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Las cartas de Capote

8.08.2007
Truman Capote, ocioso para escribir cartas. Foto: Arnold Newman

La reseñista Patricia Espinoza, en El Financiero, comenta el libro Un placer fugaz , la correspondencia de Truman Capote, y afirma que el narrador estadounidense no era un buen escritor de cartas. ¿Por qué? Porque evidentemente, a diferencia de otros autores de correspondencia, Capote usaba las cartas sólo para mandar noticias, informaciones, comentarios, etc. Eso no quiere decir que no supiera que la posteridad cogería esas cartas y las haría públicas, él estaba conciente de su trascendencia. Pero, simplemente, usaba la herramienta para cosas concretas y no pensando en los futuros lectores. ¿Es un error eso? No creo. Lo que sí creo es que se hubiera sentido mucho más cómodo con el email.

Dice la reseña: "Según explica en el prólogo: «Truman escribía a sus amigos sin reservas, inhibiciones ni formalismos». Pero aún así es evidente que el género epistolar no era algo que el escritor valorara. Muy por el contrario, parecía considerarlo una pérdida de tiempo. Es sabido que Capote prefería desplegar su extravagante personalidad («Soy alcohólico. Soy drogadicto. Soy homosexual. Soy un genio») en las reuniones sociales que se celebraban en Nueva York. Durante años fue el centro de atención del mundo artístico y literario con su inagotable caudal de chismes y anécdotas maliciosas. Clarke dividió la correspondencia de Capote en cuatro secciones. Estas abarcan los primeros pasos del escritor en la escena literaria; su larga estadía en Europa durante la década del 50; los años dedicados a la escritura de «A sangre fría» (la novela «no ficcional» que lo catapultó a la fama en 1966 y que narra el brutal asesinato de una familia de Kansas) y sus últimos años de decadencia, en donde el escritor se ve cada vez más sumergido en las drogas y el alcohol.

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Truman Capote cartas

7.29.2007
Truman Capote. Fuente: Radar libros

¿Puede alguien contar la historia de su vida a través de cartas? Seguro que sí. Publicando cartas, desde luego, no sólo destinadas a las personas importantes de su vida sino recopilando incluso las notas más intrascendentes podemos traducir las personalidades más compleja, contradictorias, creativas. Y también una reconstrucción de su tiempo. Esa novela, por cierto, se ha escrito miles de veces cuando se publica la correspondencia de un autor. Y ahora se ha escrito nuevamente al publicarse la correspondencia de Truman Capote, que abarca cartas desde los 11 años hasta los últimos de su vida. Si tuviéramos que deducir por la primera y última la carta de este hombre, ¿qué diríamos? Necesidad de afecto, inseguridad, búsqueda de identificación. Todo lo que sabemos por sus novelas y sus biógrafos, pero ahora dictadas por él mismo. Hoy aparace una reseña a Un placer fugaz, las cartas de Capote, en "Radar libros". El libro ha sido publicado por De Bolsillo y, gran noticia, lo venden en la FIL Lima en el stand de Ibero. Hasta hoy lo pueden comprar con descuento.

Dice la reseña de Libertella: "Quienes quisieran leer sólo la primera y la última carta de la correspondencia de Truman Capote, se encontrarían acaso con el verdadero Truman: un sureño melancólico y atormentado que supo refugiarse bajo los pliegues de uno de los escritores más famosos y mediáticos del mundo. La primera epístola data de 1936; Truman, de once años, le escribe a Arch Persons, su padre: “Como sabrás, mi apellido ya no es Persons sino Capote, y me gustaría que en el futuro te dirigieras a mí como Truman Capote, ya que todo el mundo me llama así”. La última carta, así sin mayúsculas ni otros protocolos, como las solía redactar, es de 1982, y está dirigida a Jack Dunphy, su pareja: “te echo de menos dime cuándo llegas besos Truman”. Dos años después, sitiado por adicciones diversas, moriría en Los Angeles, un mes antes de cumplir los sesenta años. En el medio hay de todo. Cientos de cartas (breves, largas, apasionadas, ascéticas) que arman el mapa de una vida que, sobre todo, no supo de mapas. La vida de un escritor que tuvo un prematuro abandono familiar, que conoció la orfandad, la escuela militar, los trabajos mal pagos, las grandes revistas de literatura, la fama desmesurada, los excesos, la depresión y la muerte que llegó demasiado pronto."

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