MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Modiano entrevistado

5.19.2009
Patrick Modiano. Foto: Daniel Mordzinski/ El País

En una vieja casa a espaldas de los jardines de Luxemburgo, "Babelia" entrevista al excelente escritor Patrick Modiano, a quien describen como "muy alto, muy amable, algo torpe y muy tímido". Luego de unos años en el olvido, Anagrama recuperó a este extraordinario -aunque Edmundo y Diego se rebelen- narrador francés autor de novelas breves como En el café de la juventud perdida, Calle de las tiendas oscuras, Dora Bruder y la imperdible Un pedigrí . Ahora algunas editoriales que lo tenían antes fichado, como Seix Barral, y nuevas como Pre Textos se animan a seguir a Modiano. Aquí algunas respuestas del tímido y nostálgico Modiano:

(...) muchas de sus novelas se desarrollan en esa parte de París, el XVI, cerca de Trocadero, que no tiene nada de especial. ¿Por qué?
Por eso, porque no tiene nada de especial. Muchos lo consideran un típico barrio burgués. Pero no es así del todo. Tiene una parte de barrio anónimo, banal, sin monumentos históricos, donde uno puede imaginarse cosas. En otros barrios parisinos te sientes bloqueado por la historia. En Trocadero y sus alrededores uno puede observar las calles y la gente que las habita de una manera un poco onírica. Es un barrio donde, en determinadas calles, la gente desaparecía mucho. Como le he dicho, yo lo he comprobado con las guías de teléfonos. Hay una suerte de movilidad extraña. Es un barrio burgués, pero tiene su lado extraño... Luego están mis propios recuerdos de infancia y adolescencia...Todo es un poco confuso. Yo no conozco Madrid, pero estoy seguro de que en Madrid debe de haber barrios así...

¿Por qué las direcciones y los números de los portales son tan precisos?
El París de mis novelas, más que un París de hace décadas, es un París interior, casi onírico, que nace de las cosas que me impresionaron cuando yo era un adolescente. Y para que ese lado onírico se desarrolle, es preciso que las direcciones sean exactas. Puede que el edificio que se describe sea banal, no importante, pero sí que su ubicación en la novela sea perfecta. Es como un cuadro de Magritte: los objetos, aunque de carácter onírico, están dibujados de forma muy nítida.

¿Y ha cambiado mucho París desde su adolescencia?
El centro no ha cambiado tanto porque no se pueden destruir los edificios históricos. Pero en los barrios periféricos sí se han demolido muchas manzanas. Además, cuando yo era adolescente, existía en París una suerte de... fantástica mezcla de la sociedad. Por ejemplo, en el barrio de Les Halles, cuando aún existía el mercado, a partir de medianoche, con los camiones que iban y venían, o el barrio de la prensa, alrededor del Boulevard Reaomur, había una especie de sociedad fantástica y atrayente, todo estaba muy animado, no sé cómo decirlo. Incluso Los Campos Elíseos, o en Pigalle. Ahora es diferente. Y eso me ha marcado.

¿Y su barrio, Saint-Germain-des-Près?
Ha cambiado muchísimo desde mi infancia. Aparte de los dos cafés, Les Deux Magots y Le Flore, era un barrio muy provinciano, por así decir. Había una mezcla muy extraña. Por una parte, era un barrio muy tranquilo, con personas mayores sentadas en la plaza, y por otra, había cafés modernos y lugares donde se tocaba jazz. Me acuerdo, cuando yo iba a la escuela, que estaba en la Rue Dauphine, de que a veces pasábamos por una tienda a comprar bombones y veíamos a Picasso o a Giacometti. Todo mezclado, no se perdía el lado provinciano.

En Pedigrí, una suerte de autobiografía, habla de esa época, y sobre todo de sus padres, él atareado con negocios extraños, ella actriz de segunda, viajera, que le abandonaban con frecuencia...
Todo es real. Es una autobiografía un poco especial. Quería hablar de cosas que me hicieron daño y que me resultaban extrañas. En otras autobiografías se habla de cosas íntimas con las que uno está de acuerdo, con las que te reconoces. Yo, por el contrario, quería liberarme de cosas que me hicieron daño. Quería desembarazarme de todo eso que yo no elegí, que no me concernía del todo y que me hizo daño...

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Pedigrí

1.03.2008
Carátula del libro. Fuente: adn cultura

Estoy contando los días para que Océano se decida a traer este libro de Anagrama, Un pedigrí, de Patrick Modiano. Me contaron que quizá para enero o febrero. Por lo pronto, una reseña en el ADN Cultura.

Dice la reseña: "A pesar de su tono menor, Un pedigrí podría funcionar, en ese sentido, como clave de bóveda de toda una literatura. En primer lugar el libro registra, telegráficamente, la vida de los progenitores del autor: un judío francés de vago apellido italiano ("Escribo judío sin saber qué sentido tenía en realidad esa apelación para mi padre") y una actriz belga que se conocen una noche de octubre de 1942, en plena París ocupada. Ese será el casual pedigrí de Modiano cuando nazca en 1945. A partir de allí la vida se convierte en una seguidilla de incordios: los negocios del padre, turbios y dudosos, y las ausencias maternas, frecuentemente de gira, hacen que el chico vaya migrando de internado en internado, en una sorda educación sentimental. Al referirse al padre sostiene: "A veces, como un perro sin pedigrí y muy dejado de la mano de Dios, siento la pueril tentación de escribir negro sobre blanco y con todo detalle cuánto me hizo padecer con su dureza y su inconsecuencia". No lo hará: dejará que la pluma se deslice. El ajuste de cuentas es parcial, retenido, cuando describe a ese padre sin títulos, hábil en los vericuetos del mercado negro, que obliga al hijo a estudiar un poco como "esos gángsters que meten a sus hijas en un internado para que las eduquen las monjas", o cuando describe una pelea entre ambos que los deposita en la comisaría. La madre, en cambio, es una figura borrosa y etérea, que apenas se destaca por enviarle cartas al colegio de curas, desde sus brumas de bohemia, sugiriéndole que lea novelas salaces de Henry de Montherlant.

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Modiano es la tapa

12.06.2007
Patrick Modiano. Foto: Olivier Roller. Fuente: lemonde

"Cada vez lo admiro más. Modiano es la tapa!!" Ese es todo el cuerpo del último mensaje que llegó a mi inbox. ¿De dónde procedía tan agitado exabrupto criollo? Del exaltadísimo lector Ricardo Sumalavia quien, desde Francia, ha llegado a dos conclusiones: en Francia uno puede comer todo el pan que quiera y no engorda (muestra fotos a manera de prueba A) y todos los escritores contemporáneos, empezando por Paul Auster, imitan a Patrick Modiano (me dice que busque libros suyos en Amazonas a manera de prueba B). Sumalavia no se ha enterado, y aquí se lo digo, de que en "Babelia" entrevistan a Modiano a raíz de la aparición en castellano (esta vez en el sello Anagrama, que ojalá reedite todo lo demás) de una novela autobiográfica suya titulada Un pedigrí. Y tampoco se ha enterado de que el perfeccionista Marcos Giralt Torrente hace la reseña entusiasta de esa novela. La tapa, efectivamente. A esperar nomás a que llegue el nuevo barco de Océano con anagramas (dicen que en enero posiblemente lleguen los nuevos títulos).

Dice la nota: ""Hablo de cosas dolorosas y de las que quiero liberarme de una vez por todas, de cosas que me son extrañas pero que me han afectado...", explica Modiano con esa extraña mezcla de vehemencia y timidez que le caracteriza. En el fondo, se trata de poner en orden las pistas autobiográficas dispersas en otros relatos, de quitarse de encima la inevitable pregunta sobre su pasado y el cómo éste determina su obra. De muy pocos autores puede decirse que la escritura les ha salvado. De Modiano, sí -y lo explica en Un pedigrí- y es un superviviente. "Mi padre y mi madre vivieron en medio de un caos absoluto. La época y su situación eran muy difíciles. No pertenecían a un mundo preciso, bien estructurado. Para mí fue muy difícil rebelarme contra ellos porque es difícil luchar contra algo que no es sólido, que apenas se sostiene...". Les ha perdonado, aunque de esa infancia, adolescencia y juventud de hijo no querido le queda ese temor a molestar, a no ser escuchado. Modiano debe ser uno de los hombres más atentos y cuidadosos del mundo, padre de dos hijas a las que sin duda ha evitado el horror que él vivió y que no reconoce como tal. "Hay algo cómico en lo que viví. Encontrarse detenido con el propio padre en el mismo coche de policía y que él intente hacerte pasar por un gamberro cuando sabe que es falso... Hay ahí una situación burlesca". No les reprocha nada, no les acusa de nada, parece haberlo asumido y perdonado todo pero no cabe la menor duda de que no ha sido fácil. Es una piedad dolorosa. En Un pedigrí, confiesa que se identifica con el perro que tuvo su madre y que se suicidó por no soportar tener que vivir siempre solo. "Sé que hay varias razas de perros capaces de suicidarse".

Modiano es el gran novelista de París de la segunda mitad del siglo XX. Nadie ha descrito la ciudad como él, en especial los años que van de la ocupación alemana hasta la década de los setenta. "Yo soy hijo de ese periodo caótico. La gente que aprendió a vivir de negocios poco claros, del mercado negro, de la compraventa de bienes de titularidad dudosa, todo eso duró hasta principios de los setenta, cuando el asesinato del príncipe de Broglie, un personaje que estaba implicado en un asunto español, Matesa, y que tenía que levantar unos créditos. Son historias de las que nunca se saben todos los entresijos".

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