MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Condición de las flores

Mario Bellatin, sin temor a nada. Foto: Daniel Mordzinski. Fuente: Filba

Y ustedes ¿ya se hicieron fans de Mario Bellatin en Facebook? Ya van 62 y siguen sumando. Si quieres unirte a la lista, haz clic en este enlace. Por ahora, los dejo que esta entrevista del 12 de diciembre, en Página12, por Silvina Friera, a raíz de su libro Condición de las flores editado por Entropía. En ella habla sobre las estrategias del escritor de exponer el cuerpo sin exponerse, algo que parece demasiado complicado para el que no entiende de qué se trata esto de la ficción:

Muchos escritores están buscando distintas estratagemas para poner el cuerpo sin ponerlo. Acuérdese de hace veinte o treinta años, que se juntaba el señor fulano de tal a hablar del clima, de la política, de la guerra en Medio Oriente... Parecía un oráculo. O cuando hablaba de sus propios libros, pidiendo a los lectores que tuviéramos una opinión libre, una postura personal frente a ese texto. Curiosamente, yo decía: “Mientras mejor habla, peor es el libro” (risas). Con este razonamiento totalmente arbitrario, nunca me he equivocado. Lo que intento siempre es poner el cuerpo sin ponerlo, apelando a una serie de estratagemas para estar sin estar. Así fue como empezaron mis primeras intervenciones. Yo partía de una lógica muy simple: escribo porque es la única manera que tengo de expresarme. En estas invitaciones en las que tenía que hablar, cuando precisamente para no hablar escribo, y siempre he pensado que mis libros son mejores que yo, empecé a escaparme estando sin estar. Entonces inventé lo de las diapositivas y el texto grabado. Escribí un texto sobre Salón de belleza donde todo era inventado. La invención mayor estaba en la explicación de ese libro que en el libro mismo. Pero la gente tomaba al pie de la letra ese texto, como si yo estuviera explicando que tenía un amigo que era filósofo y travesti, que tenía unos peces... Cuando llegaba a Harvard o Yale, me sentaba y ponía el aparato para proyectar las diapositivas. Y ya. Era mi manera de estar sin estar. ¿Por qué ponen tanto el cuerpo los escritores? ¿De qué se trata: es teatro o es una performance? ¿Gana quien deslumbra más, el que hace más piruetas? Estas preguntas me interesan mucho porque coinciden con lo que pienso: los libros tienen que hablar por sí mismos sin la presencia del autor. Un texto del siglo XIII, escrito bajo circunstancias equis, traducido cincuenta veces, tú lo puedes seguir leyendo porque no está a remolque de una situación social o política determinada. O a remolque de un autor.

Por otro lado, comenta cómo la crítica busca distintas maneras de "estandarizar" a los escritores, etiquetarlos, y que además muchas veces esas etiquetas son colocadas de forma negativa incluso cuando deberían ser consideradas muy positivas (como "kafkiano" o "experimental" o "vanguardista"):


Todas esas maneras de nombrarme eran totalmente negativas. Lo que querían era quitarme del juego. Al principio, cuando decían que era muy kafkiano, pensaba que era el elogio más grande que me podían hacer en la vida. No podía dormir por culpa del piropo. ¡Un profesor había descubierto que yo era kafkiano, que era experimental, vanguardista! Pero con el tiempo comprendí que todos eran insultos: ‘Ah, sí, kafkiano, ¿a quién coño le importa?’. Está bien, qué gracioso este muchacho, qué simpático eres, pero nunca vas a entrar a ninguna parte ni con tu obra kafkiana ni robbegrillesca ni maldita. Estas estandarizaciones son para sacarte del juego, para neutralizarte y que no molestes.

La nota termina con un post scriptum de Daniel Link.

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8:31 a.m.

Es imposible permanecer indiferente ante lo que dice, hace o escribe Mario Bellatín.
LAURITA MACEDONIA.    



10:24 a.m.

Concuerdo con Laura, las palabras aquí importan, y justamente, la idea de un escritor, es no dejar de joder, así sea con Kafka y todo. Suerte.    



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