MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Coetzee autorretato

2.05.2008
JM Coetzee. Foto: eric miller. Fuente: la verdad.es

Este párrafo me impresionó cuando leí Diario de un mal año. Ahora lo encuentro tipeado en el blog "El Escorpión" de Alejandro Gándara y como el asombro es el mismo lo coloco en este post. El autorretrato doloroso del, para mí, mejor escritor vivo en la actualidad.

"Durante los años en que ejercí como profesor de literatura, guiando a los jóvenes en viajes por los libros que siempre significarían más para mí que para ellos, me animaba diciéndome que en el fondo no era profesor sino novelista. Y, en efecto, fue como novelista y no como profesor como me gané mi modesta reputación.
Pero ahora los críticos entonan un nuevo estribillo. En el fondo, dicen de mí, no es después de todo un novelista, sino un pedante que tiene sus escarceos con la narrativa. Y he llegado a una etapa de la vida en la que empiezo a preguntarme si no tendrán razón, si, durante todo el tiempo en que creía ir por ahí disfrazado, en realidad iba desnudo.
El papel que desempeño hoy en la vida pública es el de una figura distinguida (distinguida por lo que nadie puede recordar muy bien), la clase de persona notable a la que se saca del lugar donde está almacenada y se le quita el polvo para que diga unas pocas palabras en un acontecimiento cultural y luego vuelven a meterla en el armario. Un destino apropiadamente cómodo y provinciano para un hombre que medio siglo atrás se sacudió de los pies el polvo de las provincias y entró resueltamente en el gran mundo para practicar 'la vie bohème'.".

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Un año inglés para olvidar

1.04.2008
Un año para olvidar en Inglaterra. Fuente: publico.es

Como si no bastara la tristeza de la eliminación de Inglaterra para la Eurocopa 2008, además del fracaso de los clubes ingleses en la Premier League, al parecer en literatura este año británico tampoco ha sido notable. Al menos eso es lo que opina David Robson en The Telegraph (vía The Literary Saloon). Definitivamente, un año para el olvido el 2007 inglés.

Dice la nota: "But, generally, 2007 was a scrappy, inconsequential, bits-and-pieces year, of the kind that has book-lovers sobbing into their wine and asking themselves: 'Whither the Novel?' Significantly, the only time real excitement was in the air was when the final Harry Potter book was published and we all held our breaths, waiting to see if Harry would come a cropper in the final furlong. What will younger readers - and their parents - do now that J. K. Rowling has finished her magnum opus? We shall miss Hogwarts, more than we realise. Symptomatic of a genre not in crisis, but most certainly under the weather, was Diary of a Bad Year by the South African heavyweight J.M. Coetzee, an impenetrably bad book, crafted with a tortuousness that was painful to behold. It was like watching Tiger Woods go round in 165 rather than 65. Coetzee, a double Booker-winner, did use to rise above the crowd but, like others, had lost his way. The title felt like a harbinger. Things were a little better across the Atlantic, where the bleakly beautiful Exit Ghost saw Philip Roth still head and shoulders above his contemporaries. Other weighty offerings from stateside included Tree of Smoke by Denis Johnson and The Ministry of Special Cases by Nathan Englander. But even in America, not all was well. Much was expected of Falling Man by Don DeLillo, a big-hitting writer grappling with the leviathan of 9/11, but it did not feel like a major work. And the death of Norman Mailer was a sad reminder of the days when writers, good, bad or indifferent, at least exuded a certain swagger and ambition.

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Ahá, dijo el autor

11.03.2007
JM Coetzee y su mac en Brasil. Fuente: ADN cultura

En el ADN Cultura leo un comentario sobre el último libro de JM Coetzee, Diario de un mal año, que terminé de leer hace unos días y me parece impresionante, tan conmovedor como Hombre lento si se quiere. Lo que realmente me atrajo del artículo de ADN fue la anécdota del escritor huraño perdido en el Festival Literario de Paraty, en Brasil, y el fallido pero noble intento del corresponsal de entablar una conversación. Aquí se las dejo:

Dice la nota: "La condición no era negociable. El Nobel J. M. Coetzee solo aceptaba participar de la Fiesta Literaria Internacional de Paraty si se cumplían tres requisitos: no daría ninguna entrevista, no conversaría con el público y no aceptaría que su obra fuera discutida en el encuentro. Dicho eso por el presentador, en una carpa gigante instalada en medio de las calles empedradas de esta ciudad colonial, J. M. Coetzee se largó a leer. Su única participación como estrella de la Fiesta sería revelar algunas páginas de su entonces libro inédito Diario de un mal año . La única concesión que hizo Coetzee fue decir "boa noite" al comienzo y un musitado "obrigado" al final.

Coetzee -en afrikáans se pronuncia "Coutsía"- no es una figura fácil. El autor de Desgracia -sin duda el texto en el que alcanzó, hasta ahora, su auge-, no puede conversar, o no le gusta hacerlo. En Paraty, durante una cena en que una editora reunió a las estrellas del encuentro, Coetzee estaba en la mesa con Gordimer y otros escritores de su estatura. "Disculpen, yo no voy a hablar. Pero adoraría escucharlos, me haría muy feliz", les dijo, y prácticamente no volvió a abrir la boca en toda la cena. Un día, en medio de una aglomeración de gente para entrar a escuchar el encuentro entre Gordimer y Oz, este corresponsal vio a un perdido Coetzee. Como no habla portugués -en fin, como no habla-, el escritor no sabía qué hacer, cómo sortear el tumulto y entrar. Era una buena oportunidad para intentar un contacto. Le pregunté si necesitaba ayuda. "Yes", se limitó a decir. Lo ayudé a entrar, evitando la horda de los que luchaban por ingresar como a un recital de rock. Para ganar tiempo, le pedí que me autografiara uno de sus libros. Sin responder, pero con una gentileza muda, tomó el libro y lo firmó. "Sé que no concede entrevistas", dije. "Ahá", respondió. "Pero quería comentarle que fue muy interesante leer su crítica sobre Memoria de mis putas tristes , de Gabriel García Márquez", seguí. "Ahá", dijo, esta vez levantando la vista mientras terminaba de firmar con una letra de alumno de primer grado con problemas de timidez o estima. "No debe de ser fácil para un premio Nobel escribir una crítica, y más de la forma en que lo hizo, sobre otro premio Nobel", agregué. "Ahá", dijo, y esta vez pareció insinuar una sonrisa, aunque puede haber sido solo una impresión. Entregó el libro, miró a los ojos, dijo " thanks " por la ayuda para entrar en el encuentro y partió. No se puede esperar mucha efusividad de alguien que ganó dos veces el Booker Prize y no fue ninguna de las dos veces a retirarlo. O que hizo el discurso más corto de los 107 años del Premio Nobel, al ganarlo en el 2003. "

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Claudio Magris por Vila Matas

10.23.2007
Claudio Magris. Foto: Daniel Mordzinski.

Lo mejor de que Enrique Vila Matas vaya a Congresos Literarios o gané premios, como el Elsa Morante que recibió hace unas semanas, es que luego en "Dietario Voluble" aparecen impagables descripciones de escritores, souvenirs de viajes que sus lectores agradecemos mucho. Por ejemplo, aquí este souvenir sobre Claudio Magris que incluye una mención al libro que estoy leyendo ahora mismo Diario de un mal año.

Dice Vila Matas: "Claudio Magris (...) por la noche en Roma, recién llegado de Finlandia. Sabe que este verano pasé una semana en Helsinki. Se mezclan los recuerdos respectivos y confirmo que Finlandia une porque crea adicciones y ciertos entusiasmos. Es sábado 6 de octubre. Llueve en una Roma gris, melancólica, con un cielo de extraño color ceniza. Nos hallamos en medio de un baile de paraguas entrando en el teatro Parioli, donde se entregan los premios Elsa Morante de este año, que Magris recibe en la modalidad a la carriera (a la totalidad de su obra), modalidad sobre la que no tardará en ironizar cuando diga que la distinción le ha recordado a una jovencita que el otro día le dijo: "¿Sabe que usted se licenció con mi abuela?". Comenta que no hace ni 24 horas iba andando con su hijo mayor por un bosque finlandés buscando setas y que para distinguir entre las comestibles y las venenosas se dejaba guiar por las instrucciones de un libro bien versado sobre el tema. Y paso a imaginarle con una mano en el libro -es asombroso hasta dónde puede llegar la confianza en la palabra escrita-, libre la otra para arrancar la seta recién encontrada y hacerla pasar por el filtro del examen libresco. Vida y literatura más unidas que nunca, en estrecha ligazón en esa perfecta secuencia de una excursión finlandesa. La vida dependiendo peligrosamente de un hilo, es decir, dependiendo de un libro que parece lleno de sentido. ¿Y cómo no pensar entonces en algo que le oí decir, el año pasado en Madrid, al propio Magris: "La literatura no salva la vida, pero puede darle sentido"? No hay cita que sintetice mejor su visión de la íntima relación entre literatura y existencia. Se acuerda de pronto de una historia con mi abrigo en el invierno del año pasado en Madrid. En el hall de su hotel madrileño, él salió disparado hacia la calle para unas fotografías de un periódico y se llevó mi abrigo confundiéndolo con el suyo. Estaba ya denunciando al conserje la desaparición cuando vi que regresaba de su sesión de fotos con un abrigo sospechosamente parecido al mío, y sólo entonces comprendí lo ocurrido. Un inquietante intercambio de identidades que, como Magris es un buen germanista, me hizo pensar en la involuntaria permuta de sombreros al inicio de El Golem de Gustav Meyrinck. La verdad es que desde aquel día llevo con especial orgullo mi abrigo y a quien quiera oírlo le digo: "Me llamo Magris como todo el mundo".

Cuando volvemos a hablar de Finlandia, surge la figura de Sibelius y comentamos una página de Diario de un mal año, el último libro de Coetzee, donde el escritor dice haberse sentido conmovido con las últimas notas de la quinta sinfonía del compositor finlandés y haber experimentado la grande y creciente emoción que la escritura de la música buscó en su momento suscitar. Se pregunta Coetzee qué habría sentido si hubiera sido un finlandés del público asistente a la primera interpretación de la sinfonía en Helsinki, casi un siglo atrás, y le hubiera embargado esa oleada sonora. Y se contesta a sí mismo que se habría sentido "orgulloso de que los seres humanos podamos crear semejantes cosas a partir de la nada. Contrastemos eso con los sentimientos de vergüenza porque nosotros, nuestra gente, hemos creado Guantánamo. Creación musical, por un lado, una máquina para infligir humillación por el otro; lo mejor y lo peor de lo que somos capaces los seres humanos".

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Más Coetzee

10.04.2007
JM Coetzee. Fuente: reuters/ national geographic

En el suplemento "El Cultural" de esta semana han publicado un fragmento de Diario de un mal año, de JM Coetzee, editada por Mondadori. Aconsejo a todos leerlo para que no los coja por sorpresa esa mezcla de ensayo y ficción que en Coetzee no es un híbrido sino una auténtica mezcla, mitad y mitad, como un animal mitológico. También aparece una reseña de Germán Gullón de la novela, en la que dice: "La estructura del libro está inspirada, como dije, en La muerte de Artemio Cruz de Fuentes, por esta división del libro en tres secciones que aparecen yuxtapuestas". ¡Un momentito! ¿Esa es una hipótesis de Gullón o realmente está inspirada en la novela de Fuentes? ¿Leyó Coetzee la novela de Fuentes y se inspiró en una estructura? ¿O sólo es el optimismo de Gullón el que opina? Me gustaría saberlo.

Dice la reseña: " Contiene el texto un mensaje muy claro: hay obras que producen un placer perdurable en el espíritu humano, sean novelistas, como los favoritos de Coetzee, Tolstoy y Dostoyesky, o músicos, como J. S. Bach. Y otro mensaje subliminal: la novela de ideas mantiene vivo el contacto del autor con su entorno. La novela hispanoamericana del siglo XX, de sus autores eminentes, de Carlos Fuentes a Mario Vargas Llosa, constituye el mejor ejemplo de la supervivencia de ese tipo de narrativa, donde el arte abraza las ideas. Coetzee en Diario de un mal año hace una llamada de atención a los dilemas socio-políticos actuales, pide la integridad del ciudadano, tan difícil de lograr, pues las personas, sus personajes, él mismo hecho personaje, vivimos sumidos en una vida privada totalmente discontinua de los sucesos históricos. Nuestra vida privada, dominada por las preocupaciones del bienestar, de la salud, del sexo, apenas puede conectarse con esa realidad social globalizada. El individuo podrá tener opiniones fuertes, pero existe prisionero de un mundo donde las decisiones las toman otros. La pluma de Coetzee busca, en última instancia, punzar la impalpable levedad de nuestra conciencia, invitándonos a plantearnos otra vez la eterna pregunta de cómo vivir."

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JM Coetzee

10.01.2007
Carátula de la novela. Fuente: casa del libro

Ya está circulando, publicada por Mondadori, la nueva novela de J.M. Coetzee: Diario de un mal año. Mercedes Monmany se adelanta por puesta de mano y escribe la primera reseña en castellano sobre el libro para el ABCD las Letras, del diario español ABC.

Dice la reseña: "Libro en abismo, narración dentro de la narración, equilibrismo y juego metaliterario exquisito y brillantísimo, el libro de Coetzee está ordenado simbólica y físicamente a través de dos partes simultáneas, sincronizadas al milímetro. Dos partes «espaciales» y visuales: arriba y abajo. En la parte superior de la pagina, el lector accede a una serie de ensayos de carácter fundamentalmente (aunque no solo) político o de filosofía política (el origen del Estado, la «necesidad» de la democracia, el terrorismo islámico, la tortura), de un ciudadano o pensador exhausto, de tendencias libertarias en muchas ocasiones, enrabietado con su época. Un notable polemista con brillantes dotes para el ensayo, ensartado sin cesar de referencias cultas. Pero la ruptura de ese discurso lleno de «opiniones contundentes» asoma inmediatamente, desde la primera página, como una impertinente intromisión en ese mundo compacto de las «ideas», en el que se sitúa marginalmente, en su parte baja, con la humildad de una nota a pie de página. Ella, Anya, se convertirá en su primera lectora, en su Eurídice repentina y escogida para «sostenerle la mano hasta que llegue a la misma puerta», cuando emprenda «el camino del olvido». Una terrenal Eurídice atrapada con una vulgar trampa: C. le ofrece un absurdo puesto de secretaria para estar junto a ella. Esta lectora inocente, infantilizada, tiende al aburrimiento, al enojo, se cansa con facilidad al tener que pasarle a limpio los ensayos: ¿Qué va tan mal en el mundo de hoy? ¿Por qué hablar tanto de política, si a todo el mundo «le hace bostezar»? Y lo más importante: ¿Por qué no escribe una novela, «que se le da bien»? La respuesta del escritor (citando secreta e irónicamente a Musil y El hombre sin atributos) es: «Para escribir una novela tienes que ser como Atlas, cargar con todo un mundo en tus hombros y sostenerlo durante meses y meses? Es demasiado para mí en mi estado actual».

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