MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Gordon Lish revisado

9.22.2009
Raymond Carver y su editor. Fuente:Adam Zyglis/buffalonews

Para Gregory Cowles, en el blog Paper Cuts, la historia tan trajinada entre el editor Gordon Lish y Raymond Carver, y las tijeras que el primero le hizo a los relatos del segundo, tiene una explicación concreta: A los escritores y a los lectores no les gusta pensar que un libro pueda ser editado. Los escritores deberían ser autores románticos y solitarios, lobos esteparios que jamás podrían poner en manos de otros seres -menos románticos, más prácticos- esas joyas inmaculadas que salen de su estómago o su cerebro. ¡Bah! El genio es y siempre lo fue Carver. Lish hizo su trabajo, nada más. Dice el excelente post:

But mostly, I think, it’s because readers still cling to an idealized vision of the writer (any writer) as a romantic and solitary artist, taking dictation from the muse. Carol Polsgrove may understand writing as a social act, but outside of academia or the publishing world itself, it seems that even sophisticated readers often think that the editor’s job is simply to discover genius and to usher it unsullied into print, maybe after fixing a comma or two. To readers astounded that somebody like Gordon Lish can actually “create” a writer’s tone or voice, I sometimes offer the analogy of musicians and producers. When Beck heads into the studio with Nigel Godrich, he emerges with the slow tempos and acoustic intimacy of “Mutations” and “Sea Change”; when he works with the Dust Brothers, he ends up with the R&B hip-hop party sound of “Odelay” and “Midnite Vultures.” Fans may prefer one style over another, but nobody blinks at the disparity or claims that only one sound represents the “real” Beck. In fact, music fans often can’t tell you who a record’s producer is any more than avid readers can tell you who a book’s editor is. But at least they have some sense of the process, because it hasn’t been as invisible to our culture as the writer-editor relationship generally is. In that sense, maybe the Carver-Lish fascination is a good thing. It may be an extreme example, but to the extent that it familiarizes readers with the path a book can take from manuscript to publication, it confirms Thomas Edison’s line about genius: 1 percent inspiration, 99 percent perspiration. And sometimes the artist isn’t the only one doing the sweating.

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Carver sin Lish en español

4.02.2009
Raymond Carver. Fuente: revistañ

Ahora, me quedo en una posición difícil: ¿leeré este libro o no? La verdad es que no lo sé. ¿Realmente me interesa leer a Raymond Carver sin los cortes del Captain Fiction Gordon Lish? No, no me interesa. Es un abuso de su viuda la publicación de este libro sin los cortes. Carver es más que Gordon Lish, mucho más, pero sin él no hubiera podido ser Carver. Eso está claro. Pero por otra parte, ¿no será un aprendizaje fabuloso saber qué cortó Lish, dónde se equivocó Carver? Sí, de todas maneras es interesante y puede servirme como escritor y como profesor de talleres literarios. Entonces ¿leer o no leer? Anagrama ha anunciado que en el 2010 publicará la edición sin cortes de los primeros cuentos de Raymond Carver editada (con enorme escandalo) por la viuda del narrador norteamericano el año pasado.

Tras la muerte de Carver, su viuda, Tess Gallagher, quiso recuperar los textos originales. Knopf se negó: los relatos tenían que ser publicados sólo en el formato en que aparecieron. Tess Gallagher contrató al agente Andrew Wylie y este negoció un acuerdo con Library of America, una editorial sin afán de lucro. The New Yorker publicó toda la historia y distintas editoriales europeas se prestaron a publicar The beginners tal como los escribió Carver. La noticia del caso ha generado un amplio debate en Norteamérica y Europa sobre si la invención del minimalismo fue o no una fabricación de laboratorio editorial. Hay quien prefiere la edición de Lish. Uno de los ejemplos más llamativos es Dile a las mujeres que nos vamos, uno de los cuentos que Robert Altman adaptó para su filme Shortcuts. Una reunión familiar, de amigos normales, un domingo cualquiera, en torno a un típico almuerzo de domingo. Después de comer, los dos amigos de infancia, Bill y Jerry, dejan sus familias y dan una vuelta en coche. Ven a dos chicas que van en bicicleta y tontean con ellas. Las siguen. Bill se detiene para fumar un cigarrillo. Y acaba el cuento. Apenas unas cuatro líneas: "No entendió nunca lo que quería Jerry. Pero todo empezó y terminó con una piedra. Jerry usó la misma piedra con las dos muchachas, primero sobre la que se llamaba Sharon y luego sobre la que debería ser de Bill". Laconismo letal, mortífero, glacial, técnicamente perfecto. ¿Cómo era la versión original? Ni más ni menos que seis folios más. Carver daba a Jerry un pasado violento y en la escena final detallaba cómo se acercaba a las chicas, las perseguía, violaba a una de ellas, se iba, regresaba por la otra y describía cómo la asesinaba cruelmente. La mayoría de lectores prefiere la versión lacónica, pero también hay defensores -Baricco- del Carver compasivo con el dolor, sentimental, que sabe ver el revés del mal y pone humanidad a seres que viven en la devastación moral.

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Carver principiante

1.20.2008
Raymond Carver. Foto: Marion Ettlinger Fuente: lemonde

Como regalo de fin de año, el New Yorker publicó un asombroso texto en el que se veían las sugerencias y los tijeretazos que Gordon Lish, el astuto editor, hacía al cuento "Beginners" de Raymod Carver. Ver ese texto, incluso si conocíamos la historia, era asombroso. En "Babelia", Antonio Muñoz Molina comenta el tema.

Dice: "Suele pensarse que este tono de sutil o explícita celebración llegó a la literatura de Carver en su segunda vida, según se afianzaba su amor con Tess Gallagher y su celebridad de escritor, en el tiempo demasiado breve en el que aún no sabía que iba a morirse con cincuenta años de un cáncer de pulmón. La sequedad quirúrgica de su primer estilo parecía que daba paso a una nueva complacencia en la escritura, a una riqueza mayor de pormenores y de matices. Pero en literatura todas las explicaciones claras son dudosas, y todo prestigio tiene una parte mayor o menor de malentendido. Multitudes de imitadores han venerado la inflexible austeridad expresiva de Raymond Carver y, como suele suceder, la han simplificado hasta la caricatura, pero ahora vamos sabiendo que el propio Carver no era del todo responsable de los despojamientos máximos de su estilo. En su número de fin de año The New Yorker publicó un relato inédito que se titula Beginners y que es una versión previa del que hasta ahora conocemos como De qué hablamos cuando hablamos de amor. El amigo y editor de Carver, Gordon Lish, eligió el nuevo título, pero no sólo ayudó a corregir la escritura y la trama: añadió cosas, suprimió casi la mitad del texto, cambió el final. En 1980, en una carta llena de inseguridad y de remordimiento, Carver le pidió a Lish que retirara ese cuento y alguno más del libro que iba a publicarse. Estaba agradecido al editor que lo apoyó tanto en sus años peores, temía parecer ingrato, perder su amistad: pero tampoco quería que su historia quedara desfigurada. Leídas ahora, una al lado de la otra, las dos versiones dejan una sensación desconcertante: el texto original de Carver revela honduras que se han perdido en el otro; lo que hasta hace nada nos parecía un modelo de contención en el cuento que conocíamos ahora tiene algo como de catatonia emocional y expresiva. El libro, a pesar de todo, se publicó así, y tuvo tanto éxito que cambió para siempre la carrera de Raymond Carver, quien nunca mostró en público su discrepancia con Lish, aunque rompió con él poco tiempo después. El estilo de aquellos cuentos, tan único, era en parte la invención de otro hombre. El reconocimiento público se otorgaba a alguien que era parcialmente un impostor. Pero quién no se siente así al recibir ciertos elogios; quién tiene el coraje necesario para negarse a aceptar algunas formas de admiración que intuye falsas o completamente equivocadas.

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Carver reaparecería (sin Lish)

10.23.2007
Raymond Carver en 1984. Foto: Marion Ettlinger/Corbis Outline. Fuente: NYT

Una de las anécdotas más famosas de la literatura norteamericana es aquella que cuenta que Raymond Carver no era minimalista, que sus párrafos estaban llenos de sentimentalismos y refelexiones, pero que su editor Gordon Lish, también escritor, corrigió aquellos "excesos", contra la voluntad del autor incluso, y convirtió a Carver en el maestro del minimalismo. Luego hubo una disputa por saber si Carver le debía su fama a Lish que concluyó con un argumento genial: si Lish pudo hacer eso por Carver, ¿por qué no pudo hacerlo por sí mismo? Ahora, con afán de "reescirbir la historia" la viuda de Carver, Tess Gallagher, pretende publicar los cuentos antes de la tijera de Lish. ¿Valdrá la pena? ¿No es un riesgo demasiado grande publicar versiones que el autor deshechó en vida? Ya se anuncian líos judiciales de parte del editor de Carver que piensa que la edición de Tess sería ilegal. La noticia está muy bien detallada en The New York Times, que incluye el ejemplo de un cuento sin correcciones, y también aparece en The Guardian bajo el estupendo título "Less said the better"

Dice la nota en NYT: "Tess Gallagher, the widow of Raymond Carver, one of the most celebrated American short-story writers of the 20th century, is spearheading an effort to publish a volume of 17 original Carver stories whose highly edited versions were published in “What We Talk About When We Talk About Love,” his breakout 1981 book. Largely as a result of that collection, which became a literary sensation, Carver was credited with popularizing a minimalist style. But many of his fans have been aware of reports that Gordon Lish, Carver’s first editor at Alfred A. Knopf, had heavily edited, and in many cases radically cut, the stories before publication to hone the author’s voice. At the time, Carver begged Mr. Lish to stop production of the book. But Knopf went ahead and published it, to much critical acclaim. Ms. Gallagher, who is also a novelist and poet, wants to see the original stories published as a volume called “Beginners,” the title that Carver gave to the story that became the title story in “What We Talk About.” “I just think it’s so important for Ray’s book, which has been a kind of secret, to appear,” Ms. Gallagher said by telephone from her home in Port Angeles, Wash. But, she added, “I would never want to take ‘What We Talk About’ out of publication.” Those versions of the stories, she said, “are now part of the history.” Ms. Gallagher’s plan has created controversy. Carver’s later editor, Gary Fisketjon of Knopf, which holds the copyright to “What We Talk About,” is deeply opposed to the idea. “I would rather dig my friend Ray Carver out of the ground,” he said. “I don’t understand what Tess’s interest in doing this is except to rewrite history. I am appalled by it.”

También se lee: "Carver acknowledged in the letter that Mr. Lish had “made so many of the stories in this collection better, far better than they were before.” But because several people — including Ms. Gallagher and the writers Richard Ford, Tobias Wolff, Geoffrey Wolff and Donald Hall — had already seen some of the stories in their earlier versions, Carver wondered, “How can I explain to these fellows when I see them, as I will see them, what happened to the story in the meantime, after its book publication?” Carver, who had recently met Ms. Gallagher (he later divorced his first wife, Maryann Burk) and stopped drinking, wrote: “If the book were to be published as it is in its present edited form, I may never write another story, that’s how closely, God Forbid, some of those stories are to my sense of regaining my health and mental well-being.” He then detailed what he wanted restored. Mr. Lish disregarded Carver’s plea and published the edited stories. Writing in The Washington Post, Doris Betts praised Carver’s “verbal skill, the distilled pungency, the laser focus of his implacable vision.” Michael Wood, writing in The Times Book Review, said “his writing is full of edges and silences, haunted by things not said, not even to be guessed at.” Ms. Gallagher said the critics hadn’t read the real Carver. “Ray really resisted this whole thing of being dubbed a minimalist,” she said. She added that those who viewed Carver’s later stories as more expansive than his early work, simply never knew that he had always been expansive. Reached by telephone, Mr. Lish said he was “very skeptical about anyone having what you describe as the original manuscripts,” he said, adding “The Carver matter is a dead letter with me.”

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Carver y Tess

9.30.2007
Raymond Carver y Tess Gallagher. Fuente: adn cultura

Tess Gallagher es la activa viuda de Raymond Carver. Ahora, ha decidido publicar un libro titulado Carver y yo, que editará Bartleby editores, en el cual reúne cartas, diarios de viaje, reflexiones y fotos del escritor. Sin lugar a dudas, es sólo el primer paso antes del inevitable libro de memorias maritales. ¿Podrá soportar el discreto Raymond el envión biográfico? Ojalá que sí. En el ADN Cultura cuentan sobre el libro y le hacen algunas preguntas a la autora.

Dice la nota: "Carver y yo es una recopilación de documentos que Tess Gallagher entrega para conocer más en profundidad la obra de Carver. Cartas, diarios de viaje de ambos, entrevistas a Carver, fotografías, entre otros. Está dividido en cuatro partes. La primera, "Excursiones", es el diario del largo viaje que hizo la pareja durante un año por Europa, en 1987, para promocionar los libros del autor: desde Seattle a París, San Quintín, Alemania, Zúrich, Roma, Londres, Escocia, Dublín y Belfast, lugares en los que se van encontrando con amigos escritores, editores, libreros, intelectuales y artistas de la época. "Me propuse entonces llevar un diario en el que registrar los nombres de las personas que conociéramos. Ray creo que lo llamaba ´grabadora con tapas . Los diarios se parecen bastante a un álbum, porque guardaba en ellos programas de teatro, recortes de periódicos, postales y fotos polaroid . Alguna vez también dibujé cosas que no podía escribir con palabras", escribe Gallagher. Junto con el diario que lleva Tess, se intercalan, en esta primera parte, notas breves que Carver le dejaba a su mujer en el viaje: "Me encantaría volver a casa. R. C. Hotel des Saints-Pères. Prometo (intentarlo) pasear todos los días, más o menos, con Tess por la playa de Port Angeles. R. C.".

Dice la viuda: "Siento que él no es para mí una figura opresiva. Soy, de verdad, más que la viuda de Raymond Carver. Ya han pasado diecinueve años desde su muerte. Mi escritura ha continuado desarrollándose durante este tiempo. Y los tópicos con los que trabajo son diversos: política, espiritualidad; tomo varias culturas, como la japonesa, la irlandesa y la española. Me gusta trabajar con ellas, las que, si bien a veces son "fantasmas" o "espíritus", todavía nos entregan mucho conocimiento y sabiduría.

Hablando del castellano, declara: "No estoy segura de qué les parece Ray a los lectores hispanohablantes, pero puedo imaginarme que les gusta su honestidad y su modo de ser cuidadoso. Pienso que él siempre respetaba a los otros, incluso cuando alguien estaba errado en su vida. También era muy sensible, pero de una forma muy moderada, de una forma que permitía acercarse a un camino que ampliara la visión del mundo, lo que lo engrandecía. "

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