MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

La buena gente del campo

3.04.2009
Flanery O´Connor en plena faena. Fuente: Joe McTyre/Atlanta Constitution

La chica que un día dijo: "Soy una de esas personas que penetran la nada. La buena gente del campo" es hoy, según su biógrafo Brad Gooch, "a one-woman academic industry". Pero el poder de la narrativa de la escritora norteamericana Flannery O´Connor, criadora de pavos para más detalles, se basa en elementos aparentemente sencillos: una buena historia, un buen personaje y el deseo de dejarse conducir por todo eso a algún lado. Así lo dice en esta tesis sobre la escritura de relatos que encontré en Ciudad Seva y que se lo dedicó a una amiga muy querida, admiradora rendida de la O´Connor ciertamente, quien me ha prometido empezar hoy mismo a recuperarse de una gripe y de otros dolores menos virales:

Siempre he oído decir que el cuento es uno de los géneros literarios más difíciles; y siempre he tratado de descubrir por qué la gente tiene tal impresión respecto de lo que considero una de las formas más naturales y básicas de la expresión humana.
Aún me inclino a pensar que la mayor parte de la gente posee una cierta capacidad innata para contar historias; capacidad que suele perderse, sin embargo, en el camino. Por supuesto, la capacidad de crear vida con palabras es esencialmente un don. Si uno lo posee desde el inicio, podrá desarrollarlo; pero si uno carece de él, mejor será que se dedique a otra cosa.
No obstante, he podido advertir que son las personas que carecen de tal don, las que, con mayor frecuencia, parecen poseídas por el demonio de escribir cuentos. Estoy segura que son ellas quienes escriben los libros y los artículos sobre "cómo se escribe un cuento".
Un cuento es una acción dramática completa, y en los buenos cuentos los personajes se muestran por medio de la acción, y la acción es controlada por medio de los personajes. Y como consecuencia de toda la experiencia presentada al lector se deriva el significado de la historia. Por mi parte prefiero decir que un cuento es un acontecimiento dramático que implica a una persona, en tanto comparte con nosotros una condición humana general, y en tanto se halla en una situación muy específica. Un cuento compromete, de un modo dramático, el misterio de la personalidad humana.
Para el escritor de ficciones, en el ojo se encuentra la vara con que ha de medirse cada cosa; y el ojo es un órgano que además de abarcar cuanto se puede ver del mundo, compromete con frecuencia nuestra personalidad entera. Involucra, por ejemplo, nuestra facultad de juzgar. Juzgar es un acto que tiene su origen en el acto de ver. En la escritura de ficción, salvo en muy contadas ocasiones, el trabajo no consiste en decir cosas, sino en mostrarlas.
Un buen cuento no puede ser reducido, sólo puede ser expandido. Un cuento es bueno cuando ustedes pueden seguir viendo más y más cosas en él, y cuando, pese a todo, sigue escapándose de uno.
En la mayoría de los buenos cuentos es la personalidad del personaje lo que crea la acción de la historia. En la mayoría de esos cuentos, siento que el escritor ha pensado en una acción y luego seleccionado un personaje para que la lleve a cabo. Usualmente, existen más probabilidades de llegar a un buen fin si se comienza de otra manera. Si se parte de un personaje real estamos en camino de que algo pase antes de empezar a escribir, no se necesita saber qué. En verdad, puede ser mejor que uno ignore lo que sucederá. Cada uno debe ser capaz de descubrir algo en el cuento que escriba.

Cuídate mucho, bebe mucha agua, escribe mucho, Principita.

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Regalar cuentos

12.18.2007
regalito. Fuente: cyberpadres

Dwight Gardner, blogger de Paper Cuts, sugiere regalar libros de cuentos antes que novelas en navidad. Y está pidiendo a sus lectores que le sugieran cuáles son los mejores libros de cuentos del siglo XX para ofrecer en esta navidad. Si quieren ayudarlo, aquí está el enlace. Eso sí, pide títulos originales, nada de "Lo mejor de... " o "Antología personal de..."

Dice la nota: "There are exactly seven shopping days left until Christmas. If you need to throw a few Hail-Mary passes, gift-wise, here’s an idea for you: give story collections. They are elegant – nearly as elegant as books of poems - and inexpensive and, unlike a novel, they can be read piecemeal. Your recipient can graze dreamily on your gift over the holidays, rather than being forced to sit down to a big meal that might possibly include a big overcooked (literary) turkey. A few of my favorites story collections are pictured above, in no particular order. Each has meant a lot to me over time, and I’ve read most of the stories in each more than twice. (In case any of my relatives are reading this, psst, I’m not certain I have first editions of any of them.) What are the best books of stories of the last century, anyway? Joyce’s “Dubliners”? Flannery O’Connor’s “A Good Man is Hard to Find?” John Cheever’s “The Enormous Radio and Other Stories”? Hemingway’s “In Our Time”? Grace Paley’s “Enormous Changes at the Last Minute”? Jhumpa Lahiri’s “Interpreter of Maladies”? Denis Johnson’s “Jesus’ Son”?

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Flannery O’connor

8.30.2007
Flannery O´connor y autorretrato. Fuente: arquilidodois.com

A la hora de decir las verdades en cuentos perfectos, la escritoras anglosajonas no tienen pierde. Ninguna como ellas logran resumir el escepticismo, la dureza, la metáfora perfecta de la realidad. Siempre nos dejan desarmados. No existe ninguna expresión más dura que la de una mujer endurecida. ¿Escriben así las mujeres latinoamericanas? ¿Por qué no? Hubiera sido una buena pregunta en Bogotá39, antes que aquella que hablaba de literatura erótica y reunió a todas las participantes. Hay que leer a las cuentistas anglosajonas, dejarse contaminar por ellas, dejarse golpear en la mandíbula. En el suplemento "Laberinto" del diario mexicano Milenio aparece una nota sobre Flannery O’connor.

Dice la nota: "Paralizada desde 1950, Flannery O’Connor se instaló junto a su madre en una finca, “Andalucía”, donde se dedicó por completo a la literatura. Sus novelas Wise Blood y The violent bear it away no consiguen la contundencia de sus relatos cortos, esa orientación de sentimientos y detalles que hacen que sus cuentos sean funcionales y perfectos como un cubo. “Cada detalle debe ser controlado a la luz de un objetivo primordial”, anotó O’Connor en El arte del cuento, “cada detalle debe introducirse de modo que trabaje para nosotros. El arte es selectivo”. Su violencia y su prolijidad a la hora de construir una historia —y a la hora de lograr que una historia sea magistral— calza en esa cualidad que Roberto Arlt propuso para la literatura: un cross a la mandíbula."

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