MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

La lista de Entertainment Weekly

6.20.2008
McCarthy y Ophra, un paso al top ten del EW. Fuente: msnbc

Celebrando su número 1000, la revista de actualidad Entertainment Weekly ha elaborado una serie de listas, top 100 de los últimos 25 años, que incluye series de TV (Los Simpson en primer lugar, mi adorada Seinfeld en tercero), videogames (gana Tetris y la saga winning eleven no es mencionada ridículamente), mejor álbum (Purple rain de Prince), película (Pulp Fiction), tecnología (DVD player en primero, el ipod en cuarto, yoy tube en quinto, el amazon kindle en 23), e incluso estilo (Madona en los MTV Award de 1984 gana aquí, con las justas, a Sarah Jessica Parker en la presentación de Sex & The City, Mr T y sus joyas queda en sexto lugar y los ternos color pastel de Miami Vice en el 27) y obviamente libros. Aquí los 10 primeros:

1. The Road , Cormac McCarthy (2006)

2. Harry Potter and the Goblet of Fire, J.K. Rowling (2000)

3. Beloved, Toni Morrison (1987)

4. The Liars' Club, Mary Karr (1995)

5. American Pastoral, Philip Roth (1997)

6. Mystic River, Dennis Lehane (2001)

7. Maus, Art Spiegelman (1986/1991)

8. Selected Stories, Alice Munro (1996)

9. Cold Mountain, Charles Frazier (1997)

10. The Wind-Up Bird Chronicle, Haruki Murakami (1997)

Otros puestos interesantes: en el 17, El amor en los tiempos del cólera de Gabriel García Márquez; en el puesto 22, The Brief Wondrous Life of Oscar Wao de Junot Díaz;en el puesto 45, Eva Luna de Isabel Allende; y El Código Da Vinci tendrá que esperar hasta el puesto 96.

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Apocalipsis now

11.16.2007
Imagen de la película basada en la novela 1984. Fuente: the guardian

La aparición de varias novelas de tono post-apocalíptico en la literatura anglosajona (prodríamos poner algunos nombres también en castellano), en especial después del 11-s, le permite al blogger de The Guardian Hirsh Sawhney hablar sobre estas novelas especulativas, en especial la de Cormac McCarthy (La carretera) y Kazuo Ishiguro (Nunca me abandones).

Dice la nota: "Literary writers dabbling in the dystopian - speculative, science and post-apocalyptic fiction; forgive this layperson for treating them as one - is certainly not a new phenomenon. Although she's famous for Frankenstein, Mary Shelley authored several historical novels. Orwell is remembered for his iconic portrayal of government gone wrong in 1984, but three of his novels are works of realism. American feminist Marge Piercy bagged the Arthur C Clarke award for science fiction in 1993, as did Indian novelist Amitav Ghosh in 1997. But - dare I say it - this trend seems to have picked up momentum in the post-9/11 world. Cormac McCarthy, Kazuo Ishiguro, and Hanif Kureishi have all made recent forays into the fantastic, as adumbrated in the introduction. What drives these literary authors to employ the devices of science fiction? (...) At first glance, this is precisely what Ishiguro's Booker-shortlisted Never Let Me Go does. In this brilliant, uncanny novel, Kathy, a "carer", looks back on student life in a seemingly paradisal educational institution with Ruth and Tommy, who are "donors". These characters, it turns out, are all clones who are doomed to donate their organs to "real" humans and die young. Ishiguro certainly forces readers to consider the ethics of human cloning, a topic that peppered the headlines of British papers in the 1990s. But this satire seems to have an especially urgent message about the relationship between individuals and authority. The sight of authority squirming displeases the students, so they avoid pressing their "guardians" about the truth behind their existences. Think Bush 2004. Meanwhile, the school's administrators claim they were able to provide students with the sort of life that donors at less eminent institutions never experienced, and "we were able to do that principally by sheltering you". Rumsfeld and Blair come to mind.


The students find false hope in a rumour that they can attain a "deferral" from becoming donors by proving they're in love, and here's where the book resonates with McCarthy's The Road. This Pulitzer prize-winning novel is about a father and son who fend for their lives in a burnt out world "populated by men who would eat your children in front of your eyes". They spend the entirety of the book heading south, where the climate might be more hospitable, only to reach it and find ubiquitous gloom and misery. "We're still the good guys", father and son chant, the ones who are "carrying the fire". McCarthy, like Ishiguro, elucidates the futility and necessity of hope in a world in which the only sure thing is death - the dangers and promises of the myths we swallow. Unlike their cinematic counterparts, these sci-fi literary novels aren't merely cautionary tales or prognoses of doom. These texts portray reality from a rejigged but enlightening perspective, like a cubist painting, and are truly apt for a society preoccupied with catchphrases like "War on Terror", "Clash of Civilisations" and "Illegal Alien". I wouldn't be surprised if we see more like them in the years to come.

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McCarthy reseñado

11.11.2007
Carátula en edición de bolsillo de la novela. Fuente: amazon

Mariana Enríquez reseña elogiosamente para "Radar Libros" la novela de Cormac McCarthy, editada hace unos meses por Mondadori y que pronto llegará a Lima, La carretera. Antes de llegar al libro, hace un repaso atractivo por la vida y la obra de McCarthy que incluye una mención a la sorpresiva entrevista que concedió a Ophra. Para ella, esa entrevista no es el comienzo de una época menos huraña sino "un gran cierre y una suerte de agradecimiento a la mujer que lo hizo célebre al final de su vida. Cormac McCarthy tiene 75 años, y parece que no volverá a hablar con la prensa nunca más."

Dice la reseña: "Quizá La carretera sea la mejor novela post-apocalíptica jamás escrita. Un padre y un hijo cruzan Estados Unidos de norte a sur, entre las cenizas, bajo un sol gris, helados de frío. No quedan muchas más personas en el mundo. La mayoría de los que quedan comen a sus semejantes porque no hay más comida, nada puede crecer en una Tierra quemada. McCarthy jamás explica lo que pasó. Tampoco le da nombres al chico y su padre. Pero el lector se preocupa por ellos como si se tratara de parientes queridos, incluso sabiendo que lo peor ya está atrás en el tiempo, y que desde la primera línea queda claro que el futuro no puede deparar nada mejor. Que no hay futuro. La carretera es, justamente, una novela sobre el futuro: sobre el amor filial y su grado de egoísmo, sobre para qué crear nuevas existencias, sobre enormes responsabilidades. (Es difícil comprender por qué lo eligió Oprah: quizá porque, de alguna manera, se relaciona con la preocupación por el cambio climático). También es una novela sobre la muerte, con pasajes en el que habla la esposa del hombre, que en la novela es sólo un recuerdo:
“Tarde o temprano nos cazarán y nos matarán. A mí me violarán. A nuestro hijo también. Nos van a violar y después de matarnos nos comerán pero no quieres reconocerlo... Antes hablábamos de la muerte, dijo. Ya no. ¿Sabes por qué?
No, no lo sé.
Porque la muerte está aquí. No hay otra cosa de que hablar”.
Pesadilla exquisita y sin concesiones, La carretera –décima novela del autor– ganó el Pulitzer; Mondadori acaba de editarla: la traducción es floja, incluso teniendo en cuenta que McCarthy no es fácil de traducir, pero al menos es la primera de las novelas del gran escritor editada con visibilidad, y puede resultar la puerta de entrada a su magnífica y estremecedora obra. Ahora que, por fin, ha dejado de ser el mejor escritor desconocido de Estados Unidos. "

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Cueto sobre MCCarthy

10.15.2007
Carátula del libro con sello de Ophra. Fuente: frontier cincinatti

En su columna de hoy, Alonso Cueto -quien pronto estará de regreso de España- escribe sobre la novela ganadora del Pullitzer de Cormac MCCarthty, La carretera, editada recientemente por Mondadori y que se ha vuelto en un desbordado best-seller gracias a Ophra.

Dice: " este universo postapocalíptico, quien se presente con discursos y arengas es rápidamente eliminado. Lo único que importa es sobrevivir en una tierra donde el tenue brillo del Sol se proyecta sobre la tierra como "una lámpara en manos de una madre desolada". Las únicas señales que quedan del mundo anterior son una lata de Coca-Cola que milagrosamente conserva sus burbujas y un letrero que indica "See Rock City". En el camino, el padre y el hijo se encuentran con bandas de caníbales, basura, granjas abandonadas. Todas son sombras apenas entrevistas. Es un paisaje en el que se mezclan Samuel Beckett, T.S. Eliot y la serie de Mad Max. McCarthy ha declarado que tuvo la idea de escribir este libro en un viaje a Texas con su hijo (a quien está dedicado). El personaje del padre recuerda cómo era el mundo antes del día de la catástrofe (cuando sobrevino "un largo halo de luz."), unos años antes. Con un argumento mínimo, y un lenguaje prodigiosamente rico, McCarthy ha colocado en esta novela el tema central de nuestra civilización: si seremos capaces de sobrevivir a la destrucción total de la vida. El final muestra cierta esperanza a su maravillosa y desolada historia.

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La carretera

9.26.2007

Portada del libro. Fuente: Mondadori

Esta semana he estado con gripe, con una ligera pero persistente fiebre durante la noche y tembladeras en el día. Y por las noches, mirando a mi hijo dormir, tratando de evitar que la gripe lo contagie, he leído en dos noches de insomnio La carretera de Cormac McCarthy. ¿Qué les puedo decir? La conjugación de ambas situaciones (la fiebre y el niño al lado) eran el ideal para aspirar el espíritu de este libro gris, o negro y rojo como la carátula. Lo he leído como si me hablara a mí, he levantado la cabeza hacia la nuca de mi hijo dormido y me he preguntado si somos parte de los buenos, o si tenemos o no el fuego. Mi hijo, tan seguro y feliz bajo sus colchas a pesar de tener un padre con gripe y la amenaza del contagio.

No pueden dejar de leer La carretera. Ya saben, yo nunca les he recomendado nada. O sí, un poco. Pero créanme, este libro no pueden dejar de leerlo. A menos en lo que a mí concierne: chau recetas, chau convicciones sobre lo que es escribir "bien", chau trucos y florituras. Sólo una carretera, un hombre y un niño. Es una de esas lecturas impostergables. Les dejo por lo pronto con la reseña en The New York Times y también con la reseña, que está muy buena, en El Cultural de El Mundo. Y el comentario de Marcelo Figueras, conmovido como yo por esta historia extraordinaria de un padre y su hijo en un futuro post-apocalipsis. También con lo que dijo Rodrigo Fresán sobre el libro en Qué leer. Seguro él será más convincente que yo:

El gran diseñador de portadas americano Chip Kidd no tuvo dudas: letras rojas sobre fondo negro. Y eso es todo y no hace falta nada más: sangre y oscuridad y un paisaje devastado que ya se insinuaba en títulos anteriores de McCarthy, pero que aquí es el fondo y la forma y el tema. En La carretera, los Estados Unidos han dejado de ser una potencia y -fragmentados e impotentes- son ahora el sitio donde el sueño americano ha virado a pesadilla despierta. Final de línea. The end. Y está claro que no es un tema nuevo: infinidad de cómics, varios episodios de The Twiligth Zone, numerosos films paranoides de la Guerra Fría y unas cuantas novelas (joyas de la ciencia ficción, Stephen King, Bernard Malamud y la recién aparecida The Pesthouse del injustamente poco reconocido Jim Crace) han explorado la cuestión del nuevo robinsón que intenta sobrevivir al naufragio del planeta. La diferencia de La carretera -lo que amerita su escritura y justifica su lectura- es la misma que consagró a Suttree como picaresca de perdedores, a la genial y acaso insuperable Meridiano de sangre como wéstern, a la "Trilogía de la frontera" como iniciático rito de paso o a No es país para viejos como policial duro: el modo en que McCarthy fagocita géneros muy frecuentados valiéndose de un lenguaje que, por momentos, puede recordar a Melville, a Faulkner, a Hemingway e incluso, aquí, a Beckett (y en ocasiones, cierta compulsión metafísica amenaza con arrasarlo todo), pero que ya es, a esta altura, propia e inequívocamente de McCarthy. Y así -lengua de ángeles, endemoniado talento- este sombrío Apocalipsis acaba sonando a luminoso Génesis.

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Cormac McCarthy

6.03.2007
Cormac McCarthy. Fuente: Rotten Tomatoes

Poco a poco, Cormac McCarthy va ganando celebridad en castellano. Con su premiada última novela, The road, el camino está trazado: sin duda será un éxito que superará incluso el que tuvo Meridiano de sangre, que ya está en ediciones de bolsillo. La revista mexicana "Confabulario" (suplemento de "El Universal") le dedica un especial, que incluye un fragmento de The road y un texto de Martín Solares sobre el escurridizo autor norteamericano, quien actualmente vive lejos de su éxito en El Paso, junto a ciudad Juárez, en el borde mismo de la frontera mexicana.

Solares habla de los personajes del norteamericano: "Aunque en la concepción de algunos personajes se advierte la influencia de Melville, los personajes de McCarthy nunca persiguen ballenas blancas sino presas pequeñas, que a los ojos de estos pobres cazadores representan la posibilidad de mejorar sus vidas o de encontrarle sentido a su errancia. Cada vez que aparece un falso predicador o un político es echado a patadas por los demás personajes: no hay lugar para grandes discursos ni ideas"

También se refiere el artículo a la fama de huraño del autor: "McCarthy sólo ha concedido dos entrevistas en su vida, una de ellas a The New York Times en 1992, luego de que su editor le rogara que hiciese algo especial para anunciar la aparición de Todos los hermosos caballos. Escabulléndose lo mejor que pudo, como corresponde a un escritor que siempre ha ocultado ciertas palabras, entonces dejó muy claro que prefiere hablar de las serpientes de cascabel que de su propia obra; que su novela preferida es Moby Dick y que prefiere a Dostoievsky y William Faulkner sobre Proust y Henry James, a los que no entiende ni considera buenos escritores".

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