MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

McGrath entrevistado

5.15.2009
Patrick McGrath. Fuente: Ricardo Gutiérrez/ Babelia

Afincado en Nueva York desde 1979, el autor de la perturbadora Spider, el británico Patrick MCGrath conversa con "Babelia" sobre su nueva novela, Trauma (Mondadori), la primera que sucede exclusivamente en su ciudad adoptiva Nueva York (el 11-S, desde luego, no podía estar ausente). Aunque por el título (similar a su primera novela Locura) uno podría afirmar que no cambia quien solo muda de lugar y no de costumbre. Aquí algunas preguntas:

¿Llegó la hora de escribir sobre Nueva York?

Bueno, después de tantos años aquí me he ido desplazando paulatinamente hacia la reflexión sobre la ciudad que conozco y quiero. Quería escribir una historia de Nueva York.

¿Qué caracteriza esas historias?

En ellas están el look del lugar, las complicadas relaciones humanas que se establecen, el carácter de la arquitectura, la sofisticación de los neoyorquinos y la mezcla.

Soldados veteranos, una mujer objeto de abusos y un homicida involuntario son algunos de los pacientes traumados que Charlie trata. ¿Es la violencia la única raíz del trauma?

A los traumatizados podríamos clasificarlos en tres tipos. Por un lado están los soldados que han sido expuestos a una violencia muy explícita. Luego están las mujeres que han sufrido palizas o han sido violadas y, por último, están los niños que han sido objetos de abusos.

¿Por qué se fijó en este tema?

Me interesó a raíz del 11-S. Hubo gente que sufrió un trauma al ver las imágenes en televisión y otros que lo vivieron en directo y no lo padecieron. Pero Nueva York se convirtió en una ciudad traumatizada. En un principio, con esta novela quería hablar de esa experiencia del horror profundo.

Los problemas psiquiátricos son una constante en su ficción.

Sí, mi imaginación siempre ha girado en torno a estos temas. He tratado la locura, la esquizofrenia y las obsesiones. Siempre me gustó el género de terror: Drácula, Frankenstein y las novelas góticas. Cuando crecí y me hice escritor me interesó menos el terror en sí y más los personajes, su experiencia de pesadilla, el horror mental de la gente trastornada. El terror como resultado de la desintegración de la personalidad.

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Patrick McGrath reseñado

3.02.2009
Carátula de la novela. Fuente: café arcadia

¿Y a quién reseña esta semana Rodrigo Fresán? Esa pregunta, que siempre me hago los martes, hoy me inquietó y decidí no esperar hasta mañana. La respuesta: Patrick McGrath y su novela recién traducida por Javier Calvo para Mondadori Trauma. El tema: un psicoanalista atormentado por sus propios demonios. Dice la reseña:

Estamos en el Manhattan de finales de los años 70 y el psiquiatra de cuarenta años Charlie Weir comanda la terapia de grupo a la que acuden varios veteranos de Vietnam.
Y Weir no es feliz.
Hijo de una madre novelista y depresiva recién fallecida y de un padre violento y ausente; orgulloso progenitor de la adorable Cassie, a la que sólo ve los fines de semana; divorciado que intenta resucitar su matrimonio con la distante socióloga Agnes (siéndole infiel a Nora, su bella e inestable nueva pareja, adicta a pesadillas tan interpretables); hermano del brutal Walt, un pintor de renombre al que envidia y detesta, Weir va de camino -sin prisa pero sin pausa- hacia un colapso nervioso por fatiga de materiales.
(...)
«El terror no marca la inminencia de un acontecimiento catastrófico, sino la presencia del recuerdo reprimido: el recuerdo de un acontecimiento catastrófico, de uno que ya había pasado? No estaba intacto ni mucho menos, pero tampoco estaba tan ciego como para no ver las señales, fuese cual fuese la forma en que aparecían. Me había quedado claro que aquella obsesión que tenía con la idea del hogar no era nada más que un deseo imperioso de repetir el pasado. Eso es lo que queremos decir con hogar, el lugar donde repetimos el pasado: Freud nos lo dice, y también nos dice que la mayor parte de las cosas que llamamos amor son nuestra resistencia a la idea de marcharnos de casa», comprende Weir cerca del final.
Y entonces Weir recuerda.
Y, a su manera, vuelve a casa.
Y -en lo que tal vez sea un desenlace excesivamente prolijo y terapéutico, un diagnóstico demasiado eficiente con estallido catártico en un asilo para lunáticos y un hotel de mala muerte en las Catskills, donde el círculo se cierra bajo una nevada casi tan redentora como la de Qué bello es vivir- Weir, por fin, deja salir el esqueleto de su armario para que se recueste sobre el diván.
Y, por supuesto, el esqueleto tiene mucho, demasiado, para contar.
Y, por suerte, ahí está Patrick McGrath para ponerlo por escrito.

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Ciudad Gótica

10.12.2008
Patrick McGrath. Fuente: wikipedia

Nueva York, la ciudad gótica, vista por Patrick McGrath y traducido por la editorial Herce bajo el título Ciudad Fantasma. El libro consta de tres nouvelles y la mirada que se posa sobre la mirada fantasma es del imprescindible Rodrigo Fresán:

El primero de ellos -«El año de la horca»- es una historia de culpa y remordimiento infantil en los años de la lucha por la independencia, cuando la parte sur de la ciudad fue destruida por los ingleses. Todo esto es evocado, en 1832, por el protagonista, a punto de sucumbir a un brote de cólera. La atmósfera y las intenciones son, sí, claramente poéticas (por Edgar Allan Poe) y, como prueba, ahí tienen un final con escalofriante y, tal vez, alucinada madre de ultratumba. El segundo -«Julius», el menos interesante- se sumerge en el ambiente de la inmigración de finales del siglo XIX y ofrece una suerte de siniestra farsa sentimental donde un padre tiránico dedicado al negocio del algodón se preocupa por el futuro matrimonial de tres hijas perfectas y de un frágil hijo de temperamento bohemio enamorado de una modelo artística a la que, de golpe, hay que borrar del cuadro lo más pronto posible. Y el tercero -«Zona cero», por mucho el más logrado- analiza las relaciones entre conmovedoras y perversas de un curioso cuarteto: una psicoanalista, su paciente, abogado, una prostituta chino-americana de la que éste se enamora en los días posteriores al 11 de septiembre del 2001 (y a la que la analista, cada vez más desequilibrada y menos confiable como narradora, no demora en catalogar como psicótica) y el amante de la prostituta, muerto en una de las torres del World Trade Center. Lo que consigue McGrath en «Zona cero» es un milagro de compresión y comprensión. Algó así como un filme de Woody Allen escrito por David Cronenberg (quien, no lo olvidemos, dirigió la adaptación cinematográfica de Spider) o un filme de David Cronenberg escrito por Woody Allen. Una perfecta nouvelle que conecta directamente con lo que McGrath escribió después: otra novela psicoanalítica titulada Trauma (de 2008 y próxima a ser publicada por Mondadori) y donde lo que se dice recostado no tiene por qué ser lo que se piensa de pie.

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