MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Laboratorio Bellatin

9.28.2009
Mario Bellatin, el Corán y sus perros en la Calle Ideal. Fuente: entropíablog

Mario Bellatin estará en Buenos Aires a principios de octubre para ofrecer el Laboratorio Bellatin. Se trata de un seminario muy especial, muy bellatinesco, donde los alumnos se acercarán al sistema de escritura de unos de los raros más raros de América Latina. Además, en Buenos Aires -al igual que en Lima, por Matalamanga- la editorial Entropía anuncia Biografía ilustrada de Mishima la nueva novela de Bellatin. En suplemento Ñ se anticipan a la llegada de Mario a Buenos Aires:

¿Se puede enseñar a escribir?
No lo creo. Habría primero que definir qué es escribir. A partir de mi experiencia puedo decir que de haber tomado de manera racional la decisión de ser escritor me sentiría como un verdadero tonto. Escribo porque debo hacerlo, y siento que si llegara a preguntarme profundamente por aquella acción se derrumbaría todo. La plástica tiene una presencia enigmática en su obra. También la fotografía y el teatro.

¿Cómo integra otras artes en su poética?
Considero que no hay otras artes. Parto de la idea, un tanto descabellada, de que todo es escritura, por esa razón no veo la diferencia de fondo que puede haber entre una disciplina y otra. Parece insoslayable el tema de su brazo faltante, como en la escena en que tira la prótesis al Ganges en "El gran vidrio".

¿Qué relación hay entre esa falta y su actividad artística?
Ninguna. O sí, una relación de engaño, de falsa inocencia más bien. Al hacer más evidente el accidente, creo lograr un determinado mecanismo de seducción que me permite hacer pasar la mentira por verdad y viceversa. ¿Quién sabe si en realidad arrojé el brazo "biónico" al Ganges? O que cuando era niño -escena presente en "La Escuela del dolor humano de Sechuán"- desapareció, en una fiesta infantil, la pequeña mano que usaba entonces, arruinando de ese modo el cumpleaños del festejado, quien me odió desde el primer momento porque me vio entrar en su casa sin el regalo que el tacaño de mi padre se negó a comprar. ¿Qué parte de la secuencia sucedió? Ni siquiera yo estoy seguro, pero ¿importa saberlo?

¿Ha cambiado su escritura o se reconoce en ese relato [Salón de belleza]?
Hubo un quiebre definitivo en mi escritura cuando ingresé a una orden sufí. Antes tenía más miedos, estaba más obsesionado por estar y no estar dentro de la norma. Mi experiencia como sufí me enseñó a desconfiar de los límites, así como de las razones que aparecen como producto de un ejercicio racional.

¿Podría anticipar algo de sus textos en ejecución?
Hago ahora un libro largo que se conforma por nuevas versiones de textos ya escritos. Se llama "Mendicidad: pequeña muestra del vicio en el que caigo todos los días", que aparecerá primero traducido al francés, para luego ser traducido de vuelta al castellano. Esta forma de destilación de la escritura me permitirá leerme a mí mismo como si fuera otro, aspiración suprema de cualquier escritor.

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Requena, escritor oral

4.13.2009
Alejandro García Schnetzer, autor de Requena. Fuente: eternacadencia
El mito del "escritor oral" siempre estará vigente. Jorge Luis Borges comentaba, por ejemplo, que si Macedonio Fernández hubiera podido trasladar por escrito toda la brillantez de su conversación, hubiera sido cien veces mejor escritor de lo que fue. Justamente, Macedonio Fernández es uno de los personajes (los otros son Sócrates y Witold Gombrowicz, según el autor) que originaron la creación de Requena, protagonista de la novela breve con el mismo nombre editada en Argentina por Entropía. En Página12 se entrevista a su autor, Alejandro García Schnetzer:

Mientras su generación intenta escribir sin el peso ni la herencia de Borges, usted escribe con Borges. ¿Qué piensa de esto?
–Borges estaría indignado de saber que escribo con él (risas). Borges es una de mis lecturas esenciales. De los contemporáneos leo muy poco, sólo por mi trabajo de editor. ¿Qué leía un criollo formado en los años 20 en Buenos Aires? Es el momento en que irrumpen las vanguardias y se establece una relación muy curiosa entre la tradición y la ruptura con esa tradición. Por suerte, Requena es un hombre que cree y descree por igual de la tradición y la vanguardia. En tal sentido, es alguien que escribe poco, y si escribe no publica porque no cree que sea importante publicar. Para él alcanza con comunicar las ideas a un grupo reducido de amistades. Esto es algo que se perdió. En el presente, la publicación se considera una consecuencia natural de la escritura. En oposición a ello están los maestros orales, que siempre abundaron.

–¿Habría un intento en esta novela de recuperar esa tradición de escritores más “orales”, “del pensamiento”?
–Fue una de las pretensiones. Es sabido que hay verdades que la palabra escrita es incapaz de describir. A quién no le ha sucedido vivir experiencias que no son comunicables a través de las palabras, pero que sí describen la música o la pintura.

–Requena dice que cuando se sienta a escribir “las ideas huyen espantadas”. ¿Le pasa algo parecido?
–Sí, y a eso se añade que la escritura es un proceso sin fin. Carlos Alonso me contaba que cuando un cuadro está terminado el mismo cuadro lo “dice”, no hace falta seguir pintando. En la escritura, y en la traducción, eso no sucede. No hay punto final. ¿Cuándo se termina un texto?

–Sin contar el final de Requena, ¿supo que era ése?
–Sí. Pero el fantasma de Requena todavía me visita y me dicta algunos recuerdos.

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La joven guardia argentina en España

2.26.2009
De izquierda a derecha, los escritores argentinos Diego Grillo Trubba, Maximiliano Tomas, Patricio Pron, Samantha Schweblin y Juan Terranova. Foto: El País

Hoy en El País se habla del desembarco en España de la denominada Joven Guardia de la literatura argentina a partir de una antología publicada por Belacqua en el 2005. Se trata de autores como Diego Grillo Trubba, Maximiliano Tomas, Patricio Pron, Samantha Schweblin y Juan Terranova. La entrevista fue en la Casa de América de Madrid. Dice la nota:

En su universo literario, la denuncia ha sido reemplazada por el sarcasmo. Nacieron en los setenta y se descubrieron escritores en un mundo dominado por el ordenador, donde la máquina de escribir es un objeto vintage. Son La joven guardia argentina. Una generación de autores lejana a la dictadura militar (1976-1983) y marcada por la crisis de 2001. Un total de 23 creadores reunidos en una antología que presenta la nueva narrativa argentina y que se edita por primera vez en España. Les gusta dejarlo claro. No escriben igual, no hablan de los mismos temas, no comparten estilo. "Todos quieren que digamos en qué nos parecemos", afirma el escritor Juan Terranova. Junto a él, Patricio Pron, Diego Grillo Trubba, Samantha Schweblin y Maximiliano Tomas, el impulsor del proyecto, charlaron con EL PAÍS en la Casa de América sobre la complicidad que nació a partir de la publicación original en Argentina de La joven guardia (Belaqva) en 2005. "Fue una apuesta. No sólo los presentó a los lectores, también sirvió para que los autores se conocieran", señala Tomas. Fue un encuentro afortunado. Organizan lecturas públicas y performances. Asisten a sus presentaciones. Entran en sus blogs. "Y nos emborrachamos. Algo muy importante para un escritor", comenta Terranova, autor de Mi nombre es Rufus, la historia de Birmania, una banda indie rock. De las confabulaciones han nacido incluso nuevas antologías. Ahí intercambian papeles. Grillo Trubba se encargó de antologar cuentos sobre sexo (En celo, Mondadori, 2006) y crímenes (In fraganti, Mondadori, 2008), mientras que Terranova compiló una serie de relatos inspirados en los barrios de la capital argentina (Buenos Aires / Escala 1:1. Los barrios por sus escritores, Entropía, 2007).

Pero, más allá de la simpatía generacional, y el hecho concreto de que todos tienen blogs. ¿tienen un signo en común estos escritores?, se pregunta la autora de la nota. La respuesta:

La poca solemnidad en sus textos es, quizá, su mayor punto en común. "No tenemos dogmas, vemos a la literatura como un objeto recreativo", explica Pron. Esta soltura se refleja en la experimentación entre géneros literarios, la diversidad de los temas que abordan y su versatilidad para difundirlos. Ya sea en sus antologías, por las calles de Buenos Aires o desde las entradas en sus blogs. Comparten la convicción de que la literatura sirve para sentir, expresar y divertirse. "No tenemos una queja conservadora. No vamos gritando, 'el rock murió', 'la gente no lee'. La literatura no necesita nadie que la venga a defender", concluye Terranova.

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Condición de las flores

12.14.2008
Mario Bellatin, sin temor a nada. Foto: Daniel Mordzinski. Fuente: Filba

Y ustedes ¿ya se hicieron fans de Mario Bellatin en Facebook? Ya van 62 y siguen sumando. Si quieres unirte a la lista, haz clic en este enlace. Por ahora, los dejo que esta entrevista del 12 de diciembre, en Página12, por Silvina Friera, a raíz de su libro Condición de las flores editado por Entropía. En ella habla sobre las estrategias del escritor de exponer el cuerpo sin exponerse, algo que parece demasiado complicado para el que no entiende de qué se trata esto de la ficción:

Muchos escritores están buscando distintas estratagemas para poner el cuerpo sin ponerlo. Acuérdese de hace veinte o treinta años, que se juntaba el señor fulano de tal a hablar del clima, de la política, de la guerra en Medio Oriente... Parecía un oráculo. O cuando hablaba de sus propios libros, pidiendo a los lectores que tuviéramos una opinión libre, una postura personal frente a ese texto. Curiosamente, yo decía: “Mientras mejor habla, peor es el libro” (risas). Con este razonamiento totalmente arbitrario, nunca me he equivocado. Lo que intento siempre es poner el cuerpo sin ponerlo, apelando a una serie de estratagemas para estar sin estar. Así fue como empezaron mis primeras intervenciones. Yo partía de una lógica muy simple: escribo porque es la única manera que tengo de expresarme. En estas invitaciones en las que tenía que hablar, cuando precisamente para no hablar escribo, y siempre he pensado que mis libros son mejores que yo, empecé a escaparme estando sin estar. Entonces inventé lo de las diapositivas y el texto grabado. Escribí un texto sobre Salón de belleza donde todo era inventado. La invención mayor estaba en la explicación de ese libro que en el libro mismo. Pero la gente tomaba al pie de la letra ese texto, como si yo estuviera explicando que tenía un amigo que era filósofo y travesti, que tenía unos peces... Cuando llegaba a Harvard o Yale, me sentaba y ponía el aparato para proyectar las diapositivas. Y ya. Era mi manera de estar sin estar. ¿Por qué ponen tanto el cuerpo los escritores? ¿De qué se trata: es teatro o es una performance? ¿Gana quien deslumbra más, el que hace más piruetas? Estas preguntas me interesan mucho porque coinciden con lo que pienso: los libros tienen que hablar por sí mismos sin la presencia del autor. Un texto del siglo XIII, escrito bajo circunstancias equis, traducido cincuenta veces, tú lo puedes seguir leyendo porque no está a remolque de una situación social o política determinada. O a remolque de un autor.

Por otro lado, comenta cómo la crítica busca distintas maneras de "estandarizar" a los escritores, etiquetarlos, y que además muchas veces esas etiquetas son colocadas de forma negativa incluso cuando deberían ser consideradas muy positivas (como "kafkiano" o "experimental" o "vanguardista"):


Todas esas maneras de nombrarme eran totalmente negativas. Lo que querían era quitarme del juego. Al principio, cuando decían que era muy kafkiano, pensaba que era el elogio más grande que me podían hacer en la vida. No podía dormir por culpa del piropo. ¡Un profesor había descubierto que yo era kafkiano, que era experimental, vanguardista! Pero con el tiempo comprendí que todos eran insultos: ‘Ah, sí, kafkiano, ¿a quién coño le importa?’. Está bien, qué gracioso este muchacho, qué simpático eres, pero nunca vas a entrar a ninguna parte ni con tu obra kafkiana ni robbegrillesca ni maldita. Estas estandarizaciones son para sacarte del juego, para neutralizarte y que no molestes.

La nota termina con un post scriptum de Daniel Link.

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Editoriales alternativas

8.19.2007
Luz y sombra, de Chema Madoz. Fuente: nisu.blogia

El fenómeno de las editoriales alternativas, que en el Perú se vive con inusitado interés en estos últimos años, es una tradición en Argentina. Actualmente, existen editoriales como Adriana Hidalgo, Entropía o Eloísa Cartonera que luchan en un mercado donde predominan las transnacionales como Planeta o Alfaguara. Esa lucha no la hacen, sin embargo, en el mismo territorio que ellos (sería absurdo pretender quitarles un autor) sino a través de descubrimientos de autores jóvenes (la fórmula de la plataforma de lanzamiento), o de autores poco conocidos de otros países latinoamericanos o europeos, o incluso fuera de catálogo de autores muy conocidos (algo similar a lo que hace Sexto Piso en México, o Periférica en España). Salvo lo de la plataforma de lanzamiento, el resto aún no es el camino de las editoriales peruanas, que pese a la juventud de sus editores tienen el modelo de la editorial tradicional en su ADN. Pero podría serlo en el futuro si aparecen editores peruanos con otro código genético. Leamos en Página 12 sobre un conversatorio ocurrido en Argentina al respecto entre Valeria Castro (Entropía), Fabián Lebenglik (Adriana Hidalgo) y el escritor Juan José Becerra.

Dice la nota: "El catálogo de Adriana Hidalgo, según contó Lebenglik, trata de ser un conjunto equilibrado en la relación escritores argentinos y traducidos. “Cuando la editorial adquiere derechos para traducir, los adquirimos para toda la lengua española. Nuestra ambición es estar en toda América latina y en España con nuestras traducciones, que son muy valoradas”, explicó el editor de Adriana Hidalgo, sello independiente que ha publicados más de 170 libros. “Cuando nos gusta un libro, sea poesía, cuentos, ensayo, novela, teatro, filosofía, lo publicamos”, aclaró el editor. Basta con repasar los autores que conviven en el catálogo: la poeta Diana Bellessi y Juana Bignozzi, el poeta Arnaldo Calveyra, Leónidas Lamborghini y Daniel Samoilovich, el filósofo italiano Giorgo Agamben, y un puñado de narradores y ensayistas: Hebe Uhart, Harold Bloom, Germán García, Jorge Fondebrider, Juan José Hernández y Martín Kohan, entre otros.

Castro, en cambio, subrayó que Entropía comenzó a publicar ficción en 2004, después de la crisis, en un escenario con mayor optimismo respecto del futuro de la edición en el país. “Pero igual fuimos kamikazes porque publicamos dos novelas de autores desconocidos”, admitió. Después de ese bautismo atípico con las novelas Semana, de Sebastián Martínez Daniell, e Hidrografía doméstica, de Gonzalo Castro, la editorial recibió la propuesta de publicar las cartas inéditas de Puig, Querida familia. “Fue un salto enorme porque llegamos a la librería Yenny, que nos fue abriendo muchas puertas”, aclaró Castro. Antes de ese gran salto, Castro se encargaba de la distribución de los libros; en una mochila llevaba los ejemplares librería por librería. Si cada editorial va adquiriendo un perfil, una identidad, Entropía se caracteriza por publicar escritores nuevos, primeras novelas y primeros libros de cuentos."

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Generación 00 argentina

7.31.2007
Algunos escritores argentinos de la última generación aparecidos en En celo. Fuente: Clarín

En el Perú han aparecido varios libros recopilatorios de autores peruanos jóvenes, como Disidentes, Selección peruana o Nacimos para perder. Lo mismo sucede en Argentina. El diario "Clarín" comenta la aparición de varias antologías de narradores argentinos últimos: La joven guardia (editado por Norma), En celo (Mondadori) y próximamente Buenos Aires: escala 1:1 (que editará en agosto Entropia). La diferencia, al parecer, es que en Argentina se proponen antologías temáticas antes que canónicas. Como sea, parece que el relevo generacional se viene con fuerza en todas partes. ¡Aguante, generación 90!

Esta nueva generación habla de la importancia de los blogs. Juan Manuel Nadalini, editor de Entropía, dice: "Durante los últimos años, a partir de los blogs se ha conformado una especie de comunidad alternativa de autores y editores (...) En esas comunidades circulan y se debaten las nuevas obras de la narrativa argentina y muchas editoriales independientes, como la nuestra o Tamarisco, se nutren de los autores que circulan por blogs".

Asimismo, se habla de cierta unidad temática: "Despojadas de los valores políticos de sus padres, las obras de estos nuevos narradores muestran predilección por los universos íntimos. Los grandes temas históricos, sociales o culturales aparecen casi siempre como música de fondo de relatos personales, en el borde de lo autobiográfico. Mucho más importante es la presencia de elementos de la cultura contemporánea como la televisión, los viajes y la angustia urbana."

Por otra parte, se comenta la relación de los jóvenes con las promociones anteriores: "Los referentes literarios de la Generación 00 son tan variados que es inútil buscar un denominador común que pueda dar idea de una estética compartida. Los une, eso sí, una mirada respetuosa y tolerante sobre los exponentes de la generación anterior como Rodrigo Fresán, Juan Forn o Pablo De Santis. "Muchos nos hemos formado en talleres dictados por escritores apenas más grandes que nosotros, y por eso creo que no hay demasiadas rupturas ni rebeldías", reflexiona Antonuccio. Un poco más picante, Juan Terranova, impulsor de la antología Buenos Aires Escala 1:1, dispara: "En la década del 70, Manuel Puig sacaba una novela y la leían todas las lectoras de Para Ti; vendía miles de ejemplares. Desde hace mucho que eso no ocurre con los escritores argentinos de ficción. ¿Qué sentido tiene, entonces, cargar contra autores de otras generaciones a los que casi nadie lee?" Para cerrar, Tomas reflexiona: "Los escritores de los 80 escribían contra Borges, contra Cortázar, contra Sábato. A nosotros esos autores ya nos quedan a 30 años de distancia, no hay necesidad de rebelarse contra ellos. Para bien o para mal, nosotros no matamos a ningún padre".

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