MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Vargas Llosa: la palabra justa

9.28.2007
Mario Vargas Llosa. Foto: Cristóbal Manuel. Fuente: El País

La palabra justa es, en síntesis, el gran consejo literario de Gustave Flaubert. Y por eso, no sorprende que Mario Vargas Llosa haya usado el término para referirse ayer al trabajo literario en la Fundación Juan March. Se trata del ciclo Poética y Narrativa. Una reunión espléndida, llena de anécdotas literarias, que el diario El País resume bien.

Dice la nota: "Un silencio casi reverencial le aguardaba en la sala. Vargas Llosa arrancó con una anécdota con su colega Juan Carlos Onetti. "Tuvimos una discusión en San Francisco, donde yo le conté mi método de trabajo, que a él le espantó: disciplina y horarios como un empleado de oficina. Él contaba que escribía por impulsos, a ráfagas, en trozos de periódico, libretas, servilletas... que luego no sabía muy bien cómo armar. Así nacieron todos sus cuentos y novelas. Por lo compacto y organizados que están, parecería algo muy organizado, pero debemos creerle. Tenía un orden secreto que venía de la profundidad de su personalidad". Recordó también a Cortázar. De cuando se veían a menudo en París en 1960. Justo cuando el argentino escribía Rayuela. El método Cortázar era "sentarse ante la máquina de escribir y esperar a la inspiración". De esa forma, que parece simple, nació esa compleja y ambiciosa novela. Y llegó el turno de Vargas Llosa. Desveló que nunca ha elegido un tema. "Siempre se me ha impuesto a través de experiencias vividas. Por alguna razón que desconozco, algo se queda prendado en la memoria. Tiempo después empieza a generar un fantaseo. Si esa semilla persevera, empiezo a escribir notas en pequeñas fichas". Después configura el esqueleto, operación que le puede llevar semanas, meses, incluso años. Ejemplo: fue cuestión de semanas cuando sintió que tenía que volcar en una novela (La ciudad y los perros) su experiencia traumática vivida con 15 años en un internado militar. Su segunda novela, La casa verde, arrancó de un viaje, en 1958, por la selva amazónica, que, a pesar de durar sólo dos semanas, fue el más fértil desde el punto de vista literario, porque le inspiró otra de sus grandes novelas, Pantaleón y las visitadoras, y muchos años después, en 1980, El hablador.

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La Gran Novela Británica

6.22.2007
Union Jack. Fuente: wists

Hace unos días leí esta noticia y pensaba comentarla aquí, pero se me pasó. Felizmente, porque ahora la veo comentada con su habitual agudeza por Jean Francoise Foguel. Un blogger inscrito al diario The Guardian se pregunta si, al igual que los norteamericanos buscan -y encuentran o creen encontrar desde Fenimore Cooper- la Gran Novela Americana, los británicos podrían encontrar la Gran Novela Británica. ¿Eso existe? Muy interesante. Foguel se pregunta, obvio, si existe algho parecido en América Latina. ¿Será Cien años de soledad? Y me pregunto yo, siguiendo la lógica: en un país tan plural y complejo como el nuestro, ¿es aceptable pensar que existe la posibilidad de algo así como la Gran Novela Peruana?

Dice Foguel: "Lo apasionante no es leer el blog sino la suma de reacciones que provocó la hipótesis de una novela que capturara la esencia de las islas británicas. Según muchos de los lectores, la península es tan rica y tiene una historia tan larga que no cabe dentro de una novela. Al contrario, según estas mismas reacciones, de EE. UU., que se puede resumir en la novela de la conquista del espacio, del crecimiento de la metrópolis, de la emergencia de la modernidad, etc. Un comentarista que se esconde bajo el seudónimo de rooftoprejoicer opina que el concepto de la gran novela americana, que tanto moviliza a los escritores norteamericanos, "sale de la necesidad de los escritores americanos de encontrar su propia voz y de diferenciarse de la producción que venía de Inglaterra". Es una visión que da mucho qué pensar si recordamos lo que fue el principio del boom latinoamericano y cómo la creencia en una identidad propia y el valor de lo que se hacía en las Américas salió a la luz con la entrega del premio Biblioteca Breve a Vargas Llosa, en 1963, por La ciudad y los perros. El galardón fue un alivio para un continente que no sabía cómo quitarse de encima la gran novela del mundo hispano-ibérico: El Quijote, obra total, que ofrece inagotables lecturas siglos después de su publicación."

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La ciudad y los perros

La mejor carátula que he visto de La ciudad y los perros. Fuente: redescolar.mx

A propósito de la entrevista a José Miguel Oviedo en La República, esta confesión de parte de éste sobre cómo consiguió su estupendo título la primera novela de Mario Vargas Llosa es una buena anécdota:

“Mario estaba en Lima mucho antes de la publicación de La ciudad y los perros, y me encontré con él por casualidad. Hablamos un rato sobre su novela, que habíamos leído un grupo muy pequeño de amigos quienes estábamos muy seguros de que iba a ser un gran éxito, pero Mario no estaba contento con el título, que ya le había cambiado más de una vez: La morada del héroe y Los impostores. Pero no estaba convencido. Entonces le dije que me deje pensar por si se me ocurría un título. Ahí quedó la cosa. Días después, cuando me volví a encontrar con él, yo tenía pensado tres opciones, de las cuales sólo recuerdo dos. La primera: La ciudad y la niebla, en alusión a la niebla que siempre rodea La Perla, donde está el colegio Leoncio Prado y que es, también, un detalle frecuente que aparece en la novela; los cadetes están envueltos en la niebla. La otra opción, le dije, es La ciudad y los perros. "Ese es el título", me dijo Vargas Llosa. Como se entusiasmó con ese título, yo ya olvidé el tercer título. Y así quedó bautizado el libro.”

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