MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Ray Bradbury quiere vivir por siempre

12.01.2009
Ray Bradbury en la FIL Guadalajara. Fuente: elinformador

Una de las principales atracciones de la delegación de Los Ángeles en la FIL Guadalajara 2009 fue la presentación virtual del enorme Ray Bradbury. Desde su casa tuvo un encuentro emotivo con sus fans -menos Daniel Salvo- que abarrotaron el local 4 con sus lentes de nerds y polos con motivos de comics (Flash es el favorito) como personajes de Big Bang Theory sin la chica rubia. Fueron tantos que incluso debieron colocarse unas sillas fuera de la sala. Nadie quería dejar de ver al Gran Marciano, el último de la estirpe de los grandes del sci-fi, dando consejos y bendiciones. En este momento, miles de computadoras portátiles están intentando descifrar el código detrás de sus últimas palabras, tan crípticas: "Déjenme vivir por siempre". El twitter está sobrecargado de interpretaciones. 2012 se acerca. México es el lugar elegido. Bradbury ha hablado. Dice la nota:

Emotiva y extensa, así fue la experiencia de las decenas de seguidores que acudieron al encuentro con el escritor, incluso fue necesario instalar afuera del Salón número 4 algunas sillas y poner en sintonía dos pantallas. Así, la presencia virtual de Bradbury, desde Los Ángeles, California, despertó el interés en muchos durante los 90 minutos que duró, suficientes para responder numerosas preguntas. Sus influencias como escritor, a quiénes ha influido, cómo observa el porvenir de Latinoamérica, por qué usar el futuro y no el presente en sus creaciones fueron algunos de los cuestionamientos que se le formularon, hubo hasta quien pidió un consejo para formarse como escritor. [...] También se dijo afortunado de hacer lo que ama y amar lo que hace, pues dijo esa ha sido la clave para destacar en cualquiera de los géneros, tanto del cine como de la literatura. “Busco siempre llegar al corazón de la gente para que la gente sueñe con lo que escribo”, afirmó el creador de obras tan reconocidas como Fahrenheit 451, que fue llevada al cine en 1966. Sobre personajes que definitivamente lo cautivaron nombró a Miguel de Cervantes de Saavedra y a William Shakespeare, y por lo que respecta a Latinoamérica afirmó que Jorge Luis Borges es a quien más admira y a dicha tierra le auguró un positivo futuro. Tristemente, a su avanzada edad, dijo tener problemas con su vista y oído, sin embargo eso parece no significar un obstáculo para mantenerse activo. Se declaró tranquilo con respecto a la mortalidad y feliz por la trascendencia a través de sus hijos y nietos. Conforme pasaban los minutos más cuestiones poco conocidas salían a la luz, además de asegurar que con 89 años de edad al menos le faltan 30 libros por escribir y uno de ellos es en el que actualmente trabaja. Ray también admitió que nunca pasó por su mente lograr lo que hasta ahora ha conseguido, y a la distancia considera que el amor ha sido su motor, al tiempo que reconoce que sólo concibiéndose como dos personas, la que escribe y la que observa, podría situarse como uno de los escritores y guionistas más reconocidos del mundo.Su consejo final fue con respecto al poder del conocimiento. “La humanidad progresará con la flama del conocimiento, prepárense, no es necesario acudir a una universidad, basta con acercarse a una biblioteca, así me formé. Permítanme vivir por siempre, bendiciones a todos”.

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Bradbury contra internet

6.23.2009
Ray Bradbury. Fuente: h2blog

Malos tiempos para ser un blogger. A los ataques de José Saramago, quien declaró hace unos días que "con los blogs se está escribiendo más, pero peor" ahora hay que sumar las diatribas del gran sci fi Ray Bradbury, quien acaba de mandar al diablo al internet. Así estamos. Dice la nota en Ñ:

El sábado pasado Bradbury fue el invitado de honor en una colecta pública donde se proyectó una película basada en su cuento El maravilloso traje de helado. La entrada salía 25 dólares. Allí Bradbury dijo que ha visitado casi todas las bibliotecas públicas de California: "Yo ya estoy en una silla de ruedas. Entonces me pueden tirar en el auto y después tirarme en la biblioteca y vender libros, recaudar fondos y quedarse con todo el dinero. Lo hago gratis. Recaudo fondos para que puedan seguir". Sin duda una de las causas del declive de las bibliotecas es el auge de Internet. En esta era de Wikipedia, ¿qué chico va a la biblioteca de su barrio para conseguir información para un trabajo del colegio? Si uno cree que un autor de ciencia ficción como Bradbury estaría fascinado con el Internet, está equivocado. Lo detesta. "Es una distracción. No es real. Está en algún lugar en el aire", dijo el escritor. Bradbury contó que hace poco Yahoo lo llamó para pedirle permiso para subir uno de sus textos a la web. "¿Saben qué les contesté? Les dije que se fueran al infierno. Al infierno con ustedes y al infierno con Internet".

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Crisis en la Ciencia Ficción

7.21.2008
El increíble hombre menguante, fotograma. Fuente: elpaís

La literatura de Ciencia Ficción ha sido el tema central del último número de "Babelia". Pero no crean que es para entusiasmarse. En realidad, es una especie de adelantada despedida del género. Con la mayoría de maestros indiscutibles de la Ciencia Ficción muertos o muy ancianos, parece que la renovación no ha sido posible. "Una galaxia que se apaga" titula la nota, y la grafica con maliciosa ironía con un fotograma de la película "El increíble hombre menguante". Dice la nota:

La ciencia-ficción está de capa caída, un manto más oscuro que el de Darth Vader parece haber caído sobre nuestro querido género, en el terreno literario. La muerte y el crepúsculo se han adueñado de los viejos grandes maestros: el risueño Arthur C. Clarke ha fallecido (adieu Rama), JG Ballard se enfrenta a su personal apocalipsis en forma de cáncer y Ray Bradbury, a punto de cumplir 88 años, estruja su melancolía soñando con que esparcirán sus cenizas en los desiertos de Marte. Ya no están con nosotros Stanislaw Lem, Zelazny, Heinlein, Asimov... Son unos ancianos Aldiss, Pohl, Harry Harrison. No se ve surgir nombres a la altura de aquellos grandes que desaparecen. Muchos buenos autores se pasan a la fantasía. Ursula K. Le Guin acaba de publicar en Estados Unidos Lavinia, ¡una relectura de la Eneida contada por una mujer! Pero es que además, y esto es lo peor, nadie parece leer ya ciencia-ficción. Las colecciones languidecen. Editoriales que se lanzaron a publicar sellos nuevos, confiadas en un boom como el de la historia militar, se replantean la decisión. Los aficionados de siempre aparecen como aquellos vagabundos solitarios de Fahrenheit 451 que deambulaban como fantasmas con los viejos libros memorizados buscando infructuosamente a alguien a quien traspasar el legado. ¿Alguien ha oído hablar de La Fundación? ¿Qué ha sido de los Heechees? ¿Queda vida en el superjoviano planeta Mesklin, aunque sea vida muy aplastada por la gravedad? El futuro ya no es lo que era. Clarke, al que le gustaba hacer profecías científicas, había vaticinado alegremente para este julio de 2008 (véase Greetings, carbon-based bipeds, Harper Collins, 2000) que en su ochenta cumpleaños Kubrick recibiría un Oscar especial de Hollywood. Claro que también veía al príncipe Harry en 2013 en el espacio (de momento ha estado en Afganistán) y a él mismo en su centenario (16 de diciembre de 2017) alojado en el hotel espacial Hilton Orbiter... Pobrecillo, que los Superseñores de El fin de la infancia le tengan en su seno. En fin, no sigamos poniéndonos nostálgicos. ¿Qué le pasa a la ciencia-ficción? ¿Está realmente mal la cosa?

Pero ¿no era que, más bien, la Ciencia Ficción estaba en auge, introduciéndose en las obras de escritores no de género (la nueva literatura mexicana, la novela de Chabon o la de Junot Díaz? Pues para los amantes del género, esa ruptura de fronteras no puede ser sino signo de la disolución del género como tal:

Una clara evidencia de la mencionada permeabilidad de fronteras es que le hayan dado el Nebula, otro de los grandes galardones del género, a El sindicato de policía yiddish, nada menos, de alguien a quien la gente relaciona tan poco con la ciencia-ficción como Michel Chabon. Es cierto que la novela es una distopía -una utopía negativa- en la que Israel ha quedado colapsado en 1948 y los judíos europeos han debido establecerse en Alaska, que ya es tema. En España la ha publicado Mondadori. En buena manera, como ha señalado muy ingeniosamente un colega, la ciencia-ficción está siguiendo los pasos de la narrativa erótica, que ha desbordado el género estricto salpicándolo todo, y perdón por la imagen. La ciencia-ficción, podría decirse, está perdiendo su identidad genérica. Encontramos, pues, ciencia-ficción por todas partes: en los numerosos thrillers biotecnológicos que han proliferado en las colecciones de best sellers, por ejemplo. "Pero la buena ciencia-ficción", considera Barceló, "en última instancia pierde en esos formatos. Domingo Santos, el gran padre teórico del género entre nosotros, decía que la ciencia-ficción no puede ser editada en España por editoriales grandes porque tiene un clarísimo tope de mercado y eso hace impacientarse, frustrarse y desanimarse a las empresas que buscan muchos beneficios. En este país han funcionado tradicionalmente las pequeñas editoriales, de las que ahora son ejemplo Bibliópolis, La Factoría de Ideas, Gigamesh..., que publican quizá dos mil ejemplares por norma de cada título y cuidan más sus programaciones". Un problema grave para la salud de la literatura de ciencia-ficción es que el lector típico del género, que era muy coleccionista, muy seguidor de las colecciones y solía comprarse todos los títulos de sus favoritas, ha dejado de serlo. "Antes vivíamos mucho de ese lector que compraba todo lo que publicabas, que quería estar al día, seguir contigo las vicisitudes del género. Ese lector casi ha desaparecido".

También aparece un interesante artículo de José Manuel Sánchez Ron en el que declara enfáticamente que "La ciencia ya no es ficción". Desde este Moleskine Literario esperamos la reacción, sin duda furibunda, de Daniel Salvo, nuestro corresponsal en Ganímedes.

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Fahrenheit google

5.21.2007
Bomberos en la película Fahrenheit 451 basada en la novela de Bradbury. En la versión post-google tendrían que ser reemplazados por unos geeks como Tabo y Xbito. Foto: Temakel.

Cuando a Ray Bradbury se le ocurrió aquello de la fogata universal de libros, y averiguó a cuántos grados Fahrenheit se quemaba el papel, seguro jamás se le pasó por la cabeza que unas décadas después el mundo le daría la espalda. Ahora, ya no interesan a cuantos grados Fahrenheit se quema el papel. Basta con crear un virus informático para acabar con todo. Google digitalizará 800 mil libros de la Universidad de Mysore del sur de la India, anuncia “El Peruano”. Y seguro seguirán más y más.

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