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Edición definitiva de Lampedusa

10.09.2009
Fuente: aphorismos


"Deseo que se haga cuanto sea posible para que se publique el Gatopardo (el manuscrito válido es el que figura en un solo cuaderno grande escrito a mano)". Así lo dejó escrito Tomassi Filipo de Lampedusa. Sin embargo, su deseo no puedo ser cumplido sino hasta el 2002 en Italia. Y ahora, Edhasa publica la edición definitiva en castellano. ¿Habremos leído otro Gatopardo? ¿Qué tan notables son las diferencias? Dice El País:

Es el El Gatopardo tal y como lo quería su autor, el príncipe siciliano Giuseppe Tomasi de Lampedusa. No hay duda, ya que dejó escrito los planes para su única novela. "Deseo que se haga cuanto sea posible para que se publique el Gatopardo (el manuscrito válido es el que figura en un solo cuaderno grande escrito a mano)". Así se lee en una carta testamentaria de mayo de 1957, que envió dos meses antes de morir de un tumor. Lo explica su sobrino e hijo adoptivo, Gioacchino Lanza Tomasi, en el prólogo de la nueva edición del clásico que acaba de publicar Edhasa, que revisa la traducción de Ricardo Pochtar de 1986 a partir de la edición canónica fijada en 2002. La gran novedad es precisamente el prólogo, en cuyas páginas Lanza Tomasi describe el periplo de la novela, que su autor nunca vio publicada (...) La versión editada con esmero por Bassani fue la oficial durante diez años, y la que leyó el cineasta Lucchino Visconti cuando en 1963 la inmortalizó en la gran pantalla. El Gatopardo, coronada como un clásico de la literatura, está ambientada en 1860, durante el desembarco en Sicilia de Garibaldi y los convulsos años de la unificación de Italia. Pero sobre todo narra el ocaso de la aristocracia (a la que pertenecía el propio Lampedusa), ante el empuje incontenible de la burguesía. Ese fue el texto oficial hasta que en 1968 el catedrático Carlos Muscetta la puso en tela de juicio. Había localizado "centenares de discrepancias -algunas notables-" entre el manuscrito final que dejó escrito Lampedusa en 1957, antes de morir, y el texto impreso. Con todo -advierte Lanza Tomasi- "no modificaban sustancialmente la obra".

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Lampedusa cincuentenario

7.29.2007
Lampedusa, su mujer y los perros de la familia. Fuente: gattopardobelice.com

Ayer hablábamos con Edmundo Paz Soldán sobre El Gatopardo y llegábamos a la conclusión de que es una novela que, cada año, se reactualiza. Como pocas, logró unir un contexto absolutamente político con el retrato intimista de una familia y en especial de su espléndido, complejo, sensible protagonista. Se cumplió este 13 de julio 50 años del fallecimiento de Guiseppe Tomasi Lampedusa, y por tal motivo aparece hoy en el suplemento ABCD Las Letras del diario ABC un recuerdo de su vida y sus últimos años escrito por Mercedes Monmany.

Así recuerda la nota la etapa final de Lampedusa: "(...) el solitario y algo sombrío príncipe, veterano de dos guerras mundiales y por un tiempo alto funcionario de la Cruz Roja en la isla, al acabar la última guerra, se abriría de repente al resto del mundo, o al menos a una parte selecta y escogida de ese resto del mundo, a comienzos de los años cincuenta. Cansado de su rutina palermitana de cafés y tertulias aburridas en las que apenas abría la boca para interrumpir los coloquios sobre las trivialidades habituales, el príncipe escogería dos vías de escape principales para poner en juego su brillante creatividad y dotes para la conversación inteligente. Una de esas vías eran las cada vez más frecuentes estancias en la casa de campo (llamada por Gioacchino «el Wonderland de Cabo Orlando») de su primo, el poeta igual de culto y extravagante Lucio Piccolo, en la que la aguda ironía, los refinados sarcasmos y su lejanía del mundo, encontraba su media naranja a través de interminables juegos literarios y parodias o a través de larguísimas citas eruditas recitadas de memoria por los dos, en la más diversas lenguas y de los más diversos autores. Por otro lado, estarían las sesiones o reuniones privadas e informales, aunque con un intenso trabajo previo, que Lampedusa había comenzado a ofrecer a unos jóvenes alumnos, repasando lo principal de las dos literaturas que más conocía y admiraba: la inglesa y francesa. El principal y casi único alumno era un joven poeta, más tarde profesor de la Universidad de Pisa, Francesco Orlando, acompañado de un cómplice predilecto del príncipe en aquellas sesiones; un vivaz y elegante álter ego, al que Lampedusa, «exquisito, cáustico y tan adolescente como nosotros en el entusiasmo», designaría como su heredero ideal: el joven noble siciliano, sobrino suyo y nieto del conde de Mazzarino, Gioacchino Lanza.

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Lampedusa

7.15.2007
Giuseppe Tomasi di Lampedusa, en Palermo (1956). Fuente: Inforaum Hagen

El éxito literario póstumo de la novela El Gatopardo de Giuseppe Tomasi di Lampedusa es una de las más conocidas anécdotas literarias: un aristócrata siciliano, alto y algo subido de peso, demasiado pasado de moda, que construyó un complicado y detallista curso literario para un sólo alumno y que pasaba la tarde en un café, degustando helados de chocolates y escribiendo una novela sobre el fin de la aristocracia que nadie querría publicar durante años. Hasta que un día, un espíritu afín como es el de Giorgio Bassani, actuando como lector de la editorial Feltrinelli, insiste en su publicación y así tenemos entre manos una novela impresionante, uno de los libros más hermosos que he leído -y seguramente leeré- en mi vida. Para el suplemento "Confabulario" del diario mexicano El Universal, María Teresa Meneses recuerda los últimos días de Lampedusa (los remito a la biografía El último gatopardo de David Gilmour, editada por Siruela) y además traduce el discurso con que el poeta Eugenio Montale, en 1958, recibe la primera edición de la novela.

Dice la nota: "Lleno de achaques (bronquitis, dolores reumáticos, enfisema, obesidad) Lampedusa era una figura que “emanaba literalmente una sensación de muerte”. Su gran tragedia fue la coincidencia de su decadencia física con su breve periodo de creatividad artística. En mayo de 1957 le diagnosticaron cáncer de pulmón y tuvo que trasladarse a Roma para recibir radiaciones de cobalto. A principios de julio su estado empeoró. Pero aquel hombre enfermo, en las últimas semanas de vida, fue capaz de trabajar en el manuscrito de “Lighea” y en un capítulo de El Gatopardo, manuscrito al que no dejaba de meterle mano. Antes del fin, una tragedia se sumó a la otra. Flaccovio, editor y librero palermitano —al que Lampedusa le había enviado el manuscrito para su publicación, pero éste lo rechazó porque no publicaba narrativa— le había enviado el manuscrito de El Gatopardo al director de la editorial Einaudi y consejero de Mondadori: Elio Vittorini. Como representante del neorrealismo y apóstol de la nueva literatura italiana, era previsible que Vittorini encontrara reaccionaria y decadente una novela como la de Lampedusa. La carta de rechazo de la publicación de El Gatopardo escrita por Elio Vittorini, fechada el 2 de julio de 1957 en Milán, llegaría a manos de Lampedusa el 17 ó 18 de ese mes a Roma, luego de haber pasado por Palermo, apenas cinco o seis días antes de su muerte. Completamente derrotado, el príncipe todavía tuvo el coraje de leerla en voz alta con su acostumbrada ironía: “No está mal como reseña, pero de publicar la novela, nada”, le diría a Giocchino Lanza Tomasi, su adorado hijo putativo. La mañana del 23 de julio de 1957, cuando su cuñada fue a su recámara para despertarlo, lo encontró muerto. Lampedusa había fallecido en la madrugada, tranquilamente, en su cama. Siempre había cortejado a la muerte, al igual que don Fabrizio de Salina y “ahora se había acabado el cortejo: la bella había pronunciado su ‘sí', la fuga estaba decidida y reservado el compartimento en el tren”. Luego de una misa de réquiem en Roma, su cuerpo fue trasladado a la tumba familiar del monasterio de los capuchinos, en Palermo, donde también reposa Fabrizio de Salina en El Gatopardo.

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