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Los mejores libros 2008 en Ñ

12.21.2008
Los libros del año según revista Ñ. Fuente: revistañ

La revista Ñ le pidió a 15 personalidades literarias, entre escritores y críticos literarios, que eligieran un libro que represente para ellos al Libro de Año y que luego escribieran sobre él. Lamentablemente, no están colgadas en la web las opiniones de cada autor, pero sí la lista de los elegidos y sus electores. Aquí está la lista:


"La gran literatura se hace con el cuerpo" El crítico Juan José Becerra rescata la reedición de "La novela luminosa", del escritor uruguayo Mario Levrero.


El polaco existencial "Gombrowicz en Argentina", dice Elvio Gandolfo, es un libro "sólido y complejo".


La oralidad literaria de Ricardo Zelarayán "Lata peinada" le permite a Luis Gusmán detenerse en un autor más allá de las modas, y que "ha producido un sismo".


La elección imposible Levrero, Calveyra, Bustriazo Ortiz son algunas de las preferencias de Fogwill.


La revolución histórica Un clásico de Jules Michelet reeditado en España es para Fernando Savater un acontecimiento.


Una prosa particular "Mil tazas de té", para Oliverio Coelho, es obra de un ensayista en "estado de gracia".


Una continuidad a la obra lamborghianiana Para la poera Tamara Kamenszain esta necesaria biografía de Strafacce sobre Lamborghini denota un gesto brutal.


Una obra gigantesca Luis Chitarroni elige la novela póstuma del escritor cubano Guillermo cabrera Infante.


Descrubir un bello libro aún por leer El escritor Pablo ramos dice que Bernardo Jobson es "un gigante". Y avisa: hay que leer "El fideo más largo del mundo".


Relatos melancólicos Pablo De Santis escribe sobre "Tres hombres elegantes", de Marcelo Birmajer.


Las crónicas de viaje de Claudio Magris "No es que Magris va a los lugares: los lugares van a Magris", dice el periodista Sergio Wolf sobre "El infinito viajar".


El mapa de un escritor La escritora Angela Pradelli elige "Cuaderno de notas", de Anton Chéjov.


La revelación de un mundo La obra completa de Miguel Angel Bustos permite descubrir a un poeta híbrido y mestizo que va a contrapelo de las modas.


Diagnóstico y epitafio de una década. Así define Edgardo Cozarinsky "Los libros de la guerra", volumen que reúne los artículos de Fogwill publicados desde los años 80.


Crónicas para repensar la "conquista del desierto" En "Ser en el sueño. Crónicas de historia y vida toma", el antropólogo Pablo Wright aborda en profundidad la cosmovisión toba en una comunidad de Formosa.


Además, la propia revista Ñ elije los mejores libros del año para ellos, en diferentes rubros (novela argentina, novela extranjera, revelaciones, bestsellers, etc.) En el rubro "revelación" destaca la presencia de nuestro añorado amigo B39, Daniel Alarcón, con Radio Ciudad Perdida.

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Sergio Chejfec comentado

11.01.2007
Carátula del libro. Fuente: adn cultura

Antes he dejado consignado mi interés por conocer a los autores argentinos que no se consiguen en el Perú (felizmente ya está confirmado que sus ansiados libros los tendré la primera semana de diciembre). Uno de ellos es Sergio Chejfec cuya obra Baroni: un viaje, editada por Alfaguara, ha sido comentada en el ADN Cultura por el también narrador Luis Gusmán. La novela de Chejfec, dice, mezcla la biografía con el ensayo: un híbrido literario que en América Latina ha originado estupendas obras.

Dice la reseña: "Después de casarse, a Baroni le sobrevienen las crisis nerviosas y los primeros ataques, con lo cual su estado emocional y psíquico se torna insostenible. Abandona al marido, se refugia en la casa paterna, de la que un día huye por el temor de que un acceso de locura la lleve a matar a sus hijos. Llega luego a Boconó, y se instala temporalmente en el cementerio. Con el tiempo, se dedica a cuidar enfermos y a "arreglar muertos." Finalmente, como Felicitas de "Un corazón simple", de Flaubert, es acompañada por un loro. En estos trópicos, el loro flaubertiano termina por entonar el himno nacional venezolano. Existe también un costado escenográfico. Hay referencias a varias fotos de Baroni en las que se la ve disfrazada de animal, con trajes hechos por ella y con los que a veces hace presentaciones públicas. No solo su casa parece una utilería teatral, con espejos de papel metalizado y árboles pintados que duplican los rostros de sus habitantes, sino que Baroni misma parece vivir y morir en el espacio y el tiempo de una instalación sacra. En una de las exhibiciones de su propia muerte, que suelen llamarse "la mortuoria", la acompaña a pocos pasos una adusta guardiana con atuendo color azul, manos unidas a la altura del pecho. Se trata de una gran talla de tamaño natural que duplica a Baroni. Es más, esta figura que se llama La mortuoria, la reemplaza en el féretro cuando Baroni está afuera. Aquí se instala una mirada doble o, sería mejor decir, desdoblada. Baroni se ve a través de los ojos de los que se mantienen vivos. La mirada doble, "la normal desde el mundo de los vivos" y la construida desde la zona de la muerte. Por fortuna, el lector, debido a la belleza y precisión con la que está escrita la novela, no percibe tan claramente esa "mirada normal" y deambula en esa frontera entre la vida y la muerte. Pero eso ya pertenece al arte de esta novela.

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Luis Gusmán x 2

9.18.2007
Luis Gusmán envuelto en pieles. Fuente: Radar Libros

Tanto la revista Ñ de Clarín como el Radar Libros de Página12 coinciden en entrevistar a Luis Gusmán a raíz de su nueva novela, El peletero (Edhasa). En la revista Ñ titulan el artículo "Esto no es literatura panfletaria" mientras que en Radar Libros le dedican la nota central: "Sobre la piel". A ver si llega a Lima esta novela, o cualquiera ya que estamos, de Luis Gusmán.

En Ñ dice Guido Carelli: "En tiempos de Botnia y asambleístas, en épocas de puentes cortados y cuando la platea global asiste con entusiasmo, convicción y morbo a la seguidilla de huracanes con nombres de protagonistas de telenovelas caribeñas, no puede ni pasará desapercibido el nuevo libro de Luis Gusmán. El peletero desafía los embates mediáticos de Hollywood, las películas de Al Gore y hasta las (falsas) promesas de una indignada Nicole Neumann, al tiempo que narra la historia de un vendedor de pieles amenazado por la opinión doxa y la irrupción de los tejidos sintéticos. Landa, el hombre en cuestión, con ayuda de su nuevo amigo Hueso, deberá sortear la cruzada de Greenpeace, de su hijo y del mundo que cambia a favor de los derechos de los animales y que pone en jaque inexorablemente el universo y la identidad del protagonista. "Me parece que el peletero también podría ser una buena metáfora del escritor, un personaje en extinción", revela el autor que, sin abandonar su tono apagado, defiende con vehemencia y argumentos la paradoja de la historia."

También en ese suplemento declara sobre el oficio de escribir: "Yo siempre pienso que es más fácil hablar y escribir sobre el libro de los otros, y que si uno no siente que lo que escribe es verdadero, más vale escribir sobre otros libros. Yo creo que el peletero -para mí- es verdadero. Para mí encarna algo entre la mitología y la carne del escritor, como decía Barthes en esa metáfora tan visceral sobre la mitología del escritor. Por otra parte hay gente que no sabe si va a haber otro libro. Uno siempre se hace a la idea de que un escritor va a escribir para siempre y Rimbaud dejó de escribir, al igual que Salinger. Escribir implica una continuidad que obliga a que siempre tengas que seguir escribiendo. Supongo que como decía el negro (Osvaldo) Lamborghini, uno escribe porque no puede dejar de escribir. Pero para contestar más concretamente a la pregunta, ahora quisiera hacer un cambio de registro."

Mientras que en Radar Libros, Gusmán dice al respecto: "El escritor como un oficio en extinción. Cada vez tiene que presentarse más, y acompañar su obra. Uno busca siempre los intersticios, porque te permiten moverte. Pero desde que empecé a publicar, el lugar del escritor fue cambiando. En los sesenta, setenta, cuando hacíamos Literal, había una lucha estética ideológica muy fuerte contra el realismo simplista, contra el populismo. Las lecturas de Sarduy, de Barthes. Y eso fue confundido por la lectura de la época que pensaba que nosotros leíamos eso para aplicarlo a la literatura. Y basta leer a Osvaldo Lamborghini para darte cuenta de que era imposible que a ese tipo le cambiaras el estilo. Pero me parece que desde entonces hasta ahora las cosas han ido cambiando, y uno ha tratado de usar lo que Joyce llamaba las armas del artista: el exilio, la astucia y el silencio. Cuando él pasa del Ulises al Finnegans Wake dice que hay un momento en que la trama continuada, el lenguaje, no transmitían más, estaba saturada."

Y respecto a cómo surgió la idea de la nueva novela dice: "Surgió de una peletería que está a la vuelta de mi consultorio, en donde leí un cartel que decía "Su antigua piel tiene valor. Refórmelo y cámbiela por otra". Y yo pensé "como si fuera tan fácil". De ahí me empezó a surgir una idea de la novela, que no quería que fuera de ninguna manera poetizante. Por eso le puse El peletero. Me gustaba Antigua piel, pero me sonaba demasiado poetizante. Porque no se trataba de Cambio de piel de Carlos Fuentes o Con distinta piel de Dylan Thomas. Se trata de algo más despojado."

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Luis Gusmán

9.01.2007
Carátula de la novela editada por Edhasa. Fuente: La Nación


Como es previsible, los encuentros de escritores no sólo sirven para leernos entre nosotros mismos sino para recomendar a esa larga fila de escritores nacionales que, pese a que sus libros no logran salir al extranjero, tienen una obra notable. Me recomendaron, por ejemplo, a Germán Marín en Chile. Ahora que probablemente me pase una tarde en ese país buscaré algo de él. Y aunque ya lo conocía de antes (leí El frasquito gracias a un amigo que me lo trajo de Bs As), me comentaron la obra del argentino Luis Gusmán. Justamente acaba de publicar una nueva novela, El peletero, que aparece con Edhasa y en ADN Cultura lo reseñan.

Dice la reseña: "En Hotel Edén , otra ficción de Gusmán, el escritor Ochoa visitaba una localidad que había sufrido una inundación arrasadora. Los habitantes del lugar tenían la impresión de haber sido tragados por "un ojo de agua, una fuerza centrífuga que nos succionaba". Esa fuerza centrífuga, que monta un sistema de vasos comunicantes entre realidad material y realidad psíquica, llega hasta El peletero . Su médium principal, aunque no el único, es Landa, que recuerda al capitán Ahab, según la interpretación que el propio Gusmán daba del personaje de Melville en los ensayos de Epitafios : el mundo que lo lleva de un signo a otro se desplaza tan vertiginosamente como el Pequod navegando tras la ballena. Para el peletero, como para Ahab, todo sugiere "la desmesura de lo profético". La realidad le parece imantada por una multitud de claves dispersas. Al entrar en la cámara frigorífica de su local, tiene la impresión de que el espíritu de los animales perdura vivo en las pieles y que el sudor de su propio cuerpo se mezcla con esas emanaciones. Landa termina por abandonar su peregrino proyecto de incendiar el local y decide infiltrarse en Greenpeace, con el raro impulso heroico de atentar contra un rompehielos, uno de los barcos insignia de la ONG: su propia, obsesiva, paródica Moby Dick. Ese proyecto demencial será la excusa, sin embargo, para profundizar su relación con Hueso e intuir una supuesta historia de sujeción y dominio de la que el marginal sería víctima. En la senda de las novelas paranoicas norteamericanas (aunque con una impronta que nada les debe), El peletero de Gusmán no aspira a las certezas, sino a indagar hasta la médula esa textura tan anfibia como escurridiza, material y al mismo tiempo ideal, que, por pura convención, llamamos realidad.

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