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Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Vargas Llosa: la palabra justa

Mario Vargas Llosa. Foto: Cristóbal Manuel. Fuente: El País

La palabra justa es, en síntesis, el gran consejo literario de Gustave Flaubert. Y por eso, no sorprende que Mario Vargas Llosa haya usado el término para referirse ayer al trabajo literario en la Fundación Juan March. Se trata del ciclo Poética y Narrativa. Una reunión espléndida, llena de anécdotas literarias, que el diario El País resume bien.

Dice la nota: "Un silencio casi reverencial le aguardaba en la sala. Vargas Llosa arrancó con una anécdota con su colega Juan Carlos Onetti. "Tuvimos una discusión en San Francisco, donde yo le conté mi método de trabajo, que a él le espantó: disciplina y horarios como un empleado de oficina. Él contaba que escribía por impulsos, a ráfagas, en trozos de periódico, libretas, servilletas... que luego no sabía muy bien cómo armar. Así nacieron todos sus cuentos y novelas. Por lo compacto y organizados que están, parecería algo muy organizado, pero debemos creerle. Tenía un orden secreto que venía de la profundidad de su personalidad". Recordó también a Cortázar. De cuando se veían a menudo en París en 1960. Justo cuando el argentino escribía Rayuela. El método Cortázar era "sentarse ante la máquina de escribir y esperar a la inspiración". De esa forma, que parece simple, nació esa compleja y ambiciosa novela. Y llegó el turno de Vargas Llosa. Desveló que nunca ha elegido un tema. "Siempre se me ha impuesto a través de experiencias vividas. Por alguna razón que desconozco, algo se queda prendado en la memoria. Tiempo después empieza a generar un fantaseo. Si esa semilla persevera, empiezo a escribir notas en pequeñas fichas". Después configura el esqueleto, operación que le puede llevar semanas, meses, incluso años. Ejemplo: fue cuestión de semanas cuando sintió que tenía que volcar en una novela (La ciudad y los perros) su experiencia traumática vivida con 15 años en un internado militar. Su segunda novela, La casa verde, arrancó de un viaje, en 1958, por la selva amazónica, que, a pesar de durar sólo dos semanas, fue el más fértil desde el punto de vista literario, porque le inspiró otra de sus grandes novelas, Pantaleón y las visitadoras, y muchos años después, en 1980, El hablador.

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12:33 p.m.

Un ejemplo, please, de "la palabra justa"    



3:16 p.m.

“Por alguna razón que desconozco, algo se queda prendado en la memoria. Tiempo después empieza a generar un fantaseo”..... Un ejemplo de palabra justa es este bello vocablo “fantaseo”. Palabra justa es un solo concepto de dos palabras, que se origina en el contexto en que se la requiera para un optimal efecto escritural. Es claro que se trata de un concepto con una cierta carga de abstracción y aquello de “optimal” pertenece al reino de lo imponderable y no podría ser jamás cuantificado (se siente pero no se mide y no es óptima sino optimal por eso). No es oscuro por otro lado, que la palabra justa necesita de un marco de palabras “subalternas” que conformarían el antedicho contexto.
Esto es lo que me ha querido explicar mi tío, pero confieso que no le he entendido bien clarito como otras cosas que me explica.
BRUTÍSIMO.    



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