo ha conseguido". Eso me dio un gran estímulo para seguir con Noé, y así han pasado 40 años. de que "Noé delirante" parece un libro ingenuo, inocente, inofensivo, es todo lo contrario: es un libro complejo. Pero a Noé lo han tomado como un libro infantil. Lo mismo le pasó a Eguren, a quien consideraban un poeta infantil."

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