MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

¿Censura o error?

4.14.2009
Allan Hollinghurst, llamado el "gurú" de la literatura gay, recibiendo el Booker 2004. Fuente: theage

Hace unos días hubo un gran escándalo en el internet cuando se descubrió que la librería más grande del mundo, Amazon, había sacado de catálogo todos los libros de temática gay y también el ránking de los libros más vendidos de la categoría homosexual. Con ello se borraron de un plumazo las obras de Gore Vidal, Annie Proulx, Edward Forster y Jeanette Winterson, entre otros estupendos escritores (me imagino que el genial Allan Hollinghurst fue el primero en salir). Ahora, la librería electrónica ha pedido perdón por lo que califica como "un vergonzoso y torpe error de catalogación". En realidad, le creo a Amazon, sería absurda una autocensura de tales dimensiones y complicaciones. No, no es posible. Dice la nota:

Amazon, la mayor tienda por Internet del mundo, ha aclarado que la eliminación durante el fin de semana de su ránking de ventas de libros de temática homosexual se debió exclusivamente a un "error de catalogación". "Se trata de un vergonzoso y torpe error de catalogación de la compañía, que está muy orgullosa de ofrecer una selección completa" de libros, aseguró en un comunicado el portavoz de Amazon, Drew Herdenmer. (...) Después del acoso en forma de emails reivindicativos de lectores y autores, Amazon se defendió de las acusaciones aludiendo a un fallo en su sistema que, según fuentes de la compañía, habría sido arreglado la pasada noche. Una alusión que huele a excusa si se tiene en cuenta que, hace tan solo unos días, Amazon impidió que ciertos títulos calificados de «contenido para adultos» aparecieran en búsquedas y listas de bestsellers «en consideración de toda nuestra clientela» (aunque ayer una fuente negara que hubiera existido nunca dicha política). Hasta esta misma mañana, libros como «La ciudad y el pilar de sal», de Gore Vidal, o «Las naranjas no son la única fruta», de Jeanette Winterson, permanecían aún excluidos de las listas online. Exclusión que parece responder más al modo en el que Amazon clasifica los títulos que a un análisis exhaustivo del contenido de los mismos.

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Gore Vidal sabe

11.25.2008
Gore Vidal. Fuente: vanderbilt university

En mi penúltimo día en Chile, en un intento desesperado porque la joven narradora chilena Claudia Apablaza se olvidé del palabrero de George Perec, la hice ingresar a empujones a una librería para conseguirle algo de Gesualdo Bufalino. La librería era pequeña y, después de estar en Ulises y Metales Pesados, pensé que no existiría ningún problema para mi alicaída economía. Pero resulta que en la vitrina me encontré con el libro de memorias de Gore Vidal, Navegación a la vista, editado por Mondadori, que no había visto antes ni en España. Por supuesto, me lo compré. Y en Página12 me dan la razón publicando unos aforismos de Gore Vidal como respuestas a Mike Sager para la sección "Lo que sé" de la revista norteamericana Esquire. Les dejo algunas de sus frases:

El otro día vino un tipo de la BBC. Es raro conocer a un hombre mayor que te dice: “Te he leído toda mi vida”. Te da un escalofrío.

Dios ha sido expulsado. Y creo que sabe cuándo le toca una mano perdedora.

Me metí en un oficio en el que los celos son el sentimiento principal entre colegas. Yo nunca los sentí, porque no tuve necesidad. Pero siempre fui consciente de los celos ajenos, y siempre me pareció una falla lamentable en ellos.

Antes escribía de una manera más fluida. Al quedarme sin contemporáneos, ya no puedo decir: “Bueno, a Fulano le va a gustar esto”. Ya no hay más Fulanos. Uno es su propio Fulano.
Todo el tiempo se escucha el lamento “¿Dónde están nuestros grandes escritores?”. A veces me pregunto: “¿Y dónde están los lectores?”.

Todo está mal en Wikipedia.

Mi respuesta a haber ido a un colegio de pupilos es: cualquier cosa con tal de alejarme de mi madre. Era un monstruo.

Unos viejos compañeros de mi padre en West Point, un día, le preguntaron cómo yo había salido tan bien, cuál era el secreto de su crianza. El les respondió: “Nunca le di un consejo, y nunca lo pidió”. Nunca estuvimos de acuerdo en nada, pero tampoco peleamos ni una sola vez.

Todos los idiotas que conocía habían ido a la universidad. Yo no lo consideré necesario. Había visto los resultados.

Cuando era joven, fui deseado por otros hasta el cansancio. Hoy no me miro más al espejo.

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