MOLESKINE ® LITERARIO

Notas al vuelo en cuaderno Moleskine® .

Reclaman a Puig

10.16.2008
Carátula de la novela. Fuente: libreríaluces

Actualmente, en Lima se está llevando al teatro la extraordinaria novela de Manuel Puig El beso de la mujer araña, que también tuvo una célebre versión fílmica. Por eso esta noticia tiene cierta actualidad pero no deja de ser una pastrulada (locura, demencia, no sé cómo traducir eso) Apareció en el diario La República y me hizo reír mucho:

El ganador del premio nacional de periodismo de México en 1997, Luis González de Alba, afirmó ayer al diario Milenio que la obra El beso de la mujer araña de Manuel Puig había sido una idea original suya, por lo que buscó "a ver si tenía un parrafito, una dedicatoria y dije, bueno, ni modo. No tengo nada que reclamar". Según González, la idea que le dio fue muy breve, recalcando "creo que uno no tiene ningún derecho sobre una idea. Las ideas son de quien las trabaja, y Manuel la trabajó de forma estupenda aunque más políticamente correcta: el preso político no es gay". Estas declaraciones las dio con motivo de la publicación de su biografía Otros días, otros años en la que hace referencia a la idea que, según él, fue base de la obra de Puig. Pese a que afirma no reclamar nada agrega: "Cuando leí El general en su laberinto de Gabriel García Márquez y el reconocimiento a Álvaro Mutis como fuente de esa idea, me dije: ‘Este es un caballero’. ¿Por qué Manuel nunca me dijo nada?".

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Entrevista a Goytisolo

8.31.2008
Juan Goytisolo, entrevistado en España. Fuente: Babelia/ Gorka Lejarcegi

Entrevistar a Juan Goytisolo no tiene pierde. En el número de fin de semana de "Babelia" aparece una nueva entrevista al español menos locuaz pero más entrevistado del país en la que declara contundentemente: "La literatura es el dominio de lo raro" Díselo a Bellatín. Acaba de publicar una novela: El exiliado de aquí y allá. La vida póstuma del monstruo del Sentier (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores) y dice sobre ella:
Después de Telón de boca empecé a escribir monólogos, voces que escuchaba, parodias de discursos. Cuando tenía una docena me di cuenta de que había un vínculo entre ellas, de que no eran islas sino un archipiélago. La cita de Karl Kraus que abre el libro es clave: "Que mi estilo se adueñe de los rumores del tiempo". Que nuestra sociedad está atrapada entre el consumismo y el terror, y que el terror también se transformaba en mercancía. (...) Quería indagar en el modo en que funcionan los fundamentalismos, pero no lo quería expresar con un discurso sino estando a la escucha de los ruidos del tiempo, de la prensa y de la propaganda. A mi edad, me he vuelto totalmente escéptico sobre el absurdo de nuestra existencia, y en lugar de manifestarlo de forma dramática lo hago de forma cómica, dejando al lector la conclusión.

Luego, ha hablado sobre lo que para él es el éxito literario:

Nunca he buscado ni la provocación ni el éxito. Ni tener más lectores. Lo que quiero es tener buenos relectores. Un texto literario que obliga al lector a volver sobre él, eso es para mí la literatura. Aunque nunca criticaré a ningún novelista que busque lectores, porque con la novela se puede ganar dinero, en cambio soy muy severo con la poesía. El poeta sabe que no va a ganar dinero y la mala poesía me ofende. Eso sí, cuando oigo que alguien dice que ha escrito una novela que podría adaptarse muy bien al cine veo una falta total de ambición: ¿y por qué no escribe directamente un guión? Luis Buñuel, al que conocía fugazmente, me dijo que le habían propuesto adaptar Bajo el volcán, de Malcolm Lowry. Dijo que era una obra tan genial que cualquier adaptación suya quedaría por debajo. En cambio le gustaba Galdós porque tenía ideas extraordinarias pero era muy chapucero, y eso le daba el margen creativo que él necesitaba.

Lo que sí no me esperaba en la entrevista es la confesión que hace Goytisolo sobre el ser el autor real de ese espléndido título de Manuel Puig, que es además una espléndida novela, La Traición de Rita Hayworth. Dice:


Estoy un poco a la merced de lo que me envían porque vivo en Marraquech y no hay librerías en español. También me llegan manuscritos y a veces me llevo alguna sorpresa. Ya me pasó con La traición de Rita Hayworth, la primera novela de Manuel Puig. Me di cuenta de que allí había un escritor. El título, por cierto, es mío. Puig me había enviado diez o doce títulos que no me gustaban. Se lo dije y él me explicó que el libro era como la traición de Rita Hayworth. Le dije, ahí lo tienes.

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Traiciones argentinas

6.28.2007
Liliana Heker. Fuente: Letralia

La escritora argentina Liliana Heker (autora de Zona de clivaje) se presentó en la Biblioteca Nacional de Bs As para hablar de la traición en la literatura argentina. Una larga tradición de traidores que pasa por Discépolo, Borges (obviamente), Arlt, Abelardo Castillo, Cortázar y Manuel Puig. El puntual diario Página12 hace un resumen de su presentación.

Dice el diario: “A primera vista, la figura del traidor es monolítica, no tiene fisuras y remite, sin apelación, a lo abominable”, leyó Liliana Heker para inaugurar su conferencia “Las formas de la traición en la literatura argentina” en la Biblioteca Nacional. Pero la escritora advirtió que “basta acercarse a las formas precisas que toma la traición en cada caso para advertir que, vista de cerca, expande y a veces desdibuja su significado. Ocurre que es una actitud subjetiva por excelencia: tiene un ejecutor y un destinatario, además de un medio social que ve lo que ve y, desde sus convicciones, adhiere a uno o a otro. ¿Quién traiciona, y a quién, y para qué?” “Los habitantes de un país que tiene instaurado el culto a la amistad y denominó Día de la Lealtad a la conmemoración del movimiento popular más importante de su historia han de estar acechados por el fantasma de la traición, han de considerarla un riesgo permanente de conflictos”, dijo Heker. “No es azaroso que el tema aparezca con tanta frecuencia en la literatura.”

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Alan Pauls lee a Puig

6.22.2007
Alan Pauls en El placer de la lectura, en el marco de las actividades de la 20 Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2006 © Cortesía FIL Guadalajara/Jeremías Escudero

Me pregunto: ¿estará Alan Pauls enterado de los chismes de la farándula literaria peruana? ¿O es sólo coincidencia? Porque ayer en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires comentó a Manuel Puig en una conferencia llamada “La zona íntima” en la que explicó de qué manera los chismes, los secretos, las frivolidades, funcionaban en la literatura de Manuel Puig como un disparador para sus ficciones.

Dice el diario: “Pauls señaló que Puig es un escritor que, desde siempre, estuvo obsesionado con el secreto y la alcahuetería, las estrategias del hermetismo y de la delación. Lo que hizo desde su primera novela, La traición de Rita Hayworth, planteó, “fue atentar contra la intimidad: husmear, inmiscuirse, interceptar comunicaciones privadas, irrumpir en archivos personales, descorrer telones, restablecer verdades escamoteadas, sacar confesiones a la luz”. Su poética de la hipocresía y la transparencia, subrayó Pauls, es sólo una de las dimensiones de su literatura, “porque Puig es grande a la hora de saquear intimidades, pero nunca es tan grande como cuando las inventa (…) Lo que importa de ese frenesí no es tanto lo que consiguen sacar, el tesoro obsceno o desvalido que acaso desentierren, como el efecto nutritivo que ese flujo de vida ajena que monitorean tiene sobre ellas. Es prácticamente una transfusión, una verdadera transferencia de vida. La vida de la otra persona es alimento, sangre, elemento vital. La prodigiosa adicción al otro es uno de los leit motiv más persistentes en la obra de Puig”. Sus personajes centrales, propuso Pauls, no son curiosos: son vampiros. ”.

Silvia Hopenhayn, anfitriona y coordinadora ante el público de este evento, le preguntó si la obra de Alan Pauls tenía alguna influencia de Manuel Puig: “Para mí siempre fue una especie de otro absoluto. Ninguna literatura podría ser más remota a la mía. Creo que hasta hace muy poco siempre funcionó como un borde, una dimensión extravagante para mí. Es como la otra cara de mi papel. Puig es un escritor que me permitía hacerme preguntas y pensar problemas que de otro modo jamás encararía. Es alguien que me saca de quicio. Y eso me gusta, es lo mejor que me puede pasar: si no me sacaran de quicio no pensaría nada. Con los años esta relación de alteridad fue cambiando; aunque no diría que algo de mi trabajo se reconcilió con el suyo, sí encuentro, muchas veces, como que voy poniendo los pies en unas huellitas que encuentro en la arena y que, reconozco, son de Manuel Puig”.

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