MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Gombrowicz en Argentina

6.13.2008
Witold Gombrowicz. Fuente: fort

Rita Gombrowicz, la esposa de Witold Gombrowicz, reconstruyó los 25 años que pasó su famoso esposo en Argentina en un libro editado en Francia bajo el título Gombrowicz en Argentina. El libro, sin embargo, nunca fue traducido al castellano hasta que la editorial Cuenco de Plata se animó recientemenete. En el suplemento Radar hacen un especial al respecto invitando a una sierte de escritores argentinos, contemporáneos suyos, a reconstruir oralmente al polaco. Uno de ellos es Rodolfo Rabanal quien dice:

Mientras vivió en Argentina, donde escribió, durante los veinticuatro años que residió aquí, la mayor parte de su obra, el círculo más prestigioso de las letras de entonces, prefirió ignorarlo: bastaron dos visitas a la casa de Victoria Ocampo para que lo consideraran un polaco insufrible. Y, sin duda, él habrá colaborado no poco para que así ocurriera. “El artista –dice Gombrowicz en alguna parte de su diario– debe actuar siempre en los confines mismos de la vergüenza y el ridículo.” Esa convicción –qué duda cabe– distaba de ser un buen pasaporte en las aduanas de San Isidro.
De modo que escribió en su idioma, en pobres pensiones del barrio sur, viviendo un poco de lo que le viniera a la mano o ganando un magro sueldo como empleado del Banco Polaco. ¿Era conde, como le gustaba presumir un poco en broma y un poco en serio? ¿O se trataba del retoño de una rica familia burguesa de provincia, culta y refinada? Lo último es mucho más probable que lo primero, pero el resultado vuelve indistintas esas opciones de origen: sus maneras, su insolencia quieta, sus calculados argumentos para fomentar una discusión, su forma de llevar la muy usada ropa que vestía con elegancia descuidada, sus ideas exclusivistas, su individualismo tenaz, su libertad perdularia y dionisíaca, sus riesgosos merodeos por las zonas de Retiro a la caza de encuentros homosexuales pasajeros, todo, en fin –o casi todo– casaba estupendamente con los reflejos sociales de su más bien incierto pasado.
Personalmente, jamás lo conocí, y sin embargo hubo un momento en que me “intoxiqué” de su presencia.

En otras notas, tenemos el recuerdo de Antonio Berni, Adolfo de Obieta, Paulino Frydman, Ernesto Sábato (de quien se publica un texto dirigido a Rita) y una carta de Manuel Gálvez dirigida a Gombrowicz. El texto de Ernesto Sábato habla sobre la homosexualidad del autor:
(...) apenas vos te fuiste con Matilde, cambió todo, su tono, sus palabras, su contenido: todo fue grave, serio, modesto, cariñoso. Conversamos de nuestros trabajos, me criticó por mi tendencia a publicar poco, etcétera. Pero cuando yo le pregunté sobre lo que estaba haciendo y sobre lo que más quería hacer, su tono se volvió especialmente serio y con una voz muy baja me dijo: “Ernesto, lo más importante que yo podría hacer, y que ya no haré jamás, sería la narración de mi experiencia poética durante mis primeros años de Buenos Aires”. Por su tono, por su pudor, imaginé que era referente a su experiencia homosexual. Con toda mi fuerza y mi admiración lo insté a que la escribiera, que dejara cualquier otra cosa para expresar aquella experiencia que sin duda podía ser una de las más grandes cosas que dejara en su vida. Pero una y otra vez él me escuchaba con triste expresión, mientras me hacía gestos negativos con la cabeza.

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Gabriela & Victoria

11.03.2007
Publican la correspondencia entre Gabriela Mistral y Victoria Ocampo. Fuente: clarín

Supongo que para la mayoría de uds., como para mí, la sexualidad de Gabriela Mistral debe ocupar un lugar muy bajo en sus prioridades. De todos modos, algo de eso tendrán que enterarse si leen la correspondencia entre Gabriela Mistral y Victoria Ocampo que ha preparado la editorial Cuenco de Plata. Se trata de 30 años de cartas entre la agreste poeta chilena, ganadora del Premio Nóbel, y la pituca argentina Victoria Ocampo, fundadora de "Sur". En la revista Ñ aparece un comentario a la publicación que subraya el aspecto de las confesiones sentimentales de las amigas.

Dice la nota sobre la sexualidad de Mistral: "(...) las circunstancias por las que atravesaba la chilena eran muy especiales. Su sobrino Yin Yin, de dieciocho años, acababa de suicidarse. "Es tiempo de sobra -escribe- de agradecerles sus cartas y su compañía de lejos y de contarles en detalle la mala muerte que entró por mi casa, tercera vez y peor que antes. Mi Yin, mi 'niñito', ahora más que nunca 'niñito' por la locura que me le llevó, no se fue por dolencia (...) se me mató". ¿A qué se refiere al decir tercera vez? Las cartas no lo mencionan, pero en algunas de sus biografías consta que su primer novio, un empleado ferroviario, se suicidó en 1909, después de que ella rompiera el noviazgo. Y al parecer, hubo otra boda frustrada, de la que Gabriela escapó mientras viajaba al lugar donde debía celebrarse. En materia amorosa, la poeta ha guardado profundo silencio, incluso en esa franja de lo privado que es la correspondencia. Durante su larga permanencia en el extranjero -Madrid, Barcelona, Lisboa, Oporto, Niza, Niteroi, Petrópolis, Los Angeles, Santa Bárbara, Veracruz, Génova, Nápoles y Nueva York- que se prolongó hasta el momento de la muerte, siempre contó con la compañía de jóvenes mujeres que oficiaron de confidentes, secretarias, eventuales enfermeras. A fines del año pasado, tras el fallecimiento de la última de estas acompañantes, Doris Dana, se supo que esta mujer, heredera de Mistral, ocultó durante cincuenta años un extraordinario legado literario, que entre centenares de poemas y cartas duplica la obra conocida de quien recibiera el Premio Nobel de Literatura en 1945. Habrá que esperar, entonces, para ver hasta qué punto este descubrimiento confirma la imagen asexuada de la maestra de América o revela una homosexualidad encubierta".

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Plátano verde recomienda

9.19.2007
Natalia Moret, la apuesta de Plátano Verde en Mérida. Fuente: plátanoverde

A pesar de que los muchachos de la revista venezolana Plátano verde se pasan media vida denigrando a este modesto blogcito, yo los quiero. Los quiero porque los recuerdo como compañeros en la bienal de Mérida, cuando uno de ellos quiso enseñarme a bailar salsa con éxito nulo. No era, desde luego, aquel joven platanito tan buen maestro ni tan estupendo bailarín como Rodrigo Blanco, de Re-Lectura; pero el alumno tampoco ayudaba. Como sea, pese a que odian Moleskine Literario yo siempre leo Plátano verde y acepto sus recomendaciones. Por ejemplo, ahora que los muchachos se van a Mérida nuevamente leo el especial dedicado al encuentro y descubro además la recomendación de dos escritoras argentinas, quienes irán también a la bienal de Mérida, y a quienes pienso seguirles desde ya la pista porque los platanitos me han convencido.

Una de ellas es una poeta que lleva un blog underground -incluso a los under-babanos la palabra les horripila- que está genial pese a la cantidad de anuncios de movidas que lleva (y me angustian tanto como un concierto de salsa en Mérida). Se trata de Natalia Moret y su blog si no se puede sacarse. La otra es una narradora argentina que ha publicado dos libros en la editorial Cuenco de Plata y que ya antes, leyendo las reseñas, me llamó la atención. Su nombre es Fernada García Lao y los títulos de sus novelas: Muerta de hambre (una novela con gordas, como la de Alonso Cueto) y la nouvelle La perfecta otra cosa. Ya tengo un contacto en Buenos Aires y conseguiré pronto los libros de Fernanda. Y si son tan buenos como parecen, tendré algo más que agradecerle (fuera de las clases inútiles de salsa) a esos descarados de Plátano Verde.

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Philippe Sollers

7.17.2007
Philippe Sollers. Foto: Tina Merándon. Fuente: tina.merandon.revue.com

La publicación de una edición en Argentina, por la editorial Cuenco de Plata, de la novela con influencia nietzscheana Una vida divina de Philippe Sollers le ha servido al suplemento Radar Libros para hacer un recuento de la vida y obra de este escritor francés, creador de la famosa revista Tel Quel, en los años sesenta, que revolucionó la literatura y las humanidades en Europa (no en vano entre sus colaboradores, además de la ex esposa de Sollers, la psicoanalista Julia Kristeva, se encontraban Roland Barthes, Michel Foucault, Umberto Eco y Jacques Derrida). A Sollers le han dicho de todo, incluyendo “Hiena dactilógrafa”, “víbora lúbrica”, “prostituto notorio”, “disidente terrorista”, “Milosevic de la literatura”, aunque quizá el que más le duela actualmente -porque están presumiblemente distanciados- es el de "precursor de Houellebecq", debido a que mucho antes de que el autor de Las partículas elementales mandara al carajo a la sociedad francesa y a la humanidad en su conjunto, Sollers lo hizo con gran estilo, mayor profundidad y sobre todo mejor sentido del humor.

Para leer la contratapa del libro o descargar el primer capítulo, pulse aquí.

Dice la nota: "Sollers, que lejos está de sosegar su espíritu molesto por el supuesto cansancio acumulado de sus 70 años, en Una vida divina reactualiza su infatigable pose provocadora, agarrándosela con extraños y conocidos, en una gama que va desde Dan Brown (“el último best-seller te cuenta las peripecias de los hijos que Jesucristo tuvo con María Magdalena, los norteamericanos, sobre todo los norteamericanos, enloquecen con ese tipo de idioteces y esas charlatanerías protestantes”) hasta el premio Goncourt (“todo el mundo sabe que no recubre otra cosa que una mercancía literaria por lo general echada a perder”), pasando por quien seguramente será, de acá en más, su ex amigo Michel Houellebecq, a quien –bajo el seudónimo de Daniel– compara con Schopenhauer por lo amargo y gris: “Parece estar al mismo tiempo en plena forma y muy deprimido, resultado probable de los tranquilizantes y de los somníferos que absorbe en altas dosis. Bebe alexandras, habla poco, saborea el triunfo de su última película, La vie éternelle (aceptación moderada en Asia, gran éxito, en compensación, en Berlín, Madrid, San Francisco y Toulouse). Se desliza, con lágrimas en los ojos, sobre la muerte de su perro adorado, Trott, el único gran amor de su vida. Daniel es el tipo mismo del nihilista activo y profesional de hoy, pornógrafo y sentimental. Sigue obsesionado por un polvo, tiembla ante la visión de la última putita local, tiene miedo de envejecer, persigue un sueño de inmortalidad genética, e incluso ha donado su ADN, para ser clonado, a la Iglesia de la Vida Universal (la EVU), la cual ha salido al asalto de las cuentas bancarias de los depresivos del mundo entero, tentados por el suicidio y la reencarnación corporal”.

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