MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Ellroy en España

2.18.2010
James Ellroy. Stephanie Diani for The New York Times

Sangre vagabunda (Ediciones B) es el nuevo libro de James Ellroy traducido al castellano. El gran escritor de novela negra, el super best-seller de las frases breves y las historias obsesivas, el maniático de las mujeres rubias pulposas y casquivanas (como las actrices de los 50 y sus madre), además de la historia, la música clásica, las mujeres, el boxeo, las novelas policiacas y los perros, ha regresado con ganas de hablar. En Babelia lo entrevistan y comentan la novela:

Para los que ya tienen práctica con Ellroy, un consuelo: Sangre vagabunda es más sencillo que su predecesor, Seis de los grandes. "Mi segunda esposa me dijo que tenía que escribir desde el corazón así que su forma es más sencilla", dice. Para aquellos que no tienen práctica, su prosa sigue siendo telegráfica, frases muy cortas, palabras todavía más cortas y en muchas ocasiones sincopadas. Cada capítulo, la visión de un nuevo personaje. Una nueva localización. Ellroy, que no tiene abuela, lo describe como "una obra maestra" aunque también admite que es "una pasada". "No tengo duda alguna de que Sangre vagabunda es magistral pero también reconozco que toda la novela policiaca es un pasote, demasiada construcción, demasiada trama, muchas conspiraciones, una continua investigación policial", resume de su último trabajo, ése en el que confluyen caras conocidas de libros anteriores como la de Wayne Tedrow Jr., un ex policía y narcotraficante capaz de cargarse a su padre; Don Crutch Crutchfield, detective privado demasiado joven y un tanto mirón, y Dwight Holly, agente del FBI. Los tres reaccionarios y violentos en un Estados Unidos sacudido por la corrupción, la mafia y el amor libre. Esos años entre 1968 y 1972 que poblaron tanto en la realidad como en la ficción de Ellroy figuras históricas como J. Edgar Hoover, Richard Nixon y Howard Hughes. "Mi única condición es que tienen que estar muertos", comenta de su plantel de personajes. Una mórbida respuesta para un autor morboso. "Una vez muertos es legal hablar de ellos y los puedo utilizar sin problemas", se regodea de una mezcla entre ficción y realidad que en su opinión le da "latitud" a sus novelas. "Mi única limitación es que mi representación de los hechos no se contradiga abiertamente con lo que sucedió en la realidad. Y no hay nada contradictorio en las conversaciones de Nixon borracho o en mi creencia de que Hoover era un homosexual célibe", remata buscando pelea. Hay mucho más que morbo en la obra de Ellroy. Están sus demonios. Por ejemplo, el asesinato de su madre cuando él sólo tenía 10 años. No recuerda sus lágrimas pero sí su obsesión por la lectura policiaca después de leerse todos los informes de la policía que cayeron en sus manos. Su madre muerta sigue siendo uno de sus fantasmas, presente en La dalia negra, pero sobre todo en su autobiografía Mis rincones oscuros y en esa otra reflexión de su vida y de sus mujeres que hace ahora en The Hilliker Curse, que haciendo uso del apellido de soltera de su madre espera publicación a finales de este año. Pero la trilogía de los bajos fondos americanos tiene otro origen. "La lectura de la novela Libra, de Don DeLillo, me abrió los ojos a la historia del asesinato de Kennedy. Esa época nunca me había interesado, pero el libro era tan bueno que quise hacer algo así. No lo quise copiar. Respeto mucho a DeLillo. Además pensé que podía escribir algo más grande. Que empezara en 1968 y donde el asesinato de Kennedy sucediera fuera de página", recuerda de una historia que ha contado muchas veces, pero que sigue narrando con fervor. Tuvieron que pasar ocho años desde Seis de los grandes y trece desde la publicación de América hasta la llegada de Sangre vagabunda. ¿Una larga espera? "La cabeza me explotó, mi matrimonio se fue a la mierda, me fui a San Francisco y amé a una mujer llamada Joan", dice mostrándome una dedicatoria que reza "A J. M. Camarada, por todo lo que me diste". Con un suspiro, como si se tratara de alguien que se deja llevar por la nostalgia, continúa su recuento. "Mi 'diosa pelirroja' me dejó y me volví a Los Ángeles, donde conocí a otra mujer en la que basé a Karen (el otro personaje femenino del libro). Estaba embarazada y me dejó por su marido. Mala suerte. Así que escribí este libro". Hay que reconocer que no le faltan fuentes de inspiración para regurgitar y condensar en su novela. "Me encanta lo que hago y doy gracias a Dios porque soy bueno. Nunca le estaré lo suficientemente agradecido", dice alguien a quien le gusta mencionar a Dios con tanta frecuencia como sus personajes juran en vano. "Pero también debo de reconocer que la historia ha sido muy generosa conmigo", añade. "Este libro me llegó en un momento muy turbulento de mi vida y acabó siendo el más fácil de escribir".

Además, el diario El País organizó ayer un encuentro digital con el autor, donde respondió preguntas del tipo:

¡Considera su literatura como algo que es para disfrutar, para aprender, arte o un simple entretenimiento?
El arte es entretenimiento. Nadie quiere leer libros que son un tostón o aburridos o puñeteros. Se puede aprender y entretenerse a la vez.

Ellroy: Eres un grande. ¿Cómo manejas tu intersección entre el bestseller y el mundo académico? ¿Qué tipo de escritor te consideras? La crítica dice que vas más allá del fenómeno de libros de estante barato; sin embargo todavía hay gente -y mercados- que te ven todavía como vendedor de libros masivos. Saludos desde Ecuador.
No tiene nada de malo ser muy leído. Pero ser escritor de best-sellers no es garantía de calidad, igual que tampoco lo son los premios literarios.

Hola, maestro. ¿Cómo mantienes la cordura conviviendo permanentemente con tus criminales?
He crecido mucho desde que pasé tiempo con los criminales. Y paso mucho tiempo solo a oscuras.

Sólo una pregunta: ¿Hammett o Chandler? Muchas gracias.
Hammet-- porque escribió sobre el tipo de hombre que temía ser, mientras que Chandler escribió sobre el tipo de hombre que deseaba ser.

¿Por qué la versión cinematográfica de 'La dalia negra' no fue el éxito esperado? ¿No era Brian de Palma el director ideal para el proyecto?
El guión era una mierda. No se hizo con los medios adecuados, pero me ha hecho vender un montón de libros.

Buenas tardes, James. Defíname con una sola palabra los siguientes escritores: Raymond Chandler, Dan Brown, Stieg Larsson, James Ellroy. Muchas gracias.
Nunca he leído a Stieg Larsson ni a Dan Brown.

¿Ha visto la serie de TV The Wire? ¿No le recuerda al mundo que retrata en sus novelas?
Nunca la he visto.

Tras Blood´s a rover, ¿cuándo volveremos a ver una novela suya y sobre que versará? Muchas gracias.
El año que viene mi libro autobiográfico The Hilliker Curse se publicará en España. Es la historia de mi relación tempestuosa con las mujeres.

¿Qué opinión le merece la situación actual de la novela negra? ¿algún autor relevante/interesante?
Lee la novela de mi ex mujer Helen Knode "Ticket Out"

Elmore Leonard dijo de sus novelas que leer un fragmento en voz alta podía hacer romper los cristales. ¿Es consciente cuando escribe de esa característica de su narrativa? De ser así, ¿cuál es el secreto de tan destructiva virtud? Yo también querría destrozar mobiliario ajeno sin levantar los dedos del teclado. Gracias por todo.
No es una virtud destructiva, el señor Leonard hablaba de forma metafórica.

¿Puede recomendar dos novelas imprescindibles para sobrevivir? Mil gracias!!
Compulsion de Mewer Leven y True Confessions de John Gregory Dunne.

¿Por qué le interesó tanto Haití y el vudú y ambientó allí parte de Sangre Vagabunda?
Porque se relacionaba con la militancia negra en L.A. y vudu es guay por naturaleza.

Hello, Dog!! ¿Qué tienes en tu cabeza para escribir y desarrollar tramas tan sumamente complejas en tus novelas?
Quiero crear grandes tapices porque me gustan las grandes obras de arte.

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James Ellroy en la carretera

1.18.2009
James Ellroy. Fuente: syracuse.com

Hay muchos libros que me gustan de James Ellroy, aunque en realidad pertenezco a ese grupo humano de lectores muy definidos -y despreciados por las auténticos fans de la novela policial, estoy seguro- que piensan que su mejor novela es la autobiográfica Mis zonas oscuras. En Colombia conseguí la última novela traducida de Ellroy, que lleva el hitchkoniano título de El Asesino de las carreteras, traducido por Ediciones B, y me ha decepcionado mucho pese al arranque excepcional (un asesino en serie que decide contar todo solo si le permiten hacerlo sin cambiar una coma a su manuscrito-declaración, que vende a un agente literario).

Me dio gracia la mención que hace, según me pareció, a Humbert Humbert (otro asesino con ambiciones literarias) cuando declara: "Tampoco voy a presentar un alegato psicológico, yuxtaponiendo a mis acciones el supuesto carácter absurdo de la vida norteamericana del siglo XX". Y luego, en las primeras páginas, me fascinó la honestidad del narrador cuando declara que "por encima de todo, dispongo de mi mente, mi silencio" además de una máquina de escribir, hojas en blanco, documentos policiales y un mapa de carretera. "No permitiré que me compadezcan... Yo merezco temor y respeto por seguir íntegro al final del largo camino que estoy a punto de emprender" declara. He ahí una buena moral literaria, para un escritor-asesino y también para uno que no lo sea.

¿Por qué entonces, si el plan es perfecto, la novela decae? Quizá cuando tiene su primer ingreso en la cárcel y se encuentra con Charles Manson, un leitmotiv en la novela. O más bien, con la caricatura de Manson. Y luego, cuando el tema de la Sombra Sigilosa -un comic que justifica la existencia de un mundo donde asesinar es posible si logras en don de la invisibilidad- se vuelve no en una obsesión sino en una justificación psicológica para el relato. Pero quizá el problema principal está en el método elegido por Ellroy para hacer avanzar la historia a merced de un bombardeo incesante de documentos policiales, artículos periodísticos y hasta entrevistas a otros asesinos. Todo muy The Buenos Aires Affaire (remember Puig) pero con poquísimo talento. No un método literario sino una excusa para pasar de un asesinato a cuarenta en tres páginas. Cuando al final de la novela el asesino ya preso, Martín Plunkett, anuncia "Completada esta despedida en sangre, mi tránsito en forma humana ha llegado a su punto culminante..." yo ya estaba con ataque de pereza. Y risa. Y así se acabó nomás la novela.

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Fresán sobre Ellroy

10.05.2008
Carátula de la novela en primera versión. Fuente: Amazon

Lo que más me gusta de las reseñas de Rodrigo Fresán es que siempre empiezan con un exabrupto, una frase categórica, una sentencia definitiva. Probablemente eso mismo sea lo que más les disgusta a otros, pero a mí me convence. Para hablar de una reciente traducción de James Ellroy en el ABCD Las letras, Fresán inicia su reseña así: "Es privilegio (y condena) de los verdaderamente grandes el tener la obligación (y el placer) de ser comparados casi única y exclusivamente consigo mismos porque ya no hay nadie a su altura. Y James Ellroy (Los Ángeles, 1948) es un grande de verdad". Después de una frase así, ¿cómo no empezar a salivar como un perro de Pavlov ante la campanilla? La reseña sobre El asesino de la carretera también dice:

Publicada en 1986 por orden del editor como Silent Terror -y, según su responsable, escrita a toda velocidad por 10.000 dólares para saldar una deuda-, esta es una tan eficaz y divertida como perturbadora y atemorizante novela criminal. Digo novela criminal y no policial porque lo que se impone y vale -como ocurriera antes en El asesino dentro de mí de Jim Thompson o después en American Psycho de Bret Easton Ellis- es la voz de la bestia desenfrenada. Alguien que aquí responde al nombre Martin Michael Plunkett y que -como lo anuncia el título que originalmente quería y finalmente recuperó Ellroy- viaja por los Estados Unidos a bordo de sus «muertemóviles» dejando un rastro color rojo sangre «para acallar mis pesadillas y calmar mi rabia terrible» y acelerar su «sensación de poder de alto voltaje».
Matando se conoce gente y Plunckett -quien comparte más de un detalle biográfico con la infancia de su creador- es un tipo muy inteligente pero, también, dotado de una extraña sensibilidad en la que no se profundizará aquí para no revelar detalles claves de la trama que conducen a uno de los finales más sorpresivos, redondos y afilados en toda la obra de Ellroy luego de pasar por una tan bizarra como sentida love story de la que, por razones obvias, tampoco se dirá nada. Lo que sí conviene destacar -y lo que la distingue, más allá de la buena prosa de su autor de las muchas novelas con serial killers que andan sueltas -es la hábil crítica que hace Ellroy de la truculenta pasión que sienten los norteamericanos por los sangrientos asesinos «recreacionales». De ahí, la elegante denuncia -en prólogo y epílogo- del negocio del true crime y la inmediata aceptación y consumo del monstruo elevado a la categoría de pop-star acercan lateralmente las «proezas» de Plunkett a la admirable diatriba satírica que fue luego Natural Born Killers de Oliver Stone.

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