MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Kadaré reseñado

11.04.2009
Ismaíl Kadaré. Fuente: laylah

La última novela traducida por Alianza al castellano del albanés Ismaíl Kadaré, El accidente, ha sido reseñada en ABCD las Letras por Mercedes Monmany. "Probablemente, sea esta su obra más intimista y circular, más claustrofóbica y teatral" dice Monmany. ¿El tema? El amor, por supuesto. ¿Qué otra cosa puede ser intimista, circular, claustrofóbica y teatral al mismo tiempo sino el amor? Dice la reseña:

El accidente tuvo lugar en la carretera hacia el aeropuerto de Viena. Era un día brumoso y un taxi, de forma inexplicable, se sale de la calzada. Los dos pasajeros, un hombre maduro que trabaja en el Consejo de Europa para cuestiones relacionadas con los Balcanes occidentales, y la chica que le acompaña, ambos albaneses, salen disparados del vehículo y mueren al instante. Sólo sobrevive el conductor, que declara no recordar apenas nada. Nada excepto que una fuerte luz le deslumbró. Y que a través del retrovisor vio a la pareja dándose un beso «forzado» que le perturbó profundamente. Los datos con los que se cuentan son pocos, y tras el aburrimiento por parte de los servicios de inteligencia serbios y albaneses, que acaban tirando la toalla, un nuevo investigador anónimo y sumamente minucioso retoma las pesquisas. Para la reconstrucción de la vida de los dos amantes muertos, el enigmático Besfort Y. y la becaria Rovena, cuya relación duraba cerca de una década, utilizará todos los medios a su alcance, por disparatados que en ocasiones parezcan: testimonios de antiguas amantes despechadas, testigos y conocidos, el diario de la joven, donde esta apuntaba sueños y presagios... Uno de los encuentros finales de la pareja será precisamente en La Haya, sede del famoso Tribunal Internacional que juzga los crímenes de la antigua Yugoslavia. ¿Qué es lo que esconde Besfort y por qué le tiene pánico a su citación para testificar ante el Tribunal? En un momento dado, tal y como advierte Rovena, de su cartera caen las fotografías de unos niños muertos. Se trata de niños serbios despedazados a causa de los bombardeos de la OTAN. Unas fotografías que evidentemente le han sido enviadas para señalarlo como instigador o directamente como asesino de niños. Lo importante es que ahora su amante, Rovena, se ha hecho partícipe del secreto y no podrá desechar la idea de que sea un asesino: de ella, en el caso de que lo tenga planeado, o de civiles inocentes. Aunque, como le responderá Besfort, se trataría más bien de un macabro «concurso»: fotos de niños serbios despedazados contra fotos de niños albaneses degollados a cuchillo. ¿Existe una jerarquía dentro de la muerte? A lo que él mismo se contestará que sí: dentro de la tremenda tragedia irreparable que significa la muerte de un niño, le dice a su amante, no es lo mismo que un pequeño muera en un accidente de tráfico, por las bombas o acuchillado. Porque en el bebé acuchillado ha intervenido directamente la mano de un hombre, al contrario que en el caso de una «bomba ciega». Parece como si todo formara parte de un mismo infierno creado por un ser humano, Besfort, que no puede soportar por más tiempo la prolongación de su amor por Rovena. Él mismo, respondiendo a la tragedia clásica se contestará: «No había muerto Eurídice sino el amor».

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Thomas Bernhard inédito

10.27.2009
Thomas Bernhard. Fuente: photo © Sepp Dreissinger 1981

Thomas Bernhard odiaba los premios literarios. No recuerdo en cuál novela suya fue (en una época devoraba las novelas de Bernhard como píldoras) en la que decía algo así como que recibir un premio nacional era como que te echaran mierda en la cabeza. Algo así. Sin embargo, su último libro, la colección de relatos inéditos que estaba preparando antes de morir, llevaba como título Los premios. resulta curioso pero, al leer las tramas, no es tan sorprendente. Son nueve cuentos. Apareció este año una edición en Alianza Editores y lo reseñan en "Babelia".

Resulta sorprendente que sea un libro dedicado a los premios, por los que siempre había manifestado el mayor de los desprecios, lo último que dejara Bernhard listo para sus lectores. Lo que ocurre luego en los textos es que la excusa es lo de menos y que, de nuevo, lo que importa es su escritura y su particular forma de enfrentarse a las cosas y de ver el mundo. La llamada "tía" del escritor es uno de los personajes esenciales de muchos de los relatos. Siempre está ahí, como la persona de la que todo depende, como la compañera con la que comparte lo más importante, la que lo anima, orienta, provoca, apoya. Es la mujer por la que siente la mayor de las devociones, la fuerza oculta que mueve los engranajes que le permiten vivir y escribir. Esa "tía" era Hedwig Stavianicek, una mujer 37 años mayor que el escritor y a la que conoció en 1950 cuando estaba ingresado en el sanatorio antituberculoso de Grafenhof. En Viena vivió siempre en su casa, y fue ella la que, como cuenta Miguel Sáenz en su biografía de Bernhard citando a Annemarie Siller, "lo sacó realmente del lodazal". Raimund Fellinger considera, siguiendo la pista de distintas referencias cronológicas que hace el propio Thomas Bernhard, que Mis premios surgió entre principios de 1980 y finales de 1981. En los nueve relatos, cada uno titulado con el nombre de un galardón, hay mucha narración autobiográfica y, sobre todo, hay mucho humor. El furibundo escritor que metía el dedo en las llagas para explorar a fondo la envergadura de cada una de las heridas de los hombres aparece en estas piezas como un frágil individuo que persigue cualquier oportunidad para sacarle el mayor partido a la vida. Claro que se pasa el tiempo echando pestes de esto y de lo otro, y también de los premios, claro, que casi siempre acepta por el dinero que le proporcionan. "No estoy dispuesto a rechazar veinticinco mil chelines, decía, soy codicioso, no tengo carácter, yo también soy un cerdo", escribe en su pieza sobre el Nacional de Literatura que concede el Ministerio austriaco de Cultura, y en el que consiguió con su discurso irritar a su máximo responsable.

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Aclaración: Kadaré en Lima

6.26.2009
carátula del libro. Fuente: dialnet

Ayer, en una breve entrevista telefónica con "El Comercio" acerca del Príncipe Asturias Ismaíl Kadaré, comenté que las novelas de este autor difícilmente se encuentran en Lima. Me envió de inmediato un email y un comentario al blog la representante comercial de "La Familia" para, felizmente, sacarme de mi error. Varias novelas de Kadaré están en Lima (la lista está en el post) y lo mejor de ellos, el valor de la mayoría de ellas -o todas- no excede los 39 soles.

Ya mismo voy a conseguirme El palacio de los sueños.

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Ismaíl Kadaré, premio Asturias de las letras

6.24.2009
Ismaíl Kadaré. Fuente: donaustroom

El escritor albanés Ismaíl Kadaré consiguió el Premio Príncipe Asturias de las Letras hoy en Oviedo, España. Kadaré, cuyo reconocimiento es cada vez mayor en el mundo literario (hace unos años recibió el Man Booker Internacional) ha sido traducido varias veces al castellano. No he leído de él su obra célebre El palacio de los sueños pero sí Frías flores de marzo (editada por Alianza) que es extraordinaria.
El jurado concede a Kadaré este galardón, dotado con 50.000 euros y la reproducción de una estatuilla de Joan Miró, "por la belleza y el hondo compromiso de su creación literaria". "Ismaíl Kadaré narra con lenguaje cotidiano, pero lleno de lirismo, la tragedia de su tierra, campo de continuas batallas. Dando vida a los viejos mitos con palabras nuevas, expresa toda la pesadumbre y la carga dramática de la conciencia. Su compromiso hunde las raíces en la gran tradición literaria del mundo helénico, que proyecta en el escenario contemporáneo como denuncia de cualquier forma de totalitarismo y en defensa de la razón", señala el acta del jurado.

La nota también comenta los temas del autor:

Kadaré había vivido con nueve años la ocupación alemana de su país (tema al que dedicó Noviembre de una capital), pero fue la dictadura comunista la verdadera piedra de toque de su obra. En sus propias palabras, "la dictadura y la verdadera literatura sólo pueden cohabitar de una forma: devorándose día y noche una a otra". En la novela El palacio de los sueños, publicada en 1981 y considerada por muchos como su obra maestra, denunció el régimen burocrático y autoritario de Albania. Con todo, él nunca se ha considerado un autor político. Y se diría que durante años la dictadura de Hoxha, tampoco. Aunque, en sus propias palabras, su fama en el exterior le sirvió como escudo salvavidas en el interior, su solicitud de asilo político en Francia en octubre de 1990 -un año después de la caída del Muro de Berlín- originó una conmoción en su país por más que las autoridades calificaran el hecho como el "acto privado de un particular". Instalado en París, Kadaré asistió al derrumbe homérico de un régimen cuya ruina convirtió los Balcanes en un volcán que, dormido durante años, entró finalmente en erupción. Autor de obras comos La hija de Agamenón y Esquilo. El gran perdedor, el autor albanés ha demostrado con la ayuda de los clásicos griegos -los vecinos balcánicos más ilustres- la vigencia de un mundo marcado por la guerra y el drama de la libertad. (...) Firme defensor de la intervención militar de Occidente contra los serbios de Kosovo , Kadaré se ha empeñado también en iluminar las contradicciones de la instalación del capitalismo en su país, un asunto al que dedicó Frías flores de marzo, una ácida visión del vacío moral que llegó de la mano de la transición. "Me siento decepcionado", declaró en una entrevista, "pero no como el resto del mundo. Porque no me esperaba algo tan maravilloso como la gente, por lo general, se esperaba. Los pobres han tenido una desilusión total porque, cuando la libertad es un sueño, es muy bella, muy hermosa. Mientras que todo el mundo sabe que la realidad poscomunista no era tan hermosa como se pensaba. La gente se ha vuelto más realista, se puede decir que el periodo de desilusión ya ha pasado. Ha comprendido que es necesario trabajar para construir la vida, no basta con tener la libertad. Es una máquina en ocasiones muy difícil de mantener".

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Jordi Bonells, premio Fernando Quiñones

12.03.2008
Jordi Bonells. Fuente: schavelzon associated

Que Guillermo Schavelzon, agencia especializada en escritores latinoamericanos, fiche a un autor español es bastante extraño. Y desde luego, despierta mi curiosidad. Más aún si su fama viene precedida de una frase de Enrique Vila Matas: "Un escritor alejado de la mediocridad reinante". Cuando descubrí que Bonells (Barcelona, 1951) ganó el X Premio Unicaja de Novela Fernado Quiñones, le pregunte a Willie por él y su respuesta fue suficientemente clara y escueta como para dar en el blanco: "es autor de unas novelas de esas escritas para ti." ¡Me mató! ¡Tengo que leerlo ahora mismo o no podré dormir sin clonazepan!

La novela presentada bajo el título 'Sfumato', del escritor Jordi Bonells, resultó hoy ganadora del X Premio Unicaja de Novela Fernando Quiñones. La novela ganadora narra los viajes de un ajedrecista por todo el mundo en busca de un maestro del ajedrez. El premio está dotado con 30.000 euros, una estatuilla del escultor Miguel Berrocal y la publicación de la obra por Alianza Editorial, con difusión internacional. Unicaja destacó la 'significativa participación' registrada, con obras procedentes de toda la geografía española y países como Argentina, Uruguay, Chile, Bélgica, Cuba, México, Francia, Costa Rica, Colombia y Portugal. El jurado calificó la novela ganadora como una obra 'muy intelectual', que alcanza 'gran calidad de páginas, es decir, gran verosimilitud'. La novela, estructurada en forma de diario, relata los viajes por todo el mundo de un ajedrecista en busca de un maestro del ajedrez. Así, en torno al mundo del ajedrez, el autor crea 'una gran metáfora de la vida y de la creación'.

Jordi Bonells vive en Francia desde 1970. Fue finalista del Premio Herralde de novela en 1988 con su obra La luna y segundo finalista del Premio Planeta en su edición de 2000 con la novela El olvido. En 2004 inaugura una nueva carrera de novelista en lengua francesa con La segunda desaparición de Majorana (Liana-Lévi, 2004 - Funambulista, 2005). Su segunda novela publicada en Francia fue Dieu n'est pas sur la photo (Dios no sale en la foto) (Liana-Lévi, 2004 – Funambulista 2006). Su labor de escritor continúa en ambas lenguas. Actualmente colabora en diferentes diarios franceses, entre ellos Liberation y Le Monde.

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El Necronomicón vuelve

10.12.2008
el necronomicon. Fuente: jplanas.blogspot


¡Qué nostalgia! Recuerdo cuando pesaba 20 kilos menos, tenía el pelo enmarañado y sobre los hombros (o debería decir, simplemente, "tenía pelo") y me sentaba en la cafetería de letras de la universidad para leer los libros de HP Lovecraft editados por Alianza, comprados en una pequeña librería-cabaña frente a la cafetería. Ya no leería a Lovecraft, pero hay quienes no han perdido aún el romanticismo. A partir de una edición acerca del mítico libro, hecha por la editorial catalana La Factoría de Ideas, Patricio Jara en La Revista de Libros de El Mercurio, hace un comentario extenso del Necronomicón:

Se ha repetido hasta el hartazgo durante los últimos 70 años: el Necronomicón no existe. Lo dijo el propio H. P. Lovecraft a través de cartas a sus lectores; lo hicieron sus discípulos después de su muerte en 1937, pero no hay caso: al menos una vez al año se edita en alguna parte del mundo un texto que, ahora sí, ahora por fin, asegura ser la censurable obra escrita en Damasco por el árabe Abdul Alhazred en el año 700; un libro del que nadie sabe con certeza absoluta su contenido, pues sólo se conservan fragmentos, retazos, aunque éstos sean suficientes para enterarse de secretos sobre antiguas razas y divinidades que habitaron la tierra mucho antes de la aparición del hombre, como Cthulhu y Shub-Niggurath; y, en el caso de Lovecraft, suficientes también para aderezar la literatura de uno de los autores de ciencia ficción más admirados, imitados y controvertidos del siglo 20.Llamado originalmente Al-Azif, "siendo 'azif' la palabra empleada por los árabes para designar el sonido de insectos nocturnos semejante al susurro de los demonios", según las referencias, el texto habría resistido prohibiciones durante más de mil años, no así su autor, quien desapareció en confusas circunstancias (lo que es un decir: Alhazred murió a plena luz del día devorado por un monstruo invisible y ante numerosos testigos).Actualmente, en las librerías y ferias nacionales se pueden encontrar hasta cinco ediciones que aseguran ser el Necronomicón (traducible como "El libro de los muertos" o "La ley de los muertos"). De entre 100 y 300 páginas, su rango de precio va entre los tres y veinte mil pesos, y pese a que la calidad de confección es variable (de los contenidos ni hablar), todos se esfuerzan en desplegar numerosas recetas que servirían para la invocación de aquellas criaturas que pueblan los relatos de Lovecraft. Pamplinas, por decirlo de manera educada. Aunque quizás la expresión quede corta y no haga tanta gracia al saber que uno de los libros encontrados en la habitación de Rodrigo Orias, el asesino del cura Faustino Gazziero en la Catedral Metropolitana, fue, justamente, el Necronomicón.

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Robert Menasse

5.06.2008
Robert Menasse. Fuente: henrik-broder

La expulsión del infierno (Alianza) fue el libro que en el 2004 dio a conocer al austriaco Robert Menasse en España. Ahora, la misma editorial acaba de lanzar una nueva obra suya titulada Tiempos felices, frágil mundo y que ya la siempre al día Mercedes Monmany se adelanta en comentar. No se pierdan la súbita aparición de un poncho peruano en la reseña.

Una novela en la que Menasse enlaza de nuevo con algunos de sus temas preferidos. Es decir, con esa continua tensión que subyace siempre entre individuo y colectividad, ya sea la familia y la herencia maldita o no de una genealogía, como el enfrentamiento y disolución en la sociedad de cada tiempo, que marca todos los itinerarios personales. Una intersección continua, un flujo estático a la vez que dinámico, de ida y vuelta, entre pasado y futuro, entre ilusión de cambio y movimientos repetidos e inexorables. O, si se prefiere, esa tensión permanente provocada por la inmersión en una totalidad única, sin matices, que anularía la singularidad, de la cual los judíos han sabido dolorosamente mucho a lo largo de la Historia, siempre a mitad de camino de la difuminación y el desarraigo, de la asimilación y la integración. En Tiempos felices, frágil mundo de nuevo estamos en la larga y muchas veces caótica posguerra europea, en esos dilatados ajustes de cuentas con el pasado europeo. Son los años 60, el mundo ha vencido aparentemente las amenazas del ayer, y Europa rebosa de jóvenes «tercamente ataviados con abrigos canadienses de piel y ponchos peruanos», aferrados febril y ebriamente a Villon y Kerouac, a Hegel y Marx, y de profesores universitarios que recorren el campus en coches con altavoces predicando el amor libre. Todo es «crítico y pueril», a la vez que «peligroso», en el caso de las dictaduras latinoamericanas.

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