MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Fresán sobre Ellroy

Carátula de la novela en primera versión. Fuente: Amazon

Lo que más me gusta de las reseñas de Rodrigo Fresán es que siempre empiezan con un exabrupto, una frase categórica, una sentencia definitiva. Probablemente eso mismo sea lo que más les disgusta a otros, pero a mí me convence. Para hablar de una reciente traducción de James Ellroy en el ABCD Las letras, Fresán inicia su reseña así: "Es privilegio (y condena) de los verdaderamente grandes el tener la obligación (y el placer) de ser comparados casi única y exclusivamente consigo mismos porque ya no hay nadie a su altura. Y James Ellroy (Los Ángeles, 1948) es un grande de verdad". Después de una frase así, ¿cómo no empezar a salivar como un perro de Pavlov ante la campanilla? La reseña sobre El asesino de la carretera también dice:

Publicada en 1986 por orden del editor como Silent Terror -y, según su responsable, escrita a toda velocidad por 10.000 dólares para saldar una deuda-, esta es una tan eficaz y divertida como perturbadora y atemorizante novela criminal. Digo novela criminal y no policial porque lo que se impone y vale -como ocurriera antes en El asesino dentro de mí de Jim Thompson o después en American Psycho de Bret Easton Ellis- es la voz de la bestia desenfrenada. Alguien que aquí responde al nombre Martin Michael Plunkett y que -como lo anuncia el título que originalmente quería y finalmente recuperó Ellroy- viaja por los Estados Unidos a bordo de sus «muertemóviles» dejando un rastro color rojo sangre «para acallar mis pesadillas y calmar mi rabia terrible» y acelerar su «sensación de poder de alto voltaje».
Matando se conoce gente y Plunckett -quien comparte más de un detalle biográfico con la infancia de su creador- es un tipo muy inteligente pero, también, dotado de una extraña sensibilidad en la que no se profundizará aquí para no revelar detalles claves de la trama que conducen a uno de los finales más sorpresivos, redondos y afilados en toda la obra de Ellroy luego de pasar por una tan bizarra como sentida love story de la que, por razones obvias, tampoco se dirá nada. Lo que sí conviene destacar -y lo que la distingue, más allá de la buena prosa de su autor de las muchas novelas con serial killers que andan sueltas -es la hábil crítica que hace Ellroy de la truculenta pasión que sienten los norteamericanos por los sangrientos asesinos «recreacionales». De ahí, la elegante denuncia -en prólogo y epílogo- del negocio del true crime y la inmediata aceptación y consumo del monstruo elevado a la categoría de pop-star acercan lateralmente las «proezas» de Plunkett a la admirable diatriba satírica que fue luego Natural Born Killers de Oliver Stone.

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1:24 a.m.

Fresán es grande. Así comenzaría mi reseña. Así acabaría también. Un saludo.    



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