MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

¿Muere la literatura?

7.18.2008
La muerte lee. Fuente: vopus

La semana pasada, el suplemento Ñ del diario Clarín le preguntó a cinco escritores acerca del futuro de la novela, o mejor dicho de su falta de futuro. ¿Morirá la novela? ¿O es que ya está muerta? Fueron entrevistados Luis Sepúlveda, Claudia Piñeiro, Alvaro Mutis, Carlos Gamerro y Juan Villoro. Aquí dejo algunas respuesta:

Juan Villoro: McLuhan escribió un libro extraordinario para hablar del fin de los libros. Ese tipo de profecías comprueban que la tradición se refuerza de manera polémica. Se dice que una foto comunica más que mil palabras, pero no hay una foto que exprese ese concepto. Anunciar el fin de un medio de comunicación por medio de la letra es una forma de refrendar la importancia de la letra.

Luis Sepúlveda: Siempre se profetiza el fin de la novela, la muerte de la novela. Tal vez existan escritores que sostengan eso porque no tienen nada que contar, porque no entienden que, por mucho que les pese, La Boca o Ñuñoa no son Brooklyn, y el dinamismo cultural de Miami no es tal, no existe, es una invención de mercado. Mientras un hombre o una mujer salga a la calle y tenga la aventura de cruzar a la otra vereda, habrá una novela que contar, mientras alguien se aleje voluntaria o involuntariamente de su casa, de su ciudad, de su país, y se enfrente a lo desconocido y a los desconocidos, habrá algo que contar. Mientras el hombre tenga una sola duda, por mínima que sea, habrá algo que contar.

Claudia Piñeiro: Creo que así como un día apareció el Quijote y arrancó la novela, en algún momento aparecerá otra cosa que la sustituya. Pero me parece que todavía no hay nada que pueda opacar el lugar que tiene la novela.

Alvaro Mutis: Mire, se está haciendo de todo por dejar la novela de lado y reemplazarla por toda una serie de artilugios electrónicos o como se les quiera llamar. La novela seguirá acompañando al hombre y seguirá siendo la voz del hombre, de sus intimidades, de sus obsesiones, de su visión de una realidad que es de él, y exclusivamente de él. Esto acompañará al hombre hasta su último día. Porque, sencillamente, el hombre necesita, a fuerza, si tiene el don y las condiciones de escribir, dejar testimonio de sus obsesiones y de su visión del mundo y de su paisaje privado. Y de hacerlo con imaginación. Se crea un mundo diferente. Hay una realidad que ha creado el novelista –o el poeta también, en el camino de la poesía, y en las condiciones de la poesía–, pero es un cuadro de emociones, de visión del mundo, totalmente personal y creado a fuerza de imaginación.

Carlos Gamerro: (...) la literatura ha sido siempre y continuará siendo la memoria más a largo plazo que tiene la cultura y, en algunos casos, la única. Las épocas están más caracterizadas por sus autores literarios que por sus reyes o sus historiadores. La palabra literaria es la que perdura.

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Figueras pontifica

4.30.2008
Marcelo Figueras. Fuente: boomerang

Marcelo Figueras -novelista, guionista y blogger- ha decidido pontificar desde su blog en "El Boomerang" cual José Saramago. ¿Para qué ser reflexivo si se tiene la verdad entre manos?, debe pensar. Felizmente, al final nos perdona la vida diciendo "lo que no mata, engorda". Así dicta Figueras:

Admitámoslo de una vez: la literatura hispanoamericana se metió en un sendero sin salida, víctima de su propia venalidad, que también está empezando a causar estragos en el cine. Esto no debería ser grave, la historia del arte está hecha de marchas y contramarchas. Si así no fuese habría que abonar la teoría de la progresión lineal del conocimiento, como si siempre supiésemos más y mejor. No es la primera vez que avanzamos en una dirección errónea. Le pasó a tantos científicos, le pasó a Wittgenstein. La imagen del laberinto sigue siendo útil: marchamos por caminos, algunos carecen de salida, se impone retroceder para volver a salir. No hay indignidad en este proceso, tan sólo sabiduría.

¿Y a qué se refiere Figueras? Se refiere a lo siguiente:

La moda de los relatos del Yo, esta escritura de la intimidad que nos venden como novedosa -tan nueva, en todo caso, como la técnica del anacronismo deliberado con que Menard disfraza su infertilidad-, es una de las consecuencias de la forma en que muchos artistas viven. ¿De qué puedo hablar que no sea mi Yo, cuando estoy enclaustrado en mi casa? ¿De qué escribiré que no sea mi Yo, cuando tengo miedo de utilizar la imaginación? Muchos no soportan que el foco se haya desplazado de sus personas. Pero aunque les pese, la pelota está en el campo de la gente. De aquellos que buscan la narración donde está -esto es, en otro lugar. De aquellos que quieren dejar de ser espectadores, que ya no toleran pasivamente que se les diga qué hacer, cómo leer, qué consumir. Ellos ya encontraron los nuevos domicilios de la narración. Ahora es nuestro turno de salir a buscarla.

Ya está dicho. Habrá que hacerle caso a Figueras, nomás, ¿no? Que nos queda, si el hombre está tan seguro de sí mismo que da miedo (y justo ahora que le están haciendo un homenaje a Robert Walser en la reunión del PEN Club. Pero Figueras debe saber más).

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