MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Excesos del cuerpo

12.17.2009
carátula del libro. fuente: eterna cadencia

Muy tarde, cuando mi amiga Kat se ha ido ya de viaje rumbo a las parrillas de Buenos Aires, me entero de este libro que ha aparecido en Eterna Cadencia. Se llama Excesos del cuerpo y es una recopilación de textos sobre la enfermedad realizada por dos venezolanos: Nathalie Bouzaglo y Javier Guerrero. Algunos autores tenían que estar sí o sí, como Mario Bellatin o Alan Pauls, dos hipocondriacos de grado mayor. La presencia de Margo Glantz y Diamela Eltit se justifica por asuntos más literarios que hipocondriacos, creo. Otros, como el siempre atlético Edmundo Paz Soldán, me sorprenden. Dice la nota en Telam:

El libro reúne once voces latinoamericanas: Mario Bellatín, Sergio Chejfec, Victoria de Stéfano, Roberto Echavarren, Diamela Eltit, Margo Glantz, Lina Meruane, Sylvia Molloy, Alan Pauls, Edmundo Paz Soldán y Edgardo Rodríguez Juliá.Uno de los elementos que ponen sobre el tapete los compiladores es la centralidad que en las ficciones latinoamericanas adquiere la enfermedad -algo no muy explorado- y el hecho de que muchas veces la propia literatura se describe como una enfermedad.La convocatoria de la editorial Eterna Cadencia a participar de esta antología incluía una pregunta: ¿Cómo narrar la enfermedad? Y alrededor de este interrogante los escritores inventan una espesa trama de respuestas posibles.En "Ex", del argentino Alan Pauls, la enfermedad contagiosa es la que deviene de un pasado que resulta imposible dejar definitivamente atrás para las tres personas involucradas en esta historia.En "Colonizadas", de la chilena Eltit, los compiladores llaman la atención sobre la manera en que trabaja la enfermedad: "como metáfora de opresiones sociales, médicas, políticas, religiosas".El relato pone al descubierto "la imposición cultural" que constituye la figura de la madre y la "alienación que ello implica".La argentina Sylvia Molloy cuenta de una mujer que no puede recordar en un relato, "Desarticulaciones", que por ende se presenta como fragmentario. "La desmemoria da paso a la ficción sin límites", apuntan los compiladores: `Acaso esté inventando esto que escribo. Nadie, después de todo me podría contradecir`, dice la mujer sin memoria.Desde una perspectiva onírica Mario Bellatín, escritor peruano nacido en México, urde una narración donde se adivinan las intersecciones entre el cuerpo, el sueño y la enfermedad de la mano de un niño criado en una comunidad sufí.Sergio Chejfec elige la ausencia del cuerpo para su relato "Los enfermos", "que propone incluso a partir de la ironía de su título un desmantelamiento del cuerpo ante un mundo fascinado por las tecnologías y sus seductores poderes de invisibilidad", advierten Guerrero y Bouzaglo. Por el contrario, el puertorriqueño Edgardo Rodríguez Juliá, en "Tu bata blanca, el pastillero mío, ambos trofeos", elige la representación de su propio cuerpo en el que "las enfermedades son las condiciones que anclan los recuerdos y relacionan el cuerpo con acontecimientos históricos significativos". La depresión se enseñorea en "Trazos oscuros sobre líneas borrosas", de la venezolana De Stefano, a través de la historia de un pintor que ha caído en una severa depresión, mientras que en "Mal de ojo", de la chilena Meruane, la enfermedad desorganiza la vida del que la sufre y de su entorno, al tiempo que en el texto se suceden las metáforas sobre la experiencia de ver. "Estaba solo a medias ciega. Y por eso acepté tu café y me lo llevé a la boca sin titubear, por eso incluso sonreí, porque, a pesar de todo. No podías ver lo que había detrás de mis pupilas, no podías calcular la gravedad de la hemorragia. Se te iluminaron los ojos y me sonreíste de vuelta. Y entonces pensé que sería fácil engañarte mientras estuviera tuerta", escribe Meruane. El tema del contagio, que sobrevuela la mayoría de los relatos de esta antología, es central en "Tres personas distintas. ¿Alguna verdadera?", de la mexicana Glantz. Según los compiladores, el relato hurga en una zona peligrosa "en la que se activa el terrorífico juego de las relaciones de poder: Los dientes son proclives a pensar el contagio e incluso la enfermedad, pero se activan con frecuencia cuando hay ganas de morder".

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Mayra Santos Febres en Lima

7.31.2009
Mayra Santos Febres. Foto: Daniel Mordzinski. Fuente: almamagazine

Como comenté en el post anterior, una de las grandes decepciones de este fin de semana fue no poder encontrarme con Mayra Santos Febres. ¿Cómo es posible que Mayra esté en Lima y yo no pueda verla? me decía todo el tiempo. La única ocasión que tuve para verla, la invtación a una recepción, se cruzaba con mi presentación en la FIL y por más que pedí que me comunicaran con ella por teléfono, no fue posible. Me quedé sin Mayra en Lima y tendré que ir a Puerto Rico a encontrarme con ella porque esto no puede ser. Por lo pronto, a manera de triste consuelo, los dejo con esta nota aparecida en "El Peruano" el día de hoy. Le dejó su chiquita a Damiela Eltit eso sí:

Si la alegría y la calidez caribeña tuviesen un nombre, ése sería el de la escritora Mayra Santos Febres (San Juan, 1966). A dichas cualidades innatas se le suma una inagotable curiosidad intelectual por el acontecer literario de los países latinoamericanos; y se siente privilegiada de pasar unos días en Lima – “ciudad literaria”, como ella afirma–, con motivo de la Feria del Libro. A todo lo anterior le agrega un estado de rebeldía, sana por cierto, en defensa de la buena literatura. Por ello, le subleva parte del experimentalismo que ha sumido la literatura latinoamericana escrita por mujeres en las dos últimas décadas del siglo XX. “De los ochenta hay dos o tres buenas; pero la inmensa mayoría son de donde no sabemos meter la cara. Se postula mucha experimentación con el lenguaje desde una premisa teórica, que uno, que ha leído, fácil puedes citar: esto es, Lucy Irigaray; o esto otro, Judith Butler. Por si fuera poco, hay mucho neofeminismo liberal de corte gringo, tipo Laura Esquivel, y lo que leo de ella no me gusta.”Acá no se puede decir que estamos trabajando desde la nada, refiere Santos Febres, y no le falta razón. “En América Latina, tenemos María Luisa Bombal, Elena Garro, Rosario Castellanos, Elena Poniatowska y Nélida Piñón, todas tremendas escritoras. Respeto los trabajos de Diamela Eltit y Guadalupe Santa Cruz, con sus experimentaciones raras; pero la verdad es que escribir acerca de la representatividad fálica del lenguaje y cómo es necesario cambiar los capiteles del falologocentrismo no invita a leer a muchas lectoras mujeres, que son las que realmente sostienen las industrias editoriales.” (...) Para la escritora puertorriqueña, que conoce el ambiente literario de los migrantes latinoamericanos que escriben en inglés, es momento de echar una mirada hacia América Latina. Después de todo, indica, el “Latino U.S.”, como ella le llama, ya es un espacio consolidado. “Me interesan las remesas culturales, mediante las cuales se influencia culturalmente el país que los migrantes dejan. También se produce la figura de las negociaciones. Muchos indígenas juegan a la exotización para crear opciones de capital y de venta de ese exotismo, pero insertándose en los mercados globales: tú quieres lo exótico y yo lo vendo.” Esto va a colación de un debate suscitado entre Santos Febres con el escritor mexicano Jorge Volpi. Este último sostiene que “la identidad no existe y ya somos parte de la cultura universal. Para mí, la identidad no viene de lo nacional ni de la razón ni del discurso, sino que proviene de lo irracional”. “No creo que vaya a llegar el momento en que las identidades nacionales vayan a desaparecer, sino que se hibridarán y crearán nuevas negociaciones, y que pasará lo que viene ocurriendo en Estados Unidos, con el cambio del juego del poder, desde el multiculturalismo.”

Mayra también fue entrevistada por Enrique Planas para el diario "El Comercio".

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Diamela Eltit opina

2.17.2008
Diamela Eltit. Fuente: tinta animal

En las "Crónicas de Latinoamérica" del suplemento Babelia aparece un texto de Diamela Eltit sobre la situación literaria en Chile. El texto es abarcador y habla de las editoriales jóvenes, de la recepción de obras de autores jóvenes, de amigos y enemigos, y de la recepción chueca que hacen a las obras escritas por mujeres. Desde luego, el modelo es similar al de cualquier país latinoamericano.

Dice Eltit: "Su mercado acotado pero solemne desencadena pequeñas fiebres consumistas que producen la unanimidad y alimentan el ranking en que se funda el neoliberalismo. Las antiguas polémicas literarias en las que se examinaban las estéticas hoy se reducen a estrictas discusiones de poder establecidas desde criterios binarios: buenos y malos o usando una fórmula conmovedoramente sencilla: winner y loser. Más allá de una mímica vendedora, el poder literario no pasa por las utilidades concretas sino por elementos simbólicos. Allí se desarrolla una batalla que no es nueva aunque sí más vacua en su encarnizamiento. La histórica animosidad que rodea el espectro literario parece hoy consolidarse en una premisa: todos los que no son mis amigos son mis enemigos y ya sabemos que el número de amigos siempre es acotado y que la amistad se quiebra. Y sigue gravitando de manera constante la cuestión de género. Cuando se habla de género se piensa en la presidenta Michelle Bachelet como emblema de un "otro" momento para la mujer latinoamericana. Por supuesto, la elección de la presidenta Bachelet es un contundente hito histórico pero también han sido históricos los ataques implacables que ha recibido por su condición de mujer hasta que la violencia de estos ataques consiguió afectar a su gestión. En el ámbito literario la mujer escritora es celebrada en tanto productora de escritos sentimentales que buscan relevar la heroicidad ante la adversidad del amor. Amores ejemplares, eróticas sensatas que van directo a abastecer el mercado de mujeres. Pero, el trabajo con los signos o la indagación en la complejidad de los sentidos sociales se resguarda celosamente como un territorio de dominación masculina. La asimetría de género, la desigualdad crónica entre los sexos es el campo en que se pone a prueba la noción misma de democracia, su imposibilidad.

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Diamela Eltit

7.15.2007
Diamela Eltit. Fuente: El Mercurio


La esperada nueva novela de la escritora chilena Diamela Eltit, Jamás el fuego nunca, acaba de ser publicada en Chile por Seix Barral. Se trata de una novela protagonizada por dos ex militantes comunistas viviendo en el Chile del siglo XXI, sin represión policial y en plena democracia. La autora los califica de "excedentes de otros tiempos, cuerpos del siglo pasado que sólo alcanzan el estatuto de organismos". En el suplemento Revista de Libros, del diario chileno El Mercurio, entrevistan a la autora respecto a esta nueva novela.

Por otra parte, aparece una reseña sobre la obra a cargo de Javier Edwards, que empieza con unas frases sumamente elogiosas: "Diamela Eltit ha llegado a escribir una obra monumental, de esas que resultan ineludibles como piezas esenciales de la historia literaria de un país, de un tiempo, y que constituyen un elemento clave para el entendimiento cabal de un proceso en el que todos hemos estado de alguna manera inmersos, la mayor parte del tiempo con una comprensión debilitada".

Al preguntarle sobre por qué escoge el monólogo para narrar esta historia, dice: "Yo nunca he tenido miedo de ingresar a un mundo narrativo o de salir de otro. A mí lo único que me importa es que el texto se sostenga. Pudiera ser, por supuesto, que el texto cuente una historia en forma más tradicional, pero esto se debe a que responde a otros escenarios y a otros desafíos. En este caso, lo más difícil fue sostener a una pareja en la cama. Tradicionalmente la cama tiene una connotación erótica y sexual, sobre todo para una pareja, pero lo que yo perseguía era retirar la sexualidad... Incluso, sacar la erótica. El desafío era entonces sostener a una pareja en una cama y, luego, eliminar entre ellos el deseo, lo que literariamente es muy difícil."

Luego, ante la decepción por el estado de las cosas de sus protagonistas, Diamela se presenta distinta: "Uno de mis defectos, a estas alturas, es ser optimista. No hay nada que a mí me parezca cerrado en términos políticos, sociales, culturales o literarios. Hay espacios que vemos muy invadidos, quizás demasiado monolíticos, pero siempre se pueden encontrar puntos de fuga. Pero claro, otra cosa es la ficción literaria... Estos personajes de la novela pierden una batalla política que, por otro lado, nunca estuvo consolidada. De algún modo están muertos, como en Pedro Páramo, o forman parte de los detenidos desaparecidos chilenos. Es ambiguo, es múltiple."

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