MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Sergio Chejfec comentado

11.01.2007
Carátula del libro. Fuente: adn cultura

Antes he dejado consignado mi interés por conocer a los autores argentinos que no se consiguen en el Perú (felizmente ya está confirmado que sus ansiados libros los tendré la primera semana de diciembre). Uno de ellos es Sergio Chejfec cuya obra Baroni: un viaje, editada por Alfaguara, ha sido comentada en el ADN Cultura por el también narrador Luis Gusmán. La novela de Chejfec, dice, mezcla la biografía con el ensayo: un híbrido literario que en América Latina ha originado estupendas obras.

Dice la reseña: "Después de casarse, a Baroni le sobrevienen las crisis nerviosas y los primeros ataques, con lo cual su estado emocional y psíquico se torna insostenible. Abandona al marido, se refugia en la casa paterna, de la que un día huye por el temor de que un acceso de locura la lleve a matar a sus hijos. Llega luego a Boconó, y se instala temporalmente en el cementerio. Con el tiempo, se dedica a cuidar enfermos y a "arreglar muertos." Finalmente, como Felicitas de "Un corazón simple", de Flaubert, es acompañada por un loro. En estos trópicos, el loro flaubertiano termina por entonar el himno nacional venezolano. Existe también un costado escenográfico. Hay referencias a varias fotos de Baroni en las que se la ve disfrazada de animal, con trajes hechos por ella y con los que a veces hace presentaciones públicas. No solo su casa parece una utilería teatral, con espejos de papel metalizado y árboles pintados que duplican los rostros de sus habitantes, sino que Baroni misma parece vivir y morir en el espacio y el tiempo de una instalación sacra. En una de las exhibiciones de su propia muerte, que suelen llamarse "la mortuoria", la acompaña a pocos pasos una adusta guardiana con atuendo color azul, manos unidas a la altura del pecho. Se trata de una gran talla de tamaño natural que duplica a Baroni. Es más, esta figura que se llama La mortuoria, la reemplaza en el féretro cuando Baroni está afuera. Aquí se instala una mirada doble o, sería mejor decir, desdoblada. Baroni se ve a través de los ojos de los que se mantienen vivos. La mirada doble, "la normal desde el mundo de los vivos" y la construida desde la zona de la muerte. Por fortuna, el lector, debido a la belleza y precisión con la que está escrita la novela, no percibe tan claramente esa "mirada normal" y deambula en esa frontera entre la vida y la muerte. Pero eso ya pertenece al arte de esta novela.

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Sergio Chejfec

9.23.2007
Sergio Chejfec. Foto: Diego Sandstede. Fuente: adn cultura

Debo reconocer que no había oído hablar del argentino Sergio Chejfec hasta que Mario Bellatin me lo mencionó como uno de los autores que asistiría a la bienal de Mérida. Me lo mencionó un par de veces por email, además, por lo que no dudé en escribir su nombre en una Moleskine que tengo preparada con autores y obras que conseguiré en un (improbable) viaje próximo a Buenos Aires. Y es así que me encuentro ahora con una entrevista en ADN Cultura a Sergio Chejfec que me despierta aún más la curiosidad. Actualmente vive en Nueva York y lo edita Alfaguara. A pesar de eso, no me hago ilusiones de que sus libros lleguen a Lima. Habrá que viajar.

Habla el autor sobre su última obra: "Cuando empecé a escribir la novela [Baroni: un viaje], la concebí como una especie de ensayo narrativo que iba a tener alrededor de veinte páginas. Después las cosas cambiaron y me di cuenta de que me interesaba trabajar con otros materiales. El relato se fue expandiendo. Y advertí también que podía incluir las impresiones más arbitrarias y subjetivas respecto de Venezuela y del paisaje venezolano. Entonces lo que iba a ser un ensayo narrativo terminó siendo un relato ensayístico, en el que Baroni es la primera figura pero, a la vez, es una suerte de excusa para hablar sobre estética, sobre Venezuela y sobre algunos personajes de ese país que son para mí sumamente emblemáticos y enigmáticos".

Habla también de cómo se ve, desde fuera, la literatura argentina: "Creo que Saer, Aira, Héctor Libertella, la recuperación crítica de Osvaldo Lamborghini, todo eso impactó en términos de actitud. Se volvió a la idea de que no es necesario contar con demasiados protocolos y autorizaciones simbólicas para hacer literatura. Es un modo de escribir que aparece sin pedir permiso".

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