MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Duelos argentinos

12.11.2007
Pistolas de duelo. Fuente: artemar.es

Ingenuamente, pensé que la trama de la nueva novela de Guillermo Martínez La muerte lenta de Luciana B. (que espero que Planeta se digne a traer pronto, o Alonso Cueto cumpla su promesa de prestármela) estaba inspirada en un libro como el de Martin Amis, La información, o en su antecedente inmediato, El príncipe negro de Iris Murdoch. En ambos casos el tema es la bronca entre dos escritores. Pero al parecer -según la entrevista que hoy leo en Página/12- tiene una inspiración más pedrestre: la bronca que en el año 2005 enfrentó al mismo Guillermo Martínez con Damián Tabarovsky. Este último acusaba, en el ensayo La literatura de izquierda, a Martínez y a otros como Pablo de Santos de ser "escritores serios" y muy aplicados para ganar concursos literarios. Martínez respondió en el ensayo "Un ejercicio de esgrima" en que acusaba de fanático vanguardista a Tabarovsky y de despreciar el éxito literario como el zorro desprecia las uvas que no puede alcanzar (por estar incapacitado de crear una trama que atrape al lector, por ejemplo) calificándolas de "uvas verdes". Para que se enteren del entripado, les dejo una entrevista a Guillermo Martínez, una más a Damián Tabarovsky y una nota de resumen en Clarín en la que participan muchos escritores y críticos (entre ellos Martín Kohan o Florencia Abbate, señalados por Guillermo Martínez como ejemplos de escritores "a espaldas del público" que pertenecerían a una mafia intelectual).

Dice Martínez sobre su nueva novela: "En mis novelas hay algún punto que da la sensación de autobiográfico, pero siempre como un recurso de verosimilitud. Pero en este caso, por ejemplo, el narrador de la novela es lo opuesto a lo que pienso... Y como un chiste (se ríe) da clases de vanguardias literarias, se dedica a eso para ganarse la vida. En el fondo, y lo digo sinceramente, no me siento representado por ninguno de los dos. Más allá de lo discutido, entiendo la otra posición y no creo que escribir de determinada manera dé inevitablemente el talento. Es decir, son opciones estéticas y cada una ha dado obras interesantes. Hay, sí, un par de líneas sobre la cuestión del éxito, que en la Argentina suele tomarse con cierto resentimiento, recelo. (...) cómo es posible que antes de tal libro nadie se preocupara de hablar de tal escritor y después todos descubren que es el peor enemigo. Es como si cualquier porción de éxito fuera robada a los demás. En realidad, y lo digo con toda frialdad, lo que ocurre es que el éxito que pueda tener un libro más bien abre camino a la literatura argentina en general. Suele pasar que un editor extranjero compre al más obvio y que los otros, que no pudieron comprarlo, miran alrededor a ver quiénes más están. En este momento se está hablando de la literatura argentina en ese sentido, se percibe un potencial de creatividad y están tratando de descubrir nuevos autores. Y otra cosa: se trata de un fenómeno pasajero. Hace veinte años los ojos estaban puestos en unos, después en otros, mañana en terceros. El éxito tiene algo de aleatorio, esencialmente. No debería entusiasmar ni deprimir demasiado (...)

Y sobre la bronca, dijo: "Para mí sí. Porque había en la Argentina una especie de discurso único basado en una cantidad de clichés, de frases a primera vista ingeniosas pero a segunda vista irrisorias, como “primero publicar y después escribir” o “para un escritor mejor prometer que realizar”. O “escribir mal está bien”, como si todo el mundo hubiera pasado el estadio de escribir bien y eso fuera ya trivial para todos. Una serie de repeticiones que buscaban establecer un canon y terminan siendo lugares comunes sin que nadie se detenga a analizarlos. El libro de Tabarovsky fue muy interesante en el sentido de explicitar, porque aunque esas cosas se decían, nadie les daba una especie de armadura teórica general, y él los articuló y de alguna manera los defendió. Y esto, obviamente, dio la posibilidad de establecer un terreno de discusión. ¿Con sólo pensar a su manera, escribiendo libros con esas recetas, se alcanza una literatura superior? ¿Bastan esos elementos formales? Yo creo que no. Creo que esta clase de opciones, relato lineal o no, con trama o sin ella, no terminan de decir nada sobre la cuestión de fondo. Cuando un texto es interesante hay talento, inteligencia, creatividad, originalidad. También noté una apertura en el panorama y que ciertos aspectos que parecían totalmente establecidos están volviéndose a pensar (...) Bueno, escuché a seguidores a ultranza de Aira que de pronto están diciendo que quizá no era todo lo que ellos pensaban. El artículo que abre el libro de ensayos de Fabián Casas es un ejemplo. Algunas opiniones de Alan Pauls también tienen ese mismo sentido. De pronto quizás haya vida además de Aira"

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Más Martínez

10.02.2007
Guillermo Martínez. Foto: N. Sierra. Fuente: clarín

Como comenté hace unos días, el escritor argentino Guillermo Martínez publicó una nueva novela con el sello Destino que lleva por título: La muerte lenta de Luciana B. En el diario El País hoy publican un reportaje sobre el nuevo libro:

Dice la nota: "Dramatismo, ambigüedad, afán de justicia y venganza son elementos con los que ha jugado Guillermo Martínez (Bahía Blanca, Argentina, 1963) hasta llegar a construir la trama que encierra La muerte lenta de Luciana B. (Destino). En su génesis, la historia formaba parte de un cuento hasta que el desarrollo de la trama adquirió las dimensiones de una novela. "No es extraño en mi literatura porque mis novelas están cercanas a los cuentos". El lector se ve obligado a decidir qué es real o no entre las propuestas que plantea el autor. Ni en la vida ni en la literatura nada es lo que parece y quizás por ello el escritor ha puesto al lector en la tesitura de decidir cuál de las dos conjeturas que se plantean en la novela es la real. La historia gira en torno a dos escritores muy diferentes, uno enigmático, huidizo y triunfador absoluto, y el otro todo lo contrario, y una mujer, Luciana, que trabajó para ambos escribiendo los textos que ellos le dictaban y de los que se sintió profundamente enamorada. Fueron las muertes primero de su novio y después de sus seres más queridos las que le llevan a vivir aterrorizada y desesperada. El autor mantiene la intriga hasta tal punto que el lector se siente atrapado y en ocasiones inquieto y desasosegado. "La línea de suspense que he logrado mantener obligará al lector a leerla de una sentada. Al menos es lo que deseo".

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Guillermo Martínez

9.28.2007
Carátula de la novela. Fuente: el corte inglés

Luego del éxito de Crímenes imperceptibles (también conocida como Crímenes de Oxford), el argentino Guillermo Martínez publica en Destino una nueva novela: La muerte lenta de Luciana B. En el suplemento "El Cultural" del diario El Mundo aparece una reseña a la novela. Muy positiva. ¿Volvió a dar en el blanco Guillermo Martínez?

Dice la reseña: "He aquí una novela que conviene leer cuidadosamente, no sólo porque es algo más –bastante más– que el relato de un mero encadenamiento de acciones, sino porque constituye una extraordinaria y precisa construcción, gracias a la cual cada elemento de la obra trasciende su aparente sustancia de contenido y descubre inesperados sentidos ocultos. Como sucede en toda buena novela, la historia es únicamente el sustento material, la armazón que permite erigir un discurso sobre la naturaleza de la ficción y su relación con una realidad posible que es tan sólo, como ya apuntó Ortega, una suma de perspectivas, una entidad huidiza, inaprensible, que apenas tolera otra cosa que acercamientos incompletos y visiones amputadas. Como en su novela anterior, Los crímenes de Oxford, Guillermo Martínez (1962) ha compuesto una obra con multitud de ingredientes propios del relato de misterio, si bien al final no se aclaran los enigmas planteados, como sucede a menudo en la realidad y porque, en resumidas cuentas, el propósito del escritor no se cifraba en resolver misterios, sino en plantearlos para remitirlos luego a un estrato de significaciones diferente del que parecen mostrar las peripecias externas de la historia. El primer acierto del autor argentino es haber hecho del narrador un novelista que, de hecho, relata unas experiencias personales pero, sobre todo, incorpora y transmite relatos ajenos (...) lo importante es que habrá tenido en sus manos los materiales suficientes para reflexionar sobre el poder de la ficción –a la manera de Henry James–, sobre la verosimilitud narrativa, sobre la naturaleza insegura de nuestra percepción de la realidad y sobre las relaciones entre literatura y vida. No es un parvo botín el que se extrae de esta novela excelente, precisa como un mecanismo y de sobria y eficaz escritura."

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