MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Milonga

11.11.2007
Fotografía del libro "Milongas". Foto: Sebastián Freire. Fuente: lanación

El narrador argentino Edgardo Cozarinsky, quien asistió al Festival de Berlín este año, sin duda habrá asistido a las múltiples casas milongueras de esa ciudad que está fanatizada con el baile. En el Perú, es divertido ir al "Patagonia" a ver bailar a los que saben. La milonga está poniéndose de moda (de hecho, yo estoy buscando una pareja para aprender) y Cozarinsky la vincula a la necesidad de ficción. Y por eso, comentando su libro Milongas para la revista Ñ, no deja de mencionar la relación del baile con algunos escritores argentinos. El libro aparece con Edhasa y lleva unas fotos del estupendo Sebastián Freire.

"Victoria Ocampo confiesa, a sus 74 años, que el tango le gustó cuando empezó a bailarlo -"como baile descubrí su carácter inimitablemente argentino", dice ella- mientras anota, entre otros recuerdos, que lo vio bailar por primera vez en casa de su abuelo, ubicada donde hoy está el cine Ambassador, en Lavalle al 700. "La pareja bailó cara contra cara en medio de un silencio casi religioso, esa fue mi primera visión del tango y no comprendí por qué prohibían un baile tan solemne", cuenta en sus memorias. Las letras de tango, que a ella le parecían un poco sentimentaloides, están redimidas por el baile. Y dice que los campeones de las milongas que se hacían en la casa -con la orquesta de Fresedo, todos los jueves- eran nada menos que el escritor Ricardo Güiraldes -el milonguero "perfecto"- y Vicente Madero, hijo del vicepresidente de Julio Roca, Francisco Madero. Refiriéndose a Madero, ella dice que "cuando caminaba el tango, todo su cuerpo, al parecer inmóvil, seguía elásticamente el ritmo, lo vivía, lo comunicaba a su compañera que, contagiada, obedecía a ese perfecto y acompasado andar". En cuanto a Julio Cortázar, yo creo que el cuento "Las puertas del cielo" -publicado en "Bestiario" (1951)- está entre lo mejor que escribió. En la milonga que describe Cortázar se reconoce la famosa Enramada, en Palermo y durante el primer peronismo. Algunos leen "Las puertas del cielo" como un relato antiperonista, es posible, pero no agota la fascinación de este cuento. Yo me pregunto si no hay algo más tanguero que esa búsqueda de la mujer amada -que ha muerto- entre las parejas de una milonga, el tango es aquí el sueño de un regreso imposible. Estamos ante un tema clásico, la búsqueda de la amada inmortal, el sueño de recuperar a los muertos queridos. A mí me inspiró una película -"Crepúsculo rojo" (2003)- donde un hombre, en una ciudad desconocida, con el tango convoca a su novia muerta".

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Gabriela & Victoria

11.03.2007
Publican la correspondencia entre Gabriela Mistral y Victoria Ocampo. Fuente: clarín

Supongo que para la mayoría de uds., como para mí, la sexualidad de Gabriela Mistral debe ocupar un lugar muy bajo en sus prioridades. De todos modos, algo de eso tendrán que enterarse si leen la correspondencia entre Gabriela Mistral y Victoria Ocampo que ha preparado la editorial Cuenco de Plata. Se trata de 30 años de cartas entre la agreste poeta chilena, ganadora del Premio Nóbel, y la pituca argentina Victoria Ocampo, fundadora de "Sur". En la revista Ñ aparece un comentario a la publicación que subraya el aspecto de las confesiones sentimentales de las amigas.

Dice la nota sobre la sexualidad de Mistral: "(...) las circunstancias por las que atravesaba la chilena eran muy especiales. Su sobrino Yin Yin, de dieciocho años, acababa de suicidarse. "Es tiempo de sobra -escribe- de agradecerles sus cartas y su compañía de lejos y de contarles en detalle la mala muerte que entró por mi casa, tercera vez y peor que antes. Mi Yin, mi 'niñito', ahora más que nunca 'niñito' por la locura que me le llevó, no se fue por dolencia (...) se me mató". ¿A qué se refiere al decir tercera vez? Las cartas no lo mencionan, pero en algunas de sus biografías consta que su primer novio, un empleado ferroviario, se suicidó en 1909, después de que ella rompiera el noviazgo. Y al parecer, hubo otra boda frustrada, de la que Gabriela escapó mientras viajaba al lugar donde debía celebrarse. En materia amorosa, la poeta ha guardado profundo silencio, incluso en esa franja de lo privado que es la correspondencia. Durante su larga permanencia en el extranjero -Madrid, Barcelona, Lisboa, Oporto, Niza, Niteroi, Petrópolis, Los Angeles, Santa Bárbara, Veracruz, Génova, Nápoles y Nueva York- que se prolongó hasta el momento de la muerte, siempre contó con la compañía de jóvenes mujeres que oficiaron de confidentes, secretarias, eventuales enfermeras. A fines del año pasado, tras el fallecimiento de la última de estas acompañantes, Doris Dana, se supo que esta mujer, heredera de Mistral, ocultó durante cincuenta años un extraordinario legado literario, que entre centenares de poemas y cartas duplica la obra conocida de quien recibiera el Premio Nobel de Literatura en 1945. Habrá que esperar, entonces, para ver hasta qué punto este descubrimiento confirma la imagen asexuada de la maestra de América o revela una homosexualidad encubierta".

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