MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Germán Marín

10.08.2007
Germán Marín. Fuente: letras.s5.com

Hace un mes viajé a Berlín en un vuelo que tendría dos escalas: una en Santiago de Chile y otra en Madrid. La escala en Santiago era exótica, de seis horas, pero la verdad es que me hacía mucha ilusión pensar que en alguna librería del aeropuerto podría conseguir libros de Germán Marín. Les pregunté a Alejandro Zambra y a Alvaro Bisama qué libro de él me sugerían, y tal como supuse sus recomendaciones fueron muy distintas. Al final, las cosas no salieron como yo pensaba (tuvimos que desviarnos al aeropuerto de Concepción por neblina) y no compré nada. "Otra vez será", diría Leonardo Favio. Por ejemplo, el martes 16 de octubre. Hoy me entero que en Argentina la editorial Sudamericana ha publicado Basuras de Shanghai de Marín y que la revista Ñ lo ha entrevistado. Y fiel a su fama de polémico, declara: "En Chile no hay buenos escritores"

Dice sobre la novela: "Se trata de una memoria personal, subjetiva. Aparentemente, la melancolía puede resultar una elección individualista y hasta egoísta, pero también la melancolía puede tener una visión totalizante de la realidad, mucho más fuerte que otros sentimientos. Al decir melancolía uno está apretando una serie de teclas que podrían ser, qué sé yo, la cultura popular, el yo en sus tribulaciones, las canciones, los políticos, las frases de la época, la vestimenta, los olores. Porque las épocas también tienen olores propios. Yo echo de menos ciertos olores que tenía Buenos Aires. En un viaje que hice dos meses atrás, tenía unas enormes ganas de andar en subte. Echaba de menos un olor, y entré al que está en Corrientes y Florida. Quería llegar hasta Chacarita, y desde allí tomar el 111, que era el colectivo que yo tomaba antiguamente para ir hasta el barrio de Villa Urquiza. Ese era el trayecto un poco proustiano del viaje, melancólico, que yo quería hacer. Me extrañó muchísimo: el subte había cambiado de olor. Ahí está la verdadera identidad que tiene la memoria."

también habla de algunos escritores chilenos. Sobre Roberto Bolaño declara: "El peligro de Bolaño es que, entre los escritores chilenos y los medios, lo conviertan en una figura casi religiosa. Bolaño es menos que eso y mucho más. A los escritores no hay que sacralizarlos. En Chile existe un culto a Bolaño, lo digo sin desmerecer sus valores." Y sobre Isabel Allende: "Es un producto comercial. La culpa no es de ella. La culpa es de esa masa de lectores que la consumen, que con eso cumplen con la cuota de literatura que quieren consumir."

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Luis Gusmán

9.01.2007
Carátula de la novela editada por Edhasa. Fuente: La Nación


Como es previsible, los encuentros de escritores no sólo sirven para leernos entre nosotros mismos sino para recomendar a esa larga fila de escritores nacionales que, pese a que sus libros no logran salir al extranjero, tienen una obra notable. Me recomendaron, por ejemplo, a Germán Marín en Chile. Ahora que probablemente me pase una tarde en ese país buscaré algo de él. Y aunque ya lo conocía de antes (leí El frasquito gracias a un amigo que me lo trajo de Bs As), me comentaron la obra del argentino Luis Gusmán. Justamente acaba de publicar una nueva novela, El peletero, que aparece con Edhasa y en ADN Cultura lo reseñan.

Dice la reseña: "En Hotel Edén , otra ficción de Gusmán, el escritor Ochoa visitaba una localidad que había sufrido una inundación arrasadora. Los habitantes del lugar tenían la impresión de haber sido tragados por "un ojo de agua, una fuerza centrífuga que nos succionaba". Esa fuerza centrífuga, que monta un sistema de vasos comunicantes entre realidad material y realidad psíquica, llega hasta El peletero . Su médium principal, aunque no el único, es Landa, que recuerda al capitán Ahab, según la interpretación que el propio Gusmán daba del personaje de Melville en los ensayos de Epitafios : el mundo que lo lleva de un signo a otro se desplaza tan vertiginosamente como el Pequod navegando tras la ballena. Para el peletero, como para Ahab, todo sugiere "la desmesura de lo profético". La realidad le parece imantada por una multitud de claves dispersas. Al entrar en la cámara frigorífica de su local, tiene la impresión de que el espíritu de los animales perdura vivo en las pieles y que el sudor de su propio cuerpo se mezcla con esas emanaciones. Landa termina por abandonar su peregrino proyecto de incendiar el local y decide infiltrarse en Greenpeace, con el raro impulso heroico de atentar contra un rompehielos, uno de los barcos insignia de la ONG: su propia, obsesiva, paródica Moby Dick. Ese proyecto demencial será la excusa, sin embargo, para profundizar su relación con Hueso e intuir una supuesta historia de sujeción y dominio de la que el marginal sería víctima. En la senda de las novelas paranoicas norteamericanas (aunque con una impronta que nada les debe), El peletero de Gusmán no aspira a las certezas, sino a indagar hasta la médula esa textura tan anfibia como escurridiza, material y al mismo tiempo ideal, que, por pura convención, llamamos realidad.

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