MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Cinco libros para regalar

12.16.2009
Fuente: fiestafácil

La "Gift Guide" de The New York Times ha recortado la luista, anteriormente publicada por la revista, de los 100 libros del 2009 a sólo 10, cinco de ficcón y cinco de no-ficción. Los cinco libros del año, para quienes quieran regalarlos, son:

BOTH WAYS IS THE ONLY WAY I WANT IT
By Maile Meloy

CHRONIC CITY
By Jonathan Lethem

A GATE AT THE STAIRS
By Lorrie Moore

HALF BROKE HORSES: A True-Life Novel
By Jeannette Walls

A SHORT HISTORY OF WOMEN
By Kate Walbert

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Lorrie Moore come zanahorias

11.12.2009
Lorrie Moore. Fuente: flavorwire

Vestida de negro, Lorrie Moore está sentada en esa terraza de un bar-restaurante, con una tira de zanahoria entre los dedos como si fuera un largo cigarrillo que se lleva a los labios, al mejor estilo de las antiguas estrellas del cine. Mira a los ojos, y suelta el humo invisible para reconocer: "Sí, en esta novela he tratado de reflejar el mundo surgido en mi país después de los atentados del 11 de septiembre de 2001. Es un pequeño golpe bajo a la vida estadounidense", y cierra su actuación hollywoodesca dando un mordisco a su colorido cigarrillo. Así empieza la excelente crónica que Winston Manrique Sabogal ha hecho de una visita a Lorrie Moore, la autora del libro más comentado del año en EE.UU., Al pie de la escalera, editado en castellano por Seix Barral. Y aunque algunos narradores latinoamericanos como Edmundo Paz Soldán y Rodrigo Fresán han coincidido en que la mejor Moore no es la novelista, sin duda las virtudes de la escritora (su sensibilidad, su fragilidad, su humor sarcástico) están presentes aquí como en Anagramas u Hospital de ranas, sus otras novelas. Copio aquí algunos momentos de la extensa crónica publicada el fin de semana pasado en "Babelia":


En su crujiente compañía, Moore recuerda que ganó a los 19 años un concurso de cuentos en la revista Seventeen. Y cómo ahora, 33 años después, ha publicado tres libros de relatos, acaba de editar su tercera novela y es miembro de la Academia de las Artes y las Letras de América desde 2006. No sabe muy bien qué ha cambiado en la literatura, ni en la suya en particular, en todo este tiempo. Lo único claro es que ahora tiene un hijo adolescente, se ha divorciado y se han mudado del Este al Oeste, a la mitad de Estados Unidos. "Aquí hay un muy buen resumen de la sociedad estadounidense. Al principio no era consciente de eso, de todo lo que había aquí, y ahora estoy tratando de reflejarlo. Éste es un micromundo del país con todos sus microambientes políticos, culturales, sociales y de sueños". Calla un instante y su voz pausada encuentra un punto de cambio como narradora: "Antes, cuando era más joven, escribí mis dos novelas, Anagramas y El hospital de ranas, sobre mujeres mayores, y ahora que ya soy mayor escribo sobre una mujer joven", y se interrumpe con una risa clara y dosificada. "Eso quería hacer en esta novela. Quería contar estas cosas como un resumen de Estados Unidos".
¿Acaso la tan mentada y esperada gran novela de la sociedad estadounidense del siglo XXI?
Silencio...
Al pie de la escalera tiene más dosis de su humor envenenado, a veces usado por sus personajes como escape al dolor, mientras se explaya en las descripciones del ambiente y las psicológicas de personas puestas en un cruce de caminos frente a temas como los prejuicios en torno al racismo, la inmigración, la adopción, las nuevas familias, la religión, los miedos modernos, la guerra, la desolación de ciertas pasiones y la culpa y la expiación. Un paisaje devastador que descubre Tassie Keltjin, una joven universitaria, en su travesía hacia la vida de verdad, teniendo como fondo la larga y oscura estela del 11-S y la guerra de Irak.
A Moore no le queda la menor duda de que no somos impermeables al tiempo. A su arte para moldear las vidas solapadamente, y a pesar de quien sea. "Las cosas cambian, las ideas cambian, las familias cambian. Las cosas que importan en el mundo. Y ahora resulta que ese paradigma que teníamos en Estados Unidos de la sociedad inmigrante se ha roto. Eso me ha llevado a abordar este tema que es fundamental. Antes, mis dos primeros libros hablaban de la familia. Cada libro es diferente".
Su aproximación y percepción de la gente y la manera como refleja sus relaciones personales y sentimentales en sus libros ha variado. Y para demostrarlo toma prestada una frase de unos amigos que le han dicho: "Lorrie, tú escribes todo el tiempo sobre los sentimientos mutuos entre hombres y mujeres; pero ahora te preocupas de cómo las mujeres fracasan unas con otras", y termina subiendo las cejas.
Cuando la luz empieza a tornarse bronceada, y a regalar los últimos haces de sol danzarines, Lorrie Moore, con el cigarrillo-zanahoria entre los dedos, reconoce el alcance que quiere darle a su novela; la de una obra que represente y retrate el mosaico de la sociedad estadounidense del nuevo siglo XXI, engendrada súbitamente tras los atentados terroristas de Al Qaeda en 2001 en Nueva York y Washington. Le gustaría que Al pie de la escalera fuera una especie de espejo en el cual se pudieran mirar sus compatriotas. Porque de ese suceso procede la nueva sociedad que ella describe. De ahí que defina la novela como "un pequeño golpe bajo a la vida estadounidense", tras lo cual suelta el humo invisible de su cigarrillo-zanahoria.


(...)


...Y Lorrie Moore estira la mano hasta el centro de la mesa donde está el Rilish para coger otra tira de zanahoria y volver a jugar, entre risas, a la fumadora glamourosa de los años treinta. Ya no hay sol. Sólo una luz cobriza que lo baña todo bajo el susurro de la parra movida por la brisa como preámbulo a sus ideas sobre los miedos contemporáneos que palpitan en Al pie de la escalera.
Insiste en el temor ante la desconfianza o descalificación que ahora se da a alguna persona según su credo. Miedos individuales y miedos colectivos que parecen acorralar a la gente en su novela. "Cada generación tiene su colección de nuevos miedos", reconoce resignada. "Es también una forma de confrontar el mundo. De cómo tú miras ese mundo y cómo tú sacas lo que tienes para salir adelante en la vida. Cada uno de nosotros asumimos unos temores, es interesante, y son diferentes sus grados en cada persona".
Aunque en el camino se han perdido cosas que no comparte, como cambiar privacidad por seguridad. "Cuando John Kerry dijo que se debía tratar como una cosa más, yo estaba de acuerdo, pero cuando lo pusieron más grande y lo exageraron lo convirtieron en un problema. El terrorismo es una manera de manipular a la gente".


(...)


Y para que todo encaje, Lorrie Moore tiene que inventarse un mundo perfecto para su obra, acorde a lo que va a contar. Sin olvidar, recuerda, que también tiene que traer a él cosas del mundo real, que es lo que al final contribuye a hacerlo creíble y verosímil. Reconocible para el lector. En su caso, con temas cotidianos poblados de personajes cuyos mundos interiores ella muestra como seres a veces inconformes o amordazados o devastados por frustraciones, desencuentros o sueños.
Sus manos, que a veces acompañan a sus palabras, aquí ganan protagonismo. Confiesa que no piensa en el humor cuando escribe. "Las cosas tienen humor en sí mismas. Es cuestión de saber verlo. En esta novela creo que no hay mucho, pero mi editor me dijo que era muy graciosa", y sonríe perpleja porque no termina de entenderlo.
Cuando intenta explicar la procedencia de su ironía y de aquello que parece políticamente incorrecto, manda atrás su brazo izquierdo, que se topa con una ramita de parra descolgada como una serpiente que le hace girar rápidamente la cabeza. Se percata de lo que es, sonríe y sube las cejas mientras dice que "es importante la interacción que tienen las personas, mostrar el mundo interior y exterior del individuo. Arrostrar dichos mundos. En el cine es difícil hacer esto, pero en la literatura se puede hacer con tres o cuatro frases".


(...)


Así, entre la crianza, la mudanza, las clases y la adaptación a la nueva vida en Madison, a finales de los noventa, empezó a concebir Al pie de la escalera con algún rasgo autobiográfico. La escritura llegó después del 11-S. Luego tardó un año en arreglar lo escrito porque lo que pretendía era que la novela reflejara el mundo surgido de allí. Mientras tanto la gente se preguntaba dónde estaba la autora de Pájaros de América. Y ahora que ha vuelto, después de once años sin publicar, lo dice: "Me he repartido entre varios quehaceres. En un año pensé que ya tenía toda la novela en la cabeza, pero resultó que eran únicamente 50 páginas. Y, encima, la historia era muy triste, así que tuve que rehacerla. Además he publicado cuentos en revistas como The New Yorker y en The Guardian".
Una hora después, dentro del restaurante, al final de la cena, Lorrie Moore lee el comienzo de su novela en inglés como en un recital secreto... Luego pregunta cómo suena en su traducción al español. Se recuesta en la silla, y escucha atenta: "El frío llegó aquel otoño y a los pájaros cantores los cogió desprevenidos. Cuando la nieve y el viento empezaron a ser intensos, demasiados habían sido engañados para quedarse, y en vez de partir hacia el sur, en vez de haber volado ya hacia el sur, estaban acurrucados en los jardines de las casas, con las alas ahuecadas para conseguir un poco de calor...". Sonríe... Le gusta lo que ha escuchado en un idioma ajeno al suyo. El sonido de ese comienzo cuya imagen presagia la historia por venir.

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Fresán sobre Lorrie Moore

10.27.2009
Lorrie Moore. Fuente: the guardian

Edmundo Paz Soldán, al mejor estilo lapidario de John Crace, dejó en el status de su Facebook una breve -pero suficiente- crítica a la nueva novela de Lorrie Moore: "Leyendo a la novelista Lorrie Moore. Extrañando a la cuentista Lorrie Moore". Acaba de aparecer la novela en castellano bajo el título Al pie de la escalera, editada por Seix Barral, y en el ABCD las Letras Rodrigo Fresán la reseña de inmediato. Y al parecer, comparte la opinión de Paz Soldán. Una pena, porque yo espero mucho, muchísimo de Lorrie Moore (y Hospital de ranas me encantó). Pero si la comparan con Chandler de Friends me fregaron. Difícil sacarse esa imagen. Dice Fresán:

(...) ahora es el turno de la joven veinteañera Tassie Keltjin: hija de una familia despareja, enamorada de un cada vez más inquietante falso brasileño, y atrapada en la vertiginosa órbita de un matrimonio disfuncional que la emplea como canguro todo terreno y la involucra en las maniobras de adopción de una pequeña afroamericana mientras, ahí afuera, se suceden los días que van del 11-S a los inicios de la invasión de Irak. Y Tassie se mueve de un lado para otro y no deja de contarnos lo que sucede a su alrededor con los modales de una virtual Lady Seinfeld. Es decir: como si estuviera sobre el escenario de un club nocturno como experta stand-up comedian pero, al mismo tiempo, aquejada del mismo síndrome que sufre el Chandler Bing de la serie Friends. Es decir: Tassie (y Moore) no puede dejar de hacer chistes. Sin parar. Varios por página. Y -se sabe- no todos los chistes son buenos. El problema es que Moore (Tassie) no parece o no quiere darse cuenta de ello. Y esta irrefrenable adicción a disparar one-liners en ocasiones da en el blanco y, en otras, hiere a alguien que pasaba por ahí. Dicho esto, Al pie de la escalera pone en evidencia el hecho de que Lorrie Moore es una cuentista genial y, apenas, una muy buena novelista. (...) Al pie de la escalera es, sí, la muy esperada primera «novela-novela» de Lorrie Moore y, como tal, se disfruta mucho pero no termina de conformar del todo. Resultan admirables los tramos en los que Tassie se relaciona con Sarah -la inminente madre adoptiva a la que no puedo sino imaginar con el rostro y el nerviosismo de otra Moore: Julianne; Zooey Deschanel, de paso, sería una perfecta Tassie-, pero no parecen tan logradas las escenas en que la protagonista regresa a su hogar o conversa con sus amigas o con su hermano «marca Salinger». De este modo, en buena parte del libro, todo parece fluir con un curioso ritmo entre insomne y sonámbulo mientras, entre ocurrencia y ocurrencia (impagable el apunte sobre la falta de un editor y corrector de pruebas al «Génesis» de Dios), uno comienza a intuir que oscuras nubes se acercan desde el horizonte, que todo lo que hemos vivido hasta ese momento no es más que la calma que precede a una tormenta. Y el último tramo de la novela -truenos y rayos- es una densa y monstruosa sucesión de catástrofes sin anestesia que dejan a Tassie girando en falso pero no por eso privándose de soltar alguna broma fuera de lugar. Los lectores piadosos y comprensivos dirán que la indefensa Tassie utiliza el humor como mecanismo de defensa. Pero -insisto- basta recordar la elegancia con que alguien como Anne Tyler (o la misma Moore en su cuento antes citado) le abre la puerta a la desgracia para comprender qué es lo que no acaba de funcionar en Al pie de la escalera. La inequívoca sensación entonces es que el libro se ha escapado de las manos y de la cabeza de Moore y, como Tassie, después de tropezar, ha caído rodando por los escalones.Y quizás todo esto suene más ominoso o negativo de lo que en realidad es. Recapitulemos: esta no es una mala reseña sino una reseña desilusionada; y Al pie de la escalera no es un mal libro sino un muy buen libro que podría haber sido una obra maestra y no lo es. Uno de esos libros que vuelven a poner de manifiesto la insalvable distancia que hay entre el ingenio (Moore fue genialmente ingeniosa en Autoayuda) y el genio (Moore fue ingeniosamente genial en Pájaros de América).

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Lo nuevo de Lorrie Moore

9.03.2009
Carátula de la novela. Fuente: amazon

En un post en Paper Cuts Jenifer Balderrama califica de "Buzzy Book" a la nueva novela -A Gate at the Stairs- de Lorrie Moore debido al interés que pone la autora a los insectos en esta novela de 200 páginas aparecida luego de 11 años sin editar nada nuevo (15 años si pensamos en novela) y que transcurre en el Medio Oeste norteamericano (lleno de bichos y de burocracia estatal, como una novela midwest de Kafka) visto por los ojos de la protagonista veinteañera Tassie Keltjin (al parecer, por las reseñas, una mujer-moore a carta cabal). El no menos famoso Jonatham Lethem también ha puesto énfasis en las resonancias kafkianas de la novela en la reseña que le dedica en Sunday Book Review:
The novel’s protagonist and narrator, Tassie Keltjin, is a student at a Midwestern college mecca, daughter of a boutique potato cultivator, who finds work as the nanny-in-waiting for a brainy couple awkwardly on the verge of adoption. This ambiguous assignment takes the foreground in a tale ranging over Tassie’s home life and love life — the nest she’s just departed and the nest she’s hoping to flutter into. Moore’s class diagnostics are so exact she can make us feel the uneasiness not only between town and country in a single landlocked state, but between different types of farmers on neighboring plots. The book is also set in the autumn of 2001, a fact Moore has the patience to barely deploy for 200 pages, and then only with a deft sleight of hand that will make readers reflect on the ways so many other treatments of this (unfinished) passage in American life have resembled heart surgery performed with a croquet mallet. (...) Moore’s continuing interest in how power imbalances make themselves felt in human encounters fastens here on the Kafka-worthy bureaucracy of adoption agencies and foster homes. Combined with her immaculately tender portrayals of young children, so real you want to pass around their snapshots, this aspect of her novel will do such things to your heart that you may find yourself wishing for the surgeon with the croquet mallet, just for mercy.

Se sabe que, de una manera metafórica, esta novela es la respuesta de Lorrie Moore al impacto de los sucesos del 11/S. En la reseña de Ron Charles en The Washington Post comentan el primer capítulo (que pueden leer aquí) en esa clave:
The first paragraph of Lorrie Moore's new novel imagines songbirds caught by a killing frost, heaps of them piling up in a cornfield and others dropping from the sky. That ghoulish image and an allusion to Sept. 11 just a few paragraphs later cast a funereal shadow over this coming-of-age story, but Moore is such a bright, witty writer that it's easy to ignore those warnings. Then, like real life, she blindsides you with some red-raw tragedy.

Desde luego, la temible Michiko Kakutani no ha demorado -lo hizo dos días antes que Lethem en NYT- en meterle el diente a esta enormísima novedad, la más resaltante de la temporada libresca 2009 en EE.UU (con perdón del siempre oculto y finalmente discreto Thomas Pynchon) y que será publicada por Seix Barral a mediados de Octubre de este año para el ámbito español. La Kakutani ha dicho sobre la novela de Moore:
Ms. Moore has written her most powerful book yet, a book that gives us an indelible portrait of a young woman coming of age in the Midwest in the year after 9/11 and her initiation into the adult world of loss and grief. It is a novel that illustrates just how far Ms. Moore has come in the last two and half decades from her keenly observed but jokey 1985 collection of stories, “Self-Help,” which showcased her gifts as a writer but also underscored her — and her characters’ — emotional reticence, their reluctance to open themselves to deeply felt experiences.

Para luego agregar más elogios a la manera Kakutani, es decir, citando el error y convirtiéndolo luego en curioso piropo:
Although the characters in “A Gate at the Stairs” also have an annoying tendency to play coy little word games and make lame little jokes — it’s a kind of nervous tic that enables them to detach themselves from threatening situations — Ms. Moore grapples in these pages with the precariousness of life and the irretrievable losses that accumulate over the years. (...) If Ms. Moore, who started out as a short-story writer, demonstrates some difficulty here in steering the big plot machinery of a novel, she is able to compensate for this by thoroughly immersing the reader in her characters’ daily existences. With affection and a keen sense of the absurd, she gives us bright, digital snapshots of flyover country where nearly every small town has a local Dairy Queen, where customers wait in lines, even in winter, and where the “whimsy and fuss” of homeowners’ Christmas decorations — “penguins, palm trees, geese and candy canes all lighted up as if they were long-lost friends at a gathering” — provide a seasonal diversion for neighbors. She gives us an indelible portrait of Tassie’s family farm, where her mother has set up mirrors behind the flowerbeds to multiply the foxgloves and nightshade and phlox, and where her father has her don a hawk costume and run in front of his thresher to scare wildlife from its hiding places. (“Nobody wanted sliced mice in their salads,” she wryly observes, “at least not this decade.”) And most memorably, in this haunting novel Ms. Moore gives us stark, melancholy glimpses into her characters’ hearts, mapping their fears and disappointments, their hidden yearnings and their more evanescent efforts to hold on to their dreams in the face of unfurling misfortune.

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Lo que se viene en el 2009

10.20.2008
¿Quién se anima a publicar en español a Uwe Tellkamp? Fuente: revista ñ

Se termina la Feria de Fráncfort y con ella, los anuncios más bien tímidos de los libros que se vienen en el 2009 según El País. Tendremos por ejemplo: Los vampiros de Guillermo del Toro, el cineasta mexicano en su primer incursión novelística empieza ni más ni menos que con una trilogía que editará Suma de Letras. Luego está el regreso a la novela de Lorrie Moore con A gate at the stairs (Una puerta en las escaleras) que será el bombazo de Seix Barral (que le ganó así una autora símbolo a Salamandra). Planeta se hizo del thriller Julieta de Anne Fortier, del que dicen que une El código Da Vinci con Romeo y Julieta (¿?) El historiador Anthony Beevor dará a luz Normandía, que publicará Crítica. Ritournelle de la faim, la nueva novela del reciente premio nobel Le Clezio, no entró en subasta en Francfort, pero tanto Seix Barral como Tusquets reeditarán sus títulos antiguos. La peur (El miedo), de Gabriel Chevalier, una novela autobiográfica publicada en los años 30, es la autobiografía de un combatiente de la primera guerra mundial y se lo quedó Acantilado. Mientras que Anagrama consiguió la joya de la corona de Gallimard: La meilleure part des hommes, relato sobre el sida en los años noventa escrito por un joven de 27 años, Tristan Garcia. Sin embargo, hasta ahora lo que no consigue comprador en España es el libro Der Turm (La torre) de Uwe Tellkamp -ganador del premio de los libreros de Alemania y éxito de ventas inmediato- que relata los últimos años de la Alemania comunista a través de una familia aristocrática. Y es una pena porque, a juzgar por la nota en la Revista Ñ, Tellkamp no es moco de pavo y realmente puede ser un autor interesante. Dice Clarín:

La torre es su tercera novela. Por la anterior, Der Eisvogel (El pajaro de hielo), fue comparado con Houellebecq, aunque su caso quizás recuerda más al de Jonathan Littell: un escritor joven que se atreve a poner sobre la mesa de sus editores un novelón de mil páginas con preocupaciones temáticas y estilísticas poco habituales. Porque aunque su obra entra en el género de "novelas de la reunificación" que han abordado otros autores como Thomas Messig o Ingo Schulze, Tellkam es ajeno a las preocupaciones vanguardistas de sus compañeros de generación, y el tratamiento que emplea le aproxima, según quienes lo han leído, más bien a Thomas Mann y a su visión de la burguesía alemana culta de principios del siglo XX. Quizás por ello algunos criticos le han reprochado un supuesto conservadurismo estético y político. En su fallo de esta convocatoria, el jurado ha destacado que "la gran novela de los años previos a la reunificación de Uwe Tellkam La torre traza en una plétora de escenas, imágenes y formas discursivas el panorama de una sociedad a la que le acecha su final (...) Uwe Tellkamp envía a su rebelde protagonista Christian Hoffman a un viaje infernal desde su entrada en el servicio militar hasta consumar las acciones represivas del Ejército Popular. El lector se ve envuelto como nunca antes por los aromas, las expresiones y la mentalidad de los últimos años de la RDA".

El único problema es que el original del libro tiene 972 páginas. Vamos a ver quién se compra el rollo de mandar al mercado (40 euros por lo menos en precio de tapa) este apetitoso ladrillo.

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