MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Pestes literarias

7.08.2009
mascarilla desechable. fuente: bisonteindustrail

No me estoy refiriendo a los anónimos en los blogs literarios, sino a los libros que han tratado el tema de la peste. Así como hace unos meses en México, ahora en Argentina la palabra "peste" está creando paranoias y fobias y la urgencia del encierro. Un buen motivo para recordar libros que tratan el tema de las pandemias. En "Letras Libres", por ejemplo, Ricardo Cayuela menciona tres novelas: La peste, de Albert Camus; Diario del año de la peste, de Daniel Defoe y Muerte en Venecia, de Tomas Mann. Y termina su artículo declarando:

Encerrado en mi casa en estos días de asueto obligatorio, recorro las estanterías de mi librero en busca de más lecturas sobre el tema. The Hot Zone de Richard Preston y La gran matanza de gatos de Robert Darnton me esperan. ~

Por otra parte, Patricia Suárez ha escrito en el Suplemento Ñ al respecto y coincide con Cayuela en el libro de Camus y el de Defoe, aunque va más atrás: hasta antes de Boccacio.

En algunas ocasiones, los escritos sobre catástrofes tienen el mero objeto de ser una crónica de los sucesos de un pueblo, pero en otros se convierten en verdaderas obras literarias. Procopio de Cesarea, primer escriba o archivista del tiempo de Justiniano, registró en su Historia la primera pandemia de la que el mundo tiene conocimiento, que comenzó en el 540 d. Cristo y asoló el reino de Bizancio, diezmando su población en un 40%. Los síntomas que Procopio describe son propios de la llamada peste bubónica, aunque por ese entonces no se la definió así, sino que se la llamó -y así pasó a la historia- como la plaga justiniana. Nadie supo por qué remitió la peste, y la gente empezó a pensar en fenómenos cíclicos. Sin embargo la Peste con mayúscula, la que redujo a la mitad la población de Europa y que grabó para siempre una huella mnémica en los hombres de horror a las ratas, fue la de 1348. Según Giovanni Villani, autor de las Crónicas Florentinas, la peste comenzó el año anterior luego del desembarco de cuatro galeras genovesas que provenían de Turquía. Traían a bordo unas ratitas negras, las cuales eran picadas por una pulga que luego pasó a picar a los humanos. Villani relata que el conteo de las muertes era siempre grosso modo, porque no hubo censos ni precisiones por la rapidez con que atacó la peste. (...) Muchos, según Bocaccio, no pensaban lo mismo: sobre un grupo de hombres y mujeres que huyen a la campiña, erige él su Decamerón. También la peste negra cesó, sin que nadie supiera a que se debió. Hoy se sabe que es un bacilo llamado Yersinia -su descubridor fue Alexander Yersin- y que la peste puede ser controlada tanto con medidas preventivas como en individuos afectados. Quinientos años después del libro de Bocaccio, cuando ya la peste es curable, Albert Camus finalizará su La peste diciendo que se esconde y acecha en cualquier parte.Pero antes de que la ciencia diera cierta calma a los humanos, la peste asoló otra vez Europa en 1664, haciendo foco esta vez en Holanda y desparramándose por el continente. También aquí se debió a que unos marinos desembarcaron sus mercaderías de Turquía. Para ese entonces, Daniel Defoe tenía cinco años y en 1722 escribió la novela Diario del Año de la Peste relatando los acontecimientos, con ese estilo innovador, entre la ficción y el periodismo. Quien narra la crónica es un talabartero que prefiere no abandonar su negocio en Londres. (Alberto Moravia escribirá en 1957 La Campesina, haciendo jugar las equivalencias entre peste y guerra: una almacenera tampoco quiere abandonar su negocio en la Italia en guerra y cuando lo hace, se sume en la desgracia). El talabartero de Defoe sobrevive a la peste y es testigo de los estragos: el remate de su novela es una rima que él solía repetirse como una oración mágica personal: "Una terrible peste hubo en Londres/ En el año sesenta y cinco/ Que arrasó con cien mil almas/ ¡Y sin embargo estoy vivo!"

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La maleta de Heinrich Mann

2.17.2009
Heinrich Mann y Nelly. Fuente: usc.edu

A pesar de haber escrito una novela (Professor Unrat) que, llevada al cine con Marlene Dietrich de protagonista, se ha convertido en un hito de la historia del siglo XX, El ángel azul, lo absolutamente incuestionable es que Heinrich Mann siempre estará a la sombra de su hermano Thomas. La relación entre los dos hermanos fue siempre conflictiva, no solo por el talento de uno que opacaba al otro sino por las infranqueables diferencias de carácter entre ambos. Una maleta con 107 cartas dirigidas a Heinrich Mann alimentan la mitología alrededor de los Mann:

La familia de los escritores Thomas y Heinrich Mann es probablemente una de las más investigadas del siglo XX por razones que van desde el más puro interés literario hasta la más descarada curiosidad morbosa. Ahora, una maleta encontrada en Praga -con documentos inéditos de Heinrich Mann- agrega un nuevo capítulo a esa historia. La maleta, recuperada por el catedrático Peter Stein en una peripecia llena de casualidades, contenía 107 cartas del archivo de Heinrich Mann, además de otros papeles, que están ahora al cuidado del archivo de la Academia de las Artes de Berlín que presenta hoy el hallazgo. La correspondencia entre Heinrich Mann y el germanista francés Felix Bertaux, en la que ambos, en pleno auge del nacionalsocialismo, muestran todavía confianza en poderse oponer a la barbarie como intelectuales, es parte importante de la maleta de Praga. Otras misivas forman parte de una documentación más personal como aquellas de condolencia que recibe Heinrich Mann tras el suicido en el exilio estadounidense de su segunda mujer, Nelly Kröger.

Además, la nota en ADN Cultura hace hincapié en las diferencias de carácter entre los dos hermanos escritores:

Esa "pulsión tanática" de la familia, como la llamó Thomas Mann en uno de sus diarios tras el suicidio de su hijo Klaus, estaba sin duda relacionada con una compleja confrontación con la propia sexualidad. La tendencia homosexual de Thomas Mann -que ha quedado reflejada en muchas de sus obras entre las que se destaca "Muerte en Venecia"y el esfuerzo que éste hizo durante toda su vida por reprimirla ha sido tema de innumerables trabajos. La rigurosa disciplina que rigió siempre la vida de Thomas Mann, y la obsesión alimentada por su mujer Katia de llevar una vida ordenada y burguesa, eran también formas de mantener a raya sus propios demonios interiores. Esa disciplina era ajena a Heinrich Mann, un erotómano consumado que en su juventud fue cliente habitual de los burdeles de Lübeck y que en uno de sus cuentos se lamenta de que su madre no fuera capaz de ponerle los cuernos a su padre, y que dejó a la posteridad una serie de dibujos eróticos bastante explícitos, ocultados durante mucho tiempo por su pudorosa cuñada Katia. La tumultuosa vida erótica de Heinrich Mann fue lo que le llevó a los brazos de Nelly Kröger, una actriz de baja categoría que nunca llegó a ser plenamente aceptada por Thomas ni, mucho menos, por Katia Mann. En el exilio en California el rechazo familiar era especialmente sensible para Nelly Kröger. Ella y Heinrich Mann, cuyas obras estaban lejos de tener el éxito internacional de las de su hermano, dependían de la ayuda financiera del autor de "La montaña mágica", con lo que el desprecio a que era sometida dolía aún más. Katia Mann logró que la imagen que tuvo la posteridad de Nelly Kröger -que cayó en un alcoholismo crónico hasta llegar al suicidio durante el exilio- haya sido, durante mucho tiempo, la de una mujer vulgar y sin interés alguno. Recientemente, y las cartas de la maleta de Praga ayudan a entenderlo, esa imagen ha empezado a ser revisada. Así, por ejemplo, una carta del escritor Alfred Döblin, en la que lamenta la muerte de Nelly, la describe como una mujer abierta, fina y solidaria hasta el fin con otro destino (el de Heinrich Mann).

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Un amor de Goethe

7.22.2008
Goethe in der Campagna. 1787 Fuente: Johann Heinrich Wilhelm Tischbein/
Los amoríos de los escritores, fuente inagotable de libros (y de algunos post). Ahora le tocó al romántico alemán Johann Wolfgang Goethe y, según esa tesis, la célebre Charlotte von Stein no era el objeto amado sino simplemente la mensajera:
El poeta Johann Wolfgang Goethe (1749-1832) y su mecenas, la duquesa Ana Amalia, mantuvieron un "amor prohibido", según sostiene el autor germano-italiano Ettore Ghibellino en el libro Goethe und Anna Amalia - Eine verbotene Liebe (Goethe y Ana Amalia. Un amor prohibido), en un reportaje publicado en Der Spiegel. Sin embargo, los expertos de la Fundación Klassik Weimar rechazan la tesis de Ghibellino. Son "históricamente cuestionables" -han afirmado fuentes de la Fundación- y la relación amorosa entre el poeta y su protectora es "una invención". Ghibellino, fundador de la denominada Academia Ana Amalia y Goethe, presentará el próximo viernes nuevos documentos que avalan las teorías contenidas en su libro, aparecido en 2003, del que el semanario Der Spiegel se hacía eco en su último número. (...) La tesis del amor prohibido es asimismo rechazada por otra experta en la obra y vida del clásico alemán, Heike Spies, quien calificó el libro de Ghibellino de "poco serio". Tradicionalmente se ha dado por hecho que la destinataria de las cartas de amor, notas y escritos, entre los años 1776 y 1978, era Charlotte von Stein. Según la tesis de Ghibellino, ésta habría cumplido simplemente una función de "mensajera", cuando en realidad la persona amada del poeta era la duquesa, diez años mayor que Goethe.

Thomas Mann, desde su acomodada tumba, exige una explicación.

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Lolita

10.01.2007
Carátula del suplemento. Fuente: confabulario

Alonso Cueto ha escrito en el suplemento Confabulario de México un artículo sobre Lolita, una de las novelas más célebres del siglo XX, escrita por Vladímir Nabokov. "La larga sombra de Lolita" se titula el ensayo y ha sido motivado al cumplirse 30 años de la muerte del estupendo narrador ruso. Cito aquí un fragmento en el que vincula Lolita a la novela de Thomas Mann, Muerte en Venecia.

Dice la nota: "Lolita es una novela sobre el extravío de un ideal, la crónica de la larga mirada del profesor Humbert sobre una prodigiosa adolescente, la sacralización de los instintos, el encuentro del deseo y de la muerte en el relato de un gran viaje. La sacralización del ser amado es una tradición antigua y recordemos que tiene relación con otra obra maestra de este siglo, Muerte en Venecia. (...) Al igual que Tadzio, Lolita es un ser idealizado. En lo que parece la perversión pedófila de Humbert hay por el contrario una veneración lasciva hacia una diosa. Tadzio en la playa y Lolita en la cama están sin embargo demasiado lejos del amor de sus siervos. Al igual que don Quijote, Humbert y Aschenbach son lectores compulsivos. Tienden a convertir seres reales en amados perfectos. Pero la perfección no existe. Tadzio desaparece en la orilla poco antes de la muerte de Aschenbach. Lolita muere embarazada, al igual que Humbert (éste en la cárcel, acusado de homicidio) antes que su novela se publique. Tadzio y Lolita son seres inalcanzables pero banales. Sólo la idealización maníaca de los artistas los había transformado. La lección de Cervantes, la relación del Quijote con Dulcinea, es la de la vida moderna. El ideal, que para el hombre medieval y el hombre clásico podía significar la plena realización, es imposible de lograr para los desolados héroes del mundo contemporáneo. Quizá los personajes de Mann y de Nabokov dramatizan el efecto nocivo de los sueños en nuestras vidas. Pero también cuentan la historia de la imposibilidad de vivir sin esos sueños. Lolita surgiendo de entre las sábanas y Tadzio desde la playa reencarnan siempre en nuestras vidas. Todos estos son los temas de un solitario. Como Humbert, Nabokov era un hombre encerrado en los libros. Sus brillantes ensayos y los testimonios que tenemos de sus magníficas clases, recuerdan a un hombre enfrascado en sus ilusiones librescas que se convirtieron en vitales".

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