MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Nancy Huston entrevistada

10.07.2009
Nancy Huston. Foto: Daniel Mordzinski. El País

Si Marcas de nacimiento, (Salamandra) de la canadiense Nancy Huston, fue un éxito de crítica al ser traducida al castellano, se espera que con la traducción de una novela anterior pero de tema similar, La huella del ángel, tambipen con Salamandra, se tenga el mismo suceso. En "Babelia" la entrevistan y habla sobre el abandono de su madre, el inicio de la ambición literaria y sobre todo acusa a la literatura francesa contemporánea de ser demasiado intelectual. Siendo la esposa de Todorov, pues, habrá que entender que algo sabe de intelectuales auténticos y de intelectualizantes:

Usted es bilingüe. ¿Cómo elige la lengua de sus novelas?
Depende de los personajes. La huella del ángel la escribí en francés porque discurre en Francia y los personajes hablan en francés. Marcas de nacimiento la escribí en inglés por la misma razón: los personajes hablan en inglés.

En las dos novelas la Historia es determinante y aniquila no sólo a los que la viven sino a sus descendientes.
Es la vida. Es parte de la vida. En los dos libros se habla del impacto de las opiniones políticas sobre la infancia. El hecho de haber vivido un momento político traumatizante a través de los padres predispone a tener tal o cual postura después. Por ejemplo, Saffie, la protagonista de La huella del Ángel, ha vivido un episodio estremecedor: ser testigo de la violación de su madre y su propia violación por las tropas rusas. No fue algo excepcional, como se sabe: hubo 300.000 mujeres violadas en Berlín. El hecho de haber vivido eso, más el hecho de haber conocido a un profesor que culpa de todo a los alemanes hace que crezca un muro entre ella y el resto del mundo, entre ella y su identidad alemana. Además, otro de los personajes de la novela, que de niño fue salvado por los comunistas, siente el impulso casi automático, en plena guerra de Argelia, de ayudar, por su parte, a los oprimidos, a los que él considera oprimidos.

Más que la infancia, el tema de La huella del ángel es el de la inocencia.
R. No creo en la inocencia.

¿Es imposible la inocencia del niño?
Desde que habla de culpables, desde que a él le meten en ese lenguaje, es imposible.

¿Es cierto que el hecho de que su madre la abandonara cuando era niña le hizo novelista?
¿Y eso le extraña?

Algo.
Para mí es evidente. Tal vez lo que diga suene a banalidad: una infancia traumatizada fomenta la vocación literaria. Porque crea un misterio. Para un niño, los padres son como dioses. Si los dioses discuten entre ellos, eso se convierte en algo extraordinariamente impresionante, y si uno de ellos se va pegando un portazo (que no fue mi caso), pues después el niño tiene que saber por qué y recabar la versión de tal y de cual y las sucesivas hipótesis... El niño no deja de reescribir esa historia, que es infinita e inagotable, porque un hecho así, para el mundo de un niño, es inextricable por definición. Así que no hace más que darle vueltas a la cabeza, inventando, adornando la historia. Y de esa invención a la novela no hay sino un paso. En mi caso concreto, además, hay otra razón: el único contacto que yo tenía con mi madre eran las cartas que, con frecuencia, me escribía. Ella, que hasta ese momento era la presencia misma en mi vida, de pronto se volvió sólo escritura: letras, letras...

P. ¿Por qué mantiene que es mejor novelista desde que es madre?
R. Me hice infinitamente mejor. Las Variaciones Goldberg es un libro bonito, un poco cartesiano, es, en el fondo, una idea bonita, pero un libro escrito con la cabeza; los niños te meten en el corazón de las cosas. Y la novela nace del corazón, no de la cabeza, porque habla de la vida material, de cosas muy concretas. La escritora Flannery O'Connor sostenía que la gente que tiene miedo a ensuciarse no debe meterse a escribir novelas. La vida material te ensucia. Además, hay que estar fascinado por los detalles, y lo repito: en relación estrecha con la vida material. Y al contrario, la vida intelectual es la catástrofe de la literatura. Ésa es una de las razones de que no me interese mucho la literatura francesa contemporánea.

P. ¿Por qué? ¿Por ser demasiado intelectual?
R. Piensan demasiado. Son agotadores. Se han convertido en gente muy inteligente. Y la inteligencia es catastrófica para la literatura. Hacen falta también tonterías. Hay que ser un poco tonto. Para mí, escribir dentro de la piel de los niños fue un poco un ejercicio de tontería. No podía utilizar mi inteligencia. Yo soy muy inteligente, pero no podía utilizar mi inteligencia en esa novela. Los niños no podían tener ningún discurso teórico, ni emplear ninguna palabra de más de tres sílabas, ni servirse de la ironía, no se trataba de teorizar, sino de vivir la historia...

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Marcas

9.30.2009
Nancy Huston. Fuente: remasterices

Marcas de nacimiento de la canadiense Nancy Huston es una novela contada en sentido inverso, desde el presente hacia el pasado, buscando aquellas "marcas" que explican el comienzo de la novela. Un trámite difícil, pero al parecer la canadiense -uno de los nombres que más suenan en los últimos años- lo ha conseguido con enorme éxito. La novela llega a España gracias a Salamandra. En el ADN Cultura le hacen una reseña:

El título se refiere a ciertas marcas físicas que los personajes tienen en el cuerpo, y metafóricamente, a las marcas profundas que la vida produce y que, de algún modo, afectan a la descendencia por varias generaciones. En este caso, se trata de un hecho terrible que le sucedió a Kristina, cuyo efecto se propagó a su hija Sadie, al nieto Randall y al bisnieto Sol. Justamente, cada uno de ellos narra una parte de la novela: Sol, el año 2004; Randall, el 1982; Sadie, el 1962 y Kristina, el bienio 1944-1945; con la particularidad de que lo hacen desde sus seis años de edad. (...) Marcas de nacimiento es, por lo tanto, una novela familiar, pero una novela de la identidad. Los personajes no saben quiénes son o creen ser lo que no son. El tema de la identidad se repite en las investigaciones de Sadie sobre las "fuentes de vida", verdaderas "granjas de cría" donde los nazis alemanizaban chicos de características arias raptados para compensar las pérdidas alemanas en la guerra. Según nota de la autora, más de 200.000 niños fueron raptados en Polonia, Ucrania y los países bálticos entre 1940 y 1945. Huston cuenta crudamente este infierno, pero no cae nunca en el maniqueísmo. Los nazis, en su novela, son simultáneamente capaces del horror y la ternura, lo que hace pensar en la verdadera naturaleza de lo humano. En lo técnico, uno de los mayores méritos de esta obra radica en su construcción: las cuatro historias, por fuerza incompletas, se superponen, se corrigen, se explican unas a otras y van develando oportunamente los secretos resortes que orientan las vidas de los personajes. Lo más discutible y audaz es la elección del punto de vista. Los chicos de seis años no tienen el sistema de pensamiento ni el lenguaje que permita contar la historia como está contada. Huston lo resuelve introduciendo una convención que el lector deberá aceptar: son chicos de seis años que piensan y hablan como si tuvieran veinticinco. Evidentemente, esta convención da por tierra con la extendida idea de que la verosimilitud exige concordancia entre el habla escrita y el habla "real" de los personajes. Por último, hay que decir que, a pesar de su complejidad formal, se trata de un libro de fácil lectura que no pide ser comprendido entre líneas ni exige malabarismos interpretativos.

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Francia en Madrid

5.25.2009
La literatura francesa en vitrina. Fuente: Babelia/ fernando vicente

La Feria del Libro de Madrid tiene como País Invitado de Honor a Francia. Sí, esa misma Francia que fue dada por muerta por al anglofílica Times hace un año y que, desde entonces, no solo ha dado grandes escritores sino incluso un Premio Nobel. Como canta Maelo: "Las tumbas son pa´los muertos, y de muerto no tengo ná". El colombiano Juan Gabriel Vásquez afina la puntería para explicar lo que podría ser un signo evidente de la literatura francesa contemporánea: la mirada hacia fuera. Así lo explica:

Le Clézio se ha pasado la vida de un continente a otro; Enard [autor de Zona] ha vivido varios años en países árabes y ahora vive en Barcelona. No es más que una banal coincidencia biográfica, por supuesto, pero uno tiene que pensar si esas novelas abiertas al mundo, con un punto de apoyo en varias culturas y con influencias de varias lenguas, no estarán causando un efecto interesante en lo que se escribe y se lee en Francia. Las benévolas, del norteamericano Jonathan Littell,que acaba de publicar Lo seco y lo húmedo, es parte de la actual literatura francesa tanto como La piedra de la paciencia, del afgano Atiq Rahimi, y tanto como La mujer que esperaba, del ruso Andréi Makine, y tanto como Marcas de nacimiento, de Nancy Huston, una canadiense que escribe en francés o en inglés indistintamente: cuatro novelas recientes donde la lengua francesa muta y se contamina (es decir, vuelve a la vida). "Una de las fuentes del genio francés está en su aptitud para incorporar a los outsiders", dice Don Morrison en la conversación que he citado al principio. Se refiere a los marginales de la cultura, tipo impresionistas o surrealistas, pero podría referirse a todos estos novelistas que, por razones biográficas o lingüísticas o imaginativas, viven en más de un ambiente al mismo tiempo. No puede ser una simple contingencia que varias de las más interesantes novelas francesas que se han publicado en estos meses sean encarnaciones de esa mirada hacia fuera: Una novela rusa, de Emmanuel Carrère, es la historia de un hombre (llamado, bueno, Emmanuel Carrère: son las convenciones de la autoficción) que investiga la desaparición de su abuelo en 1944 y acaba por descubrir algo mucho más terrible; Dora Bruder, de Modiano, es la historia de una joven desaparecida durante la guerra que obliga al novelista/investigador a reevaluar su relación con la memoria y las vidas ajenas; Nacida de las tinieblas, de Anne-Marie Garat, es parte de un voraz fresco del siglo XX; Ravel, de Jean Echenoz, es la historia del compositor distorsionada por la voz personalísima y el talante lúdico del novelista (si ustedes han leído Al piano o Me voy, saben a qué me refiero). De manera que no: la novela francesa no ha muerto. "¿Dónde está el Zola de hoy?", se pregunta Don Morrison. "¿Dónde están los Balzac y los Hugo contemporáneos?". Yo diría que la pregunta correcta no es dónde están, sino cómo se actualizan, en qué formas puede la novela francesa meterse en el mundo desde una sensibilidad contemporánea. Y los nombres están ahí. Y fíjense ustedes, los hay incluso que nacieron en Francia.

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Nancy Huston

10.14.2008
Nancy Huston. Foto: Rodger Cummins/ sidney morning herald

La canadiense Nancy Huston, para muchos, es simplemente la esposa de Tzvetan Todorov. Pero en realidad, ella misma es una importante ensayista y narradora apenas traducida al castellano. La siempre atenta Mercedes Monmany nos descubre en la última edición del ABCD las letras en el terrible mundo de su novela Marcas de nacimiento editada por Salamandra. Dice la reseña:

El origen de esta perturbadora novela y de este desgarrado drama familiar tiene, como cuenta la misma autora al final del volumen, unas raíces históricas concretas. Entre 1940 y 1945 más de doscientos mil niños fueron raptados por los nazis en los territorios ocupados durante la guerra: Polonia, Ucrania y los países bálticos. Un atroz programa de «arianización» ideado por Himmler con objeto de compensar las pérdidas alemanas, debidas a las bajas de guerra. Los niños más pequeños eran recluidos en infames «granjas de cría», conocidas como Lebensborn (fuentes de vida) y luego entregados a familias alemanas. En los años posteriores a la guerra, unos cuarenta mil de esos niños raptados fueron devueltos a sus familias biológicas. Novela construida a través de varios relatos infantiles consecutivos, que retroceden en el tiempo, en Marcas de nacimiento está presente desde las primeras páginas la violencia y esa tragedia a largo plazo, de difícil cancelación, que son las guerras. Una violencia vivida como algo cotidiano, ya sea narrado y escuchado a través de conversaciones de adultos, contemplado a través de imágenes o sufrida en la propia piel a causa de algún conflicto en curso. Guerras que, dependiendo de las épocas, en ocasiones serán la II Guerra Mundial, pero también una guerra contemporánea, la de Irak, que escupe a diario imágenes en la televisión y los periódicos, o bien el hecho de haber convivido durante la infancia con la matanza de Sabra y Chatila a unos pocos kilómetros tan sólo de donde se vivía.

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