MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Asesinos reunidos

1.09.2009
Sangre. Fuente: talavera post/ comunidad el país

¿Matar puede ser considerada como una de las bellas artes? Quizá matar no, pero escribir sobre el asesinato puede serlo. La editorial Adriana Hidalgo le encargó a Alvaro Abós una compilación de textos sobre asesinatos de distinta estirpe, relatados por narradores y poetas. El resultado es Asesinos, una antología que incluye autores insospechados. Dice la nota en suplemento Ñ:

Asesinos habilita diversos abordajes: la sólida e imbatible dupla entre violencia y narrativa es una de ellas. Aun los escritores más plenamente literarios, aun aquellos para quienes la tensión narrativa no es un recurso barato y a la mano para sumar tensión fácil, no han podido evitar que el color púrpura se derrame profusamente en sus páginas. Un cuchillo relampaguea en la noche, un disparo ilumina súbitamente el espacio literario y el drama moral comienza y las páginas corren con un voltaje dramático casi imposible de empardar con otras astucias argumentales. La posterior formalización del género policial, avanzado el siglo XIX, con el impulso que recibe primero desde el mundo anglosajón y enseguida desde Francia, no hizo otra cosa que renovar y perfeccionar un envase que ya estaba presente en la imaginación creativa, oculta o manifiesta entre los textos sagrados y en la tragedia clásica. Casi no hay narrativa sin que el asesinato aceche. La más actualizada concepción de que todo crimen es finalmente un crimen de Estado se posó mucho antes en el relato literario que en la reflexión política.La antología preparada por Abós -que también se encarga de actualizar las traducciones- reconfirma el maridaje entre la narrativa y el crimen en sus múltiples posibilidades.

La nota menciona a algunos de los autores antologados:

La selección es amplia en el espacio y en el tiempo: de Marcel Proust a Ambrose Bierce, de Arthur Conan Doyle a Bram Stoker, de Ivan Turgueniev a Wilkie Collins. Hay también perlas y sorpresas como el Impulso perverso del poeta norteamericano Walt Whitman. Intercalada entre los representantes del canon universal, hay tres relatos inevitables para una sumaria antología rioplatense, los de Paul Groussac, Ricardo Güiraldes y Horacio Quiroga.

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Fernández Retamar en México

7.11.2007
Roberto Fernández Retamar en México. Foto: Abraham Paredes. Fuente: La Jornada

El poeta cubano Roberto Fernández Retamar, director de la revista Casa de las Américas, estuvo de paso por México para participar en las Segundas Jornadas Internacionales de Poesía Latinoamericana que se llevan a cabo en la ciudad de Puebla. El periódico La Jornada lo entrevistó.

Sobre la literatura latinoamericana adelanta en décadas la independencia de nuestra literatura: “[en los años 60] hubo un gran reconocimiento, grande y justo, de la narrativa latinoamericana, y se ha pensado, desde entonces, que nuestra literatura tiene un rostro propio. Pero creo que esto se alcanzó desde antes, con el modernismo, no sólo con los grandes poetas, sino con los grandes prosistas, como José Martí, Rubén Darío, Horacio Quiroga, Manuel Gutiérrez Nájera, quien rogó que no era poeta. El de ellos es el momento de independencia de la literatura latinoamericana".” Yo ubicaría en ese grupo, obviamente, a nuestro Abraham Valdelomar.

Asimismo, se refirió a la siempre polémica política cultural de Cuba (me pregunto si Retamar habrá leído La fiesta vigilada de Antonio José Ponte): “(…) hablando claramente sobre la política cultural de Cuba, hay un incremento en este rubro después de la época tan difícil que pasamos en los años 90. Vivimos un renacimiento cultural en el que participan muchos jóvenes, y muchísimas mujeres -algo muy curioso- en el orden literario. Es muy visible la presencia de mujeres, tanto en la narrativa como en la poesía o en el ensayo”

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Cartas de la selva

5.27.2007
Horacio Quiroga a los 19 años frente a su casa natal en El Salto, Uruguay. Fuente: Radar libros

En el suplemento Radar Libros comentan la publicación del diario y la correspondencia (más de 350 cartas) de Horacio Quiroga, el escritor uruguayo que vivió sus últimos años apartado en la selva y que es un referente inmediato a la hora de hablar del cuento en América Latina. Se trata del quinto tomo de sus Obras completas, editado por Jorge Lafforgue y Pablo Rocca. La correspondencia abarca los años 1902 y 1937.

Como se sabe, Horacio Quiroga se suicidó bebiendo cianuro en 1937. La nota culmina refiriéndose a ese útimo año: "En medio de los contratiempos que lo asaltaban en el final de su vida también pudo redescubrirse a sí mismo. “Valdría la pena —dice, al pasar—- exponer un día esta peculiaridad mía (desorden) de no escribir sino incitado por la economía. Desde los 29 o 30 años soy así. Hay quien lo hace por natural descarga, quien por vanidad; yo escribo por motivos inferiores, bien se ve. Pero lo curioso es que escribiera yo por lo que fuere, mi prosa sería siempre la misma”.

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