MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Price en Madrid

2.16.2010
Richard Price en Madrid. Fuente: elpaís

Mondadori ha traducido al castellano La vida fácil, la nueva novela de Richard Price, autor de guiones como la película El color del dinero y de algunos capítulos de la fabulosa e inolvidable serie policiaca The Wire. Richard Price, admirado por algunos escritores latinoamericanos como Alberto Fuguet, estuvo en Madrid para presentar su novela que, según dice la nota, es considerada su mejor obra. "Dios es un novelista frustrado" se titula la nota. Novelista quizá pero ¿por qué "frustrado"? No creo. Dios creó a los asesinos y a los asesinados, por ejemplo. Y al Lower East Side. Y a Richard Price. ¿No es suficiente? Pero a ver cómo explica él ese exabrupto.

P. ¿Por eso ha tardado cinco años en entregar esta novela?
R. No tengo tantas ideas. Y tengo que trabajar de guionista para pagar la luz. Cuando gano lo suficiente para pasar dos años escribiendo una novela, me pongo. Ahora estoy con dos series para la tele porque no hay dinero en el cine para mis historias.

P. ¿Le interesa la revolución de la última narrativa televisiva?
R. El cable lo ha cambiado todo. Hay libertad creativa. Me siento orgulloso de mi trabajo en The wire. Pero sólo era uno más de la cadena de montaje. Cogía un episodio y seguía donde el anterior lo había dejado. Me parece un poco hipócrita que ahora todo el mundo la adore, cuando no la veía nadie. Nunca le dieron un premio, y mira los que acumula Perdidos. Yo podría escribir esos guiones dormido y con las manos esposadas a la espalda.

P. ¿Existe la novela del siglo XXI?
R. No estoy seguro. Sólo sé que yo no soy moderno, ni posmoderno, ni un realista social. Probablemente sea un realista lírico. Traslado la música de las calles al papel.

P. ¿Sería diferente este libro de haberse escrito con Obama en la Casa Blanca?
R. No creo, la realidad no ha cambiado tanto. Lo bueno es que en Europa no tengo que empezar todas las conversaciones disculpándome por ser yanqui. Ahora es más bien. "¡Obama! Sí, no está haciendo una mierda pero al menos es negro". Estuve en Harlem la noche en que venció. ¡Las prostitutas invitaban a la gente a champán barato!

P. ¿Siente especial simpatía por sus personajes?
R. Es necesario ser compasivo con los asesinos. Tienes que arrancarles la maldad para destapar al ser humano. Y el personaje de la poli puertorriqueña me gusta. Está inspirada en una amiga mía. Una máquina, consigue hacer creer a los peores criminales que es la madre o la hermana que nunca tuvieron. Llora con ellos. Les hace confesar y sale de la sala de interrogatorios y dice: "¡Paf! ¡Otro mochuelo en el nido! A éste le caerán de treinta a perpetua". Es una psicópata brillante. La clase de personaje que aguarda en las calles. Dios es un novelista frustrado.

P. Usted hizo un vídeo para Michael Jackson en los ochenta. ¿Qué hacía el día en que murió?
R. Estaba en Harlem, todos lloraban y pensé: "Vamos, si era un maldito pederasta". Un viejo verde que quería ser una mujer blanca. ¡Por Dios Santo!

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Richard Price sobre David Simon

7.09.2009
David Simon cuando era periodista en Baltimore. Fuente: the feed

En el Suplemento Ñ dejaron una encuesta a principio de semana sobre qué serie de TV equivaldría a una buena novela. El resultado favoreció a Lost y lo siguió The Sopranos. Pero un alto porcentaje votó por "otros". Yo voté esa opción pensando en Mad Men, cuya segunda temporada acabo de terminar de ver, aún más entusiasmado que con la primera. Pero otra opción que encaja en "otros" es The Wire, esa "novela rusa" en palabras de Richard Price, creada por David Simon. Richard Price colaboró en algunos episodios con la serie y es amigo personal de Simon, por lo que no es de extrañar que sea él quien presenta la aventura literaria de David Simon y su crónica novelada Homicide. Dice Price:

Simon escribe de forma exhaustiva y con claridad sobre la imposibilidad de la profesión de policía de investigación. El policía de homicidios no sólo tiene que lidiar con el cuerpo que yace frente a él sino con todo lo que carga a sus espaldas, que es la entera jerarquía de jefes que responden a jefes –el peso de la preservación burocrática–. A pesar de la sobrepopularización de los avances forenses estilo CSI, hay momentos en los que parece que la única ciencia confiable para estos investigadores en el peldaño más bajo de la cadena alimentaria es la física del carrerismo, que sencilla y confiadamente establece que una vez que un asesinato llega a los diarios o toca cualquier tipo de nervio político, la mierda siempre va a ir hacia abajo. Los mejores de ellos –los que con frecuencia, bajo una gran aunque superflua presión, cambian los nombres en el pizarrón de rojo a negro– quedan con un aire mundano y de orgullo elitista bien ganado. Homicide es un diario del día a día, y cada página está atravesada por una intermitencia de lo mundano y lo bíblicamente abominable y las ansias y la avidez de absorber de Simon, su afán por digerir, por estar ahí y conducir el mundo frente a sus ojos hacia el universo más allá. Hay un amor por todo lo que presencia, una creencia implícita en la belleza de simplemente dar cuenta de que cualquier cosa que ve desarrollándose en tiempo real es La Verdad de un mundo –así es como es, así es como funciona, esto es lo que la gente dice, así es como reaccionan, actúan, disocian, justifican, donde se quedan cortos, se trascienden, sobreviven, se hunden. (...) Homicide es una historia de guerra, y el teatro de operaciones se extiende desde las devastadas casa del este y el oeste de Baltimore hasta los salones de la Legislatura estatal de Annapolis. Revela con no poca ironía que los juegos de supervivencia en las calles espejan juegos de supervivencia en la Legislatura, cómo todos los involucrados en la guerra contra las drogas viven y mueren por los números –kilos, onzas, gramos, pastillas, ganancias para un lado; crímenes, arrestos, porcentajes de casos resueltos y recortes de presupuesto para el otro–. El libro es un examen de realpolitik de una municipalidad en el medio de un disturbio en cámara lenta, pero a través de la firme celeridad de la presencia de Simon, Homicide nos ofrece los patrones escondidos dentro del caos. Baltimore, de hecho, es la Teoría del Caos encarnada.

La última frase -que podría haber estado firmada por el mismo Rodrigo Fresán- está muy graciosa:

(...) si Edith Wharton volviera de los muertos, desarrollara una inclinación por operadores políticos municipales, policías, adictos al crack y el reportaje, y no le importara la ropa que tuviera que ponerse en la oficina, probablemente se parecería un poco a David Simon.

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Fresán sobre Price

6.20.2008
Richard Price. Fuente: minessota public radio

Richard Price es un escritor de culto norteamericano, uno de esos autores considerados "de género" y menospreciados por la crítica más académica, pero que recoge fans por miles en especial por su famosa novela Clockers (traducida como Camellos o Por las calles del crack, y de la que Spike Lee hizo una película) El hecho de ser un guionista exitoso (fue nominado para un Oscar con El color del dinero y ahora escribe para la serie The Whire) no lo ayuda demasiado para ser mejor considerado por los académicos. En América Latina tiene sus admiradores y uno de ellos, sin duda, es Rodrigo Fresán, quien en Radar Libros hace una reseña de su último libro Lush life. Dice Fresán:

En lo que hace al argumento, Lush Life demuestra que se puede erigir una buena trama sin por eso tener que renunciar al apunte social y a la mirada rayos X. Y con mucho más y mejor ritmo que Tom Wolfe. Por encima de sus rasgos de procedural thriller, Lush Life atrapa –y más que posiblemente sea esto lo que la convierta en un libro que trascenderá al sabor del mes para quedarse como texto de consulta por los años que vendrán– como una virtual historia de lo que sucedió hace ya unos años en el Lower East Side cuando los pobres inmigrantes fueron erradicados de ese barrio para inaugurar coquetos restaurantes y sabrosas boutiques y parques y paseos donde los aspirantes a artistas como Eric Cash (el tan noble como patético “héroe”, manager de restaurante con aspiraciones de escritor, 34 años, jugando como un alter-ego de un posible Price que no triunfó: notar el chiste entre los apellidos con resonancias monetarias Price y Cash) o Ike Marcus (su “amigo” también indie-arty) cantan sus blues. Price, maliciosamente, se refiere a este grupo social como “La Bohemers” y una noche Ike se cruza en la trayectoria de una bala y muere y allí está Eric como testigo y llega la policía. Y, de pronto, hay ciertas inconsistencias en el relato de Eric, a quien Ike –más joven, con un futuro casi presente acaso más promisorio– nunca le cayó muy bien. Lo que sigue es la paciente investigación del oficial de policía Matty Clark. Pronto, los medios deciden que el asesinato es simbólico de “algo” y, ay, Cash descubre que es famoso por todas las razones incorrectas. Pero, por lo menos, ahora es alguien conocido. Las voces de Cash y de Clark son dos de los lados del triángulo oral del libro. El tercer lado lo ocupa y ofrece Tristan, un adolescente con sueños gangsteriles de los suburbios. Y si algo es necesario para probar el particular genio de Price, ahí están las muchas pero muchas páginas de la escena del interrogatorio. Price –habitual guionista de The Wire, tanto mejor que Los Soprano, donde aparece en un breve cameo como profesor de taller literario de prisión de máxima seguridad– afortunadamente escapa al tan en boga shakespearenismo lumpen (ese que practica Dennis Lehane en Mystic River y Sydney Lumet en su nueva película Before the Devil Knows You’re Dead; esos argumentos donde parientes y amigos se matan entre ellos y lloriquean). Lo suyo es otra cosa muy diferente. Lo suyo –eso que aprendieron tan bien discípulos como Peter Blauner o Colin Harrison– es pintar su aldea y a aquellos que la ensucian y la iluminan con graffiti color rojo sangre. Price se planta frente a todo eso y lee entre líneas para después escribir en línea recta.

Quizá la mayoría recuerde a Richard Price más por el guión de esa pequeña joya de Martin Scorcese en el colectivo Historias de Nueva York titulada "Apuntes del natural". O quizá por esa buena comedia Mad Dog and Glory. O quizá por aquella entrañable nota de Alberto Fuguet, gruppie absoluto de Price, publicada en su libro de crónicas y recuperada en la fenecida revista Lateral. Por cierto, la novela ha sido adquirida por Mondadori pero Fresán adelanta la dificultad de traducir el jerga, slang, inflexiones, modismos y giros, en una novela que es 80% una conversación.

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